El secreto del 21 de abril

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por Owenhart, 30 Nov 2019.





  1. Owenhart

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    EL SECRETO DEL 21 DE ABRIL

    Era el cuarto mensaje que enviaba, era evidente que estaba desesperada por verlo, por dibujar una nueva mentira en sus lágrimas para que él quedara a merced de su remordimiento. No era la primera vez que trataba de persuadirlo, así que estaba segura de que él llegaría en cualquier momento; sin embargo, entre las avenidas de José Pardo y José Gálvez, Mariana, luego de esperar por él sin éxito, se juró que su afrenta sería saldada .
    Y es que Mariana tenía un serio problema de personalidad, pues deseaba las cosas y el amor de las personas que irradiaban felicidad a su alrededor. Empezaba utilizando su sonrisa fingida para acercarse a quien le gustaba, no importaba si era varón o mujer, ya que si se sentía atraída hacía hasta lo imposible por saciar su placer. Del dinero no se preocupaba, Mariana sabía que un fajo de billetes podía convertir, ante los ojos del necesitado o ambicioso, a cualquiera en un ser hermoso; por eso solía mostrarse como alguien triunfador y poderoso. Y si el dinero no era lo suficientemente fuerte, para corromper la mente de quien ella quería poseer, la historia de su triste vida jamás fallaba a la hora de llamar la atención.
    Su obsesión empezó con un simple saludo, primero un "hola" y luego un "hola, vecino", con eso pudo averiguar --con sutileza--, lo que Edmundo hacía para vivir y por qué había decidido regresar de Lima a la urbanización del 21 de abril. A ella no le importaba que él tuviera novia, pues, en su egoísmo, quería ser la protagonista y la inspiración de sus historias, a pesar de tener un diario lleno de aventuras con diferentes 'amores'.
    Mariana no demoró mucho para comprender que demostrando solvencia no lograría llamar su atención, así que optó por victimizarse. Pasó todo un mes con el mismo cuento, con el mismo sufrimiento, haciendo creer a Edmundo que necesitaba de su apoyo para sobrellevar la infidelidad de su novio; sin embargo, luego de haber jugado su última carta --haberle escrito los últimos cuatro mensajes--, se dio cuenta de que la única forma de llamar su atención era arrancándole el corazón.
    Como se había aprendido la rutina diaria de Edmundo, a ella no le fue difícil cruzarse con Alejandra en su pasaje, por lo que aprovechó esos encuentros para ganarse la amistad y confianza de la novia del hombre que le obsesionaba.
    Aunque se dice que las mujeres suelen ser intuitivas, Alejandra jamás sospechó que Mariana, la amiga que Edmundo le presentó, estaba decidida a alejarla de él.
    Y aquello sucedió un miércoles por la noche, cuando ni un alma transitaba. Mariana, mordiéndose las uñas, esperaba en su puerta a Alejandra, pues sabía que ella y Edmundo viajarían ese día aprovechando el feriado largo.
    Al verla llegar, Mariana le dio el encuentro, la saludó como de costumbre, y antes de que Alejandra tocará la puerta de la casa de sus suegros, Mariana le pidió ayuda para mover un estante de su sala. La novia de Edmundo aceptó confiada, esperó a que Mariana pasara a su casa, y cuando ella hacía lo mismo, se desvaneció al instante.
    Luego de un par de horas, al despertar con un fuerte dolor de cabeza, Alejandra intentó gritar, pero sus labios estaban sellados, tampoco pudo moverse porque sus manos y pies estaban atados.
    "¿Ya despertaste?", escuchó Alejandra mientras Mariana prendía la luz del cuarto. La asustada joven cerraba los ojos para que la luz no la lastimara y con gemidos intentaba pedir auxilio, pero todo era inútil, solo podía llorar aterrada al escuchar la confesión de Mariana.
    Los días pasaron llenos de angustia para Edmundo y los padres de Alejandra. La buscaron por Chimbote y alrededores, pero nadie les daba razón de ella. Mariana aprovechaba el dolor de Edmundo para estar cerca de él, consolarlo, darle ánimos y decirle que pronto encontrarían a su novia. Sin embargo, mientras Mariana aprovecha el momento, Alejandra vivía tumbada sobre sus heces y su orina, sin poder comer ni pedir ayuda por tener la boca cosida, esperando en silencio a que su secuestradora llegara para extenderle su sufrimiento utilizando suero intravenoso.
    A los pocos meses de su desaparición, Alejandra murió de septicemia e inanición, en una noche que Edmundo, intentando mitigar su pesar, aceptó la invitación de Mariana de ir a su casa a matar las penas con alcohol.
    Copas fueron y vinieron, por momentos riendo y otros llorando, y cuando Mariana intentó besarlo, Edmundo la alejó y decidió que era mejor marcharse, pero cometió un gran error al darle la espalda a una mujer obsesionada.
    Edmundo despertó adolorido, desnudo y atado a la cama de Mariana. Él no entendía lo que sucedía, y furioso exigió que lo soltaran, pero la infame, totalmente desnuda, solo lo miraba con lujuria.
    A pesar de sus intentos, de tratar de usar su inexistente sensualidad a su favor, Marina estalló en ira, empezó a arañar el cuerpo de Edmundo, a ahorcarlo y a confesarle que en el otro cuarto se hallaba el cadáver de Alejandra.
    Edmundo al escucharla la maldijo, trató de soltarse, pero las uñas de Mariana empezaron a penetrar con más fuerza su piel. Lo peor vino cuando Mariana, fuera de sí, empezó a estrujarle los genitales hasta hacerlos estallar.
    Con los ojos totalmente blancos, a punto de convulsionar por el dolor que sentía, lo último que Edmundo pudo balbucear fue: "Alejandra". En ese momento la luz del cuarto se apagó, Mariana sintió que una brisa helada recorrió su rostro, lo que le obligó a dejar de magullar los testículos de Edmundo, sin esperar que al volver a prenderse la luz de la habitación, lo que iba a ver la dejaría impactada.
    Lo único que pudo hacer fue alejarse de la cama, sin dejar de sentir miedo, sin alejar sus ojos de lo que ella creía imposible. Mariana quiso salir huyendo y no pudo, solo se quedó parada viendo cómo una pálida Alejandra, de ojos blancos, con olor a heces y orina se acercaba a ella a paso lento por efectos del rigor mortis. Mariana articuló la palabra "perdón" al tener el rostro de su víctima pegado al de ella, algo que fue en vano, pues Alejandra, utilizando una de sus manos, empezó a romper los hilos que cerraban su boca para dejar escapar a las moscas que, una a una, empezaban a meterse a la boca de Mariana.
    Edmundo no podía diferenciar la realidad con la fantasía, no sabía si era Alejandra quien se posteaba a su lado o era producto de su imaginación, por eso solo se le ocurrió decir: "Te amo, Ale", antes de perder la razón mientras el cadáver de su amada soltaba las sogas que lo ataban a la cama.
    Al recuperar la consciencia, Edmundo logró escapar de la casa de Mariana --quien en un rincón de su cuarto deliraba-- con la certeza y el miedo de haber encontrado a la responsable de la desaparición de Alejandra.

    Ese mismo día, policías de criminalística encontraron el cuerpo de Alejandra y detuvieron a Mariana. Por desgracia, la obsesiva mujer no pudo ser llevada a juicio al declararse enferma mental y solo fue internada en un manicomio de la capital.
    Quizá la urbanización del 21 de abril haya olvidado esta historia o jamás se hayan enterado de lo que pasó; sin embargo, luego de quince años, al volver a Chimbote, Edmundo decidió revelar su secreto para contar lo que él cree qué sucedió.
    Descansa en paz, Alejandra.

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    Fuente y autor: ©El obelisco de Hades.
    Fuente de la imagen: Pixabay.