PE - 3.8: El huacón // por Pasha Antípov --- (por Pgest0)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 28 Mar 2010.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    El Huacón



    Esa noche todavía caían las últimas gotas de lluvia. Miré hacia arriba, mi vista se fijó en la luz de un poste, una luz amarilla que oscilaba agonizante. La calle que recorría se hallaba, ahora lo creo, aterradoramente desierta. Pero en ese instante yo no me sentía aterrado; un poco receloso tal vez.​


    Mi casa da, por la entrada principal, a un modesto jirón al que le han dado el nombre de un héroe naval. Por atrás, en cambio, no hay calle asfaltada, sólo un camino afirmado que separa la casa del canal. El dormitorio se halla en esa parte trasera de la casa y, como la puerta metálica es sumamente delgada, he podido escuchar lo que, en las noches, cierta gente, creyéndose libre de vigilancia, hacía y decía. Fui testigo auricular de encuentros amorosos, de orgías de lo más salvajes y hasta de una confesión de asesinato. Al otro lado del canal ya no hay más casas y es en esa parte que el cerro empieza a pronunciarse.​


    Pero en ese momento yo sabía que andaba lejos de mi casa. Mientras caminaba trataba de evocar ciertas memorias, me empeñaba en buscar alguna causa. Pero no por esto dejé de atender lo externo; no vaya a ser que aparezca algún perro mal encadenado de las tinieblas y me arranque la cabeza. ​


    Hacía ya varios días que era común tema de conversación la ausencia de Gustavo Vásquez, conocido por su destacada participación en el Club de los Huacones, y quien a esas alturas ya debería haber vuelto de su acostumbrado viaje a la selva. Este club es el que anualmente —y durante unos tres días— ofrece al público el espectáculo de la danza de los Huacones: la Huaconada. Sin embargo esta danza no es originaria de la capital provincial en donde actualmente se baila; fue usurpada de un distrito que por pequeño no pudo hacer nada. Pero a estas alturas ya no tiene importancia; tal distrito ya ha desaparecido y pocos lo recuerdan.​


    Gustavo Vásquez, el célebre “Tavo”, fue, pues, mientras se lucía en las fiestas, alguien a quien no presté mucha atención. Tanto era así que apenas recuerdo su rostro. No obstante, esa máscara narizona de Huacón que usaba, y que en su caso era particularmente macabra, siempre me ha inquietado.​


    Al inicio las habladurías no me importaron demasiado. Además algunos compañeros suyos aseguraron que todavía se hallaba fuera del valle. Sin embargo después de lo de esa noche no podía vivir en paz, y por eso cobró para mí vital importancia el caso de Gustavo.​


    Antes dije que la ubicación de mi dormitorio me permitía saber lo que otros creen que muy bien oculto está. Dije también algo acerca de la confesión de un asesinato. No logré escuchar nombres, pero de entre las voces masculinas era notable una femenina que hablaba de forcejeos y de cuchilladas, de golpes y de la inevitable consecuencia. Se hablaba de enterrar el cadáver, de deshacerse de él. Después se fueron. No sabía qué hacer; era mi única oportunidad de resolver un crimen, pero eran tres personas, incluyendo a la mujer, a las que había podido distinguir. Si salía y trataba de identificarlos, justo en ese momento, sería demasiado sospechoso. Además no había iluminación; estábamos en una parte límite de la ciudad y la noche no ofrecía garantías; debido a la oscuridad invencible se podía pisar mal y caer en la muerte, caer en el canal. Era imposible hacer algo, o al menos lo era para mí. ​


    Debo reconocer que no sentí verdadera culpa, pero entonces empezó a manifestarse en mis sueños el satánico rostro del Huacón, atormentándome y acentuando el remoto pero profundo miedo que siempre le tuve. ¡Durante tres noches angustiosas esa cara narizona fue infalible en mis descansos! ¡Su torva sonrisa y su carcajada espeluznante me provocaban escalofríos cada vez que las recordaba! ¿Qué podía hacer? ¿Qué? ¿Es que acaso esa víctima era Gustavo y ahora se dedicaba a mortificarme por no haber hecho nada?​


    Ya no caían las gotas y apresuré un poco mi lento caminar. Todo, más allá del poste que alumbraba a duras penas, era oscuro, insondablemente oscuro… ​


    De pronto, surgió frente a mí Gustavo, con su indumentaria de Huacón, con su frazada que usaba como capa, con su acostumbrado delantal azul, con su sombrero, con su tenebrosa máscara, y con su látigo. ¿Qué hacía él ahí?​


    El hecho era sorprendente pero, no sé por qué, no había miedo en mí.​


    Se me acercaba y estaba dispuesto a golpearme con su látigo, se acercaba pero, increíblemente, mi cuerpo reaccionó y di la vuelta para emprender la huída. De algún modo supe que enfrentarlo y asestarle un golpe sería inútil. Sin admitirlo, sabía secretamente que esta circunstancia era tan semejante a otras que antes viví, circunstancias en las que mis fuerzas se reducían en el vano afán defensivo, como cuando peleaba con alguien a quien dirigía un puñetazo, llegando apenas a rozar su rostro; como cuando intentaba patear a diabólicos perros embravecidos que se empeñaban en morderme, sin lograr alcanzarlos. No obstante, mi actitud fue diferente en ese punto, y al inicio pareció que daba resultado; sentí que estaba fuera del alcance del Huacón que, a pesar de mi huída, seguí figurándome… Fue cuando el miedo empezó a apoderarse de mí, y el Huacón bramaba, y se reía. De pronto empezó un cataclismo; el cemento bajo mis pies se removía y caí. Al estremecerme por el miedo y en medio de los escombros noté que me hallaba sobre mi cama, pero no podía moverme, y el temblor seguía zarandeando la cama. En la desesperación sacudí mi cabeza hasta el dolor y así fue posible levantarme y salir disparado hacia fuera del cuarto, abajo, donde está el baño.​


    Días después hallaron el cadáver en un lugar cercano a la confesión que yo escuché, entre los eucaliptos que todavía quedan en esa parte del cerro. La asesina misma, que evidenciaba un trastorno emocional tremendo, había conducido a los policías a donde se hallaba enterrado Gustavo Vásquez.​


    Ese año no se celebró la fiesta y a partir de entonces jamás volvió a ser la misma; yo tampoco. Por fortuna, si cabe tal palabra, he dejado de soñar al Huacón, aunque no definitivamente; siempre vuelve y a lo mejor hoy seré visitado.​
     
    Última edición: 2 May 2010


  2. pgest0

    pgest0 Suspendido

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    Puedo decir que está bien redactado. Sin embargo hay una tilde que sobra.

    Juega a su favor el haber narrado su pesadilla e intercalarla con sus recuerdos y reflexiones, pero falla lastimosamente al intentar darle emoción a la parte final de la pesadilla. Su estilo narrativo me parece simpático, pero los hechos, en general, no causan interés y el final es precipitado en su ejecución y por eso mismo un final pueril.
     
    Última edición: 29 Mar 2010
  3. pgest0

    pgest0 Suspendido

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    Corrección: son dos tildes las que sobran. :cafe:
     
    Última edición: 29 Mar 2010
  4. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    La tradición del huacón, el vigilante de la moralidad en pueblos de Concepción, Mito, es una de las que más me gusta.

    Me habría gustado que el cuento llegara al nivel simbólico, y el sueño fuese la persecusión obsesiva por algún acto moral. Es el primer cuento que leo, y aunque estoy vedado de votación, puedo decir que me gusta mucho, aunque, como dije, me habría gustado más un nivel simbólico, que requería cierta investigación.
     
  5. pgest0

    pgest0 Suspendido

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    Acertado el juicio del señor Bioy. Sin duda se ha desaprovechado al Huacón y a su figura, su representatividad; con el rol que se le ha dado, cualquier otro ente —de magnitud muchas veces inferior— lo habría reemplazado sin afectar al cuento. Una lástima no explotar semejante recurso.
     
  6. aliz

    aliz Miembro de plata

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    Pero no por esto dejé de atender lo externo; no vaya a ser que aparezca algún perro mal encadenado de las tinieblas y me arranque la cabeza.
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    Tal fragmento me pareció que invitaba en demasía a su miedo. Era muy directo, le quitó una especie de seriedad al temor del personaje.



    Por otro lado, hubiera servido de mucha ayuda utilizar más la imagen del "huacón ".No se explotó la figura (en este caso uno de los ejes mas importantes de su relato ),se perdió en el contexto.El final no me convenció.
     
    Última edición: 29 Mar 2010
  7. Gorgojo

    Gorgojo Suspendido

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    El cuento está bien armado, pero se me hace inexpresivo con este tipo de frases:

    siempre me ha inquietado.
    insondablemente oscuro…

    tiene algunas exageraciones que creo ridículas:

    algún perro mal encadenado de las tinieblas y me arranque la cabeza.
    debido a la oscuridad invencible se podía pisar mal y caer en la muerte

    Está bien redactado pero creo que carece de emoción, intriga y/o sorpresa. Comienza, avanza y termina. Creo que pudo interpolarse mejor la confusión del sueño persecutorio con los hechos.
     
    Última edición: 5 Abr 2010
  8. Deshabitante

    Deshabitante Miembro de plata

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    La historia me parece buena o al menos me recuerda a una buena historia sin embargo mas alla del hecho de cuan original me paresca hay puntos en la narracion que son como trabas y que me hicieron perder la hilacion, tambien esta la frase final la cual sin duda trata de dar uan especie de final distinto pero aun asi no termina de convencerme.

    saludos
     
  9. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Señores, se hacen públicas las autorías del PE-3.

    Saludos [​IMG]

    Cholo_King