¿A qué te suenan estas 10 piezas musicales?

Publicado en 'Música' por Braun, 3 Abr 2018.





  1. Braun

    Braun Miembro de oro

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    Todos sabemos que el arte, incluso el que no se expresa en palabras, transmite ideas, sentimientos, exhortaciones o el ánimo impreso de su creador. En los casos que te presento ahora, no repares mucho en la letra, si es que la tuviera, solo relaciona la fuerza, cadencia, tono, tiempo, etc., y la asociación conceptual que tú hagas con ellos o con la pieza musical en su conjunto. Como último recurso, desde luego, puedes ampararte en lo que diga el intérprete.

    Un ejemplo.



    Me suena a sensualidad sutil, a tranquilidad, a caminar por cualquier vereda de la costa central brasilera y sentir la exuberancia de su geografía, de su isiosincrasia, en flor. Suena también a una declaración de amor dicha sin ambages.

    Comencemos con el ejercicio:


    1.



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  2. EDUARDO2018

    EDUARDO2018 Miembro de bronce

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    La que me gustó más es la de Chopin.(Mejor dicho la que escuché completa)
    Me imaginé en un malecón en la playa, de noche recordando a las personas que olvidé,tratando de saber en que me equivoqué.
     
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  3. arqueologomusic

    arqueologomusic Suspendido

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    para mi toda la buena musica como la de este post me lleva al nirvana,,,,,,,,,,, ,saludos.
     
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  4. Braun

    Braun Miembro de oro

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    1. Concierto # 21, Mozart. Serenidad y optimismo, como una madre acariciando a su hijo por la mañana.

    2.Nocturno Op. 9 #3,
    Chopin.
    Evidentemente tristeza desmesurada y catártica, pero a la vez dulce y lúcida. Fatalidad que se consuela en una bella contemplación.

    3. Bolero, Maurice Ravel. Evolución sobre un mismo patrón, confluencia de elementos diferentes en texturas que finalmente armonizan. Dialéctica.

    4. Capriccio #24, Paganini. Batallas, dura confrontación y dificultades para imponerse sobre algo.

    5. Gynmopedie, Erik Satie. Una sensación menos trágica que el Nocturno de Chopin, pero que progresivamente oscurece el espíritu hasta silenciarlo.

    6. Johnny B. Good, Chuck Berry. Mestizaje musical, audacia, irreverencia y una alegría no parametrada.

    7. Canción para los días de la vida, Luis Alberto Spinetta. Optimismo, superación, tranquilidad existencial motivada por la seguridad lograda.

    8. Theme for young lovers, The shadows. Romance sencillo, ingenuo y que cree demasiado en sí mismo.

    8. Crushing day, Joe Satriani. Velocidad y vértigo, algo de nostalgia a medida que se alarga y, cómo no, audacia.

    9. Adiós Nonino, Astor Piazzolla. Oscuridad, tristeza, nostalgia y, por momentos, amargura. Me recuerda, por alguna extraña razón, a la película El chico de Chaplin.
     
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  5. Rayovac

    Rayovac Miembro maestro

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    1. Concierto # 21, Mozart. Elegancia, atención al detalle. Es de noche y estoy trabajando solo.

    2.Nocturno Op. 9 #3, Chopin. Depende de la interpretación, si es bastante buena me olvido que he escuchado cientos de veces esta melodía y casi puedo disfrutarla. E inevitablemente, me recuerda a mi hermano. Debimos reirnos de más cosas, debimos cantar más canciones juntos T-T.

    3. Bolero, Maurice Ravel. Es una figura de un ser humano, o de una pareja de bailarines. Al principio sólo son líneas, luego van tomando forma y detalle mientras en el fondo va apareciendo la orquesta. De bolero tiene el nombre nomás. Y me acuerdo del gran Rufus Wainwright.

    4. Capriccio #24, Paganini. Estas son todas las distintas maneras en que un genio puede decir lo mismo. Me dice que tengo cuarenta años escuchando música y aún no sé nada.

    5. Gynmopedie, Erik Satie. El tiempo pasando, hojas marchitas sobre el agua, contemplar de cerca a alguien que amas demasiado pero que se aleja inexorablemente.

    6. Johnny B. Good, Chuck Berry. El rock naciendo. Y encontrado muerto hace poco. No lo veo regresando.

    7. Canción para los días de la vida, Luis Alberto Spinetta. No la había escuchado antes, y es hermosísima. Me dice que tengo una deuda con el rock argentino.

    8. Theme for young lovers, The shadows. Fiesta de colegiales de hace cincuenta años, formales, enternados, las chicas con vestidos color pastel. La diversión sana y la inocencia de la juventud de aquel entonces.

    8. Crushing day, Joe Satriani. Los ochenta. Las películas donde el protagonista es pateado por el villano, y luego de entrenar como un condenado y con este fondo musical, se muscula y le parte la cara. Me dice que hice bien en dejar de intentar tocar la guitarra eléctrica.

    9. Adiós Nonino, Astor Piazzolla. El primer movimiento (no se porqué) me trae a la mente un gato acechando a un ratón. Luego es una película empezada en blanco y negro, extranjera, incomprensible, probablemente muda. Luego me doy cuenta que son las once de la noche, tengo trabajo pendiente y sigo procastinando desde el jueves :errr:. Otra vez el gato y el ratón.
     
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  6. Pr3dator

    Pr3dator Suspendido

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    No encuentro mucho placer en hablar de piezas musicales que no frecuento, o que no conozco. Lo que puedan inspirarme ahora no se compara con lo que podrían inspirarme si empezara a frecuentarlas.

    De la lista que mencionas, solamente estoy familiarizado con las obras de los números 1, 3 y 5.



    El Andante del concierto para piano número 21 de Mozart es como un viaje que no quisiera que terminara; o un espléndido atardecer que quisiera ver detenerse. Un viaje al atardecer junto a una persona muy querida, de quien tendré que despedirme al final.

    Ese largo viaje, que se acorta inevitablemente, es bastante feliz, pero no de manera entusiasta, sino sosegada y salpicada también con melancolía. Es como vivir un corto paraíso que anuncia su fin desde el comienzo: algo así como una infancia que desde el comienzo va manchándose con las terribles certezas del mundo, como son el dolor y la muerte.

    Sin embargo, mientras dura el viaje se tiene la oportunidad de escuchar a esa persona, que cuenta una historia llena de paisajes y rostros, que empiezan a aparecer y a desfilar ante los ojos: algunos bastante luminosos, otros algo sombríos. Las imágenes se suceden como en una danza cuya visión es embriagadora. Se puede llegar a creer que aquello no acabará, que esa historia no acabará... pero todo tiene su final. Aun así, vale la pena todo ello, aunque desaparezca sin dejar rastro al llegar el momento del adiós.


    En otras ocasiones, el viaje se da en solitario; la melancolía ahora se debe a esa soledad; y si bien es un viaje seguro, tranquilo, puede existir o un anhelo o una añoranza que de principio a fin son como una carga en el pecho. Pero pronto se llegará a destino, a casa, y eso consuela un poco. Es como si se tuviera la certeza de que alguien lo espera a uno al final de la obra, y que por ello vale la pena seguir avanzando, aunque sea largo y solitario, muy solitario el camino. Cada paso que se da, al son de la mágica melodía, lo acerca a uno a ese lugar, a esa persona, que es el paraíso perdido. Parece todo ello, en algunos momentos, una ardua labor, pero existe en ella la seguridad de poder llegar al destino.




    Si dispongo de tiempo en el futuro, hablaré de las obras 3 y 5.
     
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