Javas140385

Cúmulo abierto NGC 3603

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Javas140385, 13 Ago 2014
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      Absoluto. Se ha entendido por absolutum, en el vocabulario filosófico latino "lo que es por sí mismo" (kath´ autó). "Lo Absoluto" o "el Absoluto"- sustantivaciones de "el ser absoluto", "el ente absoluto", ha sido identificado con lo separado o desligado de cualquier otra cosa (ab alio solutum); por lo tanto, con lo independiente, lo incondicionado (véase). La expresión lo Absoluto se ha opuesto, pues, con frecuencia a las expresiones lo dependiente, lo condicionado, lo relativo. Ahora bien, estas precisiones verbales no son consideradas por muchos filósofos como suficientes; gran número de pensadores han intentado no solamente definir la expresión lo Absoluto, sino también averiguar la naturaleza de lo Absoluto. Varios problemas se han planteado a este respecto. Examinaremos aquí cinco de ellos: (I) el de la distinción entre diferentes tipos de Absoluto; (II) el de las contraposiciones varias entre lo Absoluto y los entes no absolutos; (III) el de la posibilidad de referirse a lo Absoluto o a un Absoluto; (IV) el de los diversos modos de concebir a lo Absoluto y (V) el de las formas adoptadas en el curso de la historia de la filosofía por la idea de lo Absoluto. Observemos que la sucesión de estos problemas no sigue un orden lógico. En efecto, la solución dada la cuestión (III) condiciona todas las restantes y, por lo tanto, también la planteada en (I). Sin embargo, colocamos a ésta al frente, porque la mayor parte de los debates mantenidos por los filósofos acerca de lo Absoluto a que luego nos referiremos han girado a uno de los tipos de lo Absoluto distinguido en dicha primera sección.

      I. Por un lado, hay una distinción fundamental establecida por muchos autores (especialmente de tendencia escolástica): la distinción entre el Absoluto puro y simple o Absoluto por sí, absolutum simpliciter (kath´autó) y el Absoluto respecto a otra cosa o Absoluto en su género, absolutum secundum quid (katá ti). El Absoluto simpliciter es equiparado por algunos a Dios; otros prefieren referirse al respecto al Principio (de todo ser), a la Causa (por antonomasia), al Ser, a lo Uno, etc. Dentro del Absoluto secundum quid se distinguen otros tipos de Absoluto: por ejemplo, el Absoluto por causa interna (por materia y forma), el Absoluto en su forma externa, etc. Por otra parte, hay una serie de distinciones menos tradicionales que las anteriores, pero no menos frecuentes en la literatura filosófica moderna: las distinciones del Absoluto que permanece en sí mismo y el que se autodespliega o automanifiesta (ya sea "lógico- metafísicamente", ya sea temporalmente), el Absoluto en sentido formal y el Absoluto en sentido concreto, el Absoluto racional y el irracional, el Absoluto como realidad y el Absoluto como principio, el Absoluto aislado y el relacionado, el inmanente y el trascendente, el infinito y el finito, el experimentable y el no experimentable, etc., etc. Ahora bien, tanto estas últimas distinciones como la mayor parte de las especulaciones acerca de lo Absoluto de que trataremos en las secciones a continuación se refieren por lo común al primer tipo mencionado de Absoluto: el Absoluto simpliciter. Por eso consideramos la primera distinción como fundamental.

      II. Se lee con frecuencia en la literatura filosófica que lo Absoluto se contrapone a lo dependiente, a lo condicionado y a lo relativo, y así lo hemos puesto ya de relieve al comienzo de este artículo al referirnos a la expresión "lo Absoluto". No obstante, conviene distinguir entre dos contraposiciones: (1) lo Absoluto se contrapone a lo dependiente y (2) lo Absoluto se contrapone a lo relativo. Los autores tradicionales (principalmente escolásticos) se han inclinado con frecuencia hacia la primera contraposición y han alegado que solo ella permite solucionar la cuestión de la relación que puede establecerse entre el Absoluto- o un Absoluto cualquiera- y los entes no absolutos. Los autores modernos han preferido la contraposición segunda. Al hilo de la misma se han edificado no pocas doctrinas metafísicas. Así ocurre con el monismo (véase)- que puede definirse como el intento de reducción de todo lo relativo a un Absoluto-, con el fenomenismo (véase)- que puede definirse como el intento de referir todo lo Absoluto a algo relativo, si bien transplantando con frecuencia a éste los caracteres que corresponden a aquel- con el dualismo (v.) o el pluralismo (v.)- que pueden definirse como el intento de "dividir" lo Absoluto en dos o más entidades absolutas. Así ocurre asimismo con el realismo metafísico, con el idealismo absoluto, con el reduccionismo, con el inmanentismo, con el trascendentismo, etc., que, aunque no son respuestas directas al problema del tipo de contraposición que debe establecerse entre lo Absoluto y lo No absoluto, se ven obligados a adoptar una actitud ante el problema- actitud que puede consistir, según vimos, en negar uno de los términos de la contraposición. Nos hemos referido también a este punto desde otro ángulo, en el artículo sobre la noción de fenómeno (véase) en particular al tratar de las distintas formas aceptadas de relación entre el fenómeno y en lo en sí.

      III. La mayor parte de los filósofos del pasado han admitido o la existencia de lo Absoluto- o de un Absoluto- o cuando menos la posibilidad de hablar con sentido acerca de su concepto. No ha sido necesario para ello sostener una metafísica enteramente racionalista; concepciones de índole empirista o "experiencialista acerca de lo Absoluto" (como lo muestra el ejemplo de Bradley) no quedan enteramente excluidas. En cambio, cierto número de filósofos- especialmente abundantes en el período contemporáneo- se han negado en incluir en su pensamiento la idea de un Absoluto. Esta negación puede asumir tres formas. Por un lado puede negarse que exista un Absoluto y considerar lo que se diga de él como resultado de la imaginación; las especulaciones en torno a lo Absoluto- alegan los autores que propugnan este tipo de negación- no son propiamente filosóficas, y menos aún científicas, sino literarias o poéticas. Por otro lado, puede negarse que sea legítimo desarrollar ningún concepto de lo Absoluto, especialmente porque todo intento de esta índole desemboca en antinomias (véase antinomia) insolubles. Finalmente puede negarse que sea posible siquiera emplear con sentido la expresión "lo Absoluto" alegando que tal expresión carece de referente observable o que viola las reglas sintácticas del lenguaje. La primera opinión ha sido mantenida por muchos empiristas; la segunda por numerosos racionalistas (de tendencia inmanentista); la última por la mayor parte de los neopositivistas.

      IV. Los que admiten la posibilidad de concebir un Absoluto no están, empero, siempre de acuerdo respecto al modo como debe introducirse su idea. Algunos estiman que el órgano normal de conocimiento de lo Absoluto es la razón (especialmente, la razón pura o especulativa). Otros abogan en favor de la experiencia (ya sea la experiencia común, ya una experiencia especial y excepcional que ciertos autores consideran como específicamente metafísica). Algunos consideran que ni la razón ni la experiencia son adecuadas- o suficientes- a tal respecto, puesto que lo Absoluto no es ninguna cosa determinada (sólo lo No- absoluto- dependiente, condicionado o relativo- es algo determinado) y, de consiguiente, no es pensable ni, propiamente hablando, "decible", sino solamente intuible. La intuición propuesta puede ser, por lo demás, de diversos tipos: intelectual, emotiva, volitiva, etc. Otros señalan que todo decir acerca de lo Absoluto es inevitablemente tautológico, pues no pueden salir de la frase: "Lo Absoluto es lo Absoluto"; no hay, pues- concluyen- que pasar de la idea del Absoluto a la de un Absoluto, y de su aspecto formal a su aspecto concreto. La única dilucidación posible acerca del Absoluto será entonces la que consiste en mostrar qué absoluto hay más bien que en pretender señalar qué es lo Absoluto qua Absoluto.

      V. La última posición no se ha manifestado siempre explícitamente, pero ha sido la más común en la tradición filosófica. En efecto, aun ciertos autores que han estado poco o nada inclinados hacia un análisis de un concepto de lo Absoluto han admitido en su pensamiento conceptos que se refieren a lo que es habitual considerar como una entidad absoluta. He aquí varios ejemplos: la Esfera, de Parménides; la Idea del Bien, de Platón; el Primer motor inmóvil, de Aristóteles; lo Uno, de Plotino; la Substancia, de Spinoza; la Cosa en sí, de Kant; el Yo, de Fitche; el Espíritu Absoluto, de Hegel; la Voluntad, de Schopenhauer; lo Inconsciente, de Edward von Hartmann. Toda aceptación de una realidad primaria, radical, fundamentante, etc., puede ser equiparada a la aceptación de la existencia de un Absoluto. Ahora bien, entre las formas adoptadas por la idea de lo Absoluto cabe incluir no solamente los conceptos que se refieren a una realidad, sino también los que expresan un principio. Así, la admisión de que existe una "ley del Universo" que sería la ley del Universo forma parte asimismo de la historia del concepto de lo Absoluto. Común a todas las citadas concepciones es el supuesto de que solamente un Absoluto puede ser lo Absoluto. Se ha alegado que con ello se es infiel a la idea de lo Absoluto, pues este debe ser tan incondicionado e independiente, que no puede estar sometido a las condiciones que imponen ninguna de las entidades mencionadas o ninguno de los principios que podrían descubrirse. Pero no es fácil escapar de otro modo a la dificultad apuntada al final de (IV), dificultad que algunos autores consideran como la más fundamental con que el concepto de lo Absoluto ha podido ha podido chocar.

      José Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1964 (5a Ed.). Tomo I, pp. 33 y ss.


      Lo Absoluto.

      Diccionario Enciclopédico Hispano- Americano

      http://www.filosofia.org/enc/eha/e010177.htm


      Otro enlace:

      http://mercaba.org/DicFI/A/absoluto.htm
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