PE - 7.8: Tallarines rojos // por T-Rex --- (por Raq3l)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 16 Nov 2010.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Las personas comentarían que fue un día cualquiera el día en que Eliazar había perdido la razón, pisoteando todo lo que hasta un día antes era su vida, lo que nadie supo es que un día cualquiera fue el fin del mundo.
    Ese día al levantarse no tuvo mayores sensaciones mientras cumplía con la rutina diaria de aseo personal, no hubo el menor ruido, más que los que entraban por las ventanas de la casa. Las ventanas siempre habían sido un tema de conversación para nosotros, veíamos a traves de ellas lo que los demás nos dejaban ver sin darse cuenta, sólo cuando querían ocultar algo las cerraban, aquella idea nos fascinaba. -El fin del mundo nace en el silencio- pensó mientras se cepillaba los dientes, entonces lo gritamos -¡EL FIN DEL MUNDO NACE EN EL SILENCIO!- con gestos enloquecidos, la espumeante crema dental nos daba un aire rabioso, ya no había el porque reprimirse, para quien actuar.
    Eleazar, como todos, había tenido un padre. El padre siempre había sido un hombre alegre, de muy mal carácter y amenazas homicidas. El llegar un día a casa, encontrar a la familia muerta y al padre esperándolo con un cuchillo fue una idea que lo acompañó muchos años de su vida.
    Habían pasado 3 meses desde que su hermana menor, Eleonora, se había despertado y encontrado con que el baño estaba ocupado. Eran las 11:35 de la mañana y todos en casa sabían que Eleonora usaba el baño de 11:35 a 11:50 de la mañana, que estuviera ocupado era simplemente inaceptable para ella, gritó y refunfuño como ella bien sabía hacerlo, tiró dos puñetes en la puerta del baño, alguien dentro de el gritó, se dio la media vuelta y en lo que llegaba a su habitación abrió y cerró bruscamente todas las puertas cercanas, cogió dos platos sucios que se encontraban sobre la mesa de la cocina y los arrojo al lavadero con una brusquedad que gritaba histeria. No fue sino hasta que llego a las escaleras que daban a su habitación cuando se desencadenó lo inevitable. Elisa, la segunda hermana, se encontraba armando un rompecabezas en la sala cuando Elonora salía de la cocina tras el sonido de vidrios rotos, tragedia la que se armó en ese instante en que Eleonora entraba a la sala y Elisa dejaba caer un vaso con jugo de papaya-mango, tragedia no para mi, sino para los demás, los optimistas de la vida. Elisa, acostumbrada a hacer destrozos por accidente, no tuvo gesto alguno al romperse el vaso, siguió armando el rompecabezas dispuesta a recoger los trozos de vidrio cuando terminara de armarlo. No sé si fue Eleonora o fue Elisa, si fue el tarareo de Elisa después de romper el vaso o si fue los bufidos de Eleonora ante la inmutación de Elisa tras manchar la alfombra con el jugo de papaya-mango, lo que sé es que al llegar Eleonora a su habitación y cerrar la puerta de tal manera que todos en casa pudieran notar su enfado se me vislumbró lo que vendría.
    Estaba hechado bajo el ardiente sol en el jardín cuando noté su enfado, con gestos de tranquilidad traté de hacer desistir a Eliazar que iba en busca de la reconciliación tras escuchar los gritos de ambas hermanas. Eleonora gritaba desde su cuarto, Elisa le contestaba desde la sala, ambas en el climax de sus amenazas salieron al encuentro de la otra cuando Eliazar que llegaba al punto medio de la situación fue recibido con la tapa de la olla arrozera y el teléfono del cuarto de Eleonora en la cabeza, quedo tendido en el piso, si bien no estaba desmayado, estuvo bastante inconsciente de la situación y no tiene recuerdos precisos de lo que sucedió. Yo, que al verlo tirado al pie de las escaleras me regrese al patio, a echarme bajo el radiante sol, no me fue necesario estar presente, lo recuerdo todo. Ambas se echaban la culpa por lo de Eliazar, mientras se echaban la culpa trataban de hacérselo pagar la una a la otra, con tirones de pelo y ahorcamientos imprecisos, la puerta del baño se abrió, los pasos que se apresuraban indudablemente del padre, entonces frases sueltas: ¿qué paso?, ¿hasta cuando? me tiene harta, todo el día me manda indirectas, ¿te lo advertí o no?, ¿cuantas veces te lo hemos pedido?, ya callate, la voy a matar, yo te voy a matar primero, se que lo que voy hacer es..., la familia,...a tu hermano, callate, voy agarra un cuchillo, sino te callas,...una película de acción..., estás loca, ¡entonces matemonos todos de una vez y se acabo todo, que si ustedes están locas yo estoy más loco!, entonces muchos pasos apresurados, tres disparos y derrepente lo que antes había sido dejaba de existir. Existir era un tema que también nos solía divertir mucho a Eliazar a mi, cuando en los fines de semana los jóvenes de nuestras edad parecían existir con mayor intensidad que los demás días de la semana.
    Sé que al punto de los tres sonidos definitivos Eliazar perdió el conocimiento por completo y por alguna razón yo tampoco logro recordar nada más. Derrepente lo más cercano son los ladridos de Vejez, su perro, aquello lo despertó, él como de costumbre fue a la cocina cogió el plato de Vejez y lo lleno con agua, revisó el otro plato y lo lleno con comida, Vejez que estaba detrás de él moviendo suavemente la cola, lloraba de una extraña manera, parecida a la que usaba cuando quería orinar, Eliazar se arrodilló y acarició largamente a Vejez: todo va a estar bien.
    Vejez había sido su perro desde que tenía 15 años. Cuando cachorro fue muy engreído y seguro de sí mismo, o sui mismo, como prefiera el lector. Vejez no aguantaba pulgas de nadie, era alérgico. En sus tiempos de juventud mutua jugaban a cazar trozos de pollo que Eliazar escondía por la casa y todos en casa participaban en el juego, reían y aplaudían los logros de Vejez, son mis recuerdos favoritos de la familia. Las hermanas, siempre muy engreidoras, solían llevarlo cargado a todos lados e inventar excusas para no asistir al colegio y quedarse en casa para jugar con Vejez, dormían con él y ocultaban sus travesuras por temor de que pudieran separarlo de ellas regalándolo a otra familia, porque no había mejor familia que ellas para él, sólo ellas podrían cuidarlo tan bien, ni más niñas que le dieran de comer los tallarines rojos de mamá, sus favoritos. El tiempo pasa irremediable en el cuerpo y Vejez ya tenía 15 años, entonces, tenía una pata chueca de artritis que daba un aire penoso pero gracioso y a la vez tierno cuando le daban ganas de correr, los días se le pasaban entre el sueño, las orinas que se le escapaban, las pocas ganas de comer y los momentos de chispa que le quedaban de cachorro.

    El día en que dicen que Eliazar perdió la razón, era el fin del mundo y no había más razones para hacer dietas, para medirse con el azúcar, para apurarse, le decía, yo, mientras ponía a calentar la sartén pero Eliazar decidió que tampoco había razones para demorarse o cambiar sus hábitos. De todas maneras nos serví un desayuno como no lo había podido hacer desde hace años a causa de la prisa por llegar al trabajo. Preparé panqueques, tortillas con hog-dog, nada de café, se decidió por una gaseosa y un jugo de fresas con leche, aquello me alegró, él que era intolerante a la lactosa siempre se andaba cuidando de la leche antes de ir al trabajo, le serví las frutas en trozos con la leche condensada y nos repartimos mucho cereal del caro, que sólo comíamos los domingos, derrepente lo invadió una profunda tristeza entonces le propuse pasar por Don Lucho antes de llegar al trabajo, era el restaurante favorito de su madre y desde su muerte todo recuerdo de ella era una alegría, y comprar unos tallarines rojos para el almuerzo, acepto, él era una persona muy razonable, al igual que yo, sólo que de distinta manera.
    Nadie se acercó a la puerta a despedirnos, ese día, por primera vez en 15 año, no hubo que dejar agua ni comida en el plato de Vejez, el cual yacía sobre su cama, como si estuviera dormido. Yo no quería pero al verle la cara Eliazar en el espejo junto a la entrada le propuse hacerle un bonito entierro a Vejez. Cogimos unas palas y cavamos un hoyo en el jardín, Eliazar envolvió a Vejez en las mantas con que solía abrigarlo y como un niño desconsolado empezó a llorar. Yo, que no es lo mío, no quise ver, más le ayude a enterrarlo. Nosotros que no creíamos en nadie, sabíamos rezar y le hicimos la oración más hermosa posible a Vejez. Derrepente lo imaginamos olfateando su propia tumba y orinandole encima marcando su territorio, ladrándonos que le llenáramos los platos. Era hora de partir.
    No es que fuera culpa de Eliazar, sino que yo soy una persona muy razonable y si era el fin del mundo ya no había mas reparos que hacer al momento de hacer las cosas. Salíamos del restaurante de Don Lucho, con nuestro paquete de tallarines rojos calentito, cuando cruzábamos la pista y un carro nos golpeó levemente en las canillas. El chofer asomó su cabeza por la ventana y nos insultó. Nos repusimos del impacto, miré hacia el semáforo y estaba en verde para el peatón, entonces sin más ni menos, tantee la pistola del padre de Eliazar en mi bolsillo, la saque y por un momento Eliazar quiso detener, estaba sorprendido pues no recordaba que se la hubiera pedido, pero al ver la decisión de mis movimientos, me dejó libre. Retiré el seguro del arma, camine hasta la ventana del conductor que me miraba estupefacto, casi diría que incrédulo pero no lo voy a decir, apunte hacia su cabeza, sin más ni menos y sin reparo alguno.
    La gente, como me lo esperaba, entró en pánico, porque la gente siempre sabe entrar en pánico. Guardé el arma y me dirigí al edificio que estaba enfrente, hacia la oficina de Eliazar. Esta vez él me había permitido acompañarlo, generalmente siempre me dejaba en casa. Estaba muy emocionado, hasta que vi los ojos de sus compañeros de oficina, entonces comprendía lo difícil que era para él ser él, porque elegía fingir tanto, que ya casi nunca expresaba sus emociones. Empezó a saludarlos dándoles la mano pero lo detuve, escuchaba el sonido, el barullo, de quienes se acercaban en nuestra búsqueda, por lo del conductor. No había tiempo para saludar a esas personas que nunca se interesaron por nosotros, aquellos que pensaban que Eliazar se había vuelto loco, que sabían ellos que ayer había sido el último día de su vida, que ahora nada quedaba de ella. Corrimos hacia la sala de conferencias y nos encerramos. Las ventanas de la sala estaban descubiertas y sus compañeros de trabajo nos miraban asustados, algunos se escapaban de la oficina, ya se había corrido el chisme. Derrepente llegó la policía, no nos quedaba mucho tiempo y no es que me importara lo que le hice al conductor de la calle, sino que los tallarines rojos se enfriaban y aquello era lo único que nos quedaba de nuestra vida pasada.
     
    Última edición: 21 Dic 2010


  2. LuchinG

    LuchinG Miembro maestro

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    "Eleazar, como todos, había tenido un padre. El padre siempre había sido un hombre alegre, de muy mal carácter y amenazas homicidas. El llegar un día a casa, encontrar a la familia muerta y al padre esperándolo con un cuchillo fue una idea que lo acompañó muchos años de su vida."

    Creo que "alegre" en este caso es un mal adjetivo. Tener mal caracter y hacer amenazas homicidas puede ser compatible con andar riéndose todo el tiempo, pero no del mismo modo que alguien equilibrado. Se me ocurre que podrías decir "El padre siempre había sido un hombre de muy mal carácter, amenazas homicidas y sonrisa en ristre".

    Luego abandonas al padre y empiezas narrar lo que pasó entre las hermanas. Podrías haberlo encadenado mejor. "Esa sonrisa tenía mía padre cuando llegó a la sala, a mitad de la pelea entre mis hermanas" Esto de todas maneras es muy brusco, pero más o menos sería la forma de encadenarlo, y luego habría que hacer una referencia hacia la sonrisa homicida del padre, cuando matan a Vejez.

    "Yo, que al verlo tirado al pie de las escaleras me regrese al patio, a echarme bajo el radiante sol, no me fue necesario estar presente, lo recuerdo todo."

    Haces demasiado obvio que el narrador es un otro yo de Eliazar. Con que nadie esté consciente de que está allí y él esté presente en situaciónes tan intímas como el aseo de la mañana, es suficiente.

    Vejez entra demasiado tarde. Podría dormir en el cuarto con Elizar, cosa que así lo vemos desde el principio.

    Sobre el fin del mundo: ¿Y qué tal si escribes el cuento y omites este dato? Que todo lo sugiera, pero que nadie lo diga, a ver qué tal queda.
     
  3. ICARUS1979

    ICARUS1979 Miembro de plata

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    Este es uno de los escritos que me gusto, me parece bien formado; concuerdo con LuchinG en la posibilidad de omitir algunas ideas, e invitar a maquinar e inferir al lector.
     
  4. Raq3l

    Raq3l Suspendido

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    Este también es buen buento. Me gustan los tallarines.
     
  5. vruto

    vruto Suspendido

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    creo que falta editar y pulir, pero hasta ahora es el que considero tiene más cosas rescatables; el nombre del perro, Vejez, me parece muy bueno:

    de haberlo trabajado más sería un gran cuento, aún así de los que he leído, hasta ahora, es el que prefiero.
     
  6. Poeth

    Poeth Miembro frecuente

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    Este cuento plasma eficientemente el sentir de todo ser humano, claro partiendo de ese contexto. Un tanto retorcido por instantes, lo que crea un ambiente de confusión. Esto no es bueno, en realidad. La redacción no es de mi agrado, marea un poco.

    Ciertos recursos me parecen innecesarios y merman en la descripción respectiva de cada uno de los personajes. Por ejemplo, en la breve descripción del padre debiste hacer más tácito su potencial asesino.

    En general, me parece un enlace de ideas geniales del autor, que no logran convencerme porque el relato al final no está bien trabajado. Pensó en demasiadas ideas que al final no pudieron traducirse en una genialidad cabal (que pudo ser, sin duda). Quizás con un poco más de tiempo, el autor podría haber dedicado más tiempo a perfeccionarlo. O tal vez sea incapaz de armar una mejor historia.
    Las ideas, las tiene. Puede mejorar, espero sepa apreciar la opinión de este humilde lector.
    Uno de los mejores. :yeah:
     
  7. Gaviero

    Gaviero Miembro frecuente

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    Me gusto su historia. Los nombres de los personajes, la historia por momentos enredada y otros suelta, el ligero sarcasmo (intencional o no, no lo sé). Pero ¿por qué siempre el protagonista debe acabarse?
    Saludos.
     
  8. José Elías

    José Elías Miembro de bronce

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    Todos tenemos un bagaje literario, el cual define nuestras expectativas sobre la literatura. Así, cuando examinamos un cuento, lo que hacemos es compararlo con la "idea de cuento" que hemos forjado a partir de dicho bagaje. En este sentido, toda lectura es prejuiciosa, porque está limitada por nuestra experiencia literaria y, por ende, por nuestros gustos. En este sentido, concebir un cuento como un relato corto, con determinado nivel de explicitación, en el que todas sus partes encajan perfectamente (nada sobra, nada falta y todo bien engarzado) y con un final redondo y cerrado es una idea de cuento válida, pero no la única posible. Este cuento es excelente y, partiendo de la poética que él mismo crea, no necesita más ni necesita menos. En lo único que puedo poner reparos es en la redacción. Por ejemplo:
    Mucho mejor: Las personas comentarían que fue un día cualquiera cuando Eliazar perdió la razón, pisoteando todo lo que hasta un día antes había sido su vida. Lo que nadie supo es que un día cualquiera fue el fin del mundo.
     
    Última edición: 6 Dic 2010
  9. LuchinG

    LuchinG Miembro maestro

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    ¿En qué consiste la mejora? Puedo ver los cambios, pero ¿qué los define como algo mejor?
     
  10. José Elías

    José Elías Miembro de bronce

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    "Mejora" en el sentido de la adecuación al nivel formal del lenguaje que emplea el narrador.
     
  11. Leoj Amocich

    Leoj Amocich Miembro maestro

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    Aquí tengo una duda JE, ¿podría alguien "adecuar el nivel formal del lenguaje" que emplea, por ejemplo, Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral?

    Saludos
     
  12. José Elías

    José Elías Miembro de bronce

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    Me explicaré. En el fragmento que recogí, hay una redudancia de "día":
    Luego, la puntuación jerarquiza las ideas. En este sentido, existe un contraste entre la primera parte:
    y la segunda:
    por lo que lo recomendable es marcar esta oposición mediante la puntuación. Ya que se ha empleado la coma para separar las frases, se puede usar el punto o el punto y coma para marcar esta oposición. A partir de ahí, la "corrección" que propongo:
    Ahora mi corrección parte de la identificación del lenguaje que emplea el narrador como "formal". En el caso de Conversación en la Catedral, la narración no se aleja completamente de este nivel formal:
    Se evita la redundancia y existe una preocupación por una adecuada puntuación. Pero veamos el siguiente pasaje, narrativamente más complejo:
    También se respeta la gramática y la puntuación ordena las ideas, a pesar de la artificiosidad técnica. Empero, no todo registro debe supeditarse al nivel formal. Incluso, se puede elegir omitir o reducir la puntuación o apropiarse de ella.

    Asimismo, con "nivel formal" no aludo al léxico, sino al sistema que ordena el repertorio lexical del narrador: gramática y normativa. Si, por ejemplo, el narrador se expresase utilizando un dialecto (el español de la sierra peruana, el español de la Andalucía rural, etc.) cometería un error al exigirle que se adecúe al nivel formal.
     
    Última edición: 9 Dic 2010
  13. Poeth

    Poeth Miembro frecuente

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    Entonces el elemento de la redacción en un cuento, "mejora" al adecuarlo al nivel formal. O también es cuestión de nuestros gustos. (en este caso, evidentemente el suyo)
    Pero en ese escenario no lograría entender, cómo podría ser innecesaria, por ejemplo la gramática española (que es regulada por un ente), y esto es algo que podría concluir con la Literatura separada de la Lengua (un absurdo).
    Por ello fueron tan criticados en su momentos algunos poetas surrealistas (pues dejaron a un lado, en exceso, las convenciones).
    Estos componentes se deben combinar para plasmar un buen texto, a mi gusto. Por lo que estoy de acuerdo con usted en que "mejora".

    También su idea es admitible, en cuanto menciona el determinado componente subjetivo (del receptor) al momento de analizar una obra literaria. Mas cuando cae en el excesivo relativismo, (pues es bien conocido, que no todo es relativo) de nuestros gustos; me parece que prescindió del concepto de "genialidad" (que no es relativo, pues requiere de ciertos elementos). Aunque el estilo literario del autor no sea del completo agrado de uno, puede ser tan "genial" que, a veces, uno se olvida de este detalle.

    Por hacerle un ejemplo de mi deporte favorito, a mí no me gusta como juega Iniesta, pues es lento y poco encarador. Sin embargo, no por ello lo voy a menospreciar su juego. Este tipo se merece el Balón de Oro, es consenso de casi todos, pues ha demostrado que con ese estilo soso (a mi gusto, y esto si es relativo), se puede cimentar un fútbol de gran calidad (con su técnica y pase-gol), que lo llevó a ser la manija del Barcelona y de España.

    Me parece que seguir "convenciones" (mismo anti-sofista), resulta bastante necesario, en ciertos casos. La idea "válida" de cuento que Ud. expuso, es una convención y no es por ser conservador, pero es necesario mantener un cierto orden sin atrofiar la esencia de esa definición, sino sucumbiríamos ante la anarquía literaria.

    Poeth. :hi:
     
  14. José Elías

    José Elías Miembro de bronce

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    Escribí "mucho mejor" en el sentido de preferible o recomendable. Luego, alguno lo convirtió en "mejora". En todo caso, más allá de querer desquitarme de la responsabilidad, reconozco que debí ser más preciso en la elección de los términos. En este sentido, debí anotar: "Recomiendo" en lugar de "Mucho mejor". Lamento el malentendido. Empero, si planteé dicha "corrección" fue porque identifiqué que el discurso del narrador se movía en el nivel formal. Y como mencionaba arriba, si fuese un nivel distinto, mi propuesta de corrección carecería de sustento.

    Sobre la Academia, no le resto valor a sus dictados, siempre que nos ubiquemos en terrenos de su competencia y el campo creativo de la literatura no está bajo su completo dominio. Dice mucho el ejemplo que has planteado de los surrealistas sobre cómo esta institución ha conseguido consolidar su estela de autoridad durante los siglos siguientes a su creación. La Academia fue introducida en España con los Borbones durante el siglo XVIII y en su primer diccionario, llamado Diccionario de Autoridades, se recogen los significados de las palabras con citas provenientes de autores apreciados por el valor literario de sus obras: de ahí el nombre de Autoridades. Una de esas autoridades es don Luis de Góngora, quien en su tiempo causó ácidas reacciones debido a su atrevida latinización, no solo a nivel del léxico, sino sobre todo de la sintaxis del castellano. El tiempo y la Academia le terminaron dando la razón: nuestra lengua le debe mucho a este "subversivo" del lenguaje del siglo XVII. Volviendo a lo que mencionaba al inicio, la Academia no ejerce una competencia total sobre el lenguaje, pues está centrada en la variedad estándar y formal del mismo. Si bien recientemente ha mostrado cierta apertura hacia los dialectos con el Diccionario panhispánico, no está en su naturaleza abrirse a todo el espectro de "lenguajes" que componen nuestra lengua, pues de por sí es un caudal demasiado abundante. Su competencia es, sobre todo, la variedad estándar y formal del lenguaje. Y no toda la literatura se expresa en esta variedad, mas cuando lo hace, es pertinente tomar los dictados de la Academia como punto de referencia para efectos formales, pero sin olvidar que no todo es forma. En el contexto en el que aquí nos ubicamos (este proyecto-taller), debemos tomarlo en cuenta, pero sin centrarnos solo en este aspecto. En este sentido, mi recomendación al autor del texto es que, para perfeccionar su relato, trabaje algunos detalles de la forma, pues evidentemente tampoco se trata de un texto ilegible.

    Por otra parte, no creo en el relativismo, creo en la variedad. Por cuestiones de tiempo, me veo obligado a citar a un par de párrafos del blog Puente Aéreo de Gustavo Faverón, pues me parecen pertinentes:
    Y es cierto que la genialidad tiende a imponerse al gusto, pero, en la práctica, he aprendido que cada persona fija sus propios confines y esto va más allá de que tanta literatura haya leído. En ese sentido, más allá de una cuestión de formación (lecturas, estudios, etc.) es una cuestión de "cuna": de genes. He conocido colegas que son excelentes en su campo (digamos la narrativa rioplatense del XX), pero denostan ciertos textos "canónicos" (Romeo y Julieta de Shakespeare, por ejemplo).

    Finalmente, no creo en esencias ni órdenes per se. ¿Acaso el hombre de tu imagen no fue uno de los que mostró que hay orden en el desorden?

    P.S. Agradezco tu comentario.
     
    Última edición: 10 Dic 2010
    A Poeth le gustó este mensaje.
  15. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Señores, se hacen públicas las autorías del PE-7.

    Felicitaciones a todos los autores.


    Saludos [​IMG]

    Cholo_King