Desde Chota con amor y rencor

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por Owenhart, 13 Nov 2019.





  1. Owenhart

    Owenhart Miembro frecuente YoMeQuedoEnCasa

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    DESDE CHOTA CON AMOR Y RENCOR

    Ante tan insistencia, Walter decidió abrir la puerta, se había quedado inmóvil para que creyeran que no se encontraba en casa, pero jamás imaginó que aquella decisión le costaría el alma.
    Al extraño le bastó con empujar con fuerza la puerta, pues Walter era lo contrario a un tipo alto, joven y fornido; un hombre de cincuenta años que al caerse de cabeza perdió por unos segundo el sentido.
    El chotano --gentilicio de Chota--, un tipo con un piel tostada por las infernales horas de trabajo en los cañaverales, delgado, de nariz aguileña y ojos grises, cerró con fuerza la puerta, comprobó que la pequeña casa de adobe era de una sola habitación, alumbrada por una débil luz amarilla, y empezó a caminar hacia donde la asustada mujer, de unos veinte años de edad, intentaba cubrir con las sábanas percudidas su desnudez.
    La muchacha lo reconoció, lo llamó por su nombre y le pidió que no la lastimara, pues vio que en los ojos del chotano las llamas del infierno ardían de dolor. Pero aquel sujeto no le respondió, solo la señaló con el machete que llevaba en la mano mientras miraba con desprecio a un Walter que intentaba levantarse.
    La primera patada se estampó en las costillas de la víctima, lo suficiente para dejarle sin aire, pero no pasó mucho tiempo para que el cincuentón saboreara la suela del zapato que calzaba el chotano y la sangre empezará a brotarle de la nariz que acabara de quebrarse.
    "¿Te crees vivo?", escuchó Walter balbucear al enfurecido sujeto, sin entender por qué lo lastimaba.
    La muchacha, convencida de que en el dolor de Walter estaba su oportunidad de escapar, dio un salto de la cama, logró dar unos pasos, pero el chotano la tomó del pelo, le puso el machete en el cuello y la lanzó cerca de donde el cincuentón se retorcía de dolor.
    "¡¿Por qué haces esto, Manolo?!", le preguntó desesperada y llorando la veinteañera al iracundo sujeto que presionaba con su zapato los geniales de Walter mientras ella se aferraba y se mezclaba con la sangre del que hasta ese momento fue su amante, intentado mitigarle su calvario.
    Pero el chotano no escuchaba razones, estaba fuera de sus cabales, buscando venganza por un amor que nunca fue suyo. Y es que todo este desastre empezó el día que Malono conoció a Cecilia. Él de Chota y ella de San Jacinto, él un ingenuo muchacho que creyó en la palabras de amor de una mujer que cobraba veinte soles por una hora de cariño. Se enamoró tanto que decidió apartarla del mal camino, le prometió una vida mejor, ropa elegante y darle todo el dinero que como machetero obtenía; deslumbrada por las palabras del chotano, ella aceptó.
    Al principio, dos meses para ser exactos, las cosas funcionaron, pero luego aparecieron los recuerdos nefastos, los celos, los golpes de un machista que borracho no creía en la redención de los pecados, y sumado a eso, la ambición, el deseo de regresar a una vida fácil y llena de dinero, dio como resultado que esa relación terminara como empezó, demasiado fácil.
    Cecilia abandonó a Manolo un viernes por la tarde, tomó sus cosas, el dinero que el chotano ahorraba y se fue a la casa de su anciana madre. Manolo, al volver a su cuarto, se encontró con la nada, ni siquiera una carta de despedida le dejaron, y como todo hombre herido en su orgullo fue a recuperar a su amada, pero solo encontró desprecio y negativas.
    Cecilia regresó a su antigua vida, al alcohol, a los bailes y la entrega de cariño por veinte soles; sin embargo, Manolo, sano o ebrio, siempre estaba al acecho, siempre rogando o amenazándola con matarla si no volvía, pero era algo que la muchacha tomaba como palabras necias de un vil sufrido.
    Fue un domingo soleado en donde Walter y Cecilia se conocieron. Él era viudo y sin hijos pequeños, un hombre que buscaba un poco de cariño sin importarle el precio, así que no le fue difícil llevarse aquella noche a su casa a la muchacha que, por ser bien portada, recibió el doble de su tarifa.
    Walter se volvió un cliente recurrente, tanto que Cecilia le empezó a agarrar cariño. Ya no era necesario encontrarse en el bar o a escondidas, pues empezaron a salir los sábados a bailar y los domingos a comprar los víveres que 'la suegra' necesitaría para darle de comer a Cecilia.
    Dos meses fue lo único que soportó el chotano, los había visto varias veces juntos viajar a Chimbote y encerrarse por horas en la casa de su enemigo, así que, aprovechando que ese sábado en el coliseo "Unión Obrero" un grupo de cumbia se presentaba, decidió cobrarse su absurda venganza esa noche.
    Y fue así que llegó a presionar con rabia el miembro del cincuentón, del pobre hombre que estaba sin fuerzas para defender. El chotano volvió a sujetar por el pelo a Cecilia, le recordó a su madre y lo ingrata que ella había sido con su amor, le hizo un pequeño corte con el machete, probó la sangre con su lengua y la lanzó hasta la esquina en donde una pequeña mesa la golpeó.
    Walter pidió misericordia --al fin y al cabo la víctima solo era un hombre bueno en busca de placer--, pero al chotano no le interesó escuchar las súplicas de alguien que no tenía la culpa de su relación fallida.
    Al ritmo de una cumbia de moda --de aquellos tiempos--, Manolo empezó a cortar con su machete a Walter, el pobre hombre rogaba por su vida e intentaba protegerse con su brazos, pero ya era tarde.
    Dos grandes cortes en el abdomen, algunos dedos apuntados, una oreja cercenada, una incisión limpia en el cuello y un cráneo destrozado, acabaron con la vida de un cincuentón que corrió con la mala de suerte de no saber que le pagaba por cariño a la exmujer de un desquiciado chotano.
    Al terminar con su víctima e iniciar su huida, Manolo amenazó a Cecilia si confesaba que él era el asesino, ya que en ese momento no acabó con la vida de la muchacha debido al amor que aún le tenía. Cecilia abrazó el cuerpo de Walter y empezó a llorar pidiendo ayuda.

    A los pocos días lograron atrapar al chotano. Manolo confesó que asesinó a Walter por celos, porque el occiso mantenía una relación amorosa con su exmujer, y, sin embargo, con tantas pruebas que lo incriminaban, 'sorpresivamente' el cruel asesino logró escapar de la comisaría de San Jacinto, del calabozo, mientras estaba enmarrocado. Para variar, una vez más, la historia nos demuestra que el 'dinerito' es el que manda a los que, supuestamente, nos tienen que brindar seguridad.
    Nunca se volvió a saber de Manolo. Cecilia continuó regalando cariño en los bares y corrales hasta que conoció el amor.

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    Fuente y autor: ©El obelisco de Hades.
    Fuente de la imagen: Pixabay
     


  2. TheJK

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    Al Chotano ni la mano, dicen mis paisanos peruanos; las apariencias engañan el Chotano es un hermano.
     
    A Owenhart le gustó este mensaje.
  3. Owenhart

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    Como en todas partes del mundo hay personas buenas y malas.
     
  4. Solitario30

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