PE - 13.1: Miel // Tigger --- (por Joanot)

Publicado en 'Proyecto Escritura' por Cholo_King, 3 May 2011.





  1. Cholo_King

    Cholo_King Miembro de bronce

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    MIEL





    A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan.



    Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.



    G. K. Chesterton



    Mara acaba de plantarme una vez más. Me ha dicho que la disculpe, que se siente mal, que llamará otro día para quedar en algo; para conversar. Esa última precisión es innecesaria. Siempre me busca para eso: para charlar. Las cosas han estado bastante claras a partir del día en que me contó que jamás volvería a amar a nadie como amó a su ex (“tan impredecible, tan imaginativo, tan…”), yo en cambio –le faltó añadir– sólo soy un profesorcito acartonado, privado de creatividad; pero es imposible no sentirme atraído por alguien como ella, menos aproximarme a su fuego sin terminar chamuscado. ¡Diablos! Con sus cualidades, cómo puede ser una talibán con sus sentimientos. Tengo que hacer algo al respecto; poner de una vez la primera piedra del olvido y sepultarme en esa quimérica construcción. Dentro de estas cuatro paredes me emboscará su recuerdo. Este sábado aún no está arruinado del todo. Voy a salir.

    Me dirijo a la avenida sin un destino claro en la mente. Veo la hora y me asombro del tiempo que he pasado rumiando mi frustración. Paro un taxi, me palpo los bolsillos. Dejé el celular. ¡Mejor!, así no sucumbiré a la tentación de llamar a alguien y tendré carta libre para hacerme el encontradizo con quienquiera.Con cualquiera que no sea Mara.Ligero,relajado, me dispongo a transar con el taxista, quien obviamente pregunta a dónde quiero ir; y entonces empiezo a sentir una carga inexplicable. He perdido la ligereza, no sé qué decirle. Capto que el buen hombre vestido con una polera de rayas negras y amarillas que lo asemejan a una cebra con hepatitis –aunque más bien por su contextura luzca como un abejorro– se apresta a arrancar, así que le suelto lo primero que se me viene a la boca: al Centro. A la Plaza de Armas.

    Acuerdo la tarifa, me acomodo en el asiento posterior y repaso los nombres de posibles conocidos con quienes podría encontrarme por los alrededores de Palacio, la librería El Virrey o el Cordano. Pasado un lapso, cobro consciencia de que es improbable que me tope con una cara conocida por esos rumbos, así que lo mejor será que me baje antes; mas otra vez el paso del tiempo es algo que me sobrepasa porque falta poco para llegar, de modo que le digo al chofer que se estacione en la esquina, que me bajo. Es al momento de pagarle que mis pies chocan con un bulto extraño, con algo parecido a una mochila, pesada en exceso al querer tomarla con una mano.

    En la calle pienso en lo que hubiera hecho si la mochila se dejaba levantar fácilmente y, como fue mi idea, la hurtaba para saber su contenido. Estas divagaciones me causan un agobio inusitado y paralizante. Del marasmo me saca la visión de dos policías que tironean de alguien. El forcejo ha sido breve. La resistencia del tercer implicado cede. El trío que forman viene a mi encuentro, así que me pego a la pared. Cuando los tengo cerca, miro al zarandeado sujeto: viste una suerte de disfraz, de ese material que llaman dunlopillo y que es capaz de sancocharte vivo en el verano. A simple vista no es sencillo descifrar a qué muñeco o personaje representa, pues ha perdido la cabeza, lo que facilita que un par de ojos acusadores se posen en los míos y me transmitan un callado reproche, a la vez que el descabezado Silvestre –sí, aquello tenía su correspondencia en la fantasía– intenta liberarse para enseñarme algo que lleva en… ¿una mochila?

    Ahora cada paso que doy me reporta un esfuerzo indecible. Llego al pie de las escalinatas de la Catedral y tomo asiento. Cavilo. ¿Qué es lo que intentó mostrarme ese ambulante? ¿Por qué le impidieron hablarme? ¿Por qué le arrebataron la mochila? ¿Y si estoy alucinando? Me convenzo que tarde o temprano los policías tenían que incautarle lo que llevaba y seguramente eran blanco de protestas que acallar, o que nadie debía escuchar. La cuestión no podía ser conmigo ni de mi incumbencia. Es más, sólo un impulso absurdo me tiene acá, rodeado de gente que en su mayoría pasea acompañada y parece desbordar felicidad. En medio del caos hay como una algarabía inaccesible para mí. Diviso por todos lados, trato de identificar el origen de tanto ánimo distendido. Lo único que logro enfocar es a una barrendera que, provista de sus utensilios, recoge de la vereda la magullada cabeza de Silvestre y luego la arroja dentro del rodante tacho de basura. La escena me aflige. Postes de luz encendidos. Restan escasos minutos para que pase el tren. Esto me reanima. Enrumbo a la Antigua Estación.

    Quizá todo este recorrido no va a ser en vano. Ingresar a este recinto es como imbuirse del espíritu de Mara la devoradora de libros. No ansío encontrármela. A lo mejor sí a otra persona u otras. Me sale al paso un encargado de guiar a los visitantes y le digo que deseo visitar la biblioteca. Tengo su anuencia, mas antes debo dejar mis cosas. No comprendo a qué se refiere con “mis cosas” y se lo hago saber; por toda respuesta recibo una indicación con un índice señalando por sobre mis hombros. Volteo la mirada y caigo en la cuenta del bulto que cargo y lo identifico: es una aparatosa mochila.

    Asumo la situación con total normalidad. Dejaré “mi mochila”, a cambio recibiré un cartón plastificado con un número, y me encaminaré al sótano. En recepción una inaplazable curiosidad me invade, a pesar del incierto temor dominante. Antes de abandonar mi “equipaje” –tal vez para siempre– tengo que conocer su naturaleza. ¿En verdad quiero saberlo? Sí. Alejo la mochila de miradas indiscretas, la abro, y hurgo en su interior. Uno a uno saco y coloco en el suelo media docena de frascos de vidrio de regular tamaño, envueltos de manera tal que no hacen ruido al chocar entre sí, cuyo contenido está especificado en sus etiquetas. El espectáculo que brindo llama la atención, así que devuelvo todo a su lugar de origen, no sin antes descubrir un compartimento que me revela un objeto doblado sin ninguna consideración: es Silvestre. Tomo en mis manos la testa, le sacudo el polvo, aliso los falsos bigotes, reacomodo la nariz, y juzgo que está presentable. Me la pongo. La siento parte de mí.

    ***

    No sé cuánto llevo sentado, hojeando una revista; aunque más tiempo he permanecido sumido en mis ensoñaciones. Hace un rato traqueteó el tren. Felizmente me dejaron pasar con la cabeza de Silvestre encasquetada. Es más, por un momento pensé que era de lo más natural del mundo venir a leer, hacerla de turista mirón o reunirse disfrazado, pues mi facha no suscitó ningún interés particular, menos grupal. Eso sí, creí conveniente regalar los frascos de miel al personal de la Casa, atribuyéndoles propiedades afrodisíacas (en segundos se los arrebataron).

    Desde mi ubicación, con la mirada dirigida al distrito bajopontino, adivino los ruidos propios que me deparará la noche limeña, cuando sea absorbido una vez más por sus calles y gentes, lejos ya del amparo que este ambiente brinda a sus anónimas e inaprensibles presencias lectoras. Distingo un rumor peculiar. Instantes después nos comunican la hora del cierre. Me levanto. Hasta acá parece llegar mi aventura sabatina. Cuando de pronto, al fondo, la veo…

    Pese a la incomodidad que debe significarle transportar la cabeza de ese plantígrado que siempre me pareció muy amanerado (dibujitos para niños y chicas, admito mi ignorancia), sus movimientos son gráciles. Del respaldar de la silla ha cogido la chompa que tan bien le conozco. Su infatigable bolso también es el mismo, aquel donde suele trasladar dos o tres libros que lee alternadamente. El cabello lo debe tener recogido; con lo hermoso que es cuando lo lleva suelto y le llega hasta la mitad de la espalda. Sus manos de uñas recortadas con los dientes han colocado todo en su sitio y se dispone a salir. ¿Descubrirá su rostro? No lo hace.

    Pasa por mi lado, se detiene, y nuestros ojos asoman por aquellos orificios puestos ahí para encontrarse y a lo mejor reconocerse. ¡Winnie Pooh!, quiero decirle. Callo. Percibo nuestra mutua expectación. Quiero imaginar que por dentro Mara goza de la misma placidez que caracteriza a ese ser animado. Disfruto del silencio que se ha hecho a nuestro alrededor; mientras, ideo la manera de juntos recuperar los tarros de miel. Conociéndola, no le parecerá descabellada la propuesta. Le expondré mi plan, minucioso hasta delirio. Será una difícil y temeraria empresa, a no dudarlo. Seremos cómplices. Quizá mañana apareceremos en todas las primeras planas. Como si el mañana nos importara…



    FIN




    COLOFÓN

    Días después de los hechos que se narran líneas arriba, y otros que por motivo de falta de espacio se omiten, Mara se dedicó a escribir dentro de la prisión en la que fue confinada, y envió uno de sus cuentos a un concurso Municipal, el cual tituló Fábula del oso y el gato. Su incursión en el mundillo de la Literatura no pudo tener un debut más auspicioso; obtuvo el primer lugar, seguido de un estallido mediático insólito. Y como si fuera inminente, una editorial transnacional se contactó con ella y al mes le publicó su ópera prima, los relatos de El bosque de los mil y un acres (el crítico iquiteño Pepe Jeremías catalogó el conjunto de “huidiza ambigüedad”; sabrá Dios lo que quiso decir).

    Lectores y entendidos esperan con ansias su segundo libro, así como el justiciero indulto, aunque esto a ella le tenga sin cuidado. Dice que es feliz donde está.
     
    Última edición: 20 May 2011


  2. dlanor.3

    dlanor.3 Miembro de bronce

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    No distingo muy bien la realidad de la ficción, tal vez un poco descabellado relacionar a Silvestre y Winipu (aunque con el título del PE todo es posible), en resumen, no entendí. Eso si me pareció entretenida la forma de narrar la confusa historia.
     
  3. brunomolina

    brunomolina Suspendido

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    Claro, y luego dicen que yo escribo raro... Bastante poético, por llamarlo de alguna forma, pero sin embargo, con tantas divagaciones que le regala a su personaje, se va perdiendo las ganas de adentrarse a entenderlas. El colofón a mi parecer está de más, y a mi gusto no es gracioso. Así que haré de cuenta que no lo leí.
     
  4. Belano

    Belano Miembro maestro

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    he llegado a la mitad y no di más x_x

    no me animó seguir leyendo más =/
     
  5. aliz

    aliz Miembro de plata

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    Me perdí cuando el muchacho se encuentra con un mendigo y le quitan la mochila ( o algo así, insisto en que me perdí ) y en lo que sigue hasta cuando entra a la casa de la Literatura. Pero en lo que concierne a lo demás , me ha resultado una lectura fluida gracias a sus descripciones, y el uso de los puntos y comas.


    Rescato este fragmento entre otros que también me han agradado:

    Respecto al colofón, creo que estuvo de más.
     
  6. dlanor.3

    dlanor.3 Miembro de bronce

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    Me parece que no era un mendigo sino un choro, eso si, solo aparecio en esa parte de la historia, nunca mas se supo (al menos asi entendi) quien era, de donde venia y a donde iba.
     
  7. Deshabitante

    Deshabitante Miembro de plata

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    mmmmmm, la verdad que a mi gusto encuentro este texto en termino medio.
    No le hallo gracia a que desde un comienzo sea el oso (como llege a entender) el que salga por alli a caminar, divagar o lo que sea y que pase tan inadvertido.
    hay muchas partes que pasan demasiado rapido para poder entenderse, como lo de la mochila.
    que al comienzo este resentido con Mara, que se la encuentre y no pase nada.
    y sobre todo que hay muchas palabras que como que las hallo fuera del vocabulario limeño (aunque aqui soy el menos indicado para opinar pues casi nunca platico con persona alguna).

    Tambien hay ciertos puntos a favor, como que la narracion fluye a pesar de las partes confusas.
    La historia en si no es nada del otro mundo y por consiguiente facil de entender.
    Hay algunas partes muy ingeniosas.

    y bueno, termino medio.
    saludos
     
  8. ICARUS1979

    ICARUS1979 Miembro de plata

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    Buena narracion, al inicio me confundi con los tiempos. Tengo la impresion que tuviste una inundacion de ideas y que pudiste valerte de muchas formas para relatar tu historia, que al final hallaste vacios; los cuales inicialmente podrias satisfacer. Resalto mucho la narrativa.
     
  9. José Elías

    José Elías Miembro de bronce

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    Cuento ingenioso y acabado. La clave (quizá muy explícita) se revelaba desde su mismo inicio, en el epígrafe de Chesterton.

    Solo esto no me hizo gracia:
     
    Última edición: 10 May 2011
  10. Desvanezco

    Desvanezco Suspendido

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    Son interesantes las cavilaciones del personaje principal. Bastante extrañas sin duda, pero interesantes, e ingeniosas. Me frustra sin embargo, como lectora, que no hayas podido hacerte entender de una mejor manera. La idea que tuviste es buena, pero no está bien narrado, no es claro, lo que te fuerza a releerlo para recién comprenderlo como se debe.
     
  11. Raggamuffin

    Raggamuffin Miembro de bronce

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    No entiendo que clase de cuentos quieren los lectores del PE.

    A este cuento no le sobra nada, todo tiene un sentido, todo te lleva a algo que se presenta después. La narración es limpia. No encuentro la confusión de la que hablan. Es un cuento y si quieren entender el sentido pues analizen un poco, no les va a dar derrame cerebral. Si no quieren analizar un texto porque no les interesa, no es de su agrado, todo bien, pero entonces tampoco hay sentido en decir que no lo entendieron o les parece confuso.
    El colofón... no sé, pero creo que sin estás frases:
    Su incursión en el mundillo
    estallido mediático insólito
    su ópera prima
    el crítico iquiteño Pepe Jeremías catalogó el conjunto de “huidiza ambigüedad”; sabrá Dios lo que quiso decir).
    (esto me parece un chiste personal del autor)
    Dice que es feliz donde está.

    Habría quedado mejor. Lo que sucede es que todas esas palabras juntas le dan un aire de chiste. No digo que esté mal, sólo es una impresión. Gustos personales que no afectan el texto.


    (..)Voy a salir.

    Me dirijo a la avenida sin un destino claro en la mente. Veo la hora y me asombro del tiempo que he pasado rumiando mi frustración


    Aquí, volviendo a leer... entendí lo del tiempo. Que pasa de una manera muy acelerada y de repente se normaliza. Claro que ahí no se normaliza sino después .

    Ah, me gusta el final abierto que propone el autor.:D






     
    A José Fatih, Fatih, squizo y otras 2 personas les gustó este mensaje.
  12. brunomolina

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    Pues esta narración la he leído dos veces, así como las demás, y sí hermano sí es confusa. No creo que sea limpia como aseguras, a no ser que partas de otros principios que yo desconozco.
     
  13. Alejo Remo

    Alejo Remo Suspendido

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    Me gustó un poco más ahora que leí por segunda vez... Lo que me parece más resaltable hasta ahora es que está muy bien escrito.
     
    Última edición: 14 May 2011
  14. vruto

    vruto Suspendido

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    creo que por ahí se le pasó un pequeño error lógico.

    hace unos días quería decir porqué a pesar de que este cuento está mejor escrito que los demás no voté por él, y este poema que acabo de leer en otro tema lo explica bastante bien:

     
    Última edición: 17 May 2011
  15. brunomolina

    brunomolina Suspendido

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    Pero qué bruto eres vruto!

    pd: Perdón hermano, solo es una broma absurda.:biggrin:
     
  16. J_Side

    J_Side Miembro de bronce

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    La historia tiene palabras precisas pero se hace un poco denso al tratar de leer y releer.

    El cuento creo que te mantiene más la imagen de Silvestre que la dimensión de Winnieh Poh.
     
  17. Raggamuffin

    Raggamuffin Miembro de bronce

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    Creo que sin necesidad de mencionar a Winnie Pooh, se da a entender que son personajes de los que se habla. Ese es un detalle muy importante.
     
  18. Pollo_

    Pollo_ Miembro de plata

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    Bueno, me sigue pareciendo innecesario el explicar porque me gustó este cuento, y dudo que a alguien le importe, pero ahí va:

    Me gustó la precisión y corrección del lenguaje. Me gustó la evolución del personaje: el profesor supuestamente acartonado y privado de creatividad que finalmente sorprende a todos poniéndose la cabeza de un muñeco de dunlopillo y también la figura del taxista-abejorro que nos acerca a la miel.

    Si bien en una parte se menciona al oso, creo que toda la atmósfera del relato en buena cuenta está marcada por lo no dicho, lo que lo hace más interesante. En el resto de cuentos ha sido muy obvio.

    En resumen, creo que lo hermoso del cuento es esa especie de “candor pop” (no sé como decirlo) sin llegar a ser ingenuo, en la que se me queda la imagen de dos personas que se quieren y se protegen con disfraces del mundo que los rodea (el centro de Lima). Se malogra un poco al final con las referencias literarias yel colofón del final, pero igual le gana a los otros.

    A mi me gustó.
     
    A Visionnaire y J_Side les gustó este mensaje.
  19. dlanor.3

    dlanor.3 Miembro de bronce

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  20. brunomolina

    brunomolina Suspendido

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    No me gustó tu cuento Joanot, pero igual te felicito por haber ganado. He seguido algunos comentarios tuyos, y pareces un tipo chévere, y no tan soberbio como otros foristas.