Creencia y fe. El “cogito” religioso y los “argumentos” que se derivan

Publicado en 'Religión' por Conatus, 16 Set 2014.





  1. Conatus

    Conatus Miembro maestro

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    Buenos días :hi::

    El siguiente tema está expuesto a numerosas fallas o suposiciones (al menos, pienso que sí). No he hecho más que juntar algunas dudas que he tenido acerca de un par de cuestiones en materia religiosa (aunque no solo eso), quizá no bien visto para algunos; pero creo que la mejor forma de corroborar o corregir dichas fallas, es exteriorizándolas. No hay sentido en que queden estas cosas para uno solo. Agradecería a quienes puedan dar sus disconformidades sobre el tema, de manera adecuada, lo hagan con la intención de mejorar lo expuesto.

    Me disculpo si el contenido de lo que voy a poner es extenso (y, quizá complejo, para quien no está familiarizado con algunas palabras), pero creo que esto corresponde, tanto a la filosofía, como a la religión, e incluso a la psicología; por tanto, la clase de tema lo justifica, y vi adecuado ponerlo en donde las creencias con cuestionadas.

    Entre los múltiples debates sobre la existencia o inexistencia de Dios (entre religiosos y ateos), y entre aquello que caracteriza a un religioso, sería conveniente sentar posición. Tres serán los puntos a tratar en este thread:


    (1) ¿De dónde partir al hablar de un tema religioso, cualquiera que este sea?

    (2) ¿Es lo mismo la creencia que la fe?

    (3) Las creencias, ¿son fuertes o débiles?


    Habría que centrar nuestra atención en el creyente. Tan solo en él. No es que el ateo o el agnóstico no sean considerados (el ateo no concibe posibilidad alguna sobre un Dios y el agnóstico fluctúa entre posibilidades y suspensiones de juicio). Pero no parece haber otro camino para hablar de estas cosas que aquel en el que el creyente pueda pretender hacer; pues cree firmemente en la existencia de tal entidad.

    (1) ¿A qué voy? Pues para hablar de un tema religioso o crítico- religioso, de la moral y Dios, de la naturaleza de Dios, de lo que plantean unas y otras religiones, etc., no parece ser Dios el punto de partida (pues, unos creen y otros no, y ahí no hay algo en común), sino el creyente. Así es, solo él. Y ni siquiera es la fe el punto de partida, pues la fe no existe por sí misma, sino que alguien la tiene, alguien la recibe y se abre a ella. La fe no anda por sí sola cual entidad (al modo de las Formas que Platón alguna vez concibió), sino que alguien siempre porta la fe. Hay un sujeto que sirve de soporte.

    El común denominador de todo, absolutamente todo religioso, está en la expresión yo creo. El yo creo viene a ser un punto de partida que vale tanto para el cristiano, como para el musulmán, y otros, sean doctos en materias religiosas o sean iletrados, sean tolerantes o fanáticos. Esto no es nada novedoso, pero ante tantas ramas, es decir, ante tantas divergencias y conflictos en materia religiosa, lo que se intenta es buscar el tronco común.

    En vez del yo pienso de Descartes (aunque parezca extraña la analogía), podríamos apelar al yo creo, como condición de posibilidad para la fe. Pues vemos aquí que la fe no es algo que subsista por cuenta propia, sino que es uno de los muchos elementos del yo creo (como puede ser la argumentación, el fanatismo, la empatía, la ayuda al prójimo, la esperanza, el error, la tolerancia, la violencia, la hipocresía, la honestidad y demás elementos positivos y negativos).

    El yo creo no es en sí mismo un “argumento”, en un sentido demostrativo como lo entendemos; sino que es, tanto el punto de partida, como lo último detrás de la cubierta religiosa. El creyente, pues, no puede dar argumentos para lo que cree. Pero para él mismo, su creencia es más que suficiente. El yo pienso cartesiano parece tener la misma característica: de lo que se puede estar seguro, hasta ese momento, ante su famosa duda metódica, es que “yo existo”, y nada más. Más bien a partir de ahí pueden derivarse una serie de “argumentos” que pueden llegar a ser convincentes o no, algo que está vinculado con la formación religiosa de tal o cual persona. En efecto, quienes son creyentes, pueden elaborar a partir de aquí, numerosas series de tipo teológico (vías para la demostración de la existencia de Dios), de tipo filosófico (diversas formas de teodiceas y demostraciones de la metafísica), de tipo ideológico (cuando una religión se mezcla con la política y, no siempre los resultados son lo esperado) o, aún más directo, de tipo psicológico; y aquí las variantes son aun mayores (“yo creo porque sí” y nada más; o más bien, “yo creo y lo puedo fundamentar”, no necesariamente con los mismos resultados).

    No hay forma de probar el yo creo (si es que alguien me pregunta eso). Es, al parecer, un asunto ético, no cognoscitivo. Es como si en su época se le hubiese exigido a Kant demostrar las tres ideas de la razón (Dios, alma y mundo), nociones que eran, para el autor, gnoseológicamente imposibles, pero moralmente válidas. Cada uno de nosotros sabrá por qué cree, y quienes no, pues también tendrán sus razones.

    (2) Con esto (y me expongo a las críticas), una cosa es “tener fe” y otra cosa es “ser creyente”; pues un creyente puede dudar por instantes de su propia fe, sin que por ello, pierda su condición de creyente. Es más, la fe parece ser algo que solo el cristianismo ha resaltado, pero no parece haber algo parecido en religiones de otras partes del mundo (las otras religiones teístas, por ejemplo). No hay una palabra relacionada con la fe en la mentalidad budista, por ejemplo (a lo sumo, un término ético, la ahimsa, está en ellos, de igual forma en los jainas); incluso en el islam parece haber algo diferente (y no solo por la palabra musilim, sino por el primer pilar de fe islámica: la sahada). La fe es algo que solo parece hallarse de manera amplia y sustentada (de manera teológica) en el cristianismo y probablemente en el judaísmo. En la religión cristiana, la fe ha sido uno de los temas más discutidos en su historia. Como se ve, la fe no es algo que caracterice a todos los creyentes o a todas las religiones. La fe puede estar o no estar. El yo creo, en cambio, se mantiene. El yo creo no es un substrato o alma que sobrevive al cuerpo. No es una epísteme que se contrapone a una dóxa. Es un acto de convicción, equivocada o no, pero eso lo hace único.

    Se me podrá catalogar como hereje, pero algo más poderoso que la noción de Dios (una idea muy poderosa si es que no, la idea más poderosa que muchos humanos tienen), incluso más poderoso que Dios mismo, es el yo creo. Dios puede tener todas las virtudes posibles de ser concebidas y atributos llevados al grado superlativo; pero si uno no tiene la disposición para creer, nada de lo anterior valdría. Dios puede existir, pero todo depende de la voluntad humana para creer. Incluso Dios no puede (en el sentido de ir contra lo que Él mismo dispuso) obligar al hombre a que siga Su camino.

    De Dios podemos afirmar o negar su existencia. De las creencias, difícilmente se podría poner en tela de juicio. Hay creencias y de todo tipo.

    El yo creo, de forma individual o colectiva, tiene una fuerza de sugestión muy grande. La fe viene de Dios (virtud teologal), es decir, “viene de allá afuera”, “de arriba”. El yo creo, en cambio, es algo personal. Está en nosotros (constituye nuestro yo), si lo queremos. Es una disposición que yace en el interior, es propio de la persona. Aunque no es algo innato, muchos en su vida diaria piensan que sí. Es un “no sé qué” (al estilo de Locke), pero está ahí.
     
    Última edición: 16 Set 2014


  2. Conatus

    Conatus Miembro maestro

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    (3) Las creencias son poderosas y son capaces de regir la vida de cualquiera de nosotros, cuando opinamos, cuando pensamos, cuando buscamos un objetivo. Como se ve, nuevamente aquí una cosa es ser creyente y otra muy diferente (aunque no incompatible) es tener fe. Pero también las creencias son muy fáciles de destruir por algún tipo de imposición o por un conflicto interior en cada persona (la imposición de una idea que uno no comparte o la duda ante nuevos conocimientos que progresivamente se van asimilando).

    Pienso yo (y lo defino de esta forma) que las creencias son frágiles fortalezas que determinan la vida de quienes las tengan, pero que no tienen cómo defenderse por sí solas. Las creencias son, pues, muy poderosas, pero también débiles. Tu creencia es tuya, y de nadie más. Puede ser el motor de tu vida, pero puedes tú mismo destruirla en algún momento.

    Es fundamental y al mismo tiempo, tan frágil, que puede el yo creo terminar en lo contrario. Como pueden ver, no pongo al yo creo como impenetrable, como la médula debajo del hueso; es vulnerable y a la vez fuerte. Vulnerable como el ser humano que la porta (hay creyentes que tienen dudas), y fuerte porque es capaz de motivar la vida de éste. Es preferible hallar lo común en estas distintas posiciones religiosas, pues al parecer, solo se ven las diferencias. El yo creo puede asimilar muchas cosas (desde yo creo en Dios, hasta yo creo en monstruos).

    La fe en cambio es algo mucho más sutil: no todos los que dicen yo creo, tienen fe.

    De aquí concluyo que:

    (a) El yo creo es anterior a la fe, pero la fe es algo más riguroso.

    (b) El campo del yo creo es mucho más amplio (puede abarcar desde argumentos interesantes hasta burdas ideas). La fe es la “certeza” de lo incognoscible. Mientras que el yo creo es una convicción interna e individual que puede ir, desde supersticiones (quizá ingenuas o quizá inocuas y respetables), hasta estructuras teológicas complejas.

    (c) Algo semejante a lo que Gabriel Marcel dijo, pienso que el yo creo puede abarcar creer que. La fe en cambio supone el creer en algo más. Para Ortega y Gasset, las creencias no suponen solo la esfera de lo religioso, sino también lo filosófico y científico. Es más, las creencias son tan vivenciales que las damos por indiscutibles y no racionalizamos sobre ellas, pero son las que nos mueven en nuestra vida. Están muy enraizadas en nuestro yo. La fe, en cambio, es estrictamente religiosa y tiene que ser constantemente pulida para evitar que ésta se desvíe. El ejemplo más notable de una creencia, para Ortega, es el caminar y creer que el piso de la calle seguirá ahí y no va a desaparecer. Es decir, es algo que opera en nuestro fondo, sin que lo pongamos en discusión.

    (d) El yo creo es una disposición interna que se exterioriza en nuestros actos (costumbres, ritos, conducta diaria, etc.). La fe es un elemento externo que, si la persona está dispuesta, lo interiorizará y lo hará parte de su vida. La fe viene de Dios, mientras que el yo creo viene de nosotros. Se puede creer en cualquier cosa, y con esto, se puede ver que las creencias abarcan un campo más amplio, como se ha dicho en (b).

    La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo.

    "Creer" es un acto humano, consciente y libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana. (Catecismo de la Iglesia Católica, 179 y 180).


    (e) El yo creo tiene a la fe como uno de sus elementos (dicho anteriormente: el yo creo incluye también la tolerancia, el fanatismo, la piedad, etc.).

    (f) Se puede perder la fe sin que por ello se pierda el yo creo.

    Jesús le dijo (al padre del muchacho endemoniado): “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!”

    Al instante, gritó el padre del muchacho: “¡Creo, Señor, pero ayuda a mi poca fe!”

    (Marcos 9; 24- 25).


    :hi:
     
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  3. nipsarm_is_back

    nipsarm_is_back Miembro de oro

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    -Y la fuente? :mmm:
     
  4. qseradti

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    De donde partir...tú ya lo has respondido. Se parte de la creencia que es de alguna forma inherente al ser humano, trate de lo que trate. Después viene la fe como elemento reforzador de esa creencia. Pusiste que la fe viene de Dios, mientras que el "yo creo" viene de nosotros.

    ¿es lo mismo la creencia y la fe?...ya tú mismo te lo has respondido.

    ¿las creencias son fuertes o débiles?...si de religión se trata pues una creencia se verá mas fuerte cuando el que "cree" sienta tener un soporte "sobrenatural "(entiéndase fe como don de Dios) , quiero decir cuando sienta que adquirió determinado conocimiento no de la manera usual, sino que este le vino por otro camino y cuando vea coherencia entre ese conocimiento y su vida ,su entorno, y las circunstancias que lo llevaron hasta ahí, cuando vea que todo encaja ,entonces su creencia será mas solida y será mas consistente y tendrá menos huecos ,independientemente de si se sienta capaz de afirmarse en ese camino, pero aun así sabe que tiene las respuestas correctas, y no correctas en el sentido de que satisfagan dudas de otros, sino correctas para si mismo, en el sentido de que le satisfagan a él , por lo mismo que adquirió un conocimiento o tuvo una vivencia reservada para él y no para otro.

    Así que pueda que algunos hayan creído alguna vez ,pero es muy probable que en realidad nunca tuvieron fe, así que no saben de que se trata, y solo hablan en base a sus creencias pasadas, creencias que dejaron por alguna razón.

    Yo cuando niño creía en Dios ,pero no era fe. Es mas, yo solamente creía en Dios hasta hace 10 años posiblemente.
     
  5. Conatus

    Conatus Miembro maestro

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    Yo mismo, por supuesto. Para eso hay que leer. :hi: