Relato: El Analista

Publicado en 'Literatura' por Salam92, 13 Dic 2017.





  1. Salam92

    Salam92 Miembro de bronce

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    Título: El Analista
    Autor: Salam92
    Género: Ciencia ficción
    Sinopsis: Tras un atentado terrorista durante un discurso del presidente Humberto Vásquez, Neil Risopatrón regresará a Lima luego de un exilio de ocho años. Con el objetivo de acabar con los problemas de seguridad nacional que azotan al país, Neil se verá forzado a formar alianzas con las personas menos esperadas, pues se dará cuenta que el país se enfrenta a criminales de mayor nivel.

    Notas:
    -Hace mucho no escribo y este es un intento por retomar mi pasatiempo favorito.
    -Si tienen algún comentario, consejo u observación sobre la historia, agradeceré que lo compartan para poder ayudarme a mejorar.
    -Esta historia es completamente ficticia, a pesar de que algunas cosas están basadas en la realidad.

    PRÓLOGO
    Las estrellas nocturnas empezaban a surcar la ciudad mientras el sol se ocultaba con lentitud, la conferencia estaba por comenzar. Los jóvenes llegaban de todas las direcciones, con pancartas en mano y vociferando sus gritos de protesta que aturdían a la multitud. Humberto Vásquez llegaba en un auto negro de lunas polarizadas, bajó seguido de su esposa y emprendió el camino en dirección al estrado, saludando a las cámaras y al público.

    Rita estaba entre los tantos reporteros con los micrófonos en mano, aquellos que se formaban en multitud y desorden, intentando hacer preguntas que el presidente no respondería en ese momento, llegó a preguntarse por qué se molestaban en intentarlo, si el resultado era siempre el mismo. Acto seguido, se dirigió a su asiento en una de las sillas colocadas frente al estrado, se acomodó, preparó su grabadora y tomó su libreta de apuntes.

    —¿Lograste convencer a Zúñiga? —le preguntó Ismael, su camarógrafo, cuando se puso de pie a su lado y empezó a acomodar la cámara en el trípode.

    —No —suspiró ella mientras dejaba su bolso en el suelo—, igual me mandará a cubrir la nota en Cieneguilla, el muy hijo de...

    —Felizmente estaré de vacaciones —comentó su compañero con una sonrisa de burla—, buena suerte aguantando a Cáceres.

    —Ese imbécil... —resopló ella—. Maldita sea mi suerte, ha intentado invitarme a salir desde siempre, ya parece un acosador.

    —Eres un imán de acosadores —Ismael comenzó a girar la perilla del trípode que ajustaba la base donde posaba la cámara—, es tu don. Además, dale crédito al tipo, lo mismo me pasaba con Graciela y míranos ahora, estamos casados.

    —Pero yo tengo autoestima, Graciela no —Rita rio y usó su cuadernillo para protegerse del empujoncito de Ismael—. No me queda de otra, tendré que hacer la nota.

    —¿Qué es lo que hay en Cieneguilla exactamente? —quiso saber su compañero.

    —Según Zúñiga, un grupito de gringos estaba haciendo trabajo social, construyendo casas, reparando pistas, tu sabes —su amigo asintió—. El problema es que unos criminales atacaron a los turistas y varios fueron asesinados.

    —¿Y Zúñiga cree que fue el NSL?

    —Tiene una corazonada.

    —Bueno, ya sabemos que ese huevón es experto en oler las primicias.

    —Y lo peor es que Estados Unidos pedirá explicaciones al gobierno.

    —******, la cosa se pondrá muy fuerte —comentó Ismael.

    —Así parece...

    Se pusieron de pie cuando Humberto Vásquez terminó de saludar a los congresistas y se acercó al micrófono para dar su anuncio. El escenario estaba compuesto de gradas, donde los congresistas yacían sentados, detrás del presidente, quien se encontraba medio metro hacia adelante. Los periodistas estaban frente a él y detrás de estos estaba en público, de pie, como en un mitin de campaña presidencial, campaña que no tenían en Perú desde hacía varios años.

    El traje del presidente era, como siempre, sencillo y sin elegancia, su corbata estaba desarreglada y parecía no haberse peinado en varias semanas, su vestimenta era el tema favorito de las críticas, así como sus cuestionables y autoritarias decisiones.

    Vásquez había llegado al poder gracias a un golpe de Estado cometido contra Ernesto Cueto, quien falleció en el atentado al Palacio de Gobierno en la madrugada del quince de mayo, cuatro años atrás. Por aquel entonces, Rita acababa de entrar a trabajar para el diario «Peruanismos», que llevaba un año de vigencia.

    Ella había oído diferentes versiones de la muerte del presidente Cueto: algunas decían que su esposa lo había envenenado para ayudar a Vásquez; otros decían que habían colocado una bomba en su cama y lo hicieron explotar; algunas versiones relataban que Cueto disparó y mató a varios soldados de Vásquez y que falleció luchando; y, por supuesto, la versión «oficial» de las autoridades: que Cueto era un traidor a la patria cuyo objetivo era vender territorio peruano a Chile y que Vásquez había evitado que esto ocurriera. La esposa de Cueto era una prisionera del gobierno.

    Sea como fuere, si de algo estaba convencida Rita, era que la versión oficial era la más falsa de todas. Lo que no conseguía entender, sin embargo, era el motivo del golpe de Estado de Vásquez, el motivo real que había dado pie a tal suceso, así como el por qué mentían al respecto. La información yacía solo en manos de los ahora gobernantes del Perú, gobernantes que limitaban el acceso del periodismo a la información. El gobierno había sido claro: podrían opinar y criticar ciertas decisiones del presidente, incluso su apariencia, pero no podrían interferir y, mucho menos, obtener información sobre asuntos de «responsabilidad mayor» que el Estado manejara, esto debido a la falta de delicado manejo de la prensa en asuntos importantes.

    Todo era una excusa, ella lo sabía, así como lo sabían muchos usuarios de la web, usuarios que soltaban comentarios sin ningún tipo de compasión en sus críticas, donde estas llegaban al punto de tildar al presidente de terrorista. «No están lejos de la verdad» pensó ella, mientras oía con atención el discurso del presidente y tomaba algunas notas para las preguntas que haría en la rueda de prensa. Recordó cómo Vásquez había pasado de ser un pseudo demócrata a autoritario y casi dictador.

    El discurso del mandatario hablaba de los recientes atentados en la selva peruana, donde habían explotado varias bombas (los rumores señalaban que estas pertenecían al ejército peruano), también habló del reciente ataque en la sucursal de un banco situado en la vía Expresa, la creciente cantidad de suicidios cometidos en universidades, el crimen organizado y, por último, de la «Falsa Guerra».

    El uso de las palabras «Falsa Guerra» desató un estruendoso grito de protesta de parte de los jóvenes, quienes nuevamente alzaron sus pancartas, las cuales rezaban: «¡Justicia para Joaquín Delgado!», «¡La Guerra es real!», «¡No olvidemos a Melanie Melgarejo!», «¡No fueron suicidios, fueron asesinatos!». Rita también vio las fotos de los cinco jóvenes asesinados en las calles de Barranco aquel sábado por la noche un par de meses atrás, cuando salían de una discoteca y fueron interceptados por un grupo de matones. La prensa había sido obligada a decir que se trató de un ajuste de cuentas.

    Sin embargo, los gritos no inmutaron a la policía, que mantenía el orden sin problemas, tampoco la inmutaron los congresistas que se pusieron de pie y mandaron a callar a los jóvenes, a voz en cuello, ni siquiera los inmutó que el presidente detuviera su discurso para observar a la multitud.

    —Véanlo todos ustedes, compatriotas —decía Vásquez—, estos chicos dicen estar en una protesta pacífica y aquí los vemos, fomentando el desorden, sin respetar a la autoridad. No podemos permitir que...

    La rebeldía de los jóvenes no importaba, los periodistas estaban acostumbrados, nada de ello los sorprendía ni los intimidaba, sabían que los policías mantendrían el orden. No fue aquello lo que había interrumpido al presidente, no fue aquello lo que calló a los congresistas, ni fue eso lo que hizo que los periodistas se pusieran de pie.

    —¿Qué ****** es esto? —oyó Rita a Ismael—. ¡Tenemos que salir de aquí!

    Nadie los había visto llegar, cuando advirtieron su presencia, ya era demasiado tarde. Una enorme pancarta resaltaba por encima de los demás, rezaba: «¡QUE VIVA LA NSL, QUE VIVA LA LIBERTAD!». En ese momento, varias personas encapuchadas hicieron aparición y comenzaron a disparar a los policías que intentaban calmar a la multitud momentos atrás.

    Una botella de cerveza con un trapo blanco en su pico, cubierto de fuego, cayó en el estrado y este empezó a incendiarse. Rita empezó a moverse para escapar, como los demás reporteros.

    —¡Muévanse, corran! —gritaba Ismael, varias otras botellas de cerveza caían en el estrado, balas y gritos se oían por todos lados.

    Rita se detuvo y miró hacia atrás: los jóvenes encapuchados seguían lanzando las botellas al estrado y estas explotaban al chocar con la superficie de madera, los congresistas intentaban huir, desesperados, y otros se desplomaban en el suelo, cubiertos de fuego.

    Se oyó una fuerte explosión, la periodista sintió un empujón y todo comenzó a dar vueltas. No podía mover su cuerpo, su visión era borrosa y escuchaba un zumbido agudo que le aturdía. ¿Dónde estaba Ismael? Probablemente la había dejado allí, tendida en el suelo, con la sangre surcándole la frente y la nariz, tosió de manera involuntaria y más sangre brotó de su boca. ¿Dónde estaba Ismael? Escuchó más explosiones a lo lejos, vio borrosas siluetas que huían despavoridas y luces rojas y azules, percibió sonidos de fuegos artificiales, lejanos y amortiguados.

    «Ismael. ¿Dónde estás, Ismael?» pensó, triste, una lágrima surcó su ensangrentado rostro cuando una silueta se acercó a ella y la miró, el rostro del hombre era negro y sus ojos no eran visibles. Entonces todo se apagó.
     
    A NEUROMANCER le gustó este mensaje.


  2. Truman

    Truman Suspendido

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    Buen post bro me gustó
     
  3. plummbeo

    plummbeo Miembro de bronce

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    Esta bacan por el comienzo por un momento crei que era mi cuento, esa es mi manera de escribir creo que me estan copiando xd xd despues lo termino de leer
     
    A Tamalito le gustó este mensaje.
  4. fraye

    fraye Miembro de bronce

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    esta cheverè!
     
  5. Rayovac

    Rayovac Miembro maestro

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    estrellas nocturnas?? :mmm:
     
  6. luispalacios26

    luispalacios26 Suspendido

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    Está interesante, después lo termino y quizás te pueda sugerir cómo a mi me gustaría más el relato... es cuestión de gustos, pero pocas veces veo que alguien escribe algo serio en esta sección... a pesar que es una de mis favoritas.