Yupanqui: la historia del equipo de fútbol más 'loser' del mundo

Publicado en 'Fútbol' por kentok, 4 Oct 2016.





  1. kentok

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    Cuando leí el titular del presente artículo pensé que se trataba de algún club de futbol peruano, pero no....se trata de un club argentino. Aquí su historia:

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    Yupanqui: la historia del equipo de fútbol más 'loser' del mundo


    Por César G. Calero

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    • Ningún club tiene menos fans y dinero que el Yupanqui argentino. Tampoco suerte: la única vez que jugaron para salir de la última división, un jugador sobornado les hizo fracasar. Nos lo presenta su hincha más fiel: un ex comunista de 82 años.

    Manos en los bolsillos, labios apretados, una gorrita ceñida y semblante serio. A sus 81 años, Roque D'Angelis, alias El Pescador, bien podría ser la imagen de esa otra cara del fútbol argentino, el fútbol de los de abajo. Ahí está el hincha más fiel, sentado en la grada de una cancha del Gran Buenos Aires, tiritando de frío en una helada tarde del otoño austral. Medio centenar de personas más bostezan en el predio de Villegas, la canchita que el club Liniers alquila por un puñado de pesos a los equipos sin estadio propio. Abajo, en el césped, los once laburantes del Yupanqui están teniendo una mala tarde. Otra más. Pero el viejo no se desanima. Ha colgado sus banderitas en una esquina del campo. Como hace siempre. Y se ha sentado solo a ver perder al equipo del «nunca, nada», el club que juega desde tiempos inmemoriales en esa última y rocosa categoría del fútbol argentino -Primera D-, donde no hay Messis ni Maradonas. Una tarde invernal Yupanqui vuelve a perder. Esta vez contra Ituzaingó. Y de local. Cero a tres. La figura del hincha octogenario se recorta en el cielo plomizo. Otra vez será. Por pasión que no quede.

    Gerónimo Gibaut tenía un sueño: enseñar a jugar al baloncesto a sus amigos, jóvenes del barrio obrero de Villa Lugano golpeados por la crisis de los años 30. Es el 12 de octubre de 1935 y Gibaut y su pandilla se juntan para buscar el nombre que llevará el club. Alguien saca un diccionario y tras ojearlo se decantan por un término quechua lleno de simbolismo: «Yupanqui». A los jóvenes les fascina una de las acepciones de la palabra: «De ti hablará la posteridad». Lástima que tuvieran que pasar muchos años para que alguien hablara de ellos.

    En 2001, más de seis décadas después de aquella reunión fundacional, y con el original Yupanqui Basquet Club convertido ya desde hace tiempo en un equipo de fútbol profesional (se inscribió en 1976), la compañía Coca-Cola decidió inmortalizar la aventura de Gibaut y sus amigos. Buscaban al arquetipo de equipo modesto y pasional para un anuncio de televisión. Y encontraron a Yupanqui, el club con menos hinchas y también el que menos dinero recaudaba en taquilla. Grabaron varios anuncios y en todos destacaron el entusiasmo que destilaba el equipo de fútbol más humilde del país. Los creativos aseguraron que su intención no era mofarse de ellos sino mostrarles como un ejemplo de lucha y pundonor en un momento en el que Argentina se precipitaba hacia otro abismo social. Tras el rodaje, el director de la agencia, Maxi Anselmo, reconocería sin embargo que el esfuerzo no siempre trae recompensas en la vida: «Yupanqui -escribió en un artículo- es una metáfora de Argentina: un equipo que se esfuerza por crecer pero que siempre está en el mismo lugar».

    Coca-cola rodó un anuncio en el que todos sus hinchas cabían en un 600

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    Tras el desembarco de Coca-Cola, Yupanqui vivió algunos momentos de gloria. «Recibimos cartas hasta de Japón pidiendo asociarse al club. Nos llamaba gente de todas partes», recuerda Dante Majori, 42 años, ex portero y hoy presidente de la entidad. «Cuando Coca-Cola vio que sólo vendíamos 40 o 50 entradas por partido, no se lo pensaron. Éramos lo que estaban buscando. Ahora seguimos igual. Y ha habido épocas peores. Cuando yo jugaba, hubo un partido en el que se vendieron cuatro entradas», se ríe Majori en el despacho de la sede social donde cada noche se reúne una comisión directiva en la que nadie cobra un peso. De esa anécdota salió seguramente una de las ideas de los creativos de Coca-Cola: todos los hinchas del club cabían en un Fiat 600. Pero la fama de Yupanqui fue efímera y aunque recibieron un buen dinero por los anuncios, las promesas de la compañía se quedaron burbujeando en el éter. Todavía están esperando el predio que les prometieron para levantar su propia cancha. Porque el equipo más modesto de Argentina sigue sin estadio propio. Cada vez que juegan de local le pagan 5.000 pesos (unos 300 euros) al club Liniers por usar sus instalaciones en Villegas, en el conurbano bonaerense.

    Pero sin cancha, no hay identidad. Majori lo sabe y por eso desde hace un tiempo promueve la construcción de un estadio en Ciudad Evita, a las afueras de Buenos Aires. «Estamos tratando de terminar los vestuarios, de a poco compramos ladrillos... Pero las cifras son astronómicas». Demasiado dinero para una asociación civil que apenas puede cubrir los gastos de dietas para la plantilla con los 50.000 pesos mensuales de su presupuesto (unos 3.000 euros). El patrocinio de varias empresas no da para más.

    De Yupanqui bien se puede decir aquello de que es más que un club. Porque la entidad atiende en sus instalaciones a cientos de jóvenes que acuden a realizar actividades deportivas. Es uno de los míticos clubes de barrio que nacieron en Argentina durante el siglo pasado y se erigieron en lugares de referencia de los barrios populares. «Si los pibes vienen a hacer deporte no andan en líos de droga», explica Majori. El club social Yupanqui vivió épocas glamurosas, con veladas animadas por estrellas de la canción como Palito Ortega o Sandro, y grandes orquestas de tango como la del maestro Aníbal Troilo.

    Roque D'Angelis tiene buena memoria. Lo único que no recuerda bien son los nombres. Es el hincha más veterano de Yupanqui. O al menos el más veterano de los que acuden a la cancha. A punto de cumplir 82 años, Roque no recuerda el nombre de ese otro aficionado nonagenario que ya no puede salir de casa. Él aprendió a «olvidar» los nombres en la dictadura (1976-1983), cuando su militancia comunista lo llevó a figurar en las listas negras de los militares. Nació frente a la casa donde Gibaut y sus amigos crearon Yupanqui en 1935. Su juventud siempre basculó en torno al club social del barrio hasta que un día alguien les dijo a los pibes de la barra que se apuntaran como socios.

    Hoy, es el alma de la hinchada. Es, de hecho, prácticamente el único seguidor que no se pierde ni un solo partido. Él y Dante Majori, el padre del presidente, que a sus 71 años también anima cada fin de semana al equipo que nunca bajó ni subió de categoría. Sólo hay otro club con el mismo récord -Boca Juniors-, pero con una pequeña diferencia: el equipo xeneize jamás bajó de la primera división. «Cuando se hizo la canchita de Yupanqui yo recién nacía», cuenta Roque. «Después, con seis años los veía jugar y más tarde pasamos al frente. En los años 40 se compró la sede del club social. Ahora tengo casi 82 años y desde que me hice socio con 15 años, siempre he venido al club».

    "Son una metáfora de Argentina"

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    A Roque, casado y con una hija, todo el mundo lo conoce como El Pescador. Su padre, un inmigrante italiano, compraba pescado y lo vendía casa por casa. Y el hijo ayudó en la faena hasta que comenzó la Secundaria. Nunca se calzó los botines de jugador pero siempre fue uno de los emblemas del club. Cuando se jubiló, dedicó todas sus energías a Yupanqui, de cuya comisión directiva sigue formando parte. Sólo estuvo ausente durante sus años de militancia. A Roque la policía no le daba tregua. «La policía ya me tenía marcado como El Pescador. Pensé en mudarme pero decidí quedarme». Una de las veces que cayó en manos de la policía, estuvo preso 55 días.

    Con la democracia, el fútbol ya nunca salió de su vida. Ha asistido a más de mil partidos. Mientras los jugadores se cambian, El Pescador tiende sus banderitas en la cancha. Hubo un tiempo en que un aficionado llegó a desplegar veintitantas banderas («teníamos más banderas que hinchas»). A Roque la que más le ilusiona es la que lleva su rostro y su apodo: «Me la regalaron los pibes de la barra». Los mismos pibes que, por fin, se juntaron hace dos años para asistir a la gran final en la que Yupanqui se jugaba el ascenso. Estuvieron a punto de tocar el cielo: el ascenso a Primera C. Pero el destino, y la traición de un jugador sobornado por el equipo contrario, dieron al traste con la ansiada salida de la última categoría. «Le pagaron un dinero y tuvieron que echarlo del club», se lamenta Roque. La derrota no lo desanimó. Siguió yendo a la cancha. Se le puede ver cada 15 días en una esquinita de la grada de Liniers. Solo. Taciturno. Siempre fiel.

    Gabriel Roldán, 24 años, es un nueve clásico, elegante, sigiloso; nunca protesta ni levanta la voz cuando atiende a la gente que se acerca al hospital Pirovano en Villa Pueyrredón, donde trabaja como administrativo. César Sandoval, alias El Viejo, 38 años, es pura intuición. No sabe con qué se va a encontrar en el área donde se acumulan los contenedores de basura de la capital. Inventa un movimiento en cada esquina durante las ocho horas que recoge los residuos junto a sus compañeros del camión de la basura. Darío Alemán, 27 años, el arquero titular, detiene todo lo que se mueva delante de él. Principalmente, pasajeros. De madrugada, recorre en su taxi las calles del Gran Buenos Aires y sabe que un buen portero siempre debe medir bien las salidas. Facundo Ledesma, 29 años, es el gran capitán, un cinco aguerrido que conoce muy bien su posición. Cada mañana está en el sitio adecuado para mezclar los materiales de construcción del corralón donde trabaja con su viejo. El Yupanqui es un equipo de currantes. Diecinueve tipos que acuden al entrenamiento antes o después de sus trabajos. Y nunca fallan. Aunque luego les toque perder.

    Pablo Gigliotti es un entrenador atípico. Habla lo justo con sus jugadores. Se hizo cargo del grupo la pasada temporada y ha hecho lo que ha podido. El equipo llegó a ir primero a mitad del torneo pero los últimos partidos se contaron por derrotas: contra Ituzaingó, Atlas, Muñiz... «Tenemos un presupuesto 10 veces menor que otros equipos de la D. Hacemos lo que podemos», cuenta con aire resignado. Cada vez que hay partido, se reúnen a almorzar en el club social. Siempre el mismo menú: un huevo, medio tomate, unas lonchas de jamón y queso y unos espaguetis a pelo antes de partir en sus propios vehículos a la cancha.
     
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  2. kentok

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    Ni siquiera tienen campo: se lo alquilan a un rival por 300 euros el partido

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    Una cumbia arrabalera anima a la plantilla en unos vestuarios dignos de un cuartel de reclutas. Gigliotti arenga a sus jugadores. Será la única vez que lo haga. No es un hombre de muchas palabras: «No regalamos nada, muchachos; hay que ganar». Suficiente. El grupo es una piña. Salen a matar. Pero a las primeras de cambio ya les han endosado el primer gol esos malvados de Ituzaingó. «¡La concha de su madre!», se oye desde una grada desolada. Roldán, el nueve elegante y sigiloso, no ve puerta. Sus ídolos, el Kun Agüero y Luis Suárez, no le inspiran esta tarde. En realidad, lleva toda la temporada en blanco. «Estuve un tiempo lesionado», se excusa.

    A Horacio Gardino, el masajista, no le extraña que el Yupanqui no ascienda: «Los jugadores sólo cobran los viáticos (dietas) de transporte. Acá es todo muy humilde, pero algunos lo ven como un posible trampolín para llegar a otras divisiones donde puedan cobrar un salario». Gardino, 54 años, hace un poco de todo en el club («cocino, hago de psicólogo, utillero, porque el que había se murió...») y pone de su bolsillo lo necesario: alcohol, agua destilada... Y aunque es de los pocos que cobra algo por su trabajo, no le alcanza para vivir. Hace 10 años que se dedica a vender aceite de oliva y de girasol: «Lo vendo al por mayor y al por menor, o sea, a todo aquel que lo quiera comprar». Al masajista de Yupanqui le encantaría dedicarse sólo al fútbol pero tiene los pies en la tierra. La pasión no quita el hambre. Las caras largas son la moneda corriente tras los últimos partidos. Tres derrotas consecutivas y un empate. El vestuario de cualquier equipo que pierde es un cementerio. El de Yupanqui no es una excepción. Las miradas cortan. El sueño del ascenso se esfuma otro año. El equipo de los de abajo ha vuelto a agrandar su leyenda.

    Nunca. Nada.

    Pero pronto volverán a los entrenamientos. Y lo harán a puro pulmón. El remisero, el administrativo, el albañil, el mecánico... La posteridad, tal vez, hablará de ellos. O tal vez no. Mientras, en la canchita de Liniers, seguirá sonando una cumbia cada vez que juegue Yupanqui. La cumbia de los de abajo.

    Fuente: El Mundo
     
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  3. rodrigoalar

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    Lo conozco superficialmente por el programa Atlas La Otra Pasión.
     
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  4. Rino Capoa

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    No me gusta el futbol
    Pero me a gustado la historia
     
  5. leandjavier

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    El club de mi barrio. Villa Lugano.

     
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  6. _daweb_

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    Aguante mi hijos de ascovinchos
    Pronto en la liga regional
     
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  7. haroku

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    Venden 40 a 50 entradas por partido, eso es mas de lo que vende muchos equipos de primera division en Peru
     
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  8. josezlo

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    Hasta ese club sin dinero busca tener estadio propio... acá en el Perú hay clubes profesionales que llevan años alquilando al IPD
     
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  9. KOLOBOKURU

    KOLOBOKURU Miembro diamante

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    Muchos?
     
  10. Soldier512

    Soldier512 Miembro maestro

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    Una hermosa historia. Espero que logren cumplir sus metas. :)
     
  11. MiguelAngel13_1

    MiguelAngel13_1 Miembro frecuente

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    Interesante..
     
  12. Octacha82

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    Llevan más gente que cualquier equipo distrital de Copa Peru
     
  13. E F C B

    E F C B Miembro de honor

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    Al menos nunca descendieron :v
     
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  14. sesarip

    sesarip Miembro de oro

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    La Copa Perú en provincias es un fiesta... la etapa provincial llena estadios. Pero eso no quita lo informal y desastrosa que es.
     
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  15. Octacha82

    Octacha82 Miembro de plata

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    A lo que me refería era cuando se jugaba la distrital de Lima casi todos los campos (porque la mayoría juegan en Colegios) no va nadie
     
  16. ponney

    ponney Suspendido

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    que guapos los jugadores, seré su porrista (L)
     
  17. elnuevopalma

    elnuevopalma Miembro de plata

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    Lo triste es que aun estos equipos de barrio tienen pasion sus hinchas

    Y si veamos Los Caimanes no llevaron mas que 4 pagantes, y este tiene plata, miremos un club de barrio como Pacifico fc que ya quisiera esos 4 gatos y nada

    Hay paises que no tienen estadio propio como Colombia o en Europa como Italia pero si predios

    Y este Yupanqui tiene predios, es decir algo propio del club, aca ni eso, no tienen predios y todo alquilado ,casos , Ancash o el peor Cienciano, cuando cayo en desgracia todo alquilado, nada propio, ni una mesita ,nada, hasta Yupanqui y Atlas que en su momento ni maquina de escribir tenian ,poseian predio y sede propia, aca ni Boys y menos Muni,una verguenza

    La otra vez un periodista Pepe Gandolfo hizo un estudio de que tienen y todas mas son empresarios con plata y nada de predios propios, no socios , no proyecto de expandir en otras disciplinas y demas solo gente que invierte y no deja nada al club

    Pero hay mas historias de clubes que cayeron en el peor desastre y la pasion de sus hinchas los levantaron casi de la nada, el Borusia de Alemania, el Lanus en Argentina que en los 70 era mismo Atlas, ahora club modelo

    Aca Muni deberia estar mismo Alianza pero recien recupera y tiene apenas 3 participaciones internacionales y es el Muni ,como puede ser ,envidia sana que ya quisiera esos 4 gatos locos clubes como San Martin o cantolao