PE - 3.1: Algo mucho peor // por Tommy Pickles --- (por Librepensador)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 28 Mar 2010.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Algo mucho peor



    Me desperté abruptamente de un sueño en la madrugada de hoy, el corazón me latía muy rápidamente, demasiado, era una nueva e inquietante sensación que me sacudía todo mi cuerpo; ¿por qué la sangre salía y entraba de este órgano a esa velocidad estrepitosa, por qué?, no lo sabía; la curiosidad se transformó en temor, el temor en miedo, y éste en terror, por lo que de un salto desalojé mi cama y me dirigí a la ventana a través de la cual el aire siempre entraba silenciosa y tranquilamente, quise sentirlo, lo hice, más este intento de inducirme calma no logró hacerme olvidar de esa angustia terrible que se asomaba en cada rincón mío

    Ciertamente, en días anteriores, he estado experimentado como la ansiedad crecía, la cual empezó a ser mi compañera frecuente desde aquel enorme fracaso, aquél que abrió un desierto vasto y doloroso en medio del valle fértil y soleado que era mi vida. Antes de acostarme solía sumergirme en la nada de la noche sentado en mi silla giratoria acompañado de la luz tenue de una lámpara sobre el escritorio, todo era maravilloso, las cortinas dejando pasar las formas del poste, ubicado al frente de mi casa, y su luz, la cual era menguada por sus telas oscuras. Sin embargo, ahora, ni la nada ni el silencio ni lo tenue me causaban sosiego, es más, el simple hecho de que aquellos inundaran mi habitación me aterraba.

    Lamé con gritos atropellados a mis padres quienes estaban en la habitación contigua, llegaron casi de inmediato a mi cuarto. Me preguntaron por lo que me pasaba, sólo les empecé a comentar cómo me sentía, las respuestas físicas, cómo las arterias de mi cabeza pugnaban a golpes violentos por encontrar salida; me imaginaba sufriendo de algún derrame cerebral y que éste sería por los oídos, ojos y boca. No hacía calor a esa hora, además es agosto, pero sudaba, aunque ni el sudor servía para apagar la flamígera desesperación que se expandía en mi como fuego en cañaveral.

    He experimentado demasiados miedos desde niño a adolescente: Miedo a contraer Sida por sólo haber pisado un preservativo en la calle. Miedo al Juicio Final en el que me imaginaba siendo condenado al ardiente infierno. Miedo en la noche en la que me enteré del fallecimiento de mi abuela. Miedo a las malas notas en exámenes bimestrales. Este miedo era diferente, era algo carnal, muy extraño, nacía de mis entrañas, de cada órgano, de cada célula, me quemaba el pecho. En medio de todo esto mi madre comenzó a abrazarme mientras mi padre me sostenía la mano sentado en una silla.

    Empezaron a hablarme con voz arrulladora, de esas que se usan para hacer dormir a los bebés; no me importó en ese momento los infantilismos usados de por medio pues parecían, al menos eso creí, funcionar; con todas sus palabras mi corazón de saltos irregulares estaba siendo domado. Me dieron de beber agua de azahar y valeriana que hicieron de placebo en ese momento porque el sosiego creció al beberlas, pero no llegó a instaurarse del todo.

    Después de unas pocas horas amaneció. No he podido dormir tan bien, me he estado moviendo entre ambos mundos, el de los ensueños y el de la realidad. Todavía tenía la fuerte impresión de todo lo acontecido, mi cuerpo temblaba suavemente de a ratos y, además, y era sacudido por esa sensación latente de que en cualquier momento perdería el control de mi paz y se desencadenaría lo vivido hasta hace pocas horas y, probablemente, alguna tragedia.

    La tía Magda trabajaba como psicóloga en un hospital de Jesús María, conocía a un excelente psiquiatra de ese nosocomio, era un médico con mucha experiencia y buena reputación profesional, además que era jefe del Departamento de Psiquiatría y Psicología; ella me había separado una cita con él. Mis padres no sabían exactamente qué me estaba pasando, qué me producía esos espasmos en el espíritu y en el cuerpo, pero tenían la certeza de mi pronta recuperación; sus suposiciones no me causaron quietud ni confianza alguna.

    Quedé en venir al hospital hoy acompañado de mi prima, a la que consideraba mi confidente, después de mi madre. Fui caminando en la distancia que separa mi casa y el paradero al lado de Claudia, casi pegado a su hombro, la quería sentir cerca de mí, no quería sentirme terriblemente solo, el pensarlo me desesperaba. Comencé a divagar sobre aquellas distancias físicas en la vida diaria del hombre: ese espacio con el otro del mismo asiento, sea en un bus, salón o cualquier otro ambiente, cómo existen personas que en todo ambiente social desean ese ‘espacio’ inviolable, solitario y territorial, ese evitable aislamiento y confinamiento de la mente a aquella prisión corpórea sin barrotes; no les basta la soledad para no desear estar solos.

    Abordamos el bus. Conforme nos alejábamos del paradero y de mis dominios, el miedo a la nada y a todo se acrecentaba; comencé a sudar, el ritmo frenético que orquestaba mi corazón presionaba cada vez más mi pecho y mis paredes craneanas; mi mente oscurecía; el derredor del bus lleno de gente me pareció un lugar peligrosísimo, ¿Si querría correr para escaparme de todo hacia dónde lo haría? ¿Tal vez podría saltar del vehículo aunque éste esté en movimiento? Claro, auque algo magullado, llegaría corriendo a mi casa, me dirigiría a mi cama y todo estaría bien, todos estos síntomas se me irían. No quise hacerme caso y para darme valor le tomé de la mano a Claudia, pero no era muy útil.

    Ya en las afueras del hospital el vigilante de la puerta general no nos dejó ingresar. La desesperación y el pánico habían crecido, me sentía desfallecer y fallecer en cualquier momento; la calle, la gente, mi mente, mis pensamientos, mis ojos exhaustos mirando al vacío fijamente, todo me aterraba; me senté en el piso, descansé los brazos sobre mis rodillas, bajé la cabeza y lloré violentamente. De repente una idea comenzó a anidar en mi cabeza, la idea de perder la razón, de quizá tener mi psique al borde de la locura, de la demencia; el miedo a la muerte estaba incluido en el miedo a la locura: convirtiéndome en un orate perdería toda mi razón o se vería arrinconada y sofocada en una habitación oscurísima de puerta cerrada y llave perdida para siempre, estar loco significaba morir en vida. Moriría.

    El doctor Cardenal soltó palabras de guillotina en su consultorio casi vacío, de paredes blancas enfermizas, ubicado en los últimos corredores del hospital, después de atravesar el patio saturado de inmuebles viejos y oxidados, en donde sólo llegaba el personal de limpieza de cuando en cuando, y el eco de las pocas pisadas rebotaban hasta el último recoveco del área. “Puede ser el inicio de algo mucho peor”, dijo; lo confirmó. En ese momento me sentí apartado de todo, muy solo, abandonado, con desesperanza, pero, sin mucho miedo, no lo sé. Lloré por inercia sin sentir catarsis alguna en el acto, con los ojos fijos en el estante lleno de pastillas y muestras médicas.

    Luego de ello y otros protocolos más, hemos salido, mi tía, mi prima y yo, del consultorio no sin antes quedar en ver otro día al doctor. Ya no quiero pensar más, el hacerlo me asusta. Estoy observando detenidamente los lugares que rodean la pileta del hospital, al pie de la cual estoy sentado; hay demasiada bulla, ésta la siento susurrante a distancia, muy lejos ella; se me ha dado por valorar aquellas sensaciones simples y naturales que me permitían conocer el mundo y formar parte de él a través de la percepción en nuestra mente; todas las imágenes provenientes del exterior me parecen ser percibidas lentamente a través de una ventana transparente, esas que están entre los interrogadores y el presunto culpable de algún delito, y que permiten ocultar la identidad de los primeros. El exterior me parece sólo eso, lo externo, lo intocable, lo ajeno.

    “No te preocupes, porque ese doctor es uno malísimo, por eso que está en ese consultorio mediocre, sobrino”, ¿Qué?, me acaba de decir la tía Magda para aliviarme, no lo ha conseguido, está prosiguiendo: “Lo que pasa es que el doctor Quesada, el médico del que le hablé a tu madre, tuvo un imprevisto, ese sí es un buen médico, vas a ver que todo será como antes”. Lo que ignora mi tía es que yo, antes de entrar al consultorio, alcancé a leer en el letrero de la puerta: Jefe del Departamento de Psiquiatría y Psicología.
     
    Última edición: 2 May 2010


  2. pgest0

    pgest0 Suspendido

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    En la parte inicial se dice de la vida del personaje que era «un valle fértil y soleado», pero después apunta que en su niñez también experimentaba miedos. Ahora, la magnitud de los sufrimientos del personaje lo hace suponer a uno un suceso bastante terrible, pero la explicación que da, ese «rotundo fracaso», vuelve incongruente esa parte del relato.

    La emoción no logra transmitirse adecuadamente, excepto, tal vez, cuando está en el bus.

    En general no está mal el escrito, pero en el afán de hacer un poco más creíble el relato, pues parece que se ha logrado lo contrario.
     
  3. Demon181

    Demon181 Miembro de plata

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    No soy ningun experto literario... Pero, a pesar de que en el relato hay palabras relacionadas con las "emociones", estas no parecían expresar su completo significado.

    En un relato de "Locura" generalemente te da ganas de seguir leyendo y leyendo; no sentí esa necesidad, debo decir que me aburri en varias partes del relato.
     
  4. aliz

    aliz Miembro de plata

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    Casi no termino de leerlo...,pero reglas son reglas.

    Siento decirlo ( mejor dicho escribirlo ), pero me perdí más de una vez. Sí se comprende lo que intenta relatar el personaje ( sólo si asumo que se basa en un adolescente con problemas existenciales ). La coherencia se nota en la parte final .
    Aún así no dejo de percibir lo cursi ( por decirlo así ) que resulta el personaje.
     
    Última edición: 29 Mar 2010
  5. 2009

    2009 Miembro de oro

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    Lo primero que noté fue una rara concordancia en el tiempo. De a momentos se habla en pasado, luego en presente, luego en continuo. No sé, se me hizo raro.
    Luego, en narración está bien polarizado. Hubo partes que leía tres párrafos seguidos sin queja, y luego un párrafo se me hacía pesado y difícil de leer.
    El final me pareció un poco opacado, ya que a lo largo de todo el relato describes minuciosamente las emociones del personaje, pero en el final es simplemente un 'alcancé leer en la puerta'.
     
  6. Deshabitante

    Deshabitante Miembro de plata

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    mmmm menuda bomba tio (con dejo eshpañol) xD
    a ver honestamente noto que tu descripcion de las escenas (notece escena no escenario) es un poco sobrecojedor a mi gusto y aunque si consigues el proposito de transmitir la sosobra del personaje el exeso de palabras hace algo dificil la lectura, a esar de todo la idea no esta nada mal (uno que otro parrafo cursi nomas) y sobre todo el final, para mi es un buen final (aun que personalmente los psiquiatras / psicologos nunca te desaucian solo dan conclusiones vagas y a largo plazo, y lo digo por que soy un loco que los ah tenido que sufrir jejeje, y hablando de locos no me gusta eso de estar loco es estar muerto, este loco esta mas vivo que tu para que te enteres =P)

    jaludos
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  7. Gorgojo

    Gorgojo Suspendido

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    creo que logra trasmitir la sensación de ansiedad, me atrevería a decir que la persona que ha escrito esto ha sufrido algún ataque de ansiedad, pero como cuento poco es lo que sucede y no me convence como narración.
     
  8. CHIS

    CHIS Miembro maestro

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    No soy crítico, ni escritor, pero de vez en cuando leo uno que otro texto. Siempre debe rescatarse algo de lo que se escribe. Espero que haya sacado conclusiones de las críticas (aunque éstas no determinan nada, claro) Saludos. Practique y lea! =)
     
  9. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    Señores, se hacen públicas las autorías del PE-3.

    Saludos [​IMG]

    Cholo_King