Los Socialistas y la anti corrupcion

Publicado en 'Política' por Jaimecas, 1 Oct 2010.





  1. Jaimecas

    Jaimecas Miembro maestro

    Registro:
    11 Nov 2009
    Mensajes:
    734
    Likes:
    196




    A raiz de un articulo de Martin Tanake donde Plantea que existe dos "ideologias para combatir la corrupcion, segun el la socialista y la "neoliberal", termina concluyendo que las dos no son taqn antagonicas pero...

    La columna de Tanaka acierta en lo esencial: los socialistas y los liberales no estamos tan alejados en el diagnóstico. La causa de la corrupción puede encontrarse en una alianza nefasta entre el Estado y el poder económico. Eso es correcto. El mercantilismo, el clientelismo, el populismo y una serie de otros “ismos” son fruto del mismo virus: un Estado que vende lo ajeno y se lo entrega al mejor postor. Un policía vende mi seguridad y mi bienestar cuando permite por 10 soles que una combi se pase una luz roja. Un secretario de juzgado vende mi sitio cuando por una propina atiende un caso antes que el mío. Un funcionario que entrega una concesión petrolera a quien más le paga entrega un bien del Estado por un precio no pagado al Estado sino a la cuenta bancaria del funcionario. Un arancel repuesto de manera corrupta obliga a los consumidores a pagar más por un producto para beneficio de un oscuro fabricante nacional con llegada al funcionario que decide.
    En eso socialistas y liberales coincidimos: en todo acto de corrupción hay Estado y un privado. Esta en la esencia del problema. Esta en su naturaleza. Y hay culpa de ambos lados. No creo en funcionarios que son siempre mansas palomas. Pero tampoco creo que los empresarios lo sean siempre. No hay corrupción sin alguien que compre y alguien que venda lo que no se debe vender.
    Pero donde mis amigos socialistas se equivocan no es el diagnóstico, que aplaudo y respaldo con entusiasmo, sino en la solución. Lo que los socialistas plantean es reforzar al Estado para acabar con la corrupción, es decir “poner al gato de despensero”. El planteamiento es, curiosamente, reforzar el mecanismo que genera la discrecionalidad y el poder necesario para que haya corrupción. No conozco experiencia histórica en la que hacer crecer al Estado y su poder haya resultado en menos corrupción.
    “Muerto el perro se acabó la rabia”. Reducido el poder del funcionario, menos corrupción. Como bien señaló Enrique en un comentario a mi post anterior, los individuos somos oportunistas por naturaleza. Buscamos sacar el mayor provecho posible de las oportunidades que se nos presentan. Solo límites claros y que funcionen evitan que ello derive en aprovechamiento indebido.
    En los mercados esas reglas son la propiedad y los contratos. Allí (como en la protección de los derechos fundamentales) si hay un rol claro para un Estado fuerte pero reducido, que proteja esos derechos. Si alguien quiere tomar lo que no le corresponde, la propiedad lo protege. Y si quiero lo que es de otro, debo tener que contratar con él de manera voluntaria. Y una vez contratado, debe cumplirse la palabra empeñada. No debe haber pie para que coimeando a un funcionario este me entregue lo que no es mío. Si tu quieres una lavadora, pues tienes que comprarle la propiedad de la misma a la tienda. La propiedad protege contra el oportunismo de entrar y llevársela por la fuerza y los contratos establecen que teniendo un contrato te la tienen que entregar en los términos pactados.
    Los mercados controlan el oportunismo usando un mecanismo muy efectivo: la competencia. Pero el Estado es por definición monopolio del poder. Al no haber competencia, derivado de la falta de derechos de propiedad claros y de contratos transparentes, el resultado es que el oportunismo se desboca, y los ciudadanos perdemos la capacidad de controlarlo.
    Como le señalé al mismo Enrique, contestando su comentario, el dilema de privatizar o no privatizar es un falso dilema: en realidad ya todo esa privatizado. Los funcionarios públicos (Alan incluido) son privados que tienen su familia, sus amigos y sus propios intereses. Actuaran oportunísticamente si tienen la oportunidad. En un mercado con instituciones claras y que funcionan tal oportunismo es controlado por los derechos de propiedad y por los contratos.
    El que alguien sea funcionario público no afecta esa actitud oportunística. Los funcionarios no dejan de ser privados por que les das un nombramiento. Al salir su nombramiento en el Diario Oficial El Peruano no ocurre que el Espíritu Santo baja e ilumina a los funcionarios convirtiéndolos en personas que privilegian el interés general por sobre su interés particular. Entréguenles lo ajeno y tenderán a usarlo en beneficio propio si las reglas no son claras. Entonces COFOPRI vende a 5,000 dólares un terreno que vale 12 millones.
    El problema no es no privatizar, porque como dijimos ya todo esta privatizado. El problema es cómo privatizar. Las privatizaciones exigen un contrato con reglas claras. Si no las cumples no cobras. Con ello se combate el oportunismo. Por el contrario el nombramiento no tiene el accountability de un contrato. Y como no hay competencia es resultado es totalmente previsible.
    Por supuesto que me dirán que, incluso para un liberal, hay bienes públicos que no serán generados por el sector privado. Nos dirán por ejemplo que la seguridad pública es un bien que no aparecerá por el funcionamiento de la competencia. Una vez que exista una policía los que recibimos seguridad no estaremos dispuestos a pagar por ella, por que esperaremos que otros la paguen. Entonces el Estado cobra impuestos (forzosamente) y crea un cuerpo policial para protegernos (y no, como es ahora, para esquilmarnos).
    Pero decir que hay un bien público y que requiere del Estado no significa que el Estado tenga que gestionarlo. Una cosa es que el financiamiento sea público. Otra que la gestión sea pública. Se pueden entregar brevetes (función pública) concesionado su emisión a empresas privadas. Se puede privatizar la policía, el gobierno, la recolección de impuestos misma. Que la recaudación se haga por impuestos no significa que la gestión deba hacerla un Ministerio o un organismo público. La policía puede ser privada, concesionada por contrato a una empresa, en el que se establecen metas claras que deben cumplirse o no se les paga o se resuelve el contrato. Y no nos espantemos. La policía en el Perú ya es privada. Esta en mano de funcionarios que son privados, pero que no han recibido el encargo por medio de un mecanismo que cree los incentivos adecuados. Y una gestión privada lograda por medio de un mecanismo transparente, incluso con financiamiento público, es menos corrompible que una gestión pública.
    En síntesis, en todo acto de corrupción tendremos al Estado de por medio. Mis amigos socialistas creen que haciendo más fuerte al Estado reducen la corrupción. Pero lo que pierden de vista es que reforzando al Estado refuerzan el mecanismo que genera precisamente esa corrupción. Coincidimos en la causa. Nos declaramos ambos enemigos del mercantilismo y del clientelaje del Estado. Rechazamos el uso del Estado como mecanismo de repartija de privilegios. Pero diferimos en los medios. Para que los funcionarios públicos dejen de hacer lo que hacen mal se requiere algo más que invocar un espíritu colectivista y solidario, asumiendo que este aparecerá por generación espontánea. Se requiere limitar el poder y crear derechos claros que generen competencia y transparencia.
    Una pena que estando tan cerca, liberales y socialistas no nos pongamos de acuerdo en lo más importante: como se resuelve el problema.

    Tomado de Prohibido Prohibir, blog de Alfredo Bullard Gonzales.

    pd: demuestren su cultura y educacion comentando inteligentemente y con fundamento.