Y EL ALBA APARECIÓ // Por "Alucard"

Publicado en 'Literatura' por brunomolina, 18 Feb 2011.





  1. brunomolina

    brunomolina Suspendido

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    Y el alba apareció:

    En cuanto el alba apareciese… Los primeros brotes de luz no son siempre motivo de alegría. Sabíamos que todo acabaría tarde o temprano. Era solo el deseo de seguir con nuestras vidas absurdas allá afuera, lejos, muy lejos de aquí. Queríamos con tantas ganas, anhelábamos con tanta desesperación. Ariadna miraba a los ojos de sus compañeros en desdicha, entumecida en su propio miedo. En cuanto el alba apareciese habría acabado todo. Terminaría la misma historia con las palabras de quien la narra. Se haría un agudo silencio, y de las llagas del mismo, el hedor. Un hedor innatural, propio de una bestia insatisfecha.
    Lejos de este encierro no existe nada, solo gente que no es bienvenida a un mundo mejor. Con la presencia de cada uno de ellos se pierde cada vez un poco de verdadera existencia. Ahora ya era muy tarde para cualquier cosa. Y lo entendíamos. Ahora Alfonso encendía una vela. Acercándose a su amiga, le tomó a ésta de las manos: “Guarda calma amiga mía, no olvidaremos. Seremos los mismos entonces, o distintos, pero igual no lo haremos. La promesa que une dos corazones nos encontrará sin importar cómo. Y como aún podremos sentir, sentiremos lo mismo entonces”.

    — ¿Cómo sienten las personas que ya no pueden sentir? —le preguntaba Lupe a su muñeca.

    En el momento preciso no hice lo necesario para protegerla. En mi desesperación la posé en mi hombro y huí, como lo hacen los cobardes. Ella la sujetaba fuerte. Marie no se soltó nunca de sus manos. En premio a su lealtad se le concedió la vida. Y Lupe fue dichosa al saber que vivía. Lupe le sonrió al infeliz que la llevaba a un destino cruel. Lo besó en la frente. Lo abrazó con ternura.

    — A través de otros. Una forma de hacerlo, es soñando. Cuando soñamos dejamos de pertenecernos, y somos de todos sin excepción. Si alguien ya no puede sentir, sentirá al soñar. En su sueño atrapará el sentir de alguien, y aunque no pueda entenderlo, ya estará sintiendo. —respondía Marie.
    — Los que ya no sienten… ¿sintieron alguna vez?
    — Sí lo hicieron Lupe. El que me creó poseía un corazón bondadoso… Pero aprendió a olvidar. Luego de la muerte de su esposa, lo abandonó todo…, y aprendió a olvidar. Se obligó a olvidar la tristeza que le provocaba su muerte, pensando que de esa forma podría seguir adelante con su vida. Pero no fue así. Porque al bloquear sus sentimientos, perdía parte de sus recuerdos con ella. Primero olvidó su sonrisa. Luego olvidaría la suavidad de sus manos al acariciarle. Se olvidaría de su aroma y de su tierna mirada. ¿Se olvidaría después que fue la única mujer que amó y juró amar? Aunque no lo quisiera lo fue olvidando todo. Se olvidó él mismo de quién era. Entonces pudo seguir adelante…, pero ya no era su vida. Las personas como él, ya no pueden sentir; pero como te habrás dado cuenta después de lo que te he contado, alguna vez lo hicieron.
    — Entonces todos están muy tristes allá afuera.
    — Lo estarían si pudieran sentir.

    El tiempo aceleraba su paso sin sentirse angustiado. Allá afuera no existe nada, solo el fin de todos aquellos sentimientos incomprendidos. En cuanto el alba apareciese, formaríamos parte de una interminable angustia. Y es que, en cuanto el alba apareciese, comenzaría todo nuevamente. Un nuevo comienzo sin esperanzas...; donde todos se parecen tanto. La luz de luna se hacía extinta. Era difícil distinguirnos en la oscuridad. Comencé a pensar sin atajos, en lo que vendría a continuación. El camino que tomase, sería también el camino de mi niña. No quería olvidar mi promesa de cuidarla por siempre. Pero allá afuera todos olvidan, y se olvidan a sí mismos a su vez. Marie sería la misma allá afuera, pero Lupe, ¿Lupe sería la misma? ¿Se tendrían la una a la otra si es que yo olvidase y me fuera?
    Era solo el deseo de seguir con nuestras vidas absurdas allá afuera, lejos, muy lejos de aquí.

    — ¿Se-serán muy distintas las cosas cuando ya no estemos juntos? —me preguntaba un Ariadna al borde de las lágrimas, temerosa y herida.
    — Sí Ariadna, no tienes idea de cuán distinto es todo cuando dejas de sentir. —le respondí.
    — ¡Pero tú no cambiaste! ¡Fuiste a por tu hermana y recordaste el camino de regreso!
    — Deseaba tanto verla…, tocarla… ¡Sentirla! Que se me olvidó que allá afuera es imposible sentir.

    No pude discutirles, pues ya lo habían decidido desde hace mucho. Querían que me contentara con el simple hecho de saber que no podría olvidarme. Guarecía a mi foto con recelo, bajo la sombra de su almohada. No me olvidaba, y ya de por sí era tan distinta de los demás por ese simple hecho. Era única; en medio de un sinfín de entes sin alma. Cuando llegué a tenerla entre mis brazos… ya no la recordaba. Entonces lo oí de sus labios: “¿Te irás de nuevo?” ¿De nuevo?, pensé, y al pensar recordé.

    — No lo sé, y sin embargo daría lo que fuese por mantenerme en ignorancia. No me despierta la intriga el conocer la verdad. ¿Por qué nos desterraron?, no lo sé ni me importa. —decía para sí Alfonso, en una voz que era, lo que era un susurro.
    — Haces bien. —le dije, lográndole conseguir una expresión de sorpresa.
    — A ti te castigan por ir a por tu hermana, por amarla tanto y desear que esté a tu lado… Y no lo entiendo…, lo que hiciste es de lo más noble que he escuchado. —decía Alfonso, irritado y recuperando el tono habitual en su voz.
    — Si se tratase de justicia o buen juicio seríamos salvos en este momento, y no nos habría tenido que reprochar el infortunio nuestras supuestas faltas. Dentro de esta situación hay algo obscuro puesto en manifiesto.

    Debíamos de haberlo sabido antes, que, aunque lo supiésemos desde hace mucho las cosas no hubieran sido distintas. Lo uno nace por lo otro. La hereje cadena nos arrastra a no entendernos. La desesperanza se nos vuelve en nuestra contra. Como aún podemos sentir, nuestros corazones se hacen añicos. El resplandor de lo que vendría a ser nuestra última primer mañana, estaba a solo un suspiro. En cuanto el alba apareciese… seríamos lo que hasta ahora hemos sido. Y el ruido estruendoso. Despertaríamos inútiles, pensando que todo lo pasado fue un sueño largísimo.

    “No hay mayor pecado que el que no se comete por quien amamos”.

    Y el alba apareció. Y en alguna parte de la tierra cuatro ángeles perdían sus alas.
     
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  2. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Hola BrunoMOlina,

    Para escribir en el Proyecto Escriutra debes cumplir con las bases. Estoy moviendo tu escrito a Literatura donde de seguro podrán los foristas comentar tu escrito y darte sus opiniones.

    Un saludo
    CK
     
  3. Belano

    Belano Miembro maestro

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    no se si soy yo, pero esta bien confuso todo el cuento. yo pensaba que eran muñecas xDDD. como digo, muy confuso, un enredo de palabras inciertas, mucho rodear la idea para no decir nada. sin embargo, lo que si me gusta es el final:

    "Y el alba apareció. Y en alguna parte de la tierra cuatro ángeles perdían sus alas".

    pero creo que un final para un cuento distinto, mejor armado y mas claro.