"Los Funerales de Atahualpa" de Luis Montero

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por jafetbo, 11 Nov 2010.





  1. jafetbo

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    LOS FUNERALES DE ATAHUALPA de Luis Montero




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    “El cuerpo del Inca permaneció en el sitio de la ejecución toda la noche. A la mañana siguiente se trasladaron a la iglesia de San Francisco, donde se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales, abriéndose de repente, dieron entrada a un gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que, invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo, diciendo que no era aquel el modo de celebrar los funerales de un Inca, y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba y acompañarle al país de los espíritus. Los circunstantes, ofendidos de este loco proceder, manifestaron a las invasoras que Atahuallpa había muerto cristiano, y que el Dios de los cristianos aborrecía tales sacrificios. Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas, al retirarse, se suicidaron, con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del Sol”

    Guillermo H. Prescott. Historia de la Conquista del Perú 1847



    Este pasaje de la magna obra del norteamericano Guillermo H. Prescott, la más importante sobre de la historia del Perú escrita en el siglo XIX inspiró al pintor peruano Luis Montero a ejecutar la obra capital del arte pictórico americano de su tiempo: Los Funerales de Atahualpa en el momento en el que irrumpen las mujeres del Inca y son rechazadas del cristiano recinto en su propio país. Es un símbolo del choque de ambas civilizaciones, un episodio dramático de incomprensión mutua entre ambas concepciones opuestas de la vida y de la muerte: la occidental y la nativa de América.

    Luis Montero había nacido en Piura el 8 de octubre de 1826. Se aficiono al dibujo desde niño y su familia se traslada a Lima en 1844 e ingresa el joven Montero al taller del pintor Ignacio Merino. Por cuestiones económicas se ve obligado a dejar su formación para dirigir un negocio en Ica. Su salud se quiebra y se ve obligado a regresar a Piura con un porvenir incierto. Pero sus amigos le gestionan una pensión de aprendizaje en Europa. El presidente Ramón Castilla se la concede con 400 soles mensuales. Llega a Italia e ingresa en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Después de tres años no puede conseguir la prórroga de su pensión y se ve obligado a regresar a Lima en 1850. Aquí se le nombra director de la Academia de Dibujo y Pintura sustituyendo a Merino. Realiza algunos trabajos como retratos para sostenerse. En medio de un país convulso económicamente e inestable políticamente el presidente Echenique le renueva la pensión y el pintor viaja de nuevo a Italia en 1852. Pero Echenique es derribado del poder por una revuelta militar y Montero se queda en Europa sin dinero. El ministro de turno le niega al pintor los recursos para retornar. Un comerciante peruano le paga el viaje pero solo para salir hacia París y Cádiz donde pinta el retrato del hijo del virrey Pezuela y conoce a Fortuny. Llega a la Habana, se casa en esa ciudad y, oh sorpresa, gana la lotería con 4,000 pesos de premio.

    Su amigo Manuel Ugarte va a solicitarle el dinero para emprender un negocio “seguro”. Pero el negocio fracasa y el pintor regresa al Perú en la miseria. Aquí el congreso le niega ayuda pero su amigo Manuel Ugarte se rehízo económicamente y le paga el viaje a Europa más una pensión mensual; pero poco tiempo después vuelve a quebrar y ya no le puede enviar la pensión. Montero, ahogado por las necesidades, pinta cuadritos de género y paredes para ganar lo suficiente para comer. No obstante todas estas desgracias aún tiene el vigor para, inspirado por la obra de Prescott, pintar un cuadro de enormes dimensiones, a la manera en la que los pintores neoclásicos y románticos plasman enormes escenas de historia clásica y medieval. Montero elige un tema peruano, de historia peruana, por vez primera en la historia.

    El enorme cuadro de 3.50 por 4.50 metros concita enorme admiración en Florencia… pero Montero no quiere venderlo, quiere regresar a su país con él porque siente que su nación empobrecida y desordenada necesita de esta imagen para que ayude a obtener la ansiada conciencia nacional.

    El tamaño del lienzo crea verdaderos problemas para su traslado. Apenas obtiene dinero para llevarlo a Rio de Janeiro, Brasil. Ahí lo exhibe con enorme éxito de crítica y público; con el dinero reunido lo lleva a Montevideo, después a Buenos Aires, Argentina, lo exhibe y con lo recaudado lo lleva a Chile para después llevarlo por fin a Lima.
    Después de esta gira exitosa, el gobierno peruano, explota políticamente el famoso viaje del "cuadro más importante de América". Reproduce la obra y la coloca en los billetes de 500 soles; compra el cuadro y le concede al sufrido pintor la Medalla de Oro del Congreso con un premio de 20,000 soles y una renta vitalicia de 2,000 soles mensuales.

    El pintor Luis Montero fallece en el callao de fiebre amarilla el 22 de mayo de 1869. Tenía solo 42 años de edad.

    Afortunadamente no vivió para ser testigo de la Guerra del Pacifico en la cual en 1881 el ejército chileno ocupa la ciudad de Lima y se lleva el cuadro como botín de guerra, exhibiéndose en el palacio del Congreso de Santiago hasta que posteriormente se devuelve y hoy se exhibe en el Museo de Arte de Lima.

    El cuadro es un esfuerzo estético sin precedentes en la historia republicana de Latinoamérica en la que sus pintores viajaban con pensiones hacia la meca artística europea recalando en ciudades como Roma, Florencia y París en donde la formación era rigurosamente académica y en sus talleres se hallaban los fermentos de las escuelas de Barbizón y el impresionismo. Pero el arte oficial, el arte de Salón era el Neoclásico ya duras penas el Romántico con su predilección por los grandes temas históricos y literarios.

    El cuadro de Luis Montero pertenece a este ambiente en el que los pintores necesitaban temas para obtener notoriedad oficial y el ansiado reconocimiento artístico. Pero muy pocos latinoamericanos lograron obtenerlo. Luis Montero, a pesar de sus dotes, no lograba vivir de su arte y la miseria fue el signo de su vida llena de estrecheces.

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    EN ESTOS MOMENTOS SE REALIZA LA RESTAURACIÓN DE LA OBRA EN EL MALI


    Su gloria estriba en que fue el primero en abordar un tema polémico y la obra posee las huellas de este esfuerzo: la arquitectura no es incaica sino imaginaria. Montero no tenía datos arqueológicos y ni siquiera conocía su país lo suficiente para obtener mayores fundamentos que hagan la obra históricamente exacta. A duras penas podía pagar los modelos necesarios para representar a los españoles y para el Inca tuvo que servirse del cadáver de un pintor trujillano radicado en Italia para lograr la verosimilitud del cuerpo. Lo más patente se encuentra en las efigies de las mujeres incas, vestidas a la europea y con epidermis más claras de lo que cabría de esperar.

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    Con todas estas faltas, comunes hasta en las célebres obras neoclásicas de los colosos David, Gros, Ingres y Delacroix, la obra posee méritos indudables. Esta pintada con gran concentración y cuidado en los detalles, con un apreciable dominio del oficio y una composición eficaz y equilibrada. Su aparición en el pobre ambiente cultural peruano fue de enorme impacto y abrió el camino para el estudio, valoración y comprensión de nuestro pasado interrumpido constantemente por nuestros extravíos políticos y económicos.

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    Última edición: 11 Nov 2010
    A fijomesuspenden y GiulioRudolph les gustó este mensaje.


  2. fijomesuspenden

    fijomesuspenden Miembro de plata

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    Avancemos en el tiempo para analizar “Los funerales de Atahualpa” de Luis Montero (Piura, 1826- El Callao, 1869); monumental cuadro conservado en el Museo de Arte de Lima (350 x 430 cm).

    La inexistencia de un mercado plástico local en el Perú del siglo XIX, originó que los jóvenes con inquietudes artísticas marcharan al “exilio” europeo. Las tendencias neoclásicas y románticas se desenvolvían en los centros metropolitanos del arte, a donde llegaban nuestros artistas para estudiar en las academias. Daw Ades explica la enseñanza que recibían: “La debida formación del estudiante estribaba en copiar los grandes ejemplos del arte pasado... La pintura histórica era la más alta en la jerarquía artística, por encima del paisaje y el retrato, y sus temas debían elevar el espíritu y ser en la medida de lo posible de interés universal”.

    Montero pintó el enorme lienzo en Florencia. El transporte del cuadro hizo escalas en ciudades como Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. El artista se negó a vender su obra, pues estaba destinada al Perú.

    En 1868 Montero llega apoteósicamente, siendo premiado por el gobierno con medalla de honor y veinte mil soles. El estado recibió la pintura y la reprodujo en los billetes de quinientos soles. Desafortunadamente, Montero falleció al año siguiente.

    Durante la guerra, los chilenos se llevaron el cuadro como botín a Santiago, pero después lo devolvieron a nuestro país. Hoy podemos apreciarlo en la muestra permanente “Tres mil años de arte en el Perú” del Museo de Arte de Lima.


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    "Los funerales de Atahualpa" de Luis Montero

    En un penetrante artículo, Roberto Miró Quesada señaló la identificación de Montero con los proyectos criollos y liberales. Se reconoce la importancia de lo indígena, pero se le supera para construir el nuevo Perú a partir de la herencia hispana. Por eso pintó los funerales del inca. Un indígena magnífico, imponente, bien pintado, pero muerto. En palabras de Buntinx: “Los Funerales de Atahualpa son en realidad las fácticas aunque espléndidas exequias que cierta ideología criolla en consolidación otorga a lo que reconoce pero margina” .

    En la composición de este polémico y celebrado cuadro, Montero nos presenta una treintena de personajes. Rígido, aparece el cadáver del inca cusqueño, broncínea imagen de príncipe vencido, rodeado por altivos conquistadores y religiosos dominicos.

    La perfección en el tratamiento del cadáver se explica porque Montero aprovechó el deceso de un trabajador de la embajada peruana en Italia. Este señor, de apellido Tinajeros, tenía rasgos andinos y Montero hizo varios dibujos de su rostro inerte, que luego utilizó para su “Atahualpa”.

    En un estandarte negro que domina la ceremonia fúnebre, se aprecia una calavera coronada y un par de tibias cruzadas. Es la Muerte, y de cuya mano nadie puede escapar, ni siquiera los reyes.


    Miró Quesada resaltó el liberalismo y anticlericalismo del pintor piurano. Por eso pintó una imagen deprimente de los religiosos. Aparecen como cuervos, con mirada torva, ante los despojos del cusqueño. En cambio los conquistadores lucen cierto aire de dignidad.

    Mientras tanto, un grupo de mujeres pretendidamente “indígenas” lloran y tratan de acercarse al cadáver del Hijo del Sol. Los soldados contienen al desordenado tropel de mujeres que interrumpen la ceremonia religiosa. La escena se inspira en el relato de Guillermo Prescott en su Historia de la Conquista del Perú: “se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos, que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo diciendo que no era aquél el modo de celebrar los funerales de un inca y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba... Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas al retirarse se suicidaron con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del sol”.

    Montero trató obtener la información apropiada para no errar en los detalles históricos. Francisco de Paula Vigil le envió datos por correspondencia. Además pidió asesoría al señor Calderera de Madrid sobre el atuendo de los embajadores. Hay corrección en los personajes hispanos, pero el resultado es desigual en el tratamiento de los indígenas.

    Como tantas veces se ha dicho, las nativas son más bien –por su físico y vestimenta– mujeres europeas. Decía Miró Quesada: “ ... el único personaje indio verosímil es un muerto, el resto de “indígenas” presentes en el cuadro son cualquier cosa menos indios salvo una de las mujeres que luce una lliclla...”. En realidad se aprecian dos llicllas. Además, la vestimenta del niño que acompaña a las mujeres se asemeja a un unku incaico.

    Asumiendo que el niño es un indígena, creemos que el cuadro podría leerse así: lo andino como jefatura está muerto, pero dignamente enterrado. Son los criollos quienes asumen el país y construyen su futuro. Sin embargo, lo indígena está presente aunque se le quisiera negar (el niño); puede ser aceptado pero para ser guiado y protegido. Una actitud paternalista. Una más en la historia de las relaciones entre criollos e indígenas.

    En reciente investigación, Max Hernández identifica los colores de la bandera nacional en el traje del niño. Esto podría significar una promesa de futuro y ampliaría la complejidad del contenido de la obra. Incluso la luz que penetra al recinto puede estar anunciando una futura reivindicación. Esta pintura evidencia los esfuerzos por construir una identidad criolla, marcada por gestos, sentimientos y conductas encontradas, contradictorias. Como todo en el Perú.
     
  3. jafetbo

    jafetbo Suspendido

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    Honestamente no creo que tenga nada que ver ni el criollismo ni el liberalismo en la pintura de Montero. Simplemente en el siglo XIX para los peruanos citadinos el indigena o nativo del Perú era un personaje exótico, distante, desconocido, extraño.

    No es como hoy en que Lima es una ciudad provinciana. En esa epoca las ciudades eran criollas y si interesaba la historia o lo indigena esta era una vision del pasado no del momento. Representar un nativo peruano verazmente era como quitarle majestad a los personajes. Se podia hacer con el muerto pero no con los vivos. El realismo aun no existia en el mundo del arte oficial. Courbet, el primero en representar a los seres humanos como son en grandes formatos, no era aceptado por los salones de París, era un marginado.

    En grandes proporciones solo se representaba a los héroes y debian parecerlo. Los héroes aqui son los conquistadores españoles porque ganaron, conquistaron América. El nativo representa la tragedia de ese hecho historico.

    Veamos otro ejemplo Neoclasico. Esta vez del gran Jacques Louis David:


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    Esta pintura representa a Leónidas en las Termópilas. Creo que no hace falta señalar que arqueológica e historicamente es por demas inexacta e ideal. Representar a los espartanos tal como fueron: delgados, con sus cabellos largos y largas barbas, delgados, no hubiera sido tan "heroico" para los canones clásicos en boga desde Winckelman.

    Nadie le reprocha ni liberalismo ni ausencia de interes en la marginacion del griego sino que simplemente fue una pintura hecha en Francia, en Europa, para ser vista por los europeos. Tenia que ser digerible para ellos.


    En cuanto a Luis Montero pintó su obra en Europa pero estaba destinada para America y por ello tuvo que estar en medio camino entre la majestad clasica, sin desnudos de estatuaria griega, y el americanismo realista para ser visible al criollo limeño para que se percate de que los pocos "indios" que cada cierto tiempo veia por ahí se parecian a los del cuadro.
     
    Última edición: 12 Nov 2010