PE - 8.7: La princesa dorada // por Pepebotella --- (por CHIS)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 23 Ene 2011.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    La princesa dorada

    Aquella tarde vestía un short ajustado, una blusita de tirantes y grandes gafas oscuras. Las piernas claras se contorneaban lentamente, los hombros descubiertos brillaban como faroles, al igual que sus lentes. Caminaba inmutable, ni las acechanzas de ordinarios peatones la amedrentaban. Solo el transitar de los carros sosegaba su marcha, pero inmediatamente la reiniciaba cuando el semáforo cambiaba de color.
    Yo me encontraba en el otro extremo de la calle. La distinguí al primer atisbo. Sus largos cabellos dorados flotaban sobre un mar de cabezas. Era alta, rubia y portentosa. Parecía un personaje de ensueño.
    Su pausado caminar hizo reducir la velocidad de mis pies. Quería acercármele, entonces decidí cruzar la pista. Ingresó –recuerdo- a un café. Había oscurecido, mi reloj de celular marcaba las 6:00. Hacía una hora que la seguía y hacía una hora también que el viento soplaba fortísimo. En un momento no hubo más almas que las nuestras en aquella calle desierta, de parterres hermosos y casonas suntuosas.
    El frío fue menguando a medida que sorbía café. La bella joven se había desprendido de sus gafas. Sus claros ojos fulguraban y su tez de arrebol yacía intacta. Miré de nuevo el celular. Ocho llamadas perdidas de Ceci. Lo apagué.
    Estaba ahí, sola, misteriosa, bellísima. Todos se volvían hacia ella para contemplarla. Algunos bienvestidos comentaban a viva voz sobre la muchacha. “Gente estúpida, se contentan con alardes”, pensé. Me levanté de improviso y desfilé hacia el rubio destino.
    - Hola – dije. No respondió. Sacó de su bolso un brillo labial y se miró a través de un espejo.
    -Hola– repetí-, esta vez tembloroso. Pensé que… Interrumpió inesperadamente y habló calma, sin mirarme a los ojos:
    -¿Por qué te llamo la atención?
    Quedé paralizado, no atiné a responder.
    - no cualquiera persigue a una mujer como lo has hecho tú – dijo.
    Salí cuán rápido pude del lugar y no paré hasta el primer paradero. Cogí un taxi y me dirigí a casa.
    Al día siguiente desperté tarde, había olvidado activar el despertador de mi celular. Lo prendí. Más llamadas perdidas de Ceci. Le escribí: “Estoy de salida, nos vemos en la universidad”.
    Después de clases encaminé hacia su salón. Acaba de salir, apenas si me miró. No decía nada. Intentaba enmendar mi falta hablándole quedo y diciéndole cursilerías. No tardo en disculparme. Para infortunio mío, Ceci requirió de mi compañía, debía reunirse con sus amigos en sabe uno qué lugar.
    Caminamos tomado de las manos. La mía sudaba como nunca antes, cada tanto la separaba bruscamente de la suya para limpiármela. No hablaba, solo escuchaba su chillona voz; de fondo, el sonido de los cláxones acompañaban su discurso. Asentía en todo. Fingía sonreírle. Habíamos llegado.
    En el ostentoso lugar encontramos a sus amigos. Me los presentó. Saludé tímidamente y tomé asiento. Me apoyé sobre el espaldar del asiento y dirigí mi mirada una, dos, tres, incontables veces hacia la calle. Había terminado mi café desde hacía rato y la conversación entre Ceci y sus amigos también. Advertí que se levantaban de sus asientos.Los imité. Pronto las sillas quedaron vacías.
    Afuera el viento corría. Despedimos a sus amigos y caminamos. Ceci tomó una de mis manos y empezó a juguetear con ella. “Creo que empezaré a usar guantes” pensé. Mi siniestra se escurría. De repente Ceci se topó con alguien y dejo caer su bolso. Gritó e increpó a su atacante. La persona refutó: - ¡Fíjese por donde camina! ¡La vereda no es su pasarela! -. Advertí a tiempo que una grácil figurita rubia iniciaba su retiro. Alcancé a mirarla. Ella volteó y fijo sus ojos en los míos un instante. Era la rubia, esta vez no tenía gafas ni diminutas prendas, por el contrario, llevaba un hermoso vestido de princesa.
    No calmé a Ceci, la dejé hablando sola. Pensaba en aquella princesa dorada, tan encantadora, tan extravagante, tan hermosa. Había entrado al lugar. Recordé entonces la calle desierta de parterres y casonas, aquel era el café.
    Ceci subió a un colectivo atestado y se despidió haciéndome un gesto con sus manos. Asentí con la cabeza y empecé a andar. Compré cigarrillos. Tardé más de un minuto en abrir la cajetilla. Cuando logré mi propósito cayeron al piso la mitad de los pitillos. Los pateé y dije: “Cuando te acabe entraré al Café”.
    Un minuto después solo quedaba la colilla del cigarro, decidí fumar otro, a lo que le sucedió otro y otro y otro. “Tal vez se haya ido, entraré”, pensé.
    Adentré. El lugar yacía colmado. Eché un vistazo. Estaba ahí, sola. Busqué por todos lados una mesa vacía, pero increíblemente no hubo ninguna. Miré de nuevo a la rubia, había demasiado espacio para un comensal más, pero no, no era posible. Resolví volverme. Antes de que me retirara, una voz melodiosa, dulce y enérgica se oyó en el Café. El silencio acalló todavía más: “Oiga Chico de la camisa a cuadros, tome el asiento que está junto al mío” .No podía creerlo, era su voz. Las viejas hacían desdeñosos gestos y murmuraban, los bienvestidos no dejaban de mirarla, incrédulos. Me dirigí a paso lento. Tanta era la sorpresa que hasta un mozo casi deja caer las tasas de café. Tomé asiento y pedí un café. Ni me miró.
    -Gracias- le dije. No respondió. Proseguí: -No sé por qué tanta sorpresa, no dejan de mirarnos, perdón – corregí a tiempo-de mirarte. -La sorpresa ha de llevársela usted-dije-.
    A lo que respondió: -Ya me acostumbré. Sabe, acudo aquí los últimos días de semana. Hace más de dos años que visito este lugar, antes lo hacía acompañada.
    -Ya entiendo – me limité a responder-
    -No, no entiende- replicó- .Al poco tiempo habló nuevamente, esta vez fijo sus ojos en los míos. Yo los aparté.-Ayer no respondió a mi simple pregunta, espero que esta vez lo haga y no se corra como niñita-.
    Sonrojé. Mis manos temblaban no de frío, sino de exaltación. Esa mujer me intimidaba, y de qué manera.
    -Me parece extravagante, misteriosa, atípica -dije-
    Se rió. Por vez primera contemplaba su sonrisa.
    -¿Extravagante? apenas me ves ¿y ya me calificas? pues espero darme cuenta de cuando lo sea, dijo entre risitas.
    -Solo es mi opinión - contesté-
    Repentinamente se levantó y amagó con irse.
    -Me tengo que ir-dijo-.
    Permítame acompañarla-le dije-. No contestó. Inició su retiro. Yo la seguí.-¿Puedo saber su nombre?-pregunté tímidamente.
    -Amanda- contestó.
    -¿Vive lejos de aquí? –dije-
    -Cerca- respondió.
    -Puedo acompañarla?
    -Bueno- dijo-
    Erré, no era tan alta. solo me llevaba unos cuántos centímetros. Quise iniciar una conversación interesante, pero fracasé. En cambio ella no tuvo ningún problema en hablar.
    -Sabe, ahora que lo veo bien, se parece a un amigo gay. No digo que sea gay, lo que digo es que se parecen. Lo detesto.
    Me sorprendí, pero traté de decir algo. – ¿Por qué lo detesta?
    -Porque es bien gay, se cree más nena que yo; pero me es indiferente, sé lo tanto que desearía ser yo.
    .-Sonreí. Me lo imagino, es usted muy bella; es más, si yo fuera mujer, desearía ser usted-.
    -Muchas mujeres –dijo-son hermosas por naturaleza, algo que no escogieron tener, pero que naturalmente se les ha dado; en cambio lo que ni una mujer tiene así porque sí es la belleza genuina. Esta se adquiere, no se nace con ella.
    No me dejó responder. Habíamos llegado a una enorme casa. Se detuvo.
    -Gracias- me dijo- Y se fue.
    Las semanas siguientes se convirtieron en constantes encuentros; acudía viernes y sábado al café. Siempre le ofrecía mi compañía nocturna, ella aceptaba sin aparente interés.
    Cierto día vi que sacó de su bolso un sobre.
    -Es una carta-me dijo- Alguien me escribió-. Bastó segundos para que arrugara su nariz y, también la carta. –Qué asco-dijo- no la abriré. Se levantó y se dirigió a un tacho de basura. -Detesto las cartas con colonia de hombre-gritó-.
    No era convencional, no gustaba de rosas, ni de peluches, tampoco de chocolates; por el contrario, disfrutaba del color de los girasoles, de las conversaciones de noche, de los poemas inéditos y de las motocicletas. Pronto supe que estudiaba Literatura y que gustaba del “football” y pronto ella supo, o así lo quiero creer, que esas eran mis dos primeras atracciones.
    Está de más decir que dejé de ver a Ceci. A pesar de ello sus llamadas eran continuas.
    Un viernes no encontré a Amanda en el café. El siguiente sábado tampoco. La semana siguiente la encontré, sí; pero yacía más frívola. Durante nuestra caminata de noche me confesó que no se sentía atraída por hombres despeinados, de peculiares prendas y más bajos que ella, a pesar –repito- de no ser enano. Supuse que se despedía de mí. Lo entendí y me despedí de ella.
    -Qué feo te despides hoy- dijo irónica.
    No la volví a ver más hasta dos semanas después. La encontré entretenida con un bienvestido más alto que ella y bien peinado. Salí raudo del café y no paré hasta un paradero. Ni el timbre de mi celular detuvo mi paso.
     
    Última edición: 18 Feb 2011


  2. Raq3l

    Raq3l Suspendido

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    Femme fatale

    No está feo, pero no es lo mío.
     
  3. Belano

    Belano Miembro maestro

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    me parece muy adolescente y no me gustan para nada los diálogos :(
     
  4. Pollo_

    Pollo_ Miembro de plata

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    Tiene partes interesantes. Sería mejor si el personaje no sería la típica “chica no convencional” que junto con matar a alguien en la historia, son de los clásicos estereotipos de los primeros cuentos.
     
  5. CHIS

    CHIS Miembro maestro

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    Concuerdo con el amigo ( amigo no en el sentido griego de la palabra xD) Pollo. Hay partes interesantes, "chispasos" como se dice en el fùtbol, pero nada màs.
     
  6. anthoni

    anthoni Miembro maestro

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    Es bueno tu cuento. Al principio como que suceden las cosas con mucha velocidad, la trama, para mi, es muy debil. El final esta bien, algunas lineas estan cheveres.
     
  7. Leoj Amocich

    Leoj Amocich Miembro maestro

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    No está mal; pero lo leería una sola vez y nada más.
    Saludos
     
  8. TESLA

    TESLA Suspendido

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    esta bueno comparado con otros cuentos que he leido

    se deja entender muy bien.

    que pendevis fue la mujer.
     
  9. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Señores, se hacen públicas las autorías del PE-8.

    Felicitaciones a todos los autores.

    Saludos [​IMG]

    Cholo_King