Los traductores en la conquista del Perú

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por TAMARAN, 28 Abr 2009.





  1. TAMARAN

    TAMARAN Miembro de bronce

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    El descubrimiento, conquista y colonización de América fueron, sin duda alguna, un paso de avance en la Historia Universal. La faz del planeta se completó con otras tierras, otras gentes, otras formas y maneras diferentes de expresarse y de pensar. Sin embargo, para la Historia de la Traducción el fortuito hallazgo colombino pudiera parecer, prima facie, un retroceso ya que las nuevas lenguas, además de numerosísimas: 123 familias, carecían de sistemas de escritura semejantes al cuneiforme. Resulta pues un buen ejemplo para fundamentar la teoría del "espacio-tiempo histórico" formulada en el siglo XX por el peruano Haya de la Torre. Empero, este aparente retroceso se convirtió en progreso gracias a la ingente labor de intérpretes primero y traductores después, que con su denodada labor hicieron posible la comunicación entre europeos e indoamericanos, hazaña lingüística sobre la cual bien poco se ha hablado hasta nuestros días.
    La conquista de las dos grandes e imperiales civilizaciones de Indoamérica, la azteca y la incaica, no se hubieran llevado a cabo de la manera relativamente simple en que acaecieron, si no hubiera sido por la acción de intérpretes cuya efectividad varió en cada caso como hemos de ver, pero sin cuya presencia Cortés y Pizarro posiblemente hubieran fracasado, como fracasaron otros conquistadores que no contaron con esta clase de ayuda.
    La diferencia de idiomas planteó desde el primer momento una disyuntiva: o los amerindios aprendían el castellano, o los colonizadores las lenguas aborígenes. En un primer momento, durante la llamada etapa antillana de la Conquista, se propugnó la
    hispanización, fórmula recogida en las Leyes de Burgos (1512).
    La hispanización de las Antillas fue rapidísima pero también rapidísima fue la extinción de la población autóctona. Ello hizo pensar a los misioneros - y a la Corona- que era necesario que los frailes aprendieran las lenguas de los amerindios y predicaran en ellas, apartándolos así de los conquistadores. Con Carlos V, a partir de las [FONT=Times New Roman,Times New Roman][FONT=Times New Roman,Times New Roman]Reales Cédulas [/FONT][/FONT]de 1536 primero y de las [FONT=Times New Roman,Times New Roman][FONT=Times New Roman,Times New Roman]Nuevas Leyes Indias [/FONT][/FONT]de 1542 después, los sacerdotes se vieron convertidos de facto en intérpretes y traductores, cosa que por suerte no les era del todo extraño.
    Los intérpretes se "formaban" básicamente mediante una versión anticipada del [FONT=Times New Roman,Times New Roman][FONT=Times New Roman,Times New Roman]total immersion method[/FONT][/FONT]. Es decir, haciendo que los amerindios convivieran con los españoles, preferentemente en España, o que por diversas circunstancias convivieran los españoles, aislados, con los aborígenes.
    En la conquista del Perú el papel de los intérpretes fue diferente. Resultó, si se quiere, más dramático, más espectacular, pero menos profesional, usando un cómodo anacronismo y, además, estuvo mancillado por la incompetencia y la posibilidad de la prevaricación. En resumen, dejaron una huella menos profunda que en México. Como sabemos, el punto decisivo de la conquista del Perú fue el apresamiento del Inca Atahualpa al rechazar éste el requerimiento que se le hacía para que aceptara la verdad del cristianismo y la soberanía de los Reyes de España. Sin la colaboración de los intérpretes no se hubiera podido cursar la invitación al Inca para la encerrona de Cajamarca, ni haberse llevado a cabo el requerimiento, pues por ley era necesaria la presencia de un escribano y de un intérprete. En honor a la verdad, hay que recordar que el intérprete principal en este caso fue un indio de la isla de Puná, bautizado como Felipillo, que había aprendido el quéchua en Túmbez de boca de indios que los tenían como segunda lengua, y el castellano de oír a los soldados españoles.
    Todos los historiadores están de acuerdo en que la interpretación del requerimiento estuvo muy lejos de ser fiel y que los conceptos vertidos en la lengua fuente no tenían una muy exacta contrapartida en la receptora. Hay autores de nota que, además, afirman que Felipillo pertenecía a una tribu enemiga del Inca, y mantenía amores ilícitos con una concubina de Atahualpa, por lo cual efectuó la traducción oral de forma que fuera ofensiva para el monarca indígena.
    El imperativo de instruir a los amerindios en la fe católica utilizando sus propias lenguas, determinó que los misioneros tuvieran que estudiarlas, escribir gramáticas y diccionarios, y sobre todo traducir en cantidades astronómicas. Fue una obra ciciópea realizada eficaz y científicamente, dentro del marco de la época, especialmente en las llamadas lenguas generales, es decir, el náhuatl, el quéchua, el aymará, el guaraní, etc.
    En cuanto a traducción en sí, tradujeron misales, devocionarios, vidas de santos, el Kempis, sermones, los Proverbios, el Ecclesiastés, hasta canciones españolas. Tradujeron y adaptaron autos sacramentales, y llegaron a crear un teatro misionero en lenguas amerindias. ¡Cuánta destreza fue necesaria para verter a estos idiomas nuevos los complejos conceptos de la Trinidad, la transubstanciación, la Encarnación, y tantos otros! Sólo una pequeñísima parte de todo esto nos ha llegado, mucho de lo cual está por estudiarse.
    A contrario, la traducción de las lenguas indígenas al castellano fue escasa. Se oponían a ello el tipo de escritura de éstas y el temor a que se perpetuaran los mitos paganos. Sin embargo, lo poco que conocemos de la "literatura" precolombina se lo debemos a los misioneros y sobre todo a sus discípulos que contaron las leyendas ancestrales adaptando la fonología de sus lenguas maternas a nuestro alfabeto. Entre ellos podemos citar a indios como Felipe Guamán Poma de Ayala, ya mestizos como el celebérrimo Garcilaso de la Vega, el Inca. Ellos practicaron la traducción implícita y hasta la explícita de la literatura oral en quéchua. El Inca Garcilaso utilizó además varios idiomas europeos en sus traducciones, entre otras obras tradujo los [FONT=Times New Roman,Times New Roman][FONT=Times New Roman,Times New Roman]Diálogos de Amor [/FONT][/FONT]de León Hebreo del italiano al castellano. No tenemos noticia de traducciones horizontales, es decir, entre las lenguas del Nuevo Mundo, esto es, entre el náhuatl y el aymará, por ejemplo
    A finales de la conquista y en los albores de la colonización la formación de traductores e intérpretes se academizó. En el siglo XVI los misioneros crearon institutos de enseñanza bilingüe como los de Santa Cruz de Tlatelolco, San Juan de Letrán y Sta. Ma. de Todos los Santos, en México, de donde salieron, como dice el crítico venezolano Mariano Picón-Salas, "alcaldes y gobernadores... traductores e intérpretes." Hubo cátedras de quéchua y náhuatl en las universidades de Lima y Ciudad México, y son de todos conocidos los trabajos lingüísticos de los jesuitas en sus reducciones de Argentina, Bolivia y Paraguay; también efectuaron una buena labor, menos conocida, en Ecuador, Perú y Venezuela.
    Considerando la vastedad de los dominios españoles en la época, la enorme diversidad de lenguas con que se trabajó, la constancia mantenida a través de un par de siglos al menos, su rigor, y eficacia, no creemos hiperbólico mantener que la labor de los intérpretes y traductores al echar los cimientos de las naciones de Hispanoamérica, se encuentra entre los hitos más importantes de la historia de la traducción oral y escrita en nuestra civilización occidental.
     


  2. leodent

    leodent Miembro de oro

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    Desde hace mucho tiempo que en el Peru existe tambien el Instituto Linguistico de Yarinacocha, en Pucallpa, que hace una magnifica labor de estudio, identificacion y otorgar escritura y gramatica a numerosas lenguas de la region. Buen aporte el tuyo, Tamaran. Felicitaciones.