PE - 3.7: La locura cotidiana // por Loewenthal --- (por 2009)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 28 Mar 2010.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Soy hombre desesperado, afligido. Un sapientísimo podría llamárseme, uno vivo que lo sabe todo. Y mis aficiones no han de matarme, eso también lo puedo decir. El tabaco y el alcohol son compañeros de Dios, se sabe. Allá, el que lo niegue es porque no ha respirado el humo ni ha besado el pico de botella. Yo no he de morir de cáncer al bendito pulmón derecho, ni de una cirrosis cuál bomba de tiempo en hígado. Si acaso muero, será de loco, o en todo caso no moriré. Ya ando un poco mal de la cabeza, un orate dicen algunos, pero aun no tan loco cómo para morirme. Todavía puedo saltar en un pie y todavía puedo tocar el piano. Mis dedos pisan el marfil y…¡Sinfonía de Dios! Si, eso. Dios ha hablado y cantado, sin desafinar. Son tantos otros quienes hacen que Dios cante en vano o, peor aun, que desafine en las notas agudas. Yo no soy tanto así, yo lo hago cantar y que nunca calle. Mi Dios le escupe al infierno en La Menor.

    Somos dos en casa: yo y Mónica (o Mónica y yo, si me lo exigen). Ella es como mi esposa, pero no lo es. Y Nicolás, nuestro perro. Pero a él no lo cuento entre los vivos. Si ya está muerto no podría decirlo. Está todo el día tendido en la entrada, hundido en sus propias arrugas, cansado de la vida, es una alfombra mohosa. Mónica me ha dicho que puede estar enfermo, yo le digo que puede estar muerto. Le doy de a puntapiés y suelta un grito apagado; entonces sabemos que no está muerto. Pero no le queda mucho tiempo, eso lo sé. Yo todo lo sé.
    Me siento a la mesa y Mónica me sirve en el mismo plato de siempre la misma comida de siempre: huevos con jamón ¡Dios te bendiga, Mónica! Te amaré y besaré la frente cuando sea posible. Ella me dice que engullo la comida como animal y me pide que use un tenedor. Siempre le recuerdo que los tenedores son para mujercillas y que ella hace bien en usarlos, pero que a nosotros nos corresponde otro orden. Se ríe conmigo, ha aprendido a entender de mi humor. No es una señora amargada, como tantas otras. El plato está medio lleno (o medio vacío) y las tripas ya están bien acomodadas. Allí llamo a Nicolás, le pongo el plato en el suelo y él viene, con sus pisadas torpes, pareciendo que se desplomará en cualquier minuto. Mónica le da palmaditas en la cabeza, le rasca sus sarnosas orejas y le da también de su plato. Seguramente sonríe detrás de todo ese pelo, detrás de las pulgas y detrás de la edad.

    Y me siento en la cafetería de Barry. Somos amigos, de no recuerdo qué, pero lo somos. Él siempre está alegre. Le sonríe a los parroquianos y les trae el café o algún bocadillo. Yo nunca pido nada, sólo vengo para sentir el olor del café recién hervido. Nada de malo tiene eso. El olor es muy bueno, pero yo odio el café y por eso Barry no me lo ofrece. Cuando el negocio anda calmado Barry viene a saludarme. Me habla un poco de todo: de política, de arte, de ciencia. Yo lo escucho, un poco aburrido. Habla mucho y poco se le entiende; tiene labio leporino y no pronuncia bien la r. Pero siempre sonríe. Barry me agrada, pero no le compro nada. Los huevos con jamón de Mónica son todo lo que necesito. Veo a las demás personas comiendo y me alegro por ellos. No hay mayor satisfacción en este mundo que una buena ración a la boca. O sino los jugos gástricos harían de las suyas, nos incendiarían el cuerpo y nos retorceríamos de dolor. Qué horrible muerte sería aquella; mejor estaría el patíbulo. Si estoy de buen humor le pido a Barry un sándwich de tocino, por gula más que por hambre. O talvez por caridad. Eso es, la caridad es lo mío. Soy un hombre que le canta a la fraternidad absoluta ¡Canto y bailo sobre mi propia miseria!

    Paseo un poco por las calles de esta bella ciudad. Siempre por la acera y con el cuidado que Dios manda. Se sepa que desde que existen los coches, la vida se ha hecho más peligrosa, más pronta de cara a la muerte. Yo no he de morir en esas circunstancias, pero no ando con ganas de querer algún hueso roto, ni busco pasar el resto de mis días en un hospital. Soy y seré hombre libre y por ello camino con cuidado. Las calles de esta, mi bella urbe, son un eterno desfile de modas, un mundo de galanterías y de finura, un espectáculo de sumo sabor a los ojos. Veo los zapatos, de tacos altos u otros chatos, cada uno con un sonido particular al golpear el empedrado; de todos los colores, los hay negros, rojos, blancos, azules; los hay los que apresuran el paso por una pronta reunión al otro lado de la ciudad, o los que caminan lento, contemplando cada esquina con decoro. Cada mujer con un vestido diferente, según la ocasión. Yo puedo adivinar a qué se dirige cada una. Pero hay tanta variedad. Mejor no fijarse tanto, porque da mala espina. Miro mejor los edificios, algunos curiosos, otros corrientes. Las ventanas con ojos por doquier, que observan a la gente pasar o alzan la mirada al cielo, que particularmente hoy está muy gris, como si fuese a llover. De ahí explico que tanta gente se pasee con un paraguas en mano. Yo, en cambio, soy de los valientes, de los avezados. Si llueve, pues me mojo; no hay otra solución posible al asunto.

    Y hoy le doy visita a mi madre, que vive tan lejos. Esa es la razón por la cual no me aparezco a menudo: la distancia. Gozo de su compañía silenciosa, porque así es ella, como una tumba. Se sienta en su mecedora y cierra los ojos. No duerme pero pareciese que si. Se está toda quieta y sin hablar, pero si le preguntas algo, responde rápidamente. Lleva sobre sus faldas a un gato al que llama Bigotes, aunque este no responde a ese nombre. Es una bola de pelos, un copo de nieve. Tiene cierta maldad en los ojos, pero eso es sólo una impresión; con los años me he dado cuenta que es una magnífica mascota, muy educada. Mamá me cuenta cosas, siempre las mismas. Me habla un poco de papá, de cómo se conocieron; también me habla de cuando yo nací, y habla de mi en tercera persona, como si no se diese cuenta que estuviese dialogando con aquel que entonces era un recién nacido. Luego se pone a hacer galletas y pone a Bigotes sobre mis rodillas. Siempre hace sus galletas de avena y me las trae con un “tus favoritas, hijo”. Nunca fueron mis favoritas, pero no disgusto de ellas. Me las como de un par de mordiscos y le doy lo último a Bigotes. Mamá vuelve a la mecedora y esta vez si se queda dormida. Basta con hacerle un par de preguntas y que no responda para saber que descansa. Pongo a Bigotes sobre sus faldas. Este parece tener un vínculo biológico con mamá, pues también queda dormido rápidamente. Yo me siento a leer un poco el periódico y me aburro muy rápido, porque ya sé todo lo que está escrito. Yo todo lo sé.
    Pronto el último rayo del sol poniente me dificulta la lectura y sé que es hora de irme. Le doy un beso a mamá en la frente y acarició a Bigotes; a veces el gato se despierta y vuelve a dormirse rápidamente, otras veces sólo sigue dormido.

    Ahora estoy en casa, con Mónica y Nicolás. Los dos miran el televisor; alguna novela a la que yo no le sigo la ilación y, por lo tanto, no disfruto, o alguna película que, por lo general, me parece tonta. Prefiero ir a la cama y echarme. La secuencia de eventos dados a lo largo del día siempre dejan en mí una sensación de monotonía que me gusta. Me siento dueño de todo eso: de lo que hago y de lo que haré, sin que ninguna fuerza anónima implante un nuevo orden. Todo esto suena un poco catastrófico, pero lo disfruto. Y siento satisfacción, con la almohada bajo la cabeza, de ver como el techo se hace más claro, como luz, y se desvanece ante mis ojos, en una suerte de espejismo que reconforta el alma.

    Y ahora me despierto aquí, empezando la rutina del día, con estas fachas que me aprietan el pecho y como que no me dejan respirar. Vestido todo de blanco, con lo mucho que odio este color. Sólo me falta esperar, hasta la hora de dormir, para poder reunirme otra vez con Mónica ¡Oh, Mónica, amor mío! Si acaso en este lugar sirviesen tus huevos con jamón la vida se me haría más fácil. Y juro que esta vez me comería todo y Nicolás comería de tu plato. Al perro lo llevaré con el doctor, para que no se muera. Y cómo no desear pasar la mañana con el dulce aroma de café del lugar de Barry, y pasear por las calles y sus desfiles de modas y sus gentes apuradas y sus edificios peculiares. Y madre ¡Madre mía! Algún día saldré de aquí y te visitaré. Lo haré más seguido, no lo dudes; no me interesará la gran distancia. Comeré tus galletas y acariciaré a Bigotes, que es un buen gato. Y todo eso, si es que salgo de acá ¡Esa sería salvación, Dios mío! Yo saldré de aquí, lo sé. Yo todo lo sé.
    Y allí vienen los monstruos a hacerme creer que nada de eso es real, ni Mónica, ni Nicolás, ni nada. Todo es cosa mía, me dicen. Y luego pasearán a llenarme de agujas ¡Madre mía, yo no quiero nada de esto! Dios, me estás cantando, pero has desafinado.
    Y ahora todo se vuelve luz y el cuerpo tiembla….
     
    Última edición: 2 May 2010
    A halcon777 le gustó este mensaje.


  2. Rapsodah

    Rapsodah Miembro nuevo

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    interesante lo q describes, hasta antes del final yo creía y donde está la locura, de repente en su rutina q para él le gusta y que en realidad es una monotonía que t hunde, pero no al final pude resumir tu cuento y la verdad es que tu final es bueno. Simple y sencilla redacción, descriptiva por demás, pero eso es lo que hace que pueda recrear en tu mente la situación que cuentas. Suerte!
     
  3. CHIS

    CHIS Miembro maestro

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    Está bien escrito. Por momentos me recordó a "La menuda" (una obra que se publica en una revista literaria)
     
  4. pgest0

    pgest0 Suspendido

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    Algunos errores en la redacción; nada importante. Me gusta cómo narra la historia, con esa calma tan necesaria para disfrutarla, para sentirla. La transición al manicomio, creo yo, no se ha ejecutado tan bien, pero después el relato vindica esa inconveniencia. Excelente final y la narración es estupenda. Hasta ahora es lo mejor que he leído.
     
  5. aliz

    aliz Miembro de plata

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    lectura descriptiva, te invita a que te la imagines . El final tiene una curiosa relación con el inicio. El personaje se encuentra casi en un círculo cerrado y atractivo, no se complica la historia, bastante digerible.
     
    Última edición: 29 Mar 2010
  6. Demon181

    Demon181 Miembro de plata

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    Con cada palabra que avanzaba, el texto me invitaba a seguir leyéndolo; eso es lo que hace un buen relato. La manera de escribir, de describir es atractiva (tanto por el hecho de su belleza, y porque "te atrae"). Muy bueno realmente
     
  7. Deshabitante

    Deshabitante Miembro de plata

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    de todos los que eh leido en esta entrega este es el que mas se deja leer es interesante y consistente en su estilo.

    jaludos men
    hay 7
     
  8. Gorgojo

    Gorgojo Suspendido

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    El tamaño similar de sus proposiciones me terminó cansando. El cuento básicamente es un hombre que está loco divagando sobre lo que era su vida antes de estar en el manicomio, una vida bastante aburrida, probablemente con camisa de fuerza debería parecer más excitante, pero no me lo trasmite la narración. La manipulación y transcripción de la voz de un loco es algo bastante complejo, no basta con que diga que nadie le cree y todo lo sabe y despierta en un manicomio. Hay un capítulo de "Los hermanos Karamazov" en que un hombre se vuelve loco y habla con el demonio, creo que serviría de referencia.
     
    Última edición: 5 Abr 2010
    A J_Side le gustó este mensaje.
  9. 2009

    2009 Miembro de oro

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    Agradecería que se tomaran un poco más en serio el Proyecto Escritura, en lugar de estar presentando escritos claramente improvisados a último momento. Gracias.
     
  10. Gorgojo

    Gorgojo Suspendido

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    no sea tan duro sr. 2009, recuerde el dicho cristiano: ... como a ti mismo.
     
  11. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Señores, se hacen públicas las autorías del PE-3.

    Saludos [​IMG]

    Cholo_King
     
  12. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    Es un cuento realmente bueno. No sé si demasiado, pero puedo decir, al estilo Maupassant, que me satisfizo como hombre y como juez.