Super expreso norte hacia la tierra de las oportunidades

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Chubbi, 15 May 2018, 21:48.





  1. Chubbi

    Chubbi Miembro maestro

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    Había una vez un chofer que conducía entre seis y doce horas al día la línea uno, de todas las cosas que había vivido en su oficio, nunca le había pasado que alguien quisiera quedarse en el bus después del último paradero, menos una dama. El chofer repitió desde su asiento, perdiendo la paciencia: ¡Último paradero, señora! La mujer seguía absorta en el más allá de la ventana, fija en el tráfico o en todo lo que le quedaba por hacer ese día: Limpiar, cocinar, volver a limpiar, lavar, planchar, etc... El conductor apagó el vehículo, despegó su trasero húmedo del asiento, volvió el calzoncillo a su posición natural, se sacó un moco, lo pegó como amuleto en el respaldar de su asiento y fue hacia ella. Miraba confundido su quietud y se acercó repitiéndole que tenía que bajarse. Conforme se acercaba fue endulzando la voz, el caso le resultaba bastante enigmático y comenzó a considerar la oportunidad de conocerla. Tal vez podría comentarle que él también iba a otro lado y terminarían acompañándose. La mujer no daba ningún indicio de querer voltear, estaba inalcanzablemente sumida en la gran diferencia entre calidad del servicio que debía dar y el que recibía a cambio.

    Esa mañana, bueno, no, desde el día anterior, se preparaba para su gran oportunidad laboral: Un día de prueba en una empresa reconocida. Durante dos horas atormentó a la dependienta de la zapatería buscando la talla más adecuada para sus pies regordetes, que además disimulen el juanete, un color que combinara con el vestido y el bolso, y el descuento de rigor porque todavía no cobraba un sol y todo lo que gastaba era en calidad de préstamo. En la peluquería eligió el tinte más adecuado, el color y diseño para las uñas de las manos y de los pies y, sobre todo, una depilada completa de brazos, piernas y axilas, porque las pelucas en esas zonas no se permitían en ninguna oficina. Después de un baño de media hora, quince minutos de repaso sobre los vellos, veinte minutos de maquillaje y quince minutos de encaje en el vestido, salió rumbo al éxito... El chofer no había encontrado ni rastros de aquel glamur, en el transcurso de unas horas era la ruina de sí misma y, gracias al violento debacle, una posibilidad para él.

    En la oficina fue recibida con una indiferente cortesía, algunos le dieron un vistazo, otros nunca supieron quién era. Lo primero que le pidieron fue que se dirigiera a la sala de conferencias y le preguntara a los directores lo que querían servirse: Un café expreso con dos de azúcar, un americano con edulcorante, un cortado con nata, un café solo y un té con panela. Aunque tomó bien el pedido y lo preparó correctamente, no se preocupó de fijar en su memoria quién le había pedido cada cosa, así que las entregó con una gran sonrisa y se fue de ahí para siempre... No supieron valorar las ampollas que consiguió por querer ser más alta, ni todos los sofocos que pasó tratando de entender el orden de los cajones, los colores de las facturas, las diferencias entre las comas y los puntos en los códigos de proveedores y los códigos de los clientes y un largo etcétera que terminaron por colapsar su poca paciencia en un terreno desconocido. Cuando terminó la jornada le dieron un cheque que no cubría ni el peinado y las gracias de rigor. Al salir del edificio, tras separarse unos metros de las cámaras de seguridad, se sacó los zapatos y suspiró de alivio, imaginándose remojar sus pies en agua tibia y sal mientras miraba su novela favorita.

    La cola para subir al bus era más larga que el día que había tenido. También más solitaria, nadie le explicaba nada y solo le dirigían la misma orden: Avance, señora. Y de vez en cuando la pisaban o la empujaban. El pudor le impidió subir a dos buses. Una ola de gente la revolcó al interior del tercero haciéndole perder la bolsita con sus zapatos nuevos. Con mucho esfuerzo alcanzó el pasamanos, como si tuviera un espacio donde caerse. El aire estaba tan cargado de sudor que el bus se chorreaba y los pasajeros desarrollaron branquias. En el siguiente paradero, completamente aceitada, subió otra marabunta de personas. La mujer creció varios centímetros con la presión, sus pies no tocaban el piso y el corazón perdió el espacio necesario para latir, aunque muchos pueden hacer sus vidas así, ella murió en el acto. En el paradero final no tenía ninguna pertenencia y el rigor mortis le impedía caer; sin embargo, todavía cargaba con sus últimas preocupaciones mientras la secaba el aire.

    El chofer, a medio metro de lo que quedaba de ella, regresó a su asiento y abrió la guantera. Sacó una colonia y se dio una rociada completa: Para el beso, el abrazo y por si acaso. Preparado y con una mejor disposición, se acercó nuevamente para intentar obtener una respuesta amable. La tocó anhelante en el hombro... La sacudió ligeramente... Apenas la cacheteó... Con una repentina desesperación, la remeció a dos manos... Y nada. La miró desde todos los ángulos antes de aceptar que estaba muerta. Incluso así, su caballerosidad había despertado y estaba dispuesto a realizar un sacrificio: Despegó los dedos del pasamanos y cargó a la mujer entre su brazos. Le golpeó la cabeza varias veces con los asientos mientras la bajaba, tuvo que dejarla en el piso unos minutos para descansar. Cuando volvió a levantarla quedó con la cara pegada a su axila y su olfato aún no había muerto: Fue tal la urgencia de retirar el rostro que el corazón comenzó a latir, los músculos del cuello se llenaron de sangre, giró la cabeza y abrió los ojos. Al sentirla moverse, la bajó con cuidado y le preguntó el motivo de sus lágrimas. Agradecida por la nueva oportunidad que le había dado, no quiso herir sus sentimientos, solo se puso de pie con dificultad y se fue caminando. Él se ofreció a acompañarla siguiéndola a unos pasos. Ella comenzó a correr y cruzó la pista sin mirar, venía la línea dos.


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    Última edición: 15 May 2018, 21:53
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  2. El_Mudo

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    Resumen nivel dios?
     
  3. jelastic

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    Leí todo, y ni entendí nada, crepypasta del malo.
     
  4. Luis_91

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    Buena historia, aunque la leí con un poco de flojera ya que no me gusta perder el tiempo

    PD. A las finales de nada sirvió esa oportunidad ya que la otra línea se encargo de ella. FIN
     
  5. phillip_butters

    phillip_butters Suspendido

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    jajajaja buenaaa.......................






    no lei un *%&#=*
     
  6. El_Jota

    El_Jota Miembro de plata Plus

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    Solo leí la primera parte...
     
  7. El trucha

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  8. Hassel

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    Masomenos la historia
     
  9. ChrisRock

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    Rescato lo ****** que resulta viajar en el transporte urbano de Lima, y en especial el del metropolitano. Tener exposiciones o entrevistas de trabajo, salir con el mejor ánimo del mundo para que, boom! te encuentres a cientos de personas coléricas, golpes por doquier, personas sin respeto, etc; y al bajar del bus, tu concentración, tu atuendo y tus ánimos, quedaron simplemente muy lejos de donde estaban al principio. Para mi, eso es un problema muy grave
    La ineficiencia no solo es perder el tiempo, es perder calidad de vida es llenarte de estrés, y por ende, ser más sumiso a las enfermedades, llegar de mal humor a casa, en otras palabras malograr el día a ti y a los tuyos. Eso expresa el gran pero gran mal transporte urbano que tienen las personas promedio en Lima.
    Saludos
     
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  10. Rayovac

    Rayovac Miembro maestro

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  11. patricia1369

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    Me gustó mucho señor @Chubbi.
    Si algo podría aportar sería que esta parte como que no está muy bien descrita, lo único, por lo demás muy bueno
     
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  12. kingdom_hearts

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    Otra porquería más de este sujeto.