Megatubos para que la Tierra se cure a sí misma

Publicado en 'Actualidad Mundial' por pisco sour, 29 Set 2007.





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    Propuesta de James Lovelock, el inventor de Gaia


    Megatubos para que la Tierra se cure a sí misma

    Movidos por las olas, estos cilindros elevarían nutrientes a la superficie marina. Así se absorbería más CO2 y se crearían condiciones para crear más nubes.

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    Foto: Reuters

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    Dos de los científicos más conocidos de Inglaterra propusieron esta semana contener el calentamiento global sembrando los océanos del mundo con millones de enormes tubos verticales de 100 a 200 metros de largo.

    Necesitamos “un tratamiento de emergencia para la patología del calentamiento global”, escribieron James Lovelock y Chris Rapley en una carta a la revista Nature. Dicha terapia nacería de “la capacidad de la Tierra para curarse a sí misma”.

    Al calentarse la atmósfera, explicaron, procesos cíclicos que suelen regular el clima están empezando a amplificar el proceso de calentamiento en vez de mantenerlo a raya.

    Cuando los hielos del Océano Glacial Ártico retroceden más cada año, por ejemplo, la luz del sol cae sobre aguas azules que absorben el calor, y no sobre nieve y hielo blancos, que reflejan el calor de vuelta al espacio; esto acelera el proceso de calentamiento.

    Lovelock y Rapley sugieren que el cambio climático puede haber llevado a la Tierra más allá del “punto de no regreso”, y más allá del mismo este y otros ciclos rotos se vuelven parte de un bucle de “retroalimentación positiva” que se alimenta a sí mismo.

    Ellos quieren que los océanos del mundo, que cubren más de 70 por ciento de la superficie del planeta, aporten una solución. Tubos flotantes o anclados que midan unos 10 metros de diámetro, la conjeturan, aumentarían la mezcla de aguas ricas en nutrientes que hay bajo superficie con las más tibias —y relativamente vacías— aguas de la superficie del mar.

    “Esta capa superior está casi libre de algas y de nutrientes y es un desierto oceánico”, explicó Lovelock. “Nos preguntamos si pudiéramos restaurar el crecimiento de algas con su capacidad para absorber dióxido de carbono” —la causa principal del calentamiento global— “y para emitir sulfuro de dimetilo, el precursor de las nubes”.

    Igual que el hielo del Ártico, las nubes blancas reflejan mucho del calor solar. Pero ellas no se forman espontáneamente: requieren de elementos químicos llamados núcleos de condensación, como el sulfuro de dimetilo, que juega un papel crítico en regular el clima marino.

    “Quisimos usar este acercamiento para ilustrar el valor de una acción para frenar el cambio climático basada en el reconocimiento de la Tierra como un sistema autorregulatorio que está actualmente en un estado de falla”, dijo Lovelock.

    Esquemas técnicos bien intencionados, como el secuestro de carbono, y esfuerzos internacionales por reducir las emisiones de carbono, probablemente no basten para restaurar el statu quo, dijo.

    Lovelock dijo que el empresario Richard Branson ha ofrecido fondear un experimento prototipo.

    “Pensamos que una prueba a pequeña escala en una isla tropical con un arrecife coralino bastaría para empezar”, dijo. Si eso funciona, el esquema podría extenderse a una superficie más grande, como el Golfo de México, que podría necesitar de diez mil a 100 mil tubos de al menos 100 metros de largo.

    “Con la altura promedio de las olas, un metro, cada tubo mueve unas cinco toneladas de agua por segundo: esto podría bastar para cambiar la superficie lo suficiente para que en unos años haya crecimiento de algas”, dijo.

    Lovelock es célebre por su hipótesis de Gaia, que ve a la Tierra como un organismo hecho de elementos vivos e inanimados.

    Realidades y objeciones

    Que la propuesta de Lovelock y Rapley no es nueva lo prueba el hecho de que Atmocean (atmocean.com), una empresa con sede en Santa Fe, Nuevo México, se dedica precisamente a comercializar sistemas de recirculación de agua basados en el oleaje marino.
    En comentario a la cartatambién publicado en Nature, se explica que según el director de Atmocean, si sus sistemas se desplegaran en 80% de los mares del mundo, se duplicaría la tasa actual de secuestro de CO2 debido a los océanos: otros dos billones de toneladas métricas de carbono por año.
    La idea tiene sus peros, y Scott Doney, químico marino del Instituto Oceanográfico de Woods Hole, dijo tajante que “el concepto tiene fallas”.
    La principal es que el agua de las profundidades también tiene carbono disuelto. Si esta agua es llevada a la superficie, la diferencia de presiones puede hacer que ese carbono sea liberado a la atmósfera y puede ser más que el absorbido.
    Nada como probar las ideas David Karl, de la Universidad de Hawai en Manoa, hará el año próximo un experimento de campo usando uno de los equipos de Atmocean. Así podrá calcular el balance, y conocer el saldo entre carbono hundido y carbono extraído.


    http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=553155