Taki qillqata qichwa /Poesía quechua

Publicado en 'Literatura' por ram_mind, 22 Feb 2010.





  1. ram_mind

    ram_mind Miembro de bronce

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    Taki qillqata qichwa /Poesía quechua (escrita) contemporánea por Gonzalo Espino Relucé


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    En 1947 se publicó Cana i sus relámpagos[1]. Era una modesta publicación que evidenció una vigorosa poesía quechua. A decir verdad, un núcleo que renovaba la aldea letrada quechua. Esta antología coincidía con otro fenómeno que aparecía visiblemente en la poesía vernácula, en la canción quechua que, autores que firmaban su letras, en especial, mestizos. Es también tiempo que en el plano socio-cultural hablar la lengua de indio, era signo de inferioridad que se expresaba en desprecio al quechua y a lo indio; en realidad, una de las expresiones más duras del racismo. Son años también en que el mito del progreso alcanzaba algunos logros significativos, se podía ya observar los primeros resultados de la conquista de la escuela: jóvenes provincianos que cursaban las aulas universitarias y, por cierto, la lenta invasión a las modestas ciudades aristocráticas del país y de la propia capital.

    Es Kilku Waraka la primera voz visible del período. Años antes lo había hecho Inocencio Mamani pero sin una obra orgánica ni presencia que observamos en los poetas de los años 50.
    [2] Tampoco dejamos de tomar nota de tres hechos importantes: el teatro quechua cuzqueño que ha sido bien estudiado por César Itier, la publicación de la primera antología quechua por Adolfo Vienrich Tarmap pacha huaray (1905) y Canto Kechwa (1938) recopilado por José María Arguedas. Killku Waraka que aparece con su libro Taki Parwa (1952) escrito fundamentalmente para la poesía quechua. Pertenecía a los hombres de la haciendas, aunque su sensibilidad lograba expresar el mundo indígena. Había aprendido muy bien la tonada popular, sus waynos eran muy famosos por la época y hacía teatro quechua. La poesía de Killku Waraka trasunta una escritura arcaica, no es el quechua hablado, es el quechua culto; pero en su poesía encontramos un entramado que lo vincula al hombre, al paisaje y a los dioses andinos.

    Es por otro lado un período en que los poetas usan el seudónimo o máscara tal como lo describió Julio Noriega en su antología Poesía quechua escrita en el Perú (1993). Noriega explica que la máscara permite al poeta quechua ubicarse en la doble margen: por un lado desde la instancia quechua, desde el seudónimo con su mundo quechua y su cultura, pero por otro, la condición de hombre o mujer de la ciudad, que hace uso de los recursos y está inserto en el mundo de la otra cultura a partir de su carné de identidad. Aparecen los nombre de Kilku Waraka (Andrés Alencastre), Pumajasa y Chantay Achalmi (Teodoro L. Meneses), Kusi Paukar (César Guardia Mayorca), etc. No debe perderse de vista que se trata quechuahablantes que han accedido a la letra y que, como provincianos, se sienten orgullos de su condición. En términos generales, el verso está apegado a lo que difundiera el Inca Garcilaso de la Vega, versos metro menor, generalmente, heptasílabos, hay en todos ellos una preocupación por respetar esta regla imagina por nuestro Inca.

    El siguiente momento llega sin las máscaras, estas se caen, esto en los 70. Es una suerte de conquista de la ciudad letrada, circulan sin mayores dificultades entre en mundo letrado de la ciudad, aunque no alcanzan a ser parte del canon. A todos ellos -tengo la intuición- podemos vincularlos a la imagen del migrante. Los poetas quechuas no necesitan utilizar el seudónimo. Les basta su carné civil. William Hurtado de Mendoza llega primero con su libro Yanapaq jailli (1971). El yo poético de Hurtado de Mendoza pertenece al mundo indígena y explora una suerte de puente entre el mundo del ande y ese que está en la ciudad. Es un quechua legible, cuidado, no solo es de la tradición escritura. En sus formas, trabaja con eficacia poética, el harawi y explota el verso corto. El mundo en que se mueve, tal como el mismo ha declarado es el disglósico, tono que se traduce en protesta social, que incide en el hombre andino y en la condición ética del poeta. Una década después aparece el poeta Eduardo Ninamango Malqui, con su libro Pukutay (1982), en sus poemas se percibe el aprendizaje de poesía moderna <http://tallerdepoesiasm.blogspot.com/2009/11/pukutay-taki-1-taki-3-de-eduardo.html>. El verso fluye libre, pero ello no anula su tono ancestral, todo lo contrario. Cerraría este ciclo la poeta Dida Aguirre, que comienza a publicar en 1978, llega al libro con Arcilla (1988) y con Jarawi (1999), libro consagratorio por el premio Concurso Nacional de Poesía Quechua de Universidad Villarreal. Este poemario es la experiencia del desencanto, pero la diablada –si nos permite el término- danza sobre metáforas que fluyen desde una voz individual y que inevitablemente se vuelve colectiva. Es la voz poética que vive en el límite, que está en los bordes, por eso desde sus poemas de Arcilla a los poemas de Jarawi encontramos un tipo de poesía que revela las relaciones del hombre andino con el mundo mágico de su visión, con sus dioses, con la naturaleza confrontados con la extensión de la miseria y la violencia. Es una voz que cuestiona a los dioses, que interroga sobre la vida que se “está penando” en este mudo.

    La experiencia que viene de los 90 encontramos un nuevo elemento: lo paródico como hecho central en el trazo poético. Si en los cincuenta, la escritura quería ser pura - y en más de una ocasión no se traducía-, para los tiempos de Hurtado de Mendoza, Ninamango y Aguirre, la traducción es inevitable. Uno encuentra que en estas versiones aparece otro tono poético, no siempre cercano al que se lee en quechua. Pero los que llegan a fines de los noventa son irreverentes e imaginan el mundo más allá de la ciudad ómbligo, entonces, se proponen ahora versiones que van del texto quechua a la lengua de transacción local, el castellano y a una versión globalizante, casi siempre en inglés. El apego al formato letra, impreso, se mantiene pero se vitaliza otros formatos: la fotografía, el post y la música, al tiempo que se hacen perfomances. En este núcleo identifico a Isaac Huamán, Odi Gonzales, Anka Ninawaman, Gerson Paredes y Ugo Facundo Carrillo, entre otros. Todos ellos hacen una poesía quechua que no acepta los límites locales, por ello se aventuran a un espacio mayor. Sus tonos poéticos cuestionan el logo colonial, ese su mérito.

    Esto sería en líneas generales el trazo de una antología básica, que coge todo el siglo XX y esta primera déada del siglo XX y que esperamos hacerlo circular el próximo año. Claro está que no hemos olvidado los poemas dispersos de José María Arguedas, que Sybila Arredondo, agrupó en Katatay, cuyas texturas corresponden a los años 1962 a 1969.

    La discusión:

    Entonces, ¿Cuáles son las relaciones que establece la poesía quechua con la poesía escrita, aquella que aparece con frecuencia en las antologías y que el canon nos las recuerda? ¿Qué relaciones revelan las práctica poética quechuas respecto a las poéticas modernas? ¿Cómo el universo quechua, la cosmovisión quechua organiza el texto poético? ¿De qué manera la simiente quechua aparece en el texto poetico? Son preguntas que propongo discutir en este foro.






    © Gonzalo Espino Relucé, noviembre 2009​
     


  2. ram_mind

    ram_mind Miembro de bronce

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