Doce escalones

Publicado en 'Literatura' por EnriqueOrellana, 19 Mar 2020.





  1. EnriqueOrellana

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    Doce escalones

    Su andar era pesado como si su pequeño cuerpo fuera la de un gigante. Miguel Alfonso se detuvo antes del primer peldaño, recorrió con la mirada los demás hasta quedarse contemplando el número doce: «Tan alto y tan cerca», se dijo.

    Volvió su vista sobre el primer escalón. Nervioso, posó su tembloroso pie. Sin pronunciar palabras contó despacio, «uno»..., luego «dos»..., después «tres». Hizo una pausa para respirar.

    En su mente apareció una idea, un punto blanco en medio de la oscuridad de sus pensamientos. Un diminuto punto que luego estalló en luz: «¿acaso podré ver a mi mujer cuando cuente doce?»

    «Cuatro». Su cabeza ya estaba a la altura del último peldaño. Ahora sentía el fuerte bombeo de su corazón. La sola idea de volverla a ver le produjo una sonrisa brillante. «Sí, la podré ver, la podré ver», se repetía cual adolescente enamorado en su esperanza del próximo encuentro.

    «Cinco». Agudizó su mirada en un esfuerzo por hallarla.

    Dejó de contar al ver una pequeña figura femenina a lo lejos. Un campo de flores amarillas separaba a Miguel Alfonso de esa mujer. Afinó aún más su vista y pudo ver su amado rostro mestizo, de cejas pobladas y sonrisa como un sol en su cenit. Ella caminaba lento, tenía un delicado vestido blanco, luego alzó su brazo para saludarle.

    —¡Es ella! —exclamó.

    Miguel Alfonso alzó la mano y la agitó respondiendo el saludo. Su corazón latía con fuerza y entonces apresuró su paso. Cuán feliz era de verla.

    —¡Martina! —la gritó y agitó su mano para que ella pudiera darse cuenta de su presencia. Corrió feliz, sonriendo, con esas locas ansias de tenerla entre sus brazos.

    El campo de flores era extenso y aún estaba a mitad de su camino. De pronto, una mano apareció de entre las nubes, Miguel Alfonso no se percató de ello, sólo corría y gritaba el nombre de su amada.

    El brazo de aquella mano se estiraba con velocidad en dirección de Miguel Alfonso, con esa misma rapidez que una cadena se sumerge tirada por una enorme ancla echada al mar. Era un brazo delgado, áspero, cuyos músculos lucían trenzados. La mano se convirtió en una garra, los dedos se alargaron. Al igual que las fauces de una bestia hambrienta aquellos largos dedos se abrieron y le cogieron del cuello de un zarpazo. Miguel Alfonso, sentía la falta de oxígeno, estiraba sus brazos en un vano intento de alcanzar a Martina. El mundo se transformaba, se retorcía dentro de un tornado, ya todo era gris, su cuerpo se sacudía, hasta que se quedó inmóvil en un pequeño vaivén al final de la horca.

    —¿Notó esa extraña sonrisa del reo antes que el verdugo le colocara la soga? —preguntó el alcaide al jefe policial.
    —Sí —contestó el policía—. Me pareció que en su mente pérdida trataba de alcanzar a alguien cuando estiró su brazo mientras los guardias le ayudaron a subir por la escalera.
    —A pesar que fue condenado por haber asesinado a su esposa solía gritar que era inocente, que el asesino fue un marino de nombre Raúl.
    —Usted sabe mejor que yo, todos los reos dicen que son inocentes —le replicó el jefe de policía. El alcaide asintió con la cabeza y luego se marcharon.
     


  2. InSuRect0

    InSuRect0 Miembro de plata

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    La utopía de la pena capital, puesta en entredicho por la posibilidad del error judicial. Pobre Enriquito, lo chifaron mismo mosntruo de Armendáriz. :cray:
     
  3. EnriqueOrellana

    EnriqueOrellana Miembro frecuente

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    Se agradecen tus comentarios.
     
  4. Rayovac

    Rayovac Miembro maestro

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    La idea me parece excelente.
    Hay algunos errores de concordancia (número, género, esas cosas) que seguramente te darás cuenta en una revisión posterior de tu trabajo. También me parece que hay adjetivos innecesarios y de uso poco elegante (tembloroso pie, locas ansias).
    Me gustó la frase que da el vuelco a la historia
    "—¿Notó esa extraña sonrisa del reo antes que el verdugo le colocara la soga? —preguntó el alcaide al jefe policial."
    Yo lo habría dejado ahí, sin más explicaciones, pero creo que esto ya es una cuestión de gustos personales.
    Sigue escribiendo :bandera:
     
    A plummbeo le gustó este mensaje.
  5. EnriqueOrellana

    EnriqueOrellana Miembro frecuente

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    Gracias Rayovac. Son bien estimadas tus opiniones.
    Suelo leer tus buenos comentarios.
     
    A Rayovac le gustó este mensaje.
  6. plummbeo

    plummbeo Miembro de bronce

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    Que personaje tan auevado no se da cuenta que esta en una horca en fin. El final es interesante y es frio y chevre
     
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