Yo me Recupere de la Droga Alcohol sin Narcoticos Anonimos ni Centros

Publicado en 'Psicología' por gasparcor, 14 Oct 2010.





  1. gasparcor

    gasparcor Miembro nuevo

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    NO NECESITE DE ALCOHOLICOS ANONIMOS ,NARCOTICOS ANONIMOS,MEDICOS,PASTILLAS
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    · Nada pudo separarme del consumo diario, no había un día que haya estado limpio, tuve que aceptar que era impotente ante mi problema que necesitaba de la ayuda de JESUS, clame y llore , esperaba mi muerte , pero JESUS me dijo que ahora nací de nuevo y ya no quiero nunca mas usar drogas, me dan asco, aun así JESUS me sigue enseñando que hay otras cosas también que debo superar como la violencia homicida, la fidelidad del casamiento, el perdón a aquellas personas que me hacen daño, y el saber pedir perdón por los danos que cause. cada día me acecha el mal pero ya aprendí que soy yo que tomo las decisiones en mi vida; deje de ver películas sangrientas, deje de escuchar rock, ahora todo el día escucho HIMNOS ,me congrego con los miembros de este Blog y me mantengo limpio y combato junto a ellos nuestras tentaciones… , soy libre pero no me fio de las zancadillas que el diablo planea cada momento para mi.
     


  2. g_d

    g_d Suspendido

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    me alegra leer tu testimonio y das muestra de que nada es imposible, pero como dices al final no te fias, tu batalla es hasta el final pues la tentación estará presente siempre y al primer error que cometas atacará, así que espero que te mantengas limpio
     
  3. Dreamy

    Dreamy Miembro legendario

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    Me alegro por ti, estas saliendo de ese hoyo.
    Para mí Dios lo es todo, nuestra fé es el camino hacía la salvación.
     
  4. gasparcor

    gasparcor Miembro nuevo

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    parte 1 audiolibro Ya Noseas Codependiente de Mayra Battle
    el que deseo el audiolibro ,me llama al claro 996879439 lima peru. Paul
    la otra semana sigo enviando las otras partes literales:
    Mi primer encuentro con codependientes fue a principios de la década de los sesenta. Esto sucedió antes de que a la gente atormentada por la conducta de otras personas se le llamara codependiente, y antes de que a la gente adicta al alcohol y a otras drogas se le etiquetara como dependiente químico. Aunque yo no sabía qué eran los codependientes, generalmente sí sabía quiénes eran. Siendo yo alcohólica y adicta, pasaba como una tormenta por la vida, haciendo a otros codependientes.
    Los codependientes eran una molestia necesaria. Hostiles, controladores, manipuladores, indirectos, productores de sentimientos de culpa, era difícil comunicarse con ellos, en ocasiones resultaban verdaderamente odiosos y constituían un obstáculo para mi compulsión de “elevarme”. Me detenían, me escondían las pastillas, hacían gestos de desagrado, me tiraban el alcohol por el fregadero, trataban de impedir que consiguiera más drogas, querían saber por qué les estaba haciendo esto a ellos y me preguntaban qué me pasaba. Pero siempre estaban ahí, listos para rescatarme de los desastres que yo me fabricaba. Los codependientes en mi vida no me entendían, y yo tampoco los comprendía a ellos.
    Mi primer encuentro profesional con codependientes ocurrió años después, en 1976. Para ese entonces en Minnesota, los adictos y alcohólicos se habían vuelto dependientes químicos, a sus familiares y amigos se les llamaba los otros significativos y yo era una adicta y alcohólica en recuperación. En esa época, trabajaba también como consejera en el campo de la dependencia química, esa vasta cadena de instituciones, programas y agencias que ayuda a que la gente con dependencias químicas se alivie.
    Como soy mujer y la mayoría de los otros significativos en ese tiempo eran también mujeres, y como tenía menos antigüedad y ninguno de mis compañeros de trabajo quería hacerlo, mi jefe en el centro de tratamiento de Minneapolis me pidió que organizara grupos de apoyo para las esposas de los adictos que estaban participando en el programa.
    Yo no estaba preparada para esa tarea. Todavía encontraba a los codependientes hostiles, controladores, manipuladores, indirectos, provocadores de sentimientos de culpa, me era difícil comunicarme con ellos, y más.
    En mi grupo, veía personas que se sentían responsables del mundo entero, pero que se rehusaban a asumir la responsabilidad para conducir y vivir sus propias vidas.
    Vi personas que constantemente daban de sí a los demás pero que no sabían recibir. Vi a otros dar hasta sentirse iracundos, exhaustos y vacíos del todo. Vi algunos dar hasta darse por vencidos. Llegué incluso a ver a una mujer dar y sufrir tanto que murió de “vejez” y por causas naturales a los 33 años. Era madre de cinco niños y esposa de un alcohólico que había sido enviado a prisión por tercera vez.
    Trabajé con mujeres expertas en cuidar a todo el que se encontraba a su alrededor, y aun así estas mujeres dudaban de su capacidad para cuidar de sí mismas.
    Vi personas que eran tan sólo cascarones, que corrían sin pensar de una actividad a otra. Vi a los siempre complacientes, a los mártires, a los estoicos, a los tiranos, vi personas como enredaderas marchitas, enredaderas colgantes, y, tomando una línea de H. Sackler en su obra The Great White Hope (La gran esperanza blanca), vi “rostros arrebatados que denotaban miserias”.
    La mayoría de los codependientes estaba obsesionada con otras personas. Con gran precisión y detalle, podía recitar largas listas de los actos y transgresiones de los adictos: lo que pensaban, hacían y decían; y lo que no pensaban, no hacían o no decían. Los codependientes sabían lo que el alcohólico o adicto debía o no debía de hacer. Y se preguntaban una y otra vez por qué lo hacían o por qué no lo hacían.
    Sin embargo, estos codependientes que tan bien podían ver dentro de los demás no podían verse a sí mismos. No sabían lo que estaban sintiendo. No estaban seguros de lo que pensaban. Y no sabían qué era, si acaso había algo, lo que podían hacer para resolver sus problemas; si, en efecto, tenían algún otro problema que no fueran los alcohólicos.
    Era un grupo formidable el de estos codependientes. Molestaban, se quejaban y trataban de controlar todo y a todos menos a sí mismos. Y, excepto por unos cuantos pioneros de la terapia familiar, muchos consejeros (incluyéndome a mí) no sabían cómo ayudarlos. El campo de la dependencia química prosperaba, pero la ayuda estaba centrada en el adicto. La bibliografía y el entrenamiento para terapia familiar eran escasos. ¿Qué necesitaban los codependientes? ¿Qué querían? ¿Qué no eran tan sólo una extensión del alcohólico, un visitante del centro de tratamiento? ¿Por qué no podían cooperar, en vez de buscar problemas siempre? El alcohólico tenía una excusa para estar tan loco: estaba borracho. Estos otros significativos no tenían excusa. Actuaban así estando sobrios.
    Pronto me suscribí a dos creencias populares. Estos locos codependientes (los otros significativos) estaban más enfermos que los alcohólicos. Y no resultaba extraño que el alcohólico bebiera: ¿quién no lo haría con un cónyuge así?
    Para entonces, ya tenía tiempo de permanecer sobria. Estaba empezando a comprenderme a mí misma, pero no comprendía la codependencia. Lo intenté, pero no pude hasta años después, cuando me enredé a tal grado en el caos de unos cuantos alcohólicos que dejé de vivir mi propia vida. Dejé de pensar, dejé de sentir emociones positivas, y me quedé llena de ira, de amargura, de odio, de miedo, de depresión de desamparo, de desesperación y de sentimientos de culpa. En ocasiones deseaba dejar de vivir. No tenía energía. Me pasaba la mayor parte del tiempo preocupada por otras personas y tratando de imaginar cómo controlarlas. Mis relaciones con amigos y familiares estaban por los suelos. Me sentía víctima. Me había perdido a mí misma y no sabía cómo había ocurrido esto. No sabía qué era lo que me había ocurrido. Pensaba que me estaba volviendo loca. Y pensaba, señalando con el dedo a todos los que estaban a mí alrededor, que era su culpa.
    Tristemente, aparte de mí nadie sabía lo mal que me sentía. Mis problemas eran mi secreto. A diferencia de los alcohólicos y de otras personas atribuladas en mi vida, yo no iba haciendo grandes líos y esperando que otro limpiara lo que yo había ensuciado. De hecho, junto a los alcohólicos me veía bien. Era tan responsable, tan digna de confianza. A veces no estaba segura de que era yo la que tenía problemas. Sabía que me sentía infeliz, pero no comprendía por qué mi vida no estaba funcionando.
    Luego de un tiempo de estar dando tumbos en mi desesperación, empecé a comprender. Como mucha gente que juzga duramente a los demás, me di cuenta de que había andado un largo y doloroso camino en los zapatos de aquellos a quienes antes juzgué. Ahora entendía a esos locos codependientes. Me había vuelto uno de ellos.
    Gradualmente, empecé a escalar fuera de mi negro abismo. En el camino, desarrollé un apasionado interés por el tema de la codependencia. Como consejera (aunque ya no trabajaba tiempo completo en ese campo, aún me consideraba codependiente) y como escritora, se picaba mi curiosidad. Como una “apasionada, carenada codependiente” (frase tomada de un miembro de Al-Anón) que necesitaba ayuda, tenía también un interés personal en el tema: ¿Qué le pasa a la gente como yo? ¿Cómo ocurre? ¿Por qué? Y lo más importante, ¿qué necesitan hacer los codependientes para sentirse mejor? ¿Y para permanecer así? Hablé con consejeros, con terapeutas y con codependientes. Leí los pocos libros disponibles sobre el tema y sobre temas afines. Releí lo básico –los libros de terapia que habían pasado la prueba del tiempo– buscando ideas que fueran aplicables. Fui a juntas de Al-Anón, un grupo de autoayuda basado en los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos, pero dirigido a la persona que ha sido afectada por el alcoholismo de otra persona.
     
    Última edición: 15 Oct 2010
  5. capitanraymar

    capitanraymar Suspendido

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    Nunca te confies en tus propias ideas para sentirte liberado de este problema , tu lucha es diaria y nada tiene que ver el rock o el mundo exterior con tu enfermedad .
    Son cinco años que tu cuerpo tarda en desintoxicarse y es el " sindrome de abstinencia " la etapa mas dificil que vas a enfrentar .
    Si quieres apoyarte en la religíon`pues no te lo critico pero no por desarrollar tus creencias religiosas debes sentirte libre del problema pues no as pensado en la parte fisíca de tu problema .
    Todo depende de que tipo de drogas as usado y cuanto tiempo tienes en abstinencia . la forma en como dramatisas religiosamente tu problema es un propension a sufrir una recaidad . asi que te sugiero acudir tambien donde un sicologo especialista en problemas de toxicodependencia a modo de reforsar tu decision.
    Pero sin no das datos mas exactos sobre tu adicción y la razón fundamental de por que testimonias . no se puede tener nada claro sobre tu problema .
     
  6. Neocruxed

    Neocruxed Miembro de plata

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    Hombre, siendo el rock tan bueno...:oops: