Liga de Héroes Anónimos - Cuento Corto.

Publicado en 'Literatura' por Antagonista, 7 Ago 2010.





  1. Antagonista

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    Liga de Héroes Anónimos

    Origenes -Guión de Comic



    No siempre fue así. No siempre todo fue una ******.
    Aunque quizá no tengas recuerdo de algo mejor. Sino Caos. Pobreza. Crímenes. Corrupción. Un brillo maligno, un aura de mala suerte que condenó a tu tierra mucho antes de tu nacimiento. Naciste durante la Crisis. Así como tus padres. Tus abuelos. Tus bisabuelos. Y toda tu línea sanguínea desde que se trazó una línea en la Nueva Tierra y la cruzaron trece asesinos. En esta realidad, el sur de América tiene dos caras; una donde los ricos ríen. Otra donde los pobres lloran. Y al final esas lágrimas ahogarán a todos por igual. Créeme. Puede que hayas vivido hasta el día de hoy negándotelo todo. Débil y limitado. En una pecera hipócrita y autosuficiente. Creando un pequeño mundo egoísta que te desligaba de un escenario tan real como sucio y cruel, que no te importa, y que heredarás a tus hijos. Tu tierra. Tu hogar. Tú patria. Pero no eres el único. Es como si cada individuo de esta realidad se negara a aceptar que está hundiéndose en arenas tan densas como la sangre, y tan sin retorno como la muerte. Y nadie hace algo por un cambio. Puede que te hayas vuelto insensible a ver en las noticias de la mañana a la gente llorando y pidiendo justicia. Extrañando a sus muertos. Puede que subas el volumen de los audífonos cuando un sucio y miserable niño te pide una moneda en el bus, en los parques, en los puentes, en todos lados. Puede que cada gobierno de turno te haya mostrado una visión de optimismo falso. Que todo cambia para bien. El País avanza. Sí se puede. Pero... no siempre fue una ******. Créeme.
    Existieron Héroes. Héroes reales. Personas que transmitían de forma maravillosa la Esperanza. Algo que este mundo está olvidando. Extraños cuyas habilidades rompían toda física y pensamiento lógico. Enmascarados que nunca mostraron sus rostros, pero que a su vez mostraban la honestidad y la confianza en sus voces, sus mensajes llenos de optimismo. En sus sonrisas. Salvando el día. Corrigiendo a los hombres que cometieron errores. Sirviendo de ejemplo a los niños, y a un mundo que los observaba maravillado, agradecido. Existieron Héroes. El hecho que ahora no los recuerdes, no quiere decir que nunca existieron.

    Pero el mal venció.
    En esa realidad, Mí realidad, nunca existió algo realmente maligno. Nada comparado con lo que sucede en tu país. Había villanos, claro, pero eran hombres y mujeres que buscaban algo de atención, un poco de dinero, pero nunca al costo de arrebatarle la vida a alguien. Teníamos límites y nunca los cruzamos, ni siquiera los poderosos. Ni siquiera por curiosidad. Los villanos simplemente eran tipos disfrazados que robaban un banco, de repente con algún aparatucho electrónico con la forma de un insecto gigante que caminaba por la ciudad. El Sindicato de Héroes Anónimos siempre pudo contenerlos. Llevarlos ante las autoridades. Era como un juego. Nadie salía lastimado. Nadie moría. Nadie lo lamentaba realmente. Pero algo sucedió. El azar, la fatalidad, el destino, todo lo malo se alineó en un punto exacto creando una catástrofe. Tú mundo. Tu realidad. Todo sucedió por accidente, lo juraba entre lágrimas. Y ahora le creo.

    Su nombre era Dr. Wertham. Un pobrediablo que no recibió la suficiente atención de niño. Nunca nos causó problemas reales, era uno más entre todos los científicos locos y novatos enmascarados con nombres de animales salvajes. Sucedería en el peor momento. El Señor Sol, Líder del Sindicato, tuvo que asistir a una Cumbre de Asuntos Metahumanos en la Gran Colombia. Se discutiría el posible ingreso del Ministerio Superhumano Argentino, como organización internacional. Asistió con los 9 Miembros Fundadores. A pesar que Sol me pidió más de una vez que formara parte del Sindicato, nunca acepté. Era buen amigo de mi padre. Tenía mis motivos. Quedamos pocos enmascarados con algo de experiencia en el país. Siempre trabajábamos con la Policía. Y los Héroes Novatos, que habían sido ayudantes anteriormente, quisieron destacar durante la ausencia de sus mentores. Todavía recuerdo la sonrisa del chico que podía filtrarse como agua, la ilusión en su rostro, al fin estaría interactuando con los Héroes del Sindicato. Lamento no recordar su nombre. Y sinceramente quisiera olvidar la forma en que murió.

    Los cambios empezaron el 14 de agosto de 1956. Tenía yo 21 años. Salía a patrullar siempre de noche. Me interesaban los puertos. Regresaba después de ayudar a la policía a confiscar algún cargamento de opio que venía desde Europa. Esa mañana regresaba a casa como todos los días, pero me detuve en el tejado de un Edificio, al ver algo que sinceramente me sorprendió tanto que me hizo detener. Apenas despuntaba el sol. Las calles aun desiertas. Era el Dr. Wertham, completamente desnudo, caminando por la calle. De inmediato descendí y le pregunté si estaba bien, mientras cubría su desnudez con mi capa. Estaba en un shock nervioso. Fue tenebroso verlo así. Nunca imagine lo frágil que podía ser ni lo anciano que era. Su desnudez, su cuerpo arrugado y pequeño, sus extremidades como alambres temblorosos. Su enorme cabeza y ese corte de cabello como un hongo eran lo único que asociaban mis recuerdos del Villano, del científico loco siempre orgulloso, con el anciano muerto de miedo que ahora temblaba en mis brazos. Nunca había visto a nadie tan asustado. Ni siquiera a los que solían caer a un abismo dentro de un bus. Quizá porque sabían que serian rescatados por alguno de nosotros en cualquier momento. Entonces, de repente, el Dr. Wertham empezó a sollozar.
    —Ayúdame... yo no quería hacerlo, no fue mi intención, no me dejes solo por favor.
    —Estoy llevándolo a un hospital, Doctor, todo estará bien. ¿Qué ha pasado?
    —¡Bájame! ¡Bájame! ¡Los Taquiones Azules son inestables en el aire! ¡La gravedad...! ¡Bájame!
    Gritó tan fuerte como desesperado. Cuando estaba devolviéndolo a tierra, lentamente, fue que sucedió. Empezó a deshacerse en mis brazos, y su cuerpo fue perdiendo consistencia y escurriéndose como un denso líquido color palo rosa. Nunca había visto algo parecido. Gritaba mientras su piel se estiraba como la nata de la leche y sus órganos caían al suelo y reventaban como globos de agua. Gritaba. Y creo que por primera vez sentí terror. De pronto un rayo azul empezó a envolverlo y no pude moverme. Me impregnaba. Su carne era un flan que me impregnaba. Él no dejaba de gritar ni de llamar a su mamá. Yo quería huir y no podía. El shock no me permitía formar una palabra, ni siquiera me dejaba respirar. Entonces un resplandor me sacudió y fue tan doloroso como nada que hubiese experimentado antes.

    Entonces desperté y estaba en la calle. Unos niños que iban al colegio me rodeaban y trataban de ponerme en pie. Estaban muy preocupados. Quise evitarlo pero no pude. Vomite. Uno de los niños, el más pequeñito se puso a llorar. Les dije que todo estaba bien y traté de elevarme pero no pude, apenas levité unos centímetros y tambaleé. Caí sobre mi propio vomito. No podía dejar que me vieran así. Una vez más me puse en pie y caminé tambaleándome como un borracho. Ellos me seguían. Tuve que decir una grosería y gritarles que me dejaran en paz. No me siguieron. Corrí por una calle desierta y enfilé hacia un callejón. Mi corazón martilleaba. Estaba reponiéndome, sentado al lado de unas bolsas de basura. ¿Era todo real? Cuando me sentí mejor me propuse descubrirlo. El Dr. Wertham tenía su laboratorio en el último piso de uno de los edificios más altos de la ciudad. Él pensaba que era un lugar secreto. La base de datos del Sindicato conocía el paradero, dirección, correo electrónico, nombre verdadero y cuenta bancaria de todos los villanos con los que habíamos lidiado. Nunca los utilizaríamos a menos de una emergencia. Yo no era miembro activo. Pero lo creí necesario. Llegué al último piso de ese edificio. Quise entrar por una de las ventanas pero todavía seguía mareado, así que no calculé bien el espacio de entrada y rompí una pared. Afortunadamente el lugar estaba vacío. Todavía desesperado por las visiones en mi cerebro, grité su nombre. Nadie apareció. Revisé todo el lugar, hasta que di con una puerta metálica. Sabía que su laboratorio estaba tras esa puerta. No quise perder más tiempo en formalidades. La arranqué del marco y una luz índigo bañó mi cara y alargó mi sombra en la pared. Era como una lámpara gigantesca, en cuyo centro se ondulaba un rayo eléctrico que fluctuaba entre un azul intenso y el rojo más tenebroso que había visto. El aparato estaba conectado por miles de cables a otras maquinas y computadoras. Había visto inventos parecidos de El Arcano y IQ9000, otros científicos locos. Pero nunca nada parecido a eso. Esa luz. Era hipnotizante. Maligna. Como una línea que al extenderse podría partir el universo en dos. No sabría explicar cómo lo supe, pero sabía que algo no marchaba bien. El doctor Wertham estaba arrodillado en el piso, borracho, llorando. No pareció sorprendido al verme.
    —Apaga eso... —le dije, tratando de endurecer mi voz y no demostrar lo asustado que estaba¬— ¡Apágalo Wertham!
    —No puedo apagarlo... Todos los días me dices que lo apague... ¿Es que no lo recuerdas?
    —Lo apagaré yo —dije y avancé unos pasos.
    —¡No! ¡No te acerques! Todavía no. ¡Vas a matarnos a todos!
    Y me detuve, no por sus advertencias, sino porque observé que el metal que contenía la luz se retorcía, y alternaba su forma entre la piedra a mármol y luego a carne viva, y nuevamente al metal. Era como si cambiara la estructura de las cosas.
     
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  2. Antagonista

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    —¡Qué es eso, Wertham! ¡Responde! ¡Cómo lo apagamos! ¡Va a explotar!
    Entonces el rayo empezó a agitarse como una serpiente gigante y choco contra el suelo, entonces, mi estomago volvió a revolverse. Vi que el aire empezó a vibrar y estirarse, como cuando se forma una onda en un estanque cristalino al tirar una piedra, así empezó a cambiar la realidad. Vi a hombres vestidos como soldados, corriendo, disparándose, atravesándome como si fuera un fantasma. Luego se desvanecieron y en su lugar aparecieron jinetes chinos que cabalgaban con armaduras de oro pero que no avanzaban ni un centímetro, los caballos galopaban sin tocarnos. Tampoco avanzaban. El Dr. Wertham se tapaba la cara y lloraba en el suelo. De pronto la realidad se reformó nuevamente.
    —¡Qué has hecho, Wertham! ¡Qué diablos es eso!
    —¿Crees en los fantasmas, Hanzo? —me dijo— ¡No existen! ¡Ahora lo sé! Lo que crees que son fantasmas son en verdad personas vivas, gente de otro plano vibracional. Todos compartimos el mismo mundo, el mismo espacio, el mismo todo... Solo nos separan las frecuencias en un orden que evita que todo colapse. Es como una radio...
    Cogí mi cinturón.
    —No los llames —me dijo— el Sindicato te llamará pronto. Siempre es lo mismo.
    —¿Que es esa cosa?
    —No fue mi culpa... Ese Maldito Arcano, siempre burlándose de mí, de mis inventos... Odio sus insectos gigantes. Es tan patético. Tan melodramático. Tan teatral y fingido... Es más viejo que yo, sólo por eso se burla de mis inventos. Quise traer una criatura de otro lugar... Algo más real que sus insectos robot gigantes... Pensé en un Dinosaurio... La idea me pareció buena. Pero no podía traerlo de nuestro pasado... ¿es que no lo sabes? Eso causaría una cadena de paradojas si ese Dinosaurio estuviera ligado con un hecho fundamental de nuestra evolución... Era demasiado riesgoso... por eso, por eso... era más fácil traer un dinosaurio de otro mundo... de otra realidad... porque tú sabes que yo no he matado a nadie... nunca he matado a nadie... nosotros no matamos... no somos asesinos... no... Sólo quería traer un dinosaurio...
    —¡Qué diablos hiciste Wertham!
    —Esta maquina... es un condensador de Taquiones Azules... los Taquiones Azules son lo único que mantiene separado las realidades paralelas... son como un muro para que nadie lo cruce... pero yo soy más inteligente que Arcano... Yo si pude crear una maquina de salto dimensional... Entonces la maquina estaba funcionando bien y yo tendría mi Dinosaurio, y le pondría un controlador cerebral, y robaría un banco montado sobre él, todos me verían en la calle. Seria impactante. Tendría respeto y el Sindicato reconocería que no soy un segundón más. Pero... oh, Dios... la niña... yo no quería... te lo juro... Yo no mato. Nunca he matado a nadie...

    Al enterarme que una niña estaba involucrada me acerqué arrodillándome a su altura y lo cogí de las solapas de su abrigo blanco.
    —¡Qué niña, que pasó!
    —...No tenía idea que el condensador de Taquiones Azules no funcionaba de manera temporal precisa... Ya tenía la jaula, mira, es esa... ahí guardaría mi Dinosaurio... Encendí la maquina y de pronto se formó una grieta en el aire, y se formo un portal con otra realidad. Era una ciudad. Una ciudad como la nuestra solo que mucho más sucia y horrible. Había una niñita. Tenía una bolsa de caramelos. Fue la única que se había dado cuenta de mí. Todo el mundo caminaba. Ella se acercó, curiosa. Traté de apagar la maquina. No pude. La niñita no tenía zapatos. Estaba sucia. Pensé en cómo sus padres podían dejar que estuviera tan sucia, sin zapatos... entonces me dijo, señor, colabóreme con un caramelito... traté de apagar la maquina. Entonces me insistió que si quería caramelitos. Estaba trabajando, ¿puedes creerlo? ¡Una niña de cinco años, sucia, descalza, trabajando! ¡Donde estaban sus padres! Entonces traté de decirle que no quería, pero ella se acercaba más y más. Nadie me había notado. Solo ella. Por eso creo que algunas personas, las que creemos que son fantasmas, pueden interactuar borrosamente con otras realidades. Ella podía. Todos caminaban sin verme. Ella me vio y se acercó y traspasó el portal.
    —Cálmate. No llores.
    —Entonces. Dios... yo nunca he matado a nadie. No somos así... ni siquiera Arcano ni el Doctor Muerte... la pobre niña... traspasó la realidad y fue como si se le volteara la piel. Y luego se convirtió en un charco de sangre pura, hasta sus huesos... y empezó a reestructurarse como un feto... lloraba... gritaba... murió en mis manos, chiquitita... —sollozaba— a veces pienso que cada realidad demanda un punto cero de inicio para todo ser vivo...
    Entonces mi comunicador sonó.
    —Ellos te llaman, el Sindicato. Ya hemos pasado por esto. Te lo dije.
    De una alguna forma sentía que era cierto. Un escalofrío recorrió la parte de atrás de mi cuello. El intercomunicador volvió a sonar y era la desesperada voz de Zafiro.
    —¡Hanzo! Bzzzt ¡La señal es débil, bzzzt ¿Dónde estás? Hace un mes que no respondes... bzzzt todo esto es una desgracia... ¡Neces... bzzzt!
    —¡Un mes! Pero si te vi anoche.
    —¡Hanzo! bzzzt ¡Eres inubicable desde hace un mes! ¡Ven pronto! a... bzzzt ¡el cielo se está... bzzzt ¡Partiendo! La mitad del Virreinato de Chile está partiéndose y flotando a la deriva en el mar! ¡Es horrible... bzzzt ¿Dónde estás?
    —Escúchame, Zafiro, Rastrea mi ubicación. Reúne a todos los miembros del Sindicato que generen Campos de Fuerza Intrínseca. Creo que conozco el epicentro. Vengan pronto. Protocolo Boca del Siniestro. No es simulacro.
     
    Última edición: 7 Ago 2010
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  3. Antagonista

    Antagonista Suspendido

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    Traté de llevarme al Dr. Wertham de ahí, pero se resistió con gritos y suplicas.
    —No puedo alejarme tan bruscamente de los Taquiones Azules. Cada semana me arrastró un centímetro. Si me alejas muy rápido me voy a disolver en tus brazos, como sucedió esta mañana.
    —Entonces... eso sucedió en verdad...
    —Todo está sucediendo una y otra vez para mí. Todo se repite desde hace semanas... meses... quiero que pare... mátame aquí, por favor...
    Lo dejé donde estaba. Me di la vuelta, y observé con un espanto que traté de disimular, que mi sombra había quedado estampada a la pared. Revisé el suelo. A pesar que el Doctor tenía sombra y el rayo iluminaba con destellos constantes. Yo no tenía sombra. Desde la primera vez que arranqué la puerta metálica. No se había movido. Continuaría pegada a esa pared hasta el día de hoy.

    En menos de cinco minutos llegaron once miembros del Sindicato. Todos muy jóvenes, adolescentes que jugaban a ser Héroes. Crisantemo, la pelirroja, dirigió a los ocho Héroes adolescentes y crearon un campo intrínseco al derredor de la maquina. Expliqué la situación y propuse apagar la maquina. Sabía que era inútil, pero no quise decírselo a nadie. Al parecer el tiempo había sido inconsistente para mí dentro del laboratorio. Y durante el último mes los Héroes de todo el mundo estaban luchando contra los desastres que se presentaban en todas partes; sobre todo en los Terremotos en el Virreinato de Chile. Las inundaciones en el Virreinato de la Gran Colombia, y rescatando a los sobrevivientes de la desaparición repentina de Centro América. Era el Virreinato del Perú, el único país que no había presentado catástrofes, solo una extraña línea sepia en el cielo, como una herida gigantesca.
    El Doctor continuaba en el suelo, cerca de la maquina. Les prohibí a todos moverlo de ahí. Diciendo que si lo alejábamos de los Taquiones Azules podía morir. Y no íbamos a arriesgar una sola vida si dependía de nosotros.

    Su nombre código era Ranthel, y podía convertir lo que tocaba y alterar su composición atómica. Era pelirrojo, hermano menor de Crisantemo. Me dijo.
    —Hay un desbalance muy fuerte de Taquiones Azules. Como si estuvieran mezclándose y retrayéndose porque no son compatibles, puedo sentirlos. Nunca había pasado algo así. Pero no entiendo porque están alterando todo alrededor del mundo menos este cuarto.
    Entonces no se me había ocurrido. Pero era porque nosotros estábamos en el ojo de la tormenta.
    Un chico moreno, de disfraz amarillos, trataba de apagar la maquina con su telequinesis. Había cortado ya todos los cables.
    —No sé cuál es su fuente de energía —dijo—. Sea lo que sea aumenta y no parece muy estable. ¿Cómo podemos proceder, Hanzo?
    Entonces me di cuenta que el fiasco que era yo. Era un inútil. Eran inexpertos. Buscaban respuestas. Apoyo. Un héroe. Yo solo podía lidiar con cosas que se resolvían con un par de golpes. Con asuntos tan humanos que cualquier otro podía resolver. No era como mi padre. Necesitaban un líder. Y yo no lo era. Me hubiera gustado serlo.
    Entonces el Dr. Wertham empezó a tener una especie de ataque de epilepsia. Ese chico, apenas un niño, quisiera recordar su nombre... El niño líquido se acercó corriendo a socorrerlo, le grité que no lo hiciera. Se volvió acuoso para traspasar el campo intrínseco que contenía la máquina de Taquiones Azules. Pero cuando ésta alcanzó su límite y colapsó, el campo intrínseco no sirvió de nada. El rayo escapó y se elevó hasta el cielo como una torre de luz violeta. Nos encegueció. Vi al Dr. Wertham aferrarse al cuerpo del niño, y vi a una parte del rayo contorsionarse y alcanzar sus cuerpos. Oí sus gritos. El niño grito tanto que quisiera olvidarlo. Ninguno de nosotros pudo moverse. Quisimos ayudarlo. Fueron los Taquiones Azules. Alterando el flujo del tiempo y dotándonos de un tiempo individual y una velocidad individual. Vi como el niño liquido se reestructuraba una y otra vez intentando escapar, hasta deformarse permanentemente, su mandíbula chocaba con el suelo estando él de pie. Estiraba sus manos pidiéndonos ayuda. Luego se fusionó con las ropas del Dr. Wertham. El anciano estaba empapado en ese liquido que había sido un niño; las ropas se deshicieron y se evaporaron. Nunca existió. El doctor quedó desnudo, y así, caminó lentamente hasta una estantería de frascos. Ninguno de nosotros pudo moverse. El Dr. lo sabía. Sabía que no podríamos movernos. Lo había vivido una y otra vez en un ciclo continuo. Al parecer, decidió hacer algo diferente esta vez. Lo sé porque por alguna razón, pude leer sus pensamientos. Cogió uno de los frascos. La realidad se fracturó nuevamente. Se detuvo ante nosotros y dijo unas palabras. Luego lo comprendí. Era la niñita, o lo que quedaba de ella dentro de ese frasco. Lo vi desnudo, como en la mañana, arrastrarse hasta el portal para devolver el cuerpo que nunca debió abandonar su realidad. Una vez que atravesó el umbral llegó el sonido de lo que había dicho un mes antes. Perdónenme...
    La maquina explotó. Y la realidad, el tiempo, y el espacio estaban torciéndose. Apenas cada uno recobró los movimientos trató de huir. Mucho gritaban como niños. Éramos niños. Vi a tres Héroes ser absorbidos por la maquina y sus cuerpos regenerados y evolucionados hasta convertirse con dolor en seres de energía luminosa. Vi como la atracción le arrancaba los brazos a Crisantemo, quien luchaba por mantener el campo intrínseco. Vi como toda su sangre era absorbida por sus ojos hasta convertirse en una momia. Todos empezaban a morir de maneras espantosas. Sólo los héroes y villanos y toda persona con poderes eran borrados. No podía moverme, flotaba bocarriba mientras escuchaba los gritos. Pude ver edificios caer. El universo fragmentarse en dos mitades, y un mundo transparente encajando a nuestra realidad en cada detalle. Plegándose a nosotros. Cada persona sin poderes había entrado en un trance hipnótico, y su mente y pensamientos eran sustituidos por los de su equivalente dimensional. sustituidos sus sentimientos, pasado, presente y forma de ser. Pero en esa realidad los Héroes no existían. Ahora lo sé. Y el universo demandaba borrarlos. Los héroes más grandes de la Tierra fueron desmembrados en todas las direcciones y cada parte de su estructura fue fusionada con algún elemento inerte. Arboles. Rocas. Agua. Magma. Entonces supuse que también estaría muerto. Pero comprendí que fue mi sombra. De alguna forma mi sombra, había capturado mi esencia, como una fotografía, y había grabado mi propia información histórica en el mundo material. Vi mi realidad sustituida por un nuevo mundo. Oscuro. Lúgubre. Vi nuestro Sol milenario cubrirse por un cielo triste y Gris. Vi la historia cambiar. Adaptarse a otros hechos históricos mucho más sangrientos y crueles. Vislumbre 500 años de historia en medio minuto. Cada evento, muy parecido a mi tierra, pero con un desbalance horrible en lo moral y lo injusto. Revoluciones. Guerras. Racismo. Lujuria. Muerte. La hermandad de las Monarquías Americanas concebidas por Don José de San Martín nunca existió. Nos vi pobres y miserables. La Confederación de Estados Norteamericanos pasó a ser Estados Unidos de América, el país más poderoso de esta tierra corrupta y sin esperanza. La realidad fue acoplándose a su nueva línea, y desaparecieron 8 países Europeos, y cinco países Americanos que ya nadie más que yo recordaría. Europa sería el lugar que reuniría a los países más ricos de la tierra. El sur de América seria pobre y violento, un lugar marginado. Ausente de ilusiones, de sueños, de alegría verdadera. En mi realidad no existía pobreza. Ni hambre. Ni crímenes contra la humanidad. Pero nadie lo recordaría. Cada ser vivo de este mundo se reseteó y adoptó una línea temporal que nunca fue suya. Nadie nunca recordaría a los Héroes. Solo vivirían en el papel.

    Yo desperté desnudo, a orillas de una playa en el Callao. Pasé de 1956 a un desfase temporal de casi 50 años. Caminé entre chozas donde no creí que siquiera pudieran vivir animales. Vi como vivían esas personas, como animales.
    Desnudo y perdido, agotado, caí en el suelo. Unos niños drogados con bolsas plásticas llenas de pegamento llegaron y me golpearon entre risas. Sin razón alguna. Sin motivo. No tenía idea de lo que esta nueva realidad les había hecho a la mente de los niños. Ni el nivel de odio y oscuridad que guardaba cada corazón. Había perdido mis poderes. Mis amigos. Mi mundo. Amanda. Fui tomado como un loco al tratar de explicar lo sucedido. Vestí harapos. Hice algo que nunca antes hubiera considerado. Robé para no morir de hambre. Fui llevado a la cárcel. Aquello no era una cárcel. Era tan inhumano. Tan irreal y espantoso. Fui golpeado. Violado. Y corrompido. Quise suicidarme. No tenía como. O con qué. Golpee tantas veces mi cabeza contra la pared, pero no pude conseguirlo. Perdí el conocimiento. Cuando lo recobré. Estaba solo. Y vi llegar nuevamente a los sujetos que me violaban. Quise escapar pero me interceptaron. Cuando uno se disponía a hacérmelo. Algo del pasado regresó como un relámpago en mi cabeza. Los dos sujetos que me tomaban de los brazos, los cogí del cuello, y les arranque la cabeza hasta la mitad de la columna vertebral. Uno murió al instante y el otro caminó tres pasos como una jirafa bebiendo agua. A los otros dos, los vaporicé, dejándolos vivos pero completamente quemados, castrados y con un dolor que sé que sentirán hasta sus últimos días. Y con el quinto, el último, le arranque los brazos y piernas cuidando mucho de cuajar sus heridas con mi visión calorífica para que sobreviviera de esa forma. Luego escapé. Me escondí en un callejón húmedo. Vomite. Entonces me di cuenta que el Héroe que había sido, quedo impregnado a mi sombra. Y murió allí. Habían vuelto mis poderes, todavía débiles. Y con adormecedora tristeza y un profundo odio descubrí que, yo, él que fui, ya no soy el que soy.

    Libre. Disfrazado como pordiosero. Esperando pacientemente el regreso total de mis poderes. Evaluando la realidad. Esperando el momento adecuado para proceder y cambiarlo todo. Destruir y crear países. Sinceramente, me he dado cuenta que en esta realidad puedo hacer algo que nunca pude en mi mundo: matar. Porque aquí existen personas que sí merecen morir. De la peor manera. Estoy cansado de oír cada mañana a las personas pedir justicia. Llorar a sus muertos. Todos los días. Con cada amanecer. Voy a cambiar esta realidad. Como era la mía. Porque, el hecho que no lo recuerdes, no quiere decir que nunca sucedió.






    Liga de Héroes Anónimos.
    Dibujos: José Chumpittazzi / Rikardo Brunno / Ronny Reynoso.
    Color: Wilfredo Gonzales.
    Guión: Rikardo Brunno.
    Entintado: Renzo Solari.
     
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  4. josejch

    josejch Miembro nuevo

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    buena historia Rikardo Brunno pero conozco a tu primo, el que es mucho mas talentoso que tu JJCC:hi:
     
  5. Lunadeplata

    Lunadeplata Miembro diamante

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    Si muy buena historia,felicitaciones:)
     
  6. kaze lunae

    kaze lunae Miembro de bronce

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    Lo que mas me ha gustado ha sido el color, los dibujos y el entintado.:yeah:
     
  7. El.negro

    El.negro Miembro maestro

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    madre mía......
     
  8. BBaster

    BBaster Miembro de oro

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    me gusto man , deberias publicarlo.
     
  9. AlbertRockEsc

    AlbertRockEsc Miembro frecuente

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    Típicos niños rata.