La revolucion de Trujillo - 1932

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por fijomesuspenden, 2 Ene 2011.





  1. fijomesuspenden

    fijomesuspenden Miembro de plata

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    LA MATANZA DE TRUJILLO (1932)

    En la noche del sábado 7 de mayo de 1932 hay un movimiento de la plana menor de los cruceros Grau y Bolognesi. Los insurrectos apresan a los oficiales de guardia y al jefe del barco. Un marinero se lanza al agua y al llegar a la costa avisa a la capitanía lo ocurrido. Pasada la medianoche, 300 hombres llegan al puerto para conjurar la revuelta. A las seis de la mañana, por expresa orden del Presidente, una escuadrilla bombardea las unidades, determinando la rendición de los rebeldes.

    A pocas horas se instala en la Isla San Lorenzo una corte marcial. El 9 de mayo, el Congreso vuelve a facultar al Gobierno para poder decretar la pena de muerte. Al día siguiente, la corte marcial condena a muerte a ocho de los cabecillas de la subversión, catorce son sentenciados a 15 años de prisión y doce, a 18, tres quedan absueltos. El 11 de mayo, los ocho cabecillas serían fusilados.

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    "Bufalo Barreto"

    Los rumores sobre un golpe se escuchan por calles y plazas. A las dos de la madrugada del 7 de julio de 1932, un grupo de cañeros de la hacienda Laredo y estudiantes del Colegio San Juan asaltan el cuartel O’ Donovan de Trujillo. Al frente de las masas está Manuel Barreto, apodado el “Búfalo”, por su abundante barba e imponente musculatura. La pelea dura más de tres horas. Hay numerosos muertos. Uno de los primeros en caer es el “Búfalo” Barreto, pero los insurrectos ganan terreno.


    El pueblo toma el Cuartel de Seguridad y el local de la Prefectura. El gobierno envía tropas del regimiento N° 7 al mando del mayor Alfredo Miró Quesada. El Congreso se reúne de urgencia y aprueba el estado de sitio y la creación de cortes marciales. El sábado 9 desembarcan en Salaverry las tropas que encabeza Miró Quesada, y con el apoyo de dos compañías llega por tierra a Chimbote: recapturan el puerto. Al dirigirse a Trujillo encuentran tenaz resistencia de parte de los insurrectos y tienen que replegarse.

    El jefe de la región militar de Lambayeque, coronel Manuel Ruíz Bravo, se desplaza desde el norte con la mayor fuerza operativa del gobierno. El gobierno cuenta con algunas unidades aéreas. Al atardecer del sábado 9 los revolucionarios ya presienten su derrota. Se recogen firmas para evitar que el gobierno bombardee la ciudad. Las tropas de Miró Quesada se van acercando a Trujillo.

    A medianoche una multitud enfurecida se dirige a la cárcel y sin ninguna misericordia ultima a los oficiales, sargentos y cabos que se hallaban presos. Al comandante Silva Cáceda, jefe de artillería, después de muerto le extirpan el corazón y mutilan los dedos para sacarle la sortija; al capitán Villanueva le arrancan los genitales. Fueron masacrados catorce oficiales, sargentos y cabos y veinte guardias civiles.

    En la madrugada del domingo 10 las fuerzas de Miró Quesada y Ruíz Bravo se preparan para dar el asalto final. Una escuadrilla bombardea sin conmiseración la ciudad, ataca el cuartel O’ Donovan, edificios y hospitales. A las diez de la noche las fuerzas del gobierno han dominado la situación y al día siguiente ingresan victoriosas a la Plaza de Armas. Grandes columnas de prisioneros son trasladados a un lugar desconocido.

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    El miércoles 13 se instala una Corte Marcial en Trujillo. Mientras la ciudad duerme, algunos oficiales mandan a ejecutar a centenares o miles de hombres en las milenarias ruinas de Chan Chan. Este acto no tiene precedentes en la historia del continente.



    ----- mensaje añadido, 02-ene-2011 a las 10:13 -----

    El cuartel O Donovan

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    Bandera Aprista

    Antonio Zapata (Historiador)

    En la historia republicana, el hecho más parecido a la matanza de los policías en Bagua es la masacre del cuartel O Donovan, durante la revolución aprista de 1932. En ninguna otra ocasión, las fuerzas del orden han perdido tantas vidas juntas; además, en ambos casos, los asesinados estaban rendidos. Ni siquiera en época de Sendero Luminoso se registra una operación en la que hayan perecido tantos uniformados a la vez.

    En el caso de Trujillo, la revolución aprista había capturado el cuartel y la ciudad. A continuación, la dirigencia revolucionaria asumió el control y encerró a los oficiales derrotados en la cárcel de Trujillo. Prefecto de la revolución fue nombrado el mismo hermano de Víctor Raúl Haya de la Torre, Agustín, conocido como Cucho. En el asalto al cuartel fue ultimado el jefe militar de la revolución, el búfalo Manuel Barreto, quien fue de filiación anarquista en su juventud y había abrazado el aprismo con singular devoción.
    Por su parte, el ejército encargado de reponer el orden fue enviado por Sánchez Cerro con instrucciones estrictas de no parlamentar. Los esfuerzos de los revolucionarios apristas por dialogar no fueron escuchados. La ciudad fue cercada a sangre y fuego.

    En esas circunstancias, el núcleo dirigente optó por retirarse de Trujillo. Fueron en busca de salvar la lucha expandiendo la revolución a otras provincias. Se dirigieron a Cajamarca y estuvieron detrás de una intentona en Huaraz. Pero perdieron y tuvieron que huir individualmente. Así, Cucho Haya salvó la vida escondido en una hacienda hasta la amnistía de 1933.

    Mientras tanto, al día siguiente que la ciudad quedó sin autoridades, se perpetró una horrible matanza en la cárcel de Trujillo. Fueron fusilados 26 integrantes del ejército y la policía, incluyendo al jefe del cuartel y al comisario. Se dispararon 400 tiros y los cuerpos quedaron muy desfigurados. Circularon versiones, que se probaron falsas, de torturas y de ensañamiento con los cadáveres.

    Por su parte, la noche anterior, la aviación había bombardeado Trujillo. El cerco militar se estrechaba, mientras que los rebeldes carecían de esperanzas y de líderes. Nunca se supo realmente quién los mató. El gobierno acusó al APRA, pero parece evidente que no fue una decisión política de ese partido. La versión aprista sostiene que se trató de una venganza personal perpetrada por ex convictos que habían sido recientemente liberados de prisión.

    En lo referente a los policías de la Estación 6 de Bagua, estaban cercados por los aguarunas y habían entregado sus armas. Es más, habían sido relevados por otro contingente policial mientras permanecían como virtuales rehenes. Eran parte de un complejo proceso de negociación y de múltiples pactos de no agresión con los nativos.

    Pero, un día el Consejo de Ministros se exasperó ante una negociación que no concluía. La dirigencia nativa era terca y tenía voluntad de pulsear. Entonces, el Ministerio del Interior decidió despejar una carretera tomada por los nativos y montó un operativo que olvidó a los policías presos en la Estación 6.

    El resto es una historia trágica y conocida. Al enterarse los aguarunas de que fuerzas policiales estaban despejando la carretera a sangre y fuego, y que sus hermanos estaban cayendo, asesinaron cruelmente a los policías que tenían bajo su control.

    Ahí terminan las semejanzas y se halla multitud de diferencias. La más saltante es el cambio de posición relativa del PAP. Ayer fueron los rebeldes acusados de haber asesinado uniformados; ahora son el gobierno al que servían los policías víctimas. Ayer fueron acusados de intentar asaltar el Estado; hoy son sus representantes y sostienen hallarse ante una conspiración extranjera.

    No debería llamarnos la atención este giro. El APRA tiene una larga historia y ha pasado por diversas situaciones. Como Haya de la Torre fundamentó el relativismo del espacio tiempo histórico, condujo a su partido de modo pragmático, desarrollando líneas distintas, adecuadas a cada ocasión.

    Ese espíritu ha continuado presente bajo el liderazgo de García y ha conducido a esta aparente paradoja. Pero, es una situación simple que corresponde a quien vive mucho y muta con regularidad. Como consecuencia, se coloca en posiciones opuestas, que solo parecen difíciles de entender a quienes prefieren seguir una línea recta.

    Fuente: Diario La República. Miércoles 01 de julio del 2009.
     
    Última edición: 2 Ene 2011
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  2. zeta0

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    entonces los apristas son unos martires ????? no te pases , ideologias politicas a un lado mi estimado.

    Por que no mejor recuerdas el suceso de la muerte de Sanchez Cerro quien fue asesinado por un fanatico aprista mientras pasaba revista a las tropas que iban a enfrentar a Colombia . Para variar los apristas anteponìan sus intereses al de la nacion pq asesinar al Presidente de la Republica en plena declaracion de guerra con Colombia es algo que solo los nefastos apristas podìan hacer .

    un extracto de dichas acciones

    Asesinato
    En la mañana del 30 de abril de 1933 Sánchez Cerro pasó revista a las tropas que iban a combatir en el conflicto armado con Colombia y que estaban reunidas en el Hipódromo de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte, en el distrito de Jesús María de la capital peruana). Al retirarse en su vehículo descapotado y con escolta, un individuo armado con una pistola se precipitó hacia él y subiéndose al estribo del carro le disparó por la espalda varios tiros. Herido de gravedad, Sánchez Cerro fue llevado de emergencia al Hospital Italiano (en la avenida Abancay) y tras dos horas de agonía falleció; era la una y diez de la tarde. Sobre su asesino (que fue victimado en el acto por la tropa presente), se supo que se llamaba Abelardo Mendoza Leiva, que era natural de Cerro de Pasco, que sobrevivía en la capital de empleos eventuales, y que años atrás se había afiliado al partido aprista.
    El Congreso llamó al Ejército a poner orden y eligió ese mismo día al general Oscar R. Benavides para que terminara el período presidencial de Sánchez Cerro (que debió culminar en 1937). Uno de los primeros actos del nuevo gobierno fue el arreglo de la paz con Colombia.

    saludos
     
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  3. fijomesuspenden

    fijomesuspenden Miembro de plata

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    No se equivoque amigo,yo no soy aprista (aunque considero de todos modos excesiva los fusilamientos que se dieron después) de cualquier modo es necesario investigar la historia desde todas las perspectivas,existiendo pocos escritos sobre este episodio ,los escritos que postee son de Perú.com y Antonio Zapata y me parecen bastantes imparciales (tendria que leer los pasionarios escritos apristas sobre este suceso que no dejan de descalificar al gobierno y los funcionarios de Sanchez Cerro).

    General FAP Carlos Ordóñez Velásquez expone reseña histórica sobre masacre en Trujillo del año 1932
    Familia Militar Policial:
    En estos tiempos difíciles y ante el continuo maltrato del gobierno aprista a militares y policías, es bueno que recordemos uno de los episodios menos conocidos por las nuevas generaciones, la cual tiene que ver con un hecho de sangre causado por los disciplinarios del apra (léase búfalos) cuyo aniversario se cumple el 9 de julio.
    Es justo entonces, que todos los que no somos apristas podamos acceder a esta semblanza, basada en las crónicas de la época plasmadas en el Diario El Comercio, decano del periodismo nacional y la historia documentada por Rubén Vargas Ugarte y su sucesora Margarita Guerra, así como la Enciclopedia Histórica y Biográfica de Milla Batres, entre otras.
    Y es que los años transcurridos, los cambios de política en los altos mandos, la falta de enseñanza de la historia militar policial y el olvido voluntario de la prensa nacional, hicieron que este hecho de sangre con todos los visos de asesinato a mansalva haya sido, si no olvidado, por lo menos dejado de lado.
    Me refiero a la página de oprobio escrita por el aprismo salvaje en la masacre del Cuartel O’Donovan en Trujillo entre el siete y el diez de julio de 1932. Por eso, en memoria de aquellos soldados y policías que fueron cobardemente masacrados por las hordas bufalescas del aprismo de Haya de la Torre, recordemos brevemente ese episodio de nuestra historia:
    Antecedentes.- Augusto B. Leguía, quien en 1919 derrocó el gobierno del presidente Pardo imponiendo un gobierno dictatorial y entreguista conocido como “el oncenio”, fue a su vez depuesto por el Comandante Sánchez Cerro, el 25 de agosto de 1930 asumiendo éste, el gobierno de facto creyendo interpretar el sentir del pueblo. Sin embargo, al ver que no contaba con el apoyo de los altos mandos militares, decidió renunciar al mando a inicios de marzo de 1931 para que se realicen elecciones. En diez días se sucedieron cuatro presidentes interinos: Francisco Mariano Olguín, Ricardo L. Elías, Gustavo A. Jiménez y David Samanez Ocampo, hasta que este último, al mando una junta nacional de gobierno convocó a elecciones para presidente de la república y para un congreso constituyente que diera una nueva constitución. Además, dio un conjunto de otras disposiciones para hacer frente a la crisis económica – social que se vivía. En cuanto a las elecciones, la junta cumplió con dar las más amplias garantías y libertad electoral. Se presentaron como candidatos, el comandante Sánchez Cerro lanzado por su partido Unión Revolucionaria contando con la colaboración de miembros del partido civil; Víctor Raúl Haya de la Torre por el partido APRISTA y los doctores Arturo Osores y José María de la Jara y Ureta. La lucha electoral se concentró entre los dos primeros candidatos y fue muy enconada. La junta nacional de gobierno actuó con entera imparcialidad. Realizadas las elecciones y habiendo obtenido más del 50% de los votos, el Jurado nacional de elecciones proclamó presidente electo a Sánchez Cerro y a los representantes ganadores de la elección al congreso. El ocho de diciembre se instalo el congreso constituyente y ese mismo día el comandante Sánchez Cerro juró el cargo del Presidente Constitucional de la República.
    A pesar que las elecciones fueron llevadas a cabo bajo la administración del insigne político Samanez Ocampo, los apristas bajo el mando de Haya de la Torre no aceptaban su derrota en las urnas y llamaron a la insurrección. Los otros candidatos en cambio reconocieron la victoria de Sánchez Cerro.
    En marzo de 1932, Haya de la Torre fue detenido por el delito de incitación a la acción revolucionaria y después de un juicio sumario fue encerrado en el Panóptico. A partir de entonces se sucedieron movimientos en contra del gobierno, todos empujados por las hordas apristas.
    La revuelta aprista.- Es así que el 7 de julio de 1932 a las dos de la madrugada, un grupo de cañeros de la hacienda Laredo y estudiantes del Colegio San Juan asaltaron el cuartel O’ Donovan de Trujillo. Al frente de las masas estuvo Manuel “Búfalo” Barreto. La pelea duró más de tres horas, causando numerosas bajas por ambos lados. Uno de los primeros en caer fue el “Búfalo” Barreto, pero los insurrectos fueron ganando terreno tomando el Cuartel de Seguridad y el local de la Prefectura cuya jefatura fue asumida de facto por el sublevado Agustín Haya de la Torre.
    El gobierno envió tropas del regimiento N° 7 y el Congreso se reunió de urgencia aprobando el estado de sitio y la creación de cortes marciales. El sábado 9 desembarcaron en Salaverry las tropas que encabezaba el Coronel Miró Quesada, y con el apoyo de dos compañías llegó por tierra a Chimbote recuperando el puerto que había sido capturado.
    El jefe de la región militar de Lambayeque, coronel Manuel Ruíz Bravo, se desplazó desde el norte con la mayor fuerza operativa del gobierno. El gobierno contaba con algunas unidades aéreas que ayudaron a sofocar la revuelta. Al atardecer del sábado 9 los revolucionarios ya presentían su derrota. Las tropas de Miró Quesada se fueron acercando a Trujillo.
    La masacre.- A medianoche una multitud aprista enfurecida y en venganza por que veían venir su derrota se dirigió a la cárcel y sin ninguna misericordia asesinó cruelmente a los oficiales, sargentos y cabos que se hallaban presos y desarmados.
    En la madrugada del domingo 10, las fuerzas de Miró Quesada y Ruíz Bravo estuvieron listas para dar el asalto final. A las diez de la noche las fuerzas del gobierno ya habían dominado la situación y al día siguiente ingresaron victoriosas a la Plaza de Armas.
    Al ingresar al cuartel pudieron ver la magnitud de la masacre pues, además de los muertos en combate contra los insurrectos, pudieron percatarse que al comandante Silva Cáceda, jefe de artillería, después de muerto le extirparon el corazón y le mutilaron los dedos para sacarle la sortija; al capitán Villanueva le arrancaron los genitales. En total fueron masacrados catorce oficiales, sargentos y cabos así como veinte guardias civiles. Sus cuerpos estaban destripados, decapitados, seccionados, descuartizados, triturados, reventados… sangre y vísceras cubrían el suelo, y hasta habían saltado a parte de las paredes y el techo.
    Esa fue la forma en que la insanía aprista se ensañó con las fuerzas militares realizando los más atroces actos de barbarie jamás vistos contra miembros del Ejército y la Guardia Civil.

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    Desde que sucedieron esos infaustos hechos delictuosos hasta principios de los 80’s todos los años, sin faltar uno solo, se realizaban “Romerías en el cementerio principal de la capital Presbítero Maestro”, ceremonia recordatoria en la explanada del Mausoleo Héroes de la Patria y luego visitas a las tumbas de los militares y policías asesinados por los apristas. A estas ceremonias asistían los Comandantes Generales de las FF.AA y el Director Superior de la ex Guardia Civil, así como los jefes y oficiales en actividad y retiro en la capital más delegaciones de provincias”; situación que cambió según dicen, en una oscura negociación entre los gobernantes que iban de salida y la cúpula aprista de ese entonces. Es así que desde 1980 no se han vuelto a realizar estas justas romerías que eran un reconocimiento a los verdaderos mártires.
    Amigos:
    Este pasaje de la historia silenciada es necesario ponerla a su disposición, pues hace un tiempo atrás, el 29 de abril del presente año, el presidente García con ocasión de la inauguración de un pequeño tramo de la carretera Chilete – Cajamarca y, en medio de pobladores y un bullicioso grupúsculo de “partidarios”, hizo mención a través del canal del Estado, del recuerdo de los (mal llamados) mártires del aprismo de dicha localidad; así, García trajo a la memoria de propios y extraños estos luctuosos sucesos pero mencionando sólo lo que al apra le conviene, es decir las mentiras a que nos tiene acostumbrado este presidente que no debería volver nunca más al poder.
    Así, García Pérez, el máximo líder aprista en su soberbia y menosprecio habitual hacia las instituciones tutelares, deja de lado la prudencia y pone de manifiesto el revanchismo político oculto de su gobierno, motivo que nos obliga -por ahora- prudentemente a publicar ésta SEMBLANZA que las posteriores generaciones a la suspensión de las Romerías, merecen conocer y NO el predicamento aprista cuyo líder actúa en desmedro de la efectividad, desarrollo y bienestar de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
    Ahora los tiempos han cambiado, pero el odio visceral de los apristas hacia los militares y policías no ha cambiado. Han modificado sus métodos pero en esencia siguen siendo más de lo mismo.
    Ya no se enfrentan a las fuerzas del orden en combate, ahora las han desmantelado, desarmado y dejado en estado de indefensión.
    Ya no reivindican luchas sociales, ahora subastan la patria y sus recursos.
    Ya no asesinan militares, ahora tratan de denigrar su dignidad con su política anti militarista y menospreciando su labor sacrificada y heroica.
    Ya no atacan los cuarteles, ahora los venden.
    Yo les pregunto: ¿Vamos a permitir que esta situación continúe?
    Este es un momento de redención, es hora que nuestros mártires militares y policías asesinados en Trujillo tengan nuevamente la romería que merece su memoria. De esa forma haremos ver al actual gobierno aprista que no hemos olvidado la afrenta y que estando unidos podremos exigir nuestros derechos que no son más que aquellos que la patria les debe a sus defensores.
    Un abrazo,
    Carlos Ordóñez Velázquez
    Mayor General FAP
    PD.: Ver la portada de El Comercio de fecha sábado 16 de julio de 1932 dando cuenta de los luctuosos sucesos, donde podrán apreciar que a este homenaje a las víctimas de los búfalos apristas asistió el Gabinete Ministerial en pleno, el alcalde del Callao y autoridades locales, las Fuerzas Armadas y la Policía, el pueblo de lima y callao y en general todos aquellos que rindieron honores a los asesinados cruelmente por su cumplimiento del deber y cuyos féretros fueron cubiertos con el pabellón nacional.

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