Historias Tenebrosas De Nuestro Perú

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por Rock0602, 11 May 2016.





  1. Rock0602

    Rock0602 Miembro de plata

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    Como sabemos, nuestro Perú esconde infinidad de historias que suceden hasta en el patio de nuestras casas, en el bosque de la selva o en la acequia de la sierra, por eso quisiera saber si ustedes conocen alguna de eaas historias, yo encontre esta y se las dejo por aqui:

    El Demonio de Zapallal

    [​IMG]
    Aquel verano, mi amiga se fue a vivir al Zapallal, una población precaria de casitas de
    estera. Ella vivía con sus pequeños hijos, que eran cinco en total y entre ellos un par de
    gemelos. Un día que fue a traer agua al pilón a las seis de la tarde, hubo más gente que
    nunca y se demoró. Cansada por el trayecto y el peso, regresó a casa. Estaba oscura y
    apenas iluminada por unas velas. Los más pequeños dormían y los gemelos hablaban
    nerviosamente. Le contaron a su mamá que un vecino, alto y grande, había entrado a la
    casa. Tenía una túnica grande hasta el suelo, de color morado, muy vieja, con una capucha
    que parecía ocultar un par de cuernos en la cabeza. Tenía los ojos rojos, la nariz grande y
    afilada, la barba larga y grandes uñas en sus manos. Los niños lo apodaron el viejo
    barbón.

    La mamá buscó huellas en la arena, pero no había nada. La puerta estaba cerrada y
    segura como ella la había dejado. Además, los chicos le contaron que les había ofrecido
    una espada de He—man, si iban a un cerro cercano, en donde él los esperaría. Solo podía
    ser un demonio, así que ella empezó a orar.

    Desde ese día, uno de los gemelos, aterrado, no podía dormir bien. Tenía pesadillas y
    al despertar decía: “¡Allí está! ¡Me quiere llevar!”, pero su mamá no veía nada. En el día la
    vida era normal, pero todo cambiaba llegada la noche. El papá no creía y lo atribuía a
    engreimientos y caprichos. Ella, siendo una mujer cristiana, oraba y reprendía a este mal
    espíritu, pero no funcionaba. Se buscó un perrito, para que avisara la presencia del ente,
    pero eso solo empeoró la situación, porque más los asustaba con sus lamentos.

    Un día en que fue al mercado, dejando a los niños en la choza, el perrito escarbó la
    arena haciendo un hueco por debajo de la puerta para escapar. Los gemelos y la
    hermanita aprovecharon para salir por allí. Al volver, la mamá no los encontró, se puso a
    buscar por todo el asentamiento y nadie le daba razón. Después de tanto preguntar, un
    niño le dijo que los había visto subiendo el cerro. Entonces recordó lo que le habían
    contado, que si ellos subían al cerro les regalaba la espada.

    Comenzó a subir el cerro, pasó el primero, el segundo y en el tercero, que era el más
    alto. Escuchó la risa de sus hijos. Se acercó a mirar con mucho cuidado porque era muy
    peligroso y podía resbalarse y caer. Los vio y llamó por sus nombres y, como si
    despertaran de un trance, dejaron de reír y empezaron a llorar. Entonces les pidió que se
    acercaran con cuidado porque era peligroso. Al fin los tuvo a su lado, y les pregunto qué
    había pasado. “Mamá”, le dice uno de ellos “¿viste la llanta del carro? Yo me metía
    adentro y mi hermano me empujaba.” Así repetían el juego subiendo el cerro, pero su
    mamá no vio nada, entonces ella asumió que era una llanta imaginaria y se dio cuenta que
    el demonio esperaba que se mataran. Se los llevó a casa y no habló más del asunto. Ya no
    los dejaba solos sino con algún vecino.

    Poco tiempo después, una lechuza cantaba en el techo de su casa y decían que alguien
    iba a morir. El pequeño gemelo mayor no comía, estaba asustado, pálido, desganado, se
    estaba debilitando. La mamá oraba diciendo que no le quitaría a su hijo, que pertenecía a
    Dios.

    Al ver que todo empeoraba tuvo que huir; volvió a casa de sus suegros, dejó todo
    creyendo que había escapado. Pero no fue así; este ente la siguió. Los otros niños decían
    ver al viejo barbón en la sala. Una tarde, tejiendo sentada sobre la cama, con los niños
    jugando junto a ella; vio como su hijo era jalado con fuerza y violencia debajo de la cama.
    Se metió a buscar al niño.

    — ¿Qué pasó Mamá? ¿Viste que una pata de pulpo enredó mi mano y me jaló hacia
    abajo?

    Eso la aterrorizó más.

    Un día llegó del trabajo a las ocho y media de la noche y encontró a sus hijos
    durmiendo en el balcón. La niña le dijo:

    — El viejo barbón vino. Imitó tu voz y nos dijo: “Abran la puerta”, así que abrimos.
    Y le contó que cuando vieron a este demonio, corrieron a refugiarse al balcón, en donde
    se durmieron. Ella empezó a orar pidiendo que se fuera en nombre de Dios. Otras veces
    los niños decían que el viejo barbón estaba escondido detrás de la puerta y que se reía
    diciendo: “Déjala que limpie, ella está loca. ¡Está loca!”.

    Pasaron los días y el abuelito, al notar la debilidad de su nieto, decidió llevarlo a un
    señor que curaba el susto. Fue y encontró al anciano. Este los hizo pasar, les pidió dos
    ajíes, un pedazo de carne y lo rezó con plátano. Le colgó la carne al cuello y dijo que era
    un seguro. Curiosamente, la carne no se pudrió al pasar los días. Esto se repitió por tres
    veces, en días diferentes. También le mandó tomar agua de rosas. Poco después el niño
    comenzó a recuperarse, tenía más ganas de comer.

    Un día el abuelito le dijo a su nieto para ir a agradecer al señor que le había curado.
    Fueron y encontraron en su lugar una casa abandonada, no era la que conocían. Preguntó
    a una señora dónde vivía el anciano que rezaba. La señora le dijo que esa era la casa y
    que el anciano había fallecido hacía seis años. El abuelito decía que no podía ser, él había
    ido allí a curar a su nieto hacía pocos días. La señora insistió que nadie habitaba la casa
    desde hacía mucho tiempo y se quedaron sorprendidos.

    Con el tiempo, los eventos se fueron calmando poco a poco; ya eran menos agresivos
    o solo les fastidiaban al dormir. Con el tiempo los chicos crecieron y se fueron mudando de
    la casa.
     
    A oliverpango le gustó este mensaje.


  2. oliverpango

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    Yo conozco algunas que me contaba mi papá y mi abuelo cuando estaban en Ayacucho, pero me demoraría en escribirlas :(
     
  3. NWAlibaba

    NWAlibaba Miembro de plata

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    Bien, lo leere luego..
     
  4. Rock0602

    Rock0602 Miembro de plata

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    Cuentalas compare, de eso se trata el foro :bandera:
     
  5. oliverpango

    oliverpango Miembro diamante

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    Si fuera hablado lo contaría, pero puedo matarme escribiendo toda la historia y llegaría hasta las 12 am :cafe: haber si mañana me animo a escribir aunque sea uno
     
    A Kdarkov le gustó este mensaje.
  6. El dudas

    El dudas Miembro maestro

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    Cuenten sus historias
     
  7. Rock0602

    Rock0602 Miembro de plata

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    La noche del Cuda

    Hacía mucho que había empezado la fiesta en el caserío de Inger y todos estaban
    divirtiéndose. Ya eran cerca de las doce cuando mi madre le dijo a mi padre que ya era
    tarde y que ya se quería ir a descansar. Como él no quería, le dijo a un hermano que la
    acompañara, pero este tampoco quiso. Entonces, para no incomodar, mi madre tomó a mi hermano Esnider, su bebé de un año, y se despidió de todos excepto de su marido.

    En medio de la fiesta, mi abuela le recordó a mi padre que mi madre no era del lugar y
    que no conocía lo peligroso que podía ser andar sola en la noche. Mi papá se puso serio y se fue a pié detrás, esperando que no le hubiera pasado nada.

    Mi madre estaba a medio camino cuando el burro comenzó rebuznar y a alterarse. Ella
    con temor de que el burro los arrojara, bajó del animal y lo dejó ir.

    Mi madre no conocía de las leyendas del lugar así que siguió caminando. No pasó
    mucho tiempo hasta que comenzó a oír silbidos, pero ella no hizo caso, pensaba que era su esposo que la llamaba para pedirle disculpas, y siguió.

    En la casa estaba uno de sus cuñados, Ofe, quien no había ido a la fiesta. Justo se
    había despertado para ir a orinar; cuando vio a los lejos a su cuñada que se acercaba y a una sombra detrás de ella. Pensó que era su hermano pero, cuando las nubes se
    despejaron del cielo y la luna alumbró, se dio cuenta que lo que estaba detrás no era una persona. Era el Cuda, un ser que se llevaba el alma de las personas cuando lo miraban.

    Cuando este estaba detrás de mi madre, el bebé se despertaba y comenzaba a llorar.
    Cada vez que este ser quería tocarlo, el bebé lloraba más y mi madre lo cambiaba de
    hombro. Así estuvieron un momento hasta que ella pudo divisar la casa y caminó más
    rápido dejando atrás a quien creía su esposo.

    Mi tío, viendo lo que sucedía, fue a la casa a tomar su machete para ir al encuentro de
    su cuñada, pero cuando salió de su casa el espectro ya no estaba y el bebé había dejado de llorar. Mi madre le preguntó si el burro había llegado y él, atónito, no respondió. Ella dijo que seguro en la mañana aparecería. Mi tío no le quiso decir nada para no asustarla.

    Entraron a la casa y antes de que él cerrara, ella le dijo:“No cierres, que Julio viene atrás y está borracho. Ha venido siguiéndome y silbando todo el camino pero no le hice caso”, y se fue a acostar.

    Medía hora después llego Julio, mi padre, y le preguntó: “Ofe, ¿ya ha llegado Vilma?”.
    Mi tío, que no había podido dormir, casi golpea a mi padre por haber dejado regresar sola a mi madre. Le contó lo sucedido y ninguno pudo dormir esa noche.

    Al día siguiente le contaron todo a mi madre y ella dijo que sentía un poco de miedo por lo sucedido con el burro y el llanto del bebé pero sintió cólera cuando pensó que mi padre estaba detrás de ella llamándola. Después de complementar la historia con la de mi tío, que había visto todo desde lejos, no dudaron que se trataba del Cuda, que quiso llevarse sus almas pero no pudo porque mi hermano había sido bautizado en el nombre de Cristo unos días antes.

    Días después encontraron al burro muerto cerca de un puquio de donde se saca agua.