La cuestión de las barcas estadounidenses (Perú vs. EUA)

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por DeusVultRT, 1 Jun 2018.





  1. DeusVultRT

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    A mediados del siglo XIX, el gobierno peruano tuvo un roce con el gobierno estadounidense. Poco se habla del tema pero es bueno recordarlo.

    La guerra civil
    A fines de 1856, el general Manuel Ignacio de Vivanco inició una revolución para arrebatarle el poder al presidente Ramón Castilla. Logró conseguir el apoyo de gran parte de los marinos, quienes se apoderaron de casi todos los buques de la escuadra peruana. Esta flota rebelde tomó varias de las islas guaneras, incluyendo las islas de Chincha, y empezó a vender el guano para financiar la sublevación. El gobierno de Castilla declaró a los buques rebeldes como naves piratas y condenó la explotación del guano por parte de los rebeldes como robo de la propiedad nacional.

    Los barcos
    Hacia fines de 1857, el gobierno recuperó varios de sus buques, debilitando a la flota rebelde y poniendo en aprietos a los vivanquistas. En enero de 1858, la goleta Tumbes, que había vuelto al bando gubernamental, capturó la barca estadounidense Dorcas C. Yeaton, sospechosa de haber sido fletada por los rebeldes, en Pabellón de Pica. Poco después, también capturó a las barcas Lizzie Thompson y Georgiana, bajo el mismo cargo. Las naves fueron trasladadas al Callao y sus capitanes fueron enjuiciados.

    El conflicto
    Tiempo después, con la guerra civil terminada, se inició la discusión sobre las barcas capturadas. John Randolph Clay, ministro plenipotenciario estadounidense en Perú, exigió al canciller peruano Manuel Ortiz de Zevallos la devolución de las naves y una indemnización. Lo mismo hizo la Secretaría de Estado norteamericana con Cipriano Coronel Zegarra, ministro plenipotenciario peruano en EUA.

    Entre julio y octubre de 1860, el presidente Castilla se reunió en tres ocasiones con Clay. Castilla proponía el arbitraje de un tercer gobierno para resolver el litigio (incluso dejándole la elección del árbitro al gobierno de EUA), pero Clay, instigado por el gobierno de James Buchanan, seguía con sus reclamos. Tras recibir amenazas de un ultimátum, el gobierno peruano rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

    El arbitraje
    En marzo de 1861, Abraham Lincoln asume el cargo de presidente de EUA. Al mes siguiente, estalla la Guerra de Secesión. Lincoln, ante esta delicada situación, decide aceptar la propuesta de un árbitro para resolver el conflicto con Perú. En diciembre de 1862, se acordó que el árbitro sería el rey belga Leopoldo I. Las razones de ambos países fueron las siguientes:
    • La posición estadounidense decía que las barcas actuaron de forma legal, puesto que los rebeldes controlaban las islas guaneras y, dada la situación de guerra civil, estas eran consideradas como territorio del gobierno revolucionario.
    • La posición peruana afirmaba que las naves violaban las leyes fiscales y comerciales, y actuaban bajo la licencia ilegal otorgada por los revolucionarios.
    Leopoldo I se negó a pronunciarse, aparentemente porque la postura peruana era justa y no quería enemistarse con Estados Unidos.

    La retirada
    El 9 de julio de 1864, el secretario de estado William Seward le informó a Federico Barreda, el nuevo ministro plenipotenciario peruano, que el gobierno estadounidense no deseaba continuar con el asunto. El gobierno de Lincoln retiró sus reclamos de forma discreta. El gobierno peruano se quedó con las barcas, las cuales fueron incorporadas a la escuadra y rebautizadas como Arica, General Plaza e Iquique.

    Dato adicional
    Una curiosidad es el hecho de que Leopoldo I, quien había sido elegido como árbitro del conflicto, pudo haberse convertido en rey del Perú. En 1822, El ministro Juan García del Río había sido enviado a Europa por el gobierno de San Martín para buscar un príncipe que gobernara Perú y el joven Leopoldo era el candidato favorito. Pero San Martín renunció y el nuevo gobierno desautorizó a García del Río, terminando con la posibilidad de un Perú monárquico. Otro dato interesante es que Carlota, una de las hijas de Leopoldo I, se convirtió en emperatriz de México entre 1863 y 1867.
     
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