Los niños perdidos de San Jacinto

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por Owenhart, 12 Set 2019.





  1. Owenhart

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    LOS NIÑOS PERDIDOS DE SAN JACINTO

    A mediados de los años veinte, la hacienda San Jacinto intentaba mantener su poder y jerarquía en el país, gracias a sus campos y a su manera de producir, quienes la habían convertido en una de las principales fuentes de riqueza y orgullo para los barones del azúcar.
    Es así como empieza esta historia, en una mañana fatídica de mayo, con pocos salones, un par de profesores y tres capataces que llegaban orgullosos montados sobre el lomo de unos fornidos caballos.
    El profesor, fiel a sus principios, se opuso tajantemente a que sus treinta alumnos fueran llevados al campo. Estaba harto de que sus niños fueran utilizados como peones para realizar faenas que ni siquiera las personas adultas soportaban; sin embargo, la valentía de aquel docente fue aplacada a golpes por los fieles lacayos del hacendado.
    Uno a uno, en fila, niños indios y negros, vigilados por dos mujeres que servirían de cocineras, caminaban con los ojos cerrados, para no ver a su profesor ensangrentado, con dirección a los cañaverales, de la misma manera que los esclavos antes lo hacían, aunque con la diferencia que los niños no arrastraban cadenas.
    El recorrido duraba una hora desde la escuela a los campos de cultivo, y al llegar, con machete en mano, empezaban cerca de las nueve de la mañana a luchar contra las gigantescas cañas de azúcar que yacían heridas por el calor de la brasas que, en la madrugada, los jornaleros habían iniciado para hacer más fácil el corte y recojo de la materia prima.
    Al empezar el medio día, niños sucios y heridos se sentaban alrededor de las ollas gigantes, en donde una sopa de alverja les intentaba matar el hambre, mientras los capataces devoraban, entre cuchicheos, la jugosa carne que era preparada especialmente para ellos.
    "Esta es la práctica que necesitan para su vida y no la escuela, marginales", les dijo el último capataz que terminó de almorzar, arreándolos como si fueran animales para que volvieran a trabajar.
    Acabaron la jornada casi al caer la tarde, con las manos manchadas de sangre, con sus caritas empapadas de sudor y llenos de dolor. Tomaron sus insignificantes pertenencias --cuadernos sucios y lápices del tamaño de un meñique--, para regresar a sus casas, pero una última tarea los detuvo en su afán de volver a su hogar.
    Los capataces les dieron kerosene y les explicaron a medias cómo juntar las hojas secas para iniciar un fuego controlado, además de que tenían que empezar el incendio en el centro de los campos de cultivos seleccionados. Los niños se miraron asustados, sabían que era una mala idea ingresar a los cañaverales en las noches que no habían estrellas ni luna, hasta las mujeres intentaron abogar por ellos, pero los fieles lacayos del hacendado querían dejar en claro que las mejores faenas se lograban cuando ellos estaban al mando.
    Los treinta entraron separados en seis grupos de cinco, los treinta contaron como pudieron sus pasos, sumando la cantidad que los capataces les habían ordenado. Y fue una lástima que en esos tiempos --como sigue ocurriendo ahora-- el abuso infantil no fuera juzgado, ya que aquellos niños, que variaban entre los ocho y once años de edad, al no tener experiencia en el quemado de caña de azúcar el fuego les ganó, y al intentar escapar aterrorizados del infierno que ellos desataron, se perdieron con facilidad.
    Clamaban por el amor de sus madres, lloraban pidiendo ayuda, pero el viento y sus nervios no aportaron nada para su salvación.
    Así fue que, uno a uno, las inocentes criaturas fueron muriendo devorados por el fuego que intencionalmente provocaron. Aunque cuatro de aquellos treinta niños lograron salir de los cañaverales, los capataces al tenerlos reunidos, decidieron terminar sus vidas disparándoles para que no existieran testigos de sus malas decisiones, para luego lanzar sus minúsculos cuerpos de nuevo a los cañaverales en donde el fuego ardía sin misericordia.
    Ocultaron la tragedia alegando que los niños, en un momento de travesura, entraron a los campos que estaban siendo quemados para demostrar su hombría, desobedeciendo a los capataces quienes les rogaron que se quedaran quietos. Aquella coartada tuvo que ser corroborada por las dos mujeres que se encontraron presentes en el momento de la matanza, ya que de ello dependía que siguieran vivas y que sus familias no sufrieran algún daño.
    Esa misma noche, la hacienda en luto se envolvió, treinta pares de padres lloraban la extraña muerte de sus hijos, y aunque al día siguiente intentaron encontrar los restos de sus niños, de los pequeños cuerpos solo quedaron los huesos.
    Así paso el tiempo, sin justicia terrenal para los inocentes, hasta que la última mujer y testigo, en su lecho de muerte y presintiendo su inminente viaje al averno, confesó lo que realmente ocurrió mientras se le daba la extrema unción; por desgracia, los responsables ya habían muerto y sus descendientes marchado a otros lares, dejando una sabor de tragedia al azucar que has de probar.

    Hoy en día, si alguna noche, por algún motivo, te adentras en algún cañaveral cerca del pueblo de San Jacinto, procura no hacer caso a las risas de los niños, quizá no busquen un amigo, sino la venganza que tanto anhelan.

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    Fuente y autor del relato: ©El obelisco de Hades.
    Fuente de la imagen: Enrique Mejía Alday.
     
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  2. Maritta

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    Pobres niños y la importencia e ignoracia de los padres.:( ¿Dónde queda San Jacinto?
     
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  3. Owenhart

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    En el departamento de Áncash, Provincia del Santa, Distrito de Nepeña.

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    Buena historia
     
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    Pense que era San Jacinto....donde descuartizan los autos y hay harto ratero peruano.
     
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    Buen relato
     
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  7. Owenhart

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    Este San Jacinto queda en el departamento de Áncash, Provincia del Santa, Distrito de Nepeña.

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  8. mgtow86

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    :(
     
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  9. Owenhart

    Owenhart Miembro frecuente

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    Más historias en su página de Facebook. Están interesantes.
     
  10. Maritta

    Maritta Miembro de bronce

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    OK, gracias.
     
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  11. Owenhart

    Owenhart Miembro frecuente

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    De nada
     
  12. Forosperu123456

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    Buena historia, estoy en búsqueda de más dentro del foro
     
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  13. Owenhart

    Owenhart Miembro frecuente

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    Puedes visitar la página de Facebook El obelisco de Hades, tienen muchas historias.
    Por mi parte, trato de subir sus historias cuando las publican
     
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  14. lucho morochuco

    lucho morochuco Miembro nuevo

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    chaaaanflee ☹️☹️
    que mal rollo
     
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