El inicio de la infección

Publicado en 'Literatura' por Owenhart, 18 Mar 2020.





  1. Owenhart

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    EL INICIO DE LA INFECCIÓN

    No debió suceder de esta manera, pero fue tan repentino que no me dio tiempo de pensar en otra cosa. No acepté trabajar con ellos para llegar a esta fase de la infección. No quiero imaginarme qué uso le pretenden dar a este virus.
    El video está listo, el muchacho ha contado todo lo necesario para que las personas se enteren que nada es lo que parece; sin embargo, algo no ha salido como esperaba. El muchacho me ha cogido tan fuerte del brazo, suplicando ayuda porque no podía respirar, que sus uñas han logrado atravesar, inexplicablemente, mi traje anti riesgo biológico. Pero de la nada ha quedado inconsciente. No he tratado de reanimarlo porque sé qué significa. ¡Dios mío! El doctor Smith calculó mal, su arrogancia fue mayor que su inteligencia.
    El soldado que cuida la puerta me pregunta al salir si todo está en orden, desde el último inconveniente que hubo se les prohibió el ingreso a la habitación. Aunque asustada, he logrado responderle que todo está bien.
    Antes de pasar por el control médico que me permite usar el elevador para volver a la superficie, en el baño me he quitado el traje y he logrado ver que la herida es profunda. Dios, dame fuerzas para seguir con esto. Estoy condenada. Estoy infectada y no hay marcha atrás.
    Me queda poco tiempo para llegar al primer piso —aquí no hay cobertura móvil— para lograr publicar el video en mis redes sociales. Debo dejar de llorar y ponerme el traje. Debo salir de aquí sin levantar sospechas.
    ¿Qué es eso? No puede ser, las alarmas han empezado a sonar. No puede ser posible, a menos que… ¡Maldición! Esos son disparos, son muchos disparos.
    «La he encontrado», escucho comunicarse por la radio al soldado que ha entrado al baño luego de destrozar la puerta.
    «Debe acompañarme», me informa; sin embargo, se detiene al ver volar por los aires el cuerpo mutilado de uno de sus compañeros.
    El soldado me ordena que me esconda en uno de los cubículos en donde aguardan los inodoros. El simple hecho de pensar en el lugar me ha ocasionado un asco enorme que me ha ocasionado vomitar dentro del traje.
    «¡Deténgase!», escucho, pero no me interesa. A duras penas puedo respirar. No me importa que me esté apuntando a matar.
    El protocolo es claro, no puede dudar, sabe que tiene que dispararme, pero parece que es un novato...
    ¡No!… no… es imposible. Esas uñas, esas gigantes uñas que atraviesan el cuerpo del soldado son del muchacho, pero cómo ha logrado escapar de su habitación.
    Ya no importa, no hay tiempo para averiguarlo. Las ampollas han empezado a salirme por todo el cuerpo, la picazón es insoportable y la angustia me carcome.
    He pasado corriendo cerca del muchacho. Sentí que olfateaba mi aroma, a lo mejor por eso me dejó huir. Lo único claro es que esa es la fase final de la infección.
    Estoy a unos cinco pabellones del elevador, a unos veinte minutos. Si sigo corriendo con esta intensidad, pero el dolor muscular ha empezado y la fiebre está haciendo su trabajo.
    «¡Alto ahí!», grita el líder del escuadrón de soldados con los que me he cruzado. Saben que soy una amenaza para ellos. No llevo puesto la protección completa del traje anti riesgo biológico, por eso sé que no dudarán en dispararme.
    Tanto ellos, los soldados, como yo, nos quedamos sorprendidos, temerosos, al ver que detrás de mí se acercan algunos soldados heridos, que, mientras caminan hacía nuestra posición, van mutando.
    Las armas han dejado de apuntarme, sé que debo alejarme, evitar morir de un disparo fortuito. El líder del escuadrón da la orden de disparar. Por suerte, he logrado llegar al pasillo de la derecha. Me tomará más tiempo en llegar al elevador, pero no importa.
    El miedo me acompaña en mi recorrido. Los disparos ya no se escuchan. Dudo que hayan logrado detener a los infectados, aunque tampoco estoy segura de eso. Solo espero dar la vuelta en esa esquina y tomar el elevador.
    De la tos seca pasé a botar cantidades imaginables de sangre por la boca. Traté de limpiarme, y lo único que logré fue dejar mis huellas dactilares impregnadas en la pared de donde me apoyo para no caerme.
    Ahora que por fin he llegado, y ver que en el control no hay nadie, agradezco haber sido la enfermera en jefe de este proyecto, gracias eso tengo la tarjeta que me permite utilizar el elevador así se encuentre bloqueado por la alerta de peligro.
    Ya no puedo soportar más. Me dejo caer dentro del elevador, no sin antes presionar el botón que me llevará al primer piso.
    Le sonrío a la cámara de vigilancia. No soy ninguna tonta, sé a dónde me dirijo.
    Cuando ingresé al baño, en ese momento aproveché para dejar cargando el video en mi red social, solo necesito un poco de señal y cargará. Sé que me han estado observando por el circuito cerrado de vigilancia de los pabellones, así que solo espero que se cumpla mi destino, antes de que la infección acabe conmigo.
    Hemos llegado, estoy perdiendo la conciencia, pero puedo reconocer que quien está debajo de ese traje anti riesgo biológico, y me apunta con una arma, es el doctor Smith…

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    Fuente y autor: ©El obelisco de Hades.
    Fuente de la imagen: Jennifer Alayo Salcedo.
     


  2. Odyssey

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  3. Antimonitor

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