La historia debería reivindicar al presidente Mariano Ignacio Prado

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por roger caceres, 23 Dic 2008.





  1. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    Consumado el golpe de estado a Prado el 23 de diciembre de 1879. por Nicolás de Piérola. Prado en el extranjero resultaba una sombra para el usurpador, de las funciones constitucionales, porque como buen patriota seguía trabajando para el crédito del Perú, como se pueden ver en documentos y cables que se refieren a su gestión y negociaciones con la Peruvian Guano Co. de Londres, secundado por los comisionados plenipotenciarios Rosas y Canevaro.

    El dictador Piérola en su furia y arrebato destituye a los nombrados, cuya honorabilidad y figuración política dejaron grato recuerdo en la historia republicana del Perú.

    El 22 de mayo de 1880 aparece el decreto que declara traidor y priva de todos sus derechos civiles y militares a Mariano Ignacio Prado, con que cree Pierola, sepultar para siempre la figura y el honor del mandatario ausente.

    Quimper, ministro de Hacienda del gobierno de Prado, publica su celebre manifiesto en 1881. en ese documento explica su autor los móviles del presidente para ir a Europa y los EE.UU. a conseguir buques y armamentos que el Perú necesitaba urgentemente. Cuando no teníamos crédito y los negociantes creían que podíamos pagar.
    “La marcha del general Prado-dice el ex ministro Quimper-pudo no ser oportuna, pero es una infamia calificarla de fuga o abandono dejando en acefalia el estado, como lo repitieron mil veces el dictador y sus cómplices”.

    Como no se contaban con créditos, ni garantías de poder pagar. Fue así como el presidente Prado nombro por decreto supremo una junta central administradora de donativos para la guerra, compuesta de 25 miembros, esta junta la integraban personajes de extraordinario renombre moral.(diario de debates del congreso,1879,Pág.29).

    Los donativos y legados que principiaron a recibirse fueron custodiados por dicha junta. Prado no las toco ni tubo tiempo de tocarlos, porque se estaban organizando las colectas cuando sucedió el derrocamiento y salida del Perú. le correspondió a la dictadura de Nicolás de Pierola, apoderarse de los beneficios de la colecta en efectivo y en especies, que el propio dictador recibió. Como lo explica con detalles y pormenores el biógrafo del dictador señor Jorge Dulanto Pinillos,en el libro dedicado a exaltar su memoria.

     
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  2. valdemar

    valdemar Moderador Global

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    Me educaron en secundaria con la idea de la "traición" de M.I.Prado, y que se apropió de los fondos destinados para la adquisición de armamento.

    Hace unos años leí algo sobre lo que cita roger caceres, y ciertamente a Prado puede acusársele de hacer un viaje inoportuno, pero no de traición ni robo. No regresó porqué Piérola lo derrocó. ¿Algunos de Ustedes regresaría a Perú sabiendo que lo esperan para asesinarlo?.

    Lo que no me quedó claro es qué hizo con los fondos o dinero que infructuosamente llevó...
     
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  3. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    Pardo,viaja a Europa el 19 de diciembre de 1879 y la junta central de administradora de donativos es creada el 7 de abril de 1879 y estaba integrada por las siguientes personas: el obispo Pedro José Tordoya, Monseñor José Antonio Roca, Nicolás Rodrigo, Melitón Porras, José Bresani, Manuel Elguera, José Vicente Oyague, Ignacio de Osma, César Canevaro, Dionisio Derteano, José Jorge Loayza, Federico Mariott, Aurelio Denegri, Pedro José Calderón, Bartolomé Figari, José Unanue, Juan Calderón, Valentín Gil, Manuel Ortiz de Villate, Manuel Candamo, José Lucas Oyague, Manuel Moscoso Melgar, Bernardo Roca y Boloña, Juan Gallagher y José R. Espinoza. Las erogaciones tuvieron el alcance más variado. Las listas de ellas se publicaron en los periódicos. Los bancos de Lima figuraron con un millón de soles al año.

    Los empleados civiles, judiciales y de hacienda hicieron ofrecimientos con sus sueldos; y el decreto de 21 de abril de 1879 tomó de todos ellos, desde el Presidente de la República hasta los amanuenses, sin excluir a las listas pasivas, el veinte por ciento de sus haberes y pensiones cuyo descuento debía ser hecho en cada pago. Cuando se presentó en la Cámara de Diputados un proyecto de ley para que las iglesias, conventos y monasterios de la República contribuyeran con el veinticinco por ciento de sus rentas a los gastos de la guerra, pasó a informe del arzobispo. Este, oído el voto consultivo del Capítulo de la Catedral, ordenó que los conventos y monasterios con bienes propios en la diócesis de Lima hiciesen el donativo indicado; además que la cuota arzobispal fuese de la mitad de su haber y la de los miembros del capítulo el veinte por ciento.

    Los donativos de guerra llegaron a sumar en total más de seis millones de soles en el mes de noviembre de 1879.

    La erogación de alhajas, oro y plata hecha por las iglesias de Lima y sus suburbios fue recibida por una comisión mixta que presidió Antonio Bentín. Las alhajas pasaron a ser depositadas en la Casa Nacional de Moneda y las fundiciones efectuadas con los metales preciosos fueron enviados al Banco de Londres, México y Sud-América.

    Nicolas de Pierola, comisiono al ingeniero Espinoza,hombre de su absoluta confianza para que rematara al golpe de martillo joyas y especies donadas por las damas peruanas.

    Julio Pflucker y Rico viajó a Europa encargado de invertir los fondos obtenidos mediante donativos populares para la compra del blindado. Llevó unas 200.000 libras esterlinas. Por disposición que adoptó el 13 de julio de 1880 la junta central encargada de estos donativos bajo la presidencia del obispo Tordoya, se comunicó a Pflucker que había cesado en el ejercicio de sus funciones de comisionado y que debía dar cuenta y hacer entrega de las sumas que estaban en su poder al ministro del Perú en Francia Toribio Sanz. En su carta de 31 de mayo de 1884 dirigida a la legación en Londres con motivo de las investigaciones iniciadas por la comisión que presidió Joaquín Torrico, hizo referencia Pflucker a dicho acuerdo; y agregó que el 4 de setiembre de 1880 cumplió con efectuar la entrega formal de todo lo que tenía al encargo que había recibido poniendo a disposición de Sanz los fondos que no estaban comprometidos al pago de los buques en construcción y dándole cuenta de aquellos que él había manejado. Igualmente Pflucker dejó constancia de que el 8 de setiembre informó a la junta central de la entrega hecha y de la cuenta rendida y que dicha junta había aprobado el desempeño de su comisión.
     
  4. elecmx

    elecmx Miembro maestro

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    No es que se fue al extranjero y se quedo con el dinero, lo que sucede es que al comprar el armamento y los barcos, El estado ingles se los quita como pago a la deuda que tenian (notese que con esto le daban su "escarmiento" a Peru por haber expropiado las salitreras de capitale ingleses: ojo por ojo diente por diente) ... al parecer eso no nos dice los libros norma ¬¬
     
  5. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    La obra “Guerra entre el Perú y Chile- 1978. De la Historia del General Mariano Ignacio Prado” del historiador peruano Luis Humberto Delgado Coloma (1908- 1998), por el cual devela los entretelones del viaje a Europa del presidente Mariano Ignacio Prado, en plena guerra con Chile; así como del golpe de Estado de Nicolás de Piérola. Delgado esclarece que Prado nunca tocó las donaciones de la ciudadanía para comprar buques en Europa, y que este dinero más bien fue administrado por el pierolismo. Estos puntos de vista son compartidos, en este informe, por el jurista e historiador Juan Vicente Ugarte del Pino.

    Partió al extranjero en 1879 el Presidente Prado, dejando en el Perú a su esposa que lo acompañó con fidelidad en toda la trayectoria de su carrera política y a sus menores hijos. Dejando en las filas de la resistencia peruana a su hijo Leoncio que se batió con el enemigo a órdenes de Cáceres, alcanzando con su valentía y su martirio la categoría de héroe en Huamachuco. Dejando también a su hijo Grocio, que la víspera del combate hizo la apuesta con su compañero el Capitán Salcedo, de quién ponía primero la Bandera Peruana sobre el cerro.

    La apuesta la ganó Grocio, con siete heridas en el cuerpo, rindiendo su vida al honor del Perú. También otro hermano de Leoncio y Grocio, llamado Justo, combatió en la Guerra del Pacífico y cuando se produjo la ocupación chilena fue uno de los compañeros de Cáceres en la campaña de la Breña, en la cual falleció de agotamiento y falta de asistencia.
    Terminado el conflicto del Pacífico, regresó al Perú con otro hombre singular y prominente, Francisco García Calderón, difamado y vilipendiado por la dictadura de Piérola, los dos que representaban la imagen misma de la Nación durante la guerra con Chile, luchando abiertamente con el enemigo.

    Sus hijos si tuvieron un destacado papel en la historia peruana: Leoncio Prado, destacado oficial en la Guerra con Chile; Javier Prado Ugarteche, candidato presidencial en los primeros comicios convocados por Benavides en su segundo gobierno; y Manuel Prado Ugarteche, dos veces elegido presidente constitucional de la República.
     
  6. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    Los primeros impuestos de guerra

    El Congreso Extraordinario que se reunía para dotar al Ejecutivo de los recursos económicos necesarios para sostener los gastos militares, al discutir los proyectos que recibió del ministro de Hacienda don José Rafael Izcue, o los rechazó o los redujo a tan pequeña proporción que no cubrieron su finalidad.

    El primer impuesto que se debatió fue el de Contribución Personal, según el cual todo habitante varón entre los 21 y 60 años debía de pagar 4 soles semestrales si vivían en la costa y 3 soles si vivían en el interior. Los diputados objetaron que se incluyera en el impuesto a los extranjeros, alegando que el artículo 36º de la Constitución establecía que todo peruano estaba obligado a servir a la República con su persona y sus bienes. En vano alegaron algunos que el artículo 32º de la misma Constitución, disponía que las leyes protegen y obligan por igual a todos.

    La ley salió pero para sólo obligar a los peruanos y no a los extranjeros residentes. Se exoneraba a los que estaban en filas, y a los empleados públicos mientras cotizaran el 20% de su sueldo. Se encargó a los municipios su cobranza en billetes que estaban desvalorizados, y no en moneda. Esta ley se dio el 20 de mayo.

    El 20 de mayo se elevó el impuesto predial al 5% y tasa idéntica se puso como impuesto a la renta del capital movible, quedando excluidas las rentas menores de 300 soles al año.

    Luego se discutió la propuesta del Ejecutivo, para gravar con 50 centavos de plata, cada quintal de azúcar que se exportase. En los debates quedó claramente establecido que los poderosos hacendados de las haciendas azucareras tenían muy buenos defensores de sus intereses en las cámaras. Se alegó que la industria pasaba por difícil momento. El diputado Elías, encarándose con los opositores del impuesto los apostrofó diciéndoles: ¡O pagamos impuestos al Perú, o somos derrotados y tendremos que pagar cupos a Chile! De nada valió, sólo se impuso el 2% advalorem al quintal de azúcar exportada.

    El 20 de mayo, el Congreso autorizó la suscripción de un empréstito interno hasta por 10 millones de soles, con intereses del 8% y 10% en forma acumulativa.

    En julio, cuando el ministro de Hacienda Izcué renunció decepcionado por la oposición del Congreso y la falta de cooperación del público para la suscripción de los bonos, sólo se habían colocado bonos por S/.1 052 716,37.

    Se hizo notar que los adinerados en quienes se habían puesto esperanzas, habían sido los que menos habían contribuido. Los cinco departamentos que más contribuyeron fueron:

    Lima............................... S/. 922 126,33
    Lambayeque.................. 27 886,00
    La Libertad.................... 25 295,00
    Piura.............................. 18 590,00
    Huánuco........................ 13 145,00


    Luego seguían Cuzco, Puno, Arequipa, Apurímac, Loreto, Ica, Huancavelica, Cajamarca, Callao, Ancash y Ayacucho. Este último con sólo S/.550,40.

    El presidente Prado partió el 15 con la escuadra. Dos piuranos habían dejado sus curules parlamentarios para asumir el comando de grupos navales, pero los monitores “Atahualpa” y “Manco Cápac” sólo navegaban a 4 nudos por hora, por lo que tuvieron contratiempos.

    Al encargarse el vice-presidente general La Puerta de la Presidencia de la República, el Gabinete que presidía don Manuel Irigoyen renunció. En su reemplazo fue nombrado como primer ministro el general Manuel de Mendiburu, que se reservó la cartera de Guerra, y en el Ministerio de Hacienda se puso a José Rafael Izcué.

    El nuevo Gabinete envió una serie de proyectos al Congreso, pero al igual que su antecesor no logró mayor éxito. Además la suscripción del empréstito interno también fracasó. Todo esto causó desánimo en el ministro, que renunció el 15 de julio, siendo nombrado en su reemplazo don Emilio del Solar que renunció a los nueve días. Se designó entonces al Dr. José María Quimper, de tendencia liberal y conocido como anti-clerical. Este nombramiento fue mal visto en los círculos conservadores y entre los civilistas. La tarea para el ministro era muy difícil porque el país estaba en bancarrota y enfrentaba una costosa guerra.

    No había ingresos salvo los provenientes de la exportación del azúcar y del guano. Como los puertos de Tarapacá estaban bloqueados por la escuadra chilena, tampoco se exportaba salitre. El gobierno no lograba créditos, ni dentro ni fuera del país. Con el dinero de los donativos, viajó a Europa Julio Pflucker, miembro de la comisión para adquirir barcos y armas y más tarde se tejería la leyenda negra de que fue el presidente Prado, el que huyó con los seis millones de soles, hecho completamente falso y calumnioso en el que todos los historiadores están de acuerdo. El millón de soles logrado con el empréstito proyectado por diez millones, también había sido gastado. Quimper no quería acudir a lo que ahora se llama “la maquinita” es decir a la emisión de billetes sin respaldo. Los pedidos de medicinas, de vestuario para los marinos y de granadas “Palliser” que hacía Grau, no eran atendidos. Los hombres del "Huáscar" hacían sus tareas en paños menores. En Tarapacá, el Ejército no tenía vestuario ni zapatos y estaba muy escaso de municiones. En Panamá había tres mil rifles “Remington”, destinados al Perú que no seguían su camino porque no habían sido pagados. Se debía sueldos y pensiones de montepío.

    En sólo cuatro días de gran actividad, el ministro pudo reunir un millón y setecientos mil soles, con los cuales pagó los 3 000 rifles, envió dinero al Ejército del Sur y pagó montepío a las viudas y a los huérfanos. Pero era necesario levantar un ejército de cincuenta mil hombres, vestirlo y armarlo.

    El Congreso Extraordinario estaba llegando a su fin y empezaría el 28 de julio una nueva Legislatura Ordinaria. Los parlamentarios no tenían ninguna simpatía por el nuevo ministro. El diputado piurano Yarlequé Espinosamanifestaba que todo se debía a chocheras del encargado de la presidencia, general La Puerta.

    El ministro formuló un plan que implicaba el aumento de impuestos y otras medidas, y todo lo rechazó el Congreso que se propuso a someterlo a constantes interpelaciones. Esto motivó una reacción de rebeldía en Quimper.

    En el mismo día que Quimper presentó su plan, el diputado Elías Malpartida planteó la interpelación, lo que no prosperó pues se prefirió demorar la discusión del proyecto, no obstante su urgencia. Mientras tanto las cámaras perdían su tiempo en asuntos sin trascendencia.

    Los diputados enviaron al ministro un pliego de 40 preguntas para que las contestara de inmediato. El 8 de agosto Quimper daba respuesta al pliego de preguntas, pero rechazó el afán interpelatorio, expresando que no habiendo por el momento ningún proyecto en debate por el rechazo de la Cámara a los que envió, no procedía constitucionalmente la interpelación, y que por lo tanto no concurriría a las cámaras. Esto significó a la guerra entre Quimper y el Congreso.

    En su comunicación, Quimper daba además excusa de no poder asistir por tener una serie de tareas por realizar y solicitaba que lo citaran tan pronto como se empezara a discutir cualquier proyecto de Hacienda.

    A nuevas citaciones para que el ministro compareciera, éste contestó con negativas amparándose en la Constitución.

    Fue entonces que se produjo el escándalo del Banco Nacional. Era este el instituto emisor de moneda, y tenía como Presidente a un rico terrateniente azucarero Dionisio Derteano y como gerentes a Clímaco Basombrío y J. Oyague, también gente muy conspicua y agrupada en el civilismo. Estos personajes fueron muy consternados a manifestar al ministro de Hacienda Quimper, que se habían emitido dos millones de soles en billetes, no autorizados. Era el 22 de agosto de 1879. Eso suponía que el mismo banco emisor, había hecho un contrabando o una emisión fraudulenta. El disgusto de Quimper fue tremendo y dispuso se rescatara el máximo posible de los billetes en circulación y que los funcionarios del banco respaldaran con bienes el resto. El mismo día el ministro hizo conocer personalmente a la Cámara en sesión secreta el asunto. Se trataba de evitar que el asunto trascendiera al público para que no se produjera un pánico financiero de imprevisibles consecuencias. Pero los parlamentarios no tenían ningún interés en ser reservados y más bien creyeron que divulgar la noticia podría perjudicar a Quimper. El pánico previsto se produjo al día siguiente y miles de ahorristas y gentes que tenían depósitos en el Banco Nacional, se lanzaron frenéticamente a retirar sus fondos. En Piura sucedió otro tanto con el Banco de Piura, porque se perdió confianza en las entidades bancarias. Agotados los fondos de caja, el Banco Nacional, ya no pudo atender y cerró sus puertas y lo mismo hacían los demás bancos limeños. En la capital había por esos momentos dos graves problemas: la peste viruela y el pánico financiero. Las sesiones de los 111 accionistas del banco eran dramáticas y llenas de tensión.

    En la sesión secreta del Congreso, se acordó abrir el juicio criminal contra los responsables de la emisión
     
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  7. ram_mind

    ram_mind Miembro de bronce

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    Interesante discusión histórica.
     
  8. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    El presidente Prado tomó la trágica decisión de embarcarse rumbo a EEUU para, con su presencia, activar las gestiones para lograr que el país recibiera esos barcos de guerra. La decisión fue lamentable e irresponsable, porque, dada la naturaleza de nuestra vida política, caracterizada por instituciones débiles, la presencia física del mandatario era vital para mantener la estabilidad política. Además, como la mayoría de la opinión pública desconocía este problema, la actitud del presidente fue entendida como una "fuga" que lindaba con la "traición".

    En cuanto a la acusación de que Prado se llevó dinero, Basadre escribe: "La versión de que Prado se llevó consigo el dinero destinado a la compra de nuevos barcos es calumniosa". Felipe Portocarrero Suárez en su obra "El Imperio Prado:1890-1970" (Lima, 1995) muy bien señala que "...ese viaje fue vivido por el país como un episodio traumático que envolvió a la población en un profundo sentimiento de abandono y desmoralización, agudizado todavía más por la cercana pérdida del Huáscar. " Y más adelante continúa Portocarrero: Cuando el general Mariano Ignacio Prado y Ochoa viajó fuera del país en las dramáticas circunstancias bélicas en que lo hizo, desencadenó "sospechas inquisitoriales" entre sus contemporáneos.

    Estos últimos sintieron su partida como una fuga vergonzosa, como una evasión de sus responsabilidades producto del temor y la cobardía difícilmente excusables en un militar y, menos aún, en quien había sido depositario del fervor popular y tenido como héroe (se refiere a su actuación en su papel en la lucha contra España en 1866, que llevó incluso a la formación de una Cuádruple Alianza conformada por Perú, Ecuador, Bolivia y Chile).

    Felipe Portocarrero ha analizado, en la obra el "complejo reparativo" que debió actuar en los descendientes de M.I. Prado (su hijo Manuel Prado y Ugarteche llegó a ser presidente del Perú en dos oportunidades: de 1939 a 1945 y de 1956 a 1962), los cuales llegaron a crear un poderoso imperio económico, el denominado Imperio Prado, estudiado por Felipe Portocarrero y desde otra óptica por Dennis L. Gilbert en su obra "La oligarquía peruana: historia de tres familias" (Lima,1982)

    Ahora sí estamos en condiciones de poder entender con claridad la aparición de documentos apócrifos con relación al período de la guerra del Pacífico. Esos documentos tenían un único objetivo: justificar la salida, del territorio peruano, que hizo el Presidente Prado, falsificándose misivas en las cuales personajes como Miguel Grau, Andrés A. Cáceres, Francisco García Calderón y Lizardo Montero, aparecían aconsejándole al Presidente Prado viajar a Europa.

    Se sospecha que sus autores fueron Pedro Beltrán y Manuel Mujica Gallo, dos connotados miembros de la burguesía peruana. Innegablemente esa posición tan dura se explica, como lo señala Portocarrero, porque "...el objetivo de la aparición de dicho follero era extraer dividendos políticos de corto plazo intentando apuntalar la candidatura de Manuel Vicente Villarán tras la que se encontraban José de la Riva Agüero, Pedro Beltrán y Clemente Revilla, con sus respectivos partidos, es decir, la oposición de la reacción enfrentada al candidato del Frente Nacional, Jorge Prado y Ugarteche , representante del sector más nacional de la oligarquía y también el políticamente más flexible en relación al APRA". Esta posición política tiene su correlato en el siglo XIX, porque la llamada "leyenda negra sobre la familia Prado" tuvo sus auspiciadores en los enemigos políticos de M.I. Prado, como consecuencia de la política de estatización de las salitreras de Tarapacá que realizara Prado, continuando con el proceso iniciado durante el gobierno de Manuel Pardo, el primer presidente civil del Perú.

    Aquí la explicación de su salida radica en las comunicaciones venidas de Europa".
    De haber sido ciertos los consejos recibidos por Prado de parte de personajes como Grau, García Calderón, Cáceres y Montero, para que viajase a Europa para la compra de armamento, resulta inconcebible que personajes como La Puerta y Químper no lo supiesen, porque de haber tenido conocimiento de ello, hubiesen tenido que sopesar cuando le expusieron al Presidente su oposición a dicho viaje.y lo hubiesen mencionado en algún documento.

    Otro punto tiene que ver sobre la legalidad o ilegalidad del viaje. Casi todos los historiadores, entre ellos Jorge Basadre, reconocen que fue legal porque el decreto del 18 de diciembre que autorizaba su salida se basaba en la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879, autorizando para que el Presidente de la República pueda mandar las fuerzas de mar y tierra, y además salir del territorio nacional, si fuese necesario. los legisladores al dar dicha autorización debieron estar pensando en la posibilidad de que pudiera pasar a Bolivia o a Chile. "El espíritu de esa autorización, indudablemente, no estuvo dirigido a que el presidente abandonara el territorio nacional como lo hizo siete meses más tarde. Mas parece haber estado, definitivamente dirigida dicha autorización al viaje al sur, que emprendería once días más tarde, a "mandar las fuerzas de mar y tierra" Sin embargo, consideramos que el uso que se hizo de esa autorización del mes de mayo ya en diciembre no ilegaliza el viaje, lo que no significa que pretendamos justificarlo, porque a todas luces fue una decisión totalmente impolítica y realmente sin pies ni cabeza.

    Hay que recordar que el propio Vice Presidente General Luis La Puerta, en carta fechada en Lima el 11 de marzo de 1880 le decía Prado: "En la noche en que Ud. se resolvió ir a Europa, le dije que podía yo montar a caballo, viviría 6 u 8 días, pues no tardaría más en estallar la revolución; me equivoqué en 2 días..." (Vargas Ugarte, R. Op. cit. p. 70). Si con esa tan seria advertencia de su propio Vicepresidente, Prado tomó la decisión de emprender viaje, a como diera lugar, tuvo y tiene que asumir la responsabilidad histórica de su actitud irreflexiva.
     
    Última edición: 30 Dic 2008
  9. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    A continuación, un artículo sobre las cartas falsificadas de Prado

    Falsificación de cartas de personajes peruanos de la guerra del guano y del salitre

    Uno de los puntos que ha dividido a los historiadores, fundamentalmente peruanos, de la guerra del Pacífico entre Perú, Bolivia y Chile (1879-1883), es el referente al viaje del Presidente del Perú Mariano Ignacio Prado, en diciembre de 1879 (la guerra había comenzado el 5 de abril de 1879). Muchos lo han presentado como una cobarde huida, llegando incluso a hablarse de que no sólo fue huida cobarde sino que Prado aprovechó del escape para llevarse dinero del Estado peruano. Los historiadores más serenos, más desapasionados, más objetivos, como son el caso de Jorge Basadre, Percy Cayo Córdova y César Arias Quincot, para poner sólo tres ejemplos, concluyen que dicho viaje en plena guerra y en la crítica situación que se encontraba el Perú, fue totalmente desacertado e impolítico. Basadre escribe en su "Historia de la República del Perú"(Lima, 1969, tomo VIII) "La historia independiente no puede menos que censurar el viaje de Prado".Percy Cayo Córdova, en su trabajo "La Guerra con Chile" (Historia del Perú. Perú Republicano tomo VII, Editorial Juan Mejía Baca 1981) escribe: "Acertado o no, el juicio de la historia mayoritariamente se ha inclinado por censurar acremente la actitud del presidente y auque la página final de tal juicio puede quedar por escribirse,..." Y César Arias en su "Historia Política del Perú. Siglos XIX – XX (En: "Compendio Histórico del Perú. Historia Política y Económica del Perú (1820-1998); Madrid, 1998; tomo VII), escribe: "...el presidente Prado tomó la trágica decisión de embarcarse rumbo a EEUU para, con su presencia, activar las gestiones para lograr que el país recibiera esos barcos de guerra. La decisión fue lamentable e irresponsable, porque, dada la naturaleza de nuestra vida política, caracterizada por instituciones débiles, la presencia física del mandatario era vital para mantener la estabilidad política. Además, como la mayoría de la opinión pública desconocía este problema, la actitud del presidente fue entendida como una «fuga» que lindaba con la «traición»"
    En cuanto a la acusación de que Prado se llevó dinero, Basadre escribe: "La versión de que Prado se llevó consigo el dinero destinado a la compra de nuevos barcos es calumniosa". Felipe Portocarrero Suárez en su obra "El Imperio Prado:1890-1970" (Lima, 1995) muy bien señala que "...ese viaje fue vivido por el país como un episodio traumático que envolvió a la población en un profundo sentimiento de abandono y desmoralización, agudizado todavía más por la cercana pérdida del Huáscar. " Y más adelante continúa Portocarrero: "Cuando el general Mariano Ignacio Prado y Ochoa viajó fuera del país en las dramáticas circunstancias bélicas en que lo hizo, desencadenó «sospechas inquisitoriales» entre sus contemporáneos. Estos últimos sintieron su partida como una fuga vergonzosa, como una evasión de sus responsabilidades producto del temor y la cobardía difícilmente excusables en un militar y, menos aún, en quien había sido depositario del fervor popular y tenido como héroe (se refiere a su actuación en su papel en la lucha contra España en 1866, que llevó incluso a la formación de una Cuádruple Alianza conformada por Perú, Ecuador, Bolivia y Chile).
    Felipe Portocarrero ha analizado, en la obra que hemos mencionado, el "complejo reparativo" que debió actuar en los descendientes de M.I. Prado (su hijo Manuel Prado y Ugarteche llegó a ser presidente del Perú en dos oportunidades: de 1939 a 1945 y de 1956 a 1962), los cuales llegaron a crear un poderoso imperio económico, el denominado Imperio Prado, estudiado por Felipe Portocarrero y desde otra óptica por Dennis L. Gilbert en su obra "La oligarquía peruana: historia de tres familias" (Lima,1982)
    Ahora sí estamos en condiciones de poder entender con claridad la aparición de documentos apócrifos con relación al período de la guerra del Pacífico. Esos documentos tenían (he aquí una semejanza con los documentos presentados por Colombres) un único objetivo: justificar la salida, del territorio peruano, que hizo el Presidente Prado, falsificándose misivas en las cuales personajes como Miguel Grau, Andrés A. Cáceres, Francisco García Calderón y Lizardo Montero, aparecían aconsejándole al Presidente Prado viajar a Europa. En una supuesta carta de Cáceres a Francisco García Calderón, fechada desde Arica a 8 de noviembre de 1879, leemos: "Un sentimiento patriótico me impulsa a dirigirle estas breves palabras de acuerdo con Montero, para pedirle animar al Presidente Prado a un viaje a Europa a conseguir los refuerzos de material de guerra que el Perú necesitará mañana para hacer frente quizá a una larga campaña con Chile". Y en una pretendida carta nada menos que de Miguel Grau dirigida a Lizardo Montero, fechada desde Iquique el 22 de mayo de 1879, leemos:
    " ...En reciente correspondencia de Lima, me impongo de las dificultades de los emisarios peruanos en Europa para comprar barcos de guerra. Se me dice que sus gestiones no inspiran confianza y que se pide con urgencia la presencia del Presidente Prado para garantizar los préstamos y obtener los armamentos de mar y tierra que exige la guerra.
    Yo te ruego hablar con el Presidente Prado y mostrarle esta carta. Es el momento de asumir una situación, ahora que Chile después de perder la Esmeralda necesita tiempo para reponerse.
    Así como los buques chilenos me han buscado inútilmente desde el 5 de abril que estalló la guerra y al encontrarme han sufrido un golpe fatal, puedo perfectamente seguir dando la impresión de estar perdido en el mar y mientras tanto dejar el Pacífico y marchar a Europa con el Presidente Prado, con el fin de que firme los empréstitos el Perú y regresar con barcos que sirvan para ponernos en igualdad de fuerzas con Chile".
    En otra supuesta carta de Grau, suscrita desde Arica y con fecha 26 de mayo de 1879, dirigida a Francisco García Calderón, le dice: "...le ruego hablar con el Presidente Prado y decidirlo a viajar a Europa conmigo en el Huáscar sin que el enemigo sospeche, para negociar los empréstitos y regresar con los armamentos y los buques que necesitamos para vencer a Chile"
    Otra de las cartas apócrifas es la de Lizardo Montero al Presidente Prado, fechada en Cajamarca el 18 de junio de 1879 y donde le dice: "Permítame le haga llegar la carta que me remite para Ud. Miguel Grau. Yo comparto con él sus opiniones, ..."
    Lo que vemos claramente en este affaire, es la intención de querer librar a Mariano Ignacio Prado y Ochoa de la mancha de "prófugo, ladrón y asesino de Miguel Grau", con lo que, en forma hiperbólica pero reflejando el sentir colectivo de un sector muy grande de peruanos, se llegó a caracterizarlo en un folleto publicado por vez primera en 1936, titulado ¿Puede ser un Prado Presidente del Perú?, aprovechándose la candidatura presidencial de Jorge Prado y Ugarteche, como nos lo recuerda Felipe Portocarrero. Y no se vaya a pensar que ese panfleto, donde se lanzan tan duros epítetos, fuera obra de algún dirigente político del sector popular. Se sospecha que sus autores fueron Pedro Beltrán y Manuel Mujica Gallo, dos connotados miembros de la burguesía peruana. Innegablemente esa posición tan dura se explica, como lo señala Portocarrero, porque "...el objetivo de la aparición de dicho follero era extraer dividendos políticos de corto plazo intentando apuntalar la candidatura de Manuel Vicente Villarán tras la que se encontraban José de la Riva Agüero, Pedro Beltrán y Clemente Revilla, con sus respectivos partidos, es decir, la oposición de la reacción enfrentada al candidato del Frente Nacional, Jorge Prado y Ugarteche , representante del sector más nacional de la oligarquía y también el políticamente más flexible en relación al APRA". ​
     
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  10. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    Esta posición política tiene su correlato en el siglo XIX, porque la llamada "leyenda negra sobre la familia Prado" tuvo sus auspiciadores en los enemigos políticos de M.I. Prado, como consecuencia de la política de estatización de las salitreras de Tarapacá que realizara Prado, continuando con el proceso iniciado durante el gobierno de Manuel Pardo, el primer presidente civil del Perú.
    Una pregunta que de seguro surge a estas alturas del análisis, es el referente a la identificación del Colombres Mármol peruano. El personaje es el historiador peruano Luis Humberto Delgado, uno de los más fervorosos defensores de la figura histórica de M.I. Prado. Entre otros defensores, Portocarrero nos recuerda a Pedro Irigoyen y a Federico More. Pero L. H. Delgado en su obra titulada "Guerra entre Perú y Chile – 1879" (Lima,1965) presenta las cartas que hemos reseñado y cuyo punto medular es presentar a Grau como el de la idea del viaje del Presidente Prado, a Europa en búsqueda de armamento. Si, nada menos que «El Caballero de los Mares» (Miguel Grau) era el que sugirió al Presidente la necesidad del viaje, entonces qué se le podía reprochar a Prado. Y es por ello que algunos de sus defensores señalan que fue víctima de la adversidad, de la calumnia y de la insidia". Y el Propio Prado en su «Manifiesto del general Prado a sus ciudadanos» suscrito desde Nueva York con fecha 7 de agosto de 1880, nos dice:
    "Sin buques cada día se acentuaba más la gravedad de esta situación, y era desesperante para mí resignarme a ella, si hacer de mi parte el mayor esfuerzo, el mayor sacrificio (el subrayado es nuestro) para conjurarla y dominarla.
    Fue entonces cuando acogí después de larga y madura reflexión, el proyecto de salir personalmente en busca de cuanto necesitábamos como el medio más seguro, eficaz y salvador". (Ahumada, Pascual. "Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales,..." (Valparaíso: 1884-1891, tomo III, páginas 382 y sgtes.)
    Similar a lo que ocurrió con la denominada «Carta de Lafond», en un primer momento las cartas exculpatorias de M. I. Prado no fueron objeto de reparos en cuanto a su autenticidad, o, para hablar con mayor precisión, no se le dio realmente la importancia adecuada y no hubo preocupación para someterlas a ningún tipo de análisis. Los historiadores más serios sólo preferían ignorarlas. Pero, como señala Percy Cayo, fue el eximio historiador peruano Rubén Vargas Ugarte quien las avaló como verdaderos documentos históricos, en 1971, al escribir: "Es preciso afirmar que Prado emprendió el viaje después de muchas vacilaciones y que lo alentaron a hacerlo así jefes, como Grau, Andrés A. Cáceres y Montero, como se desprende de las cartas publicadas por Luis H. Delgado en su obra: Estampas de la guerra, Perú y Chile. 1879". Vargas Ugarte, especializado en diversos temas de la historia peruana, se dedicó también a la guerra con Chile y justamente aportando documento inéditos como la Memoria del General Buendía, para lo cual utilizó el archivo de dicho personaje, y luego en su obra "Guerra con Chile. La campaña de Tacna y de Lima" hizo uso de documentos del archivo de Nicolás de Piérola. Causa extrañeza que un historiador de la calidad de Rubén Vargas Ugarte avalara los controvertidos documentos presentados por L. H. Delgado. A pesar de su larga experiencia con documentos manuscritos, fruto de sus investigaciones en gran cantidad de archivos del Perú, América y Europa, no reparó en el gran fraude, del cual si creemos que debió estar informado Luis H. Delgado.
    Sin embargo cosideramos que es justo precisar que Luis Humberto Delgado era un historiador prolífico, que incluso realizó trabajos muy serios de tipo documental, como son, por ejemplo, los "Anales del Congreso del Perú".También realizó trabajos biográficos como la "Historia del general Mariano Ignacio Prado", "La obra de Francisco García Calderón", "Comentarios históricos. Miguel Grau" y su voluminosa "Historia de Antonio Miró Quesada 1875-1935" A la guerra con Chile le dedicó varios trabajos, aparte del mencionado donde aparecen los documentos apócrifos. Entre estos otros trabajos podemos mencionar "Todo el proceso de Tacna y Arica", "Tres glorias: Angamos, Arica y Zarumilla". También a la guerra con España le dedicó una obra titulada "Guerra entre el Perú y España –1866"(Lima,1965) donde también aparecen importantes documentos, la mayoría suscritos por M.I. Prado. Esto si marca una notable diferencia con E. L. Colombres Mármol (p).
    Tenemos la sospecha, y lo adelantamos líneas arriba, que don Luis H. Delgado tuvo que ver con las falsificaciones, aunque no podemos estar seguro que él fuera el falsario. Lo evidente es que alguien tuvo que encargar o encargarse de la fabricación de esas misivas, las cuales serían utilizadas para tratar de vindicar la memoria de Mariano Ignacio Prado. Recordemos que Guillermo Billinghurst presidente del Perú depuesto en 1914, por un golpe de Estado en el cual participaron los hermanos Prado (Jorge y Manuel), nos cuenta el siguiente hecho: " El joven Prado en extenso y patético discurso me expuso en síntesis, lo siguiente: Que todos ellos (los amotinados) reconocían mi patriotismo, probidad y preparación para el gobierno. Que yo había equivocado, sin embargo el rumbo que debía imprimir a la política interna (lo cual no hablaba, por cierto, muy alto a favor de mi preparación) y, por último; que los hijos del expresidente Prado tenían que «vindicar la memoria de su padre»"( En: Gilbert, Dennis "La oligarquía peruana. Historia de tres familia., Lima, 1982; pp.157-158).
    ¿Pudo algún miembro de la familia Prado, más de medio siglo después del incidente relato en 1915 por Guillermo Billinghurst, tener un interés en terminar con el «complejo reparativo» tratando de recurrir al veredicto de la propia historia aunque fuera falseándola? No lo sabemos. Como dice Felipe Portocarrero: "Para ellos (la familia Prado), la cuestión era cómo desterrar hacia las regiones del olvido colectivo la pesada sombra del pasado. Pero, al mismo tiempo, de lo que se trataba también era de conjurar el traumatismo psíquico de la familia. Desde este punto de vista, la «pavorosa tragedia» del general Prado, como lo llamó Basadre en uno de sus últimos trabajos, nos permite comprender mejor el leit motiv que más tarde induciría a sus descendientes a reivindicar la memoria de su antepasado, a partir de su conversión en un poderoso clan familiar que reclamaba para sí el ser reconocido como un grupo económico de carácter nacional".(Portocarrero, F. Op. Cit; p.3[​IMG]
    Jorge Basadre señala que el archivo de Piérola estuvo en manos de su hijo Amadeo Piérola y al morir éste en manos de su esposa Consuelo, que por motivos de su religiosidad donó el citado Archivo a Rubén Vargas Ugarte, sacerdote jesuita y acucioso historiador. En las "Conversaciones. Jorge Basadre, Pablo Macera" (Lima,1974, p. 166) , Basadre expresa: "Él (Vargas Ugarte) es ahora el propietario de tan valioso tesoro. Pero la enorme cantidad de fuentes que don Nicolás recopiló y ordenó tan cuidadosa y tan pacientemente, no obstante los trajines de su vida llena de exilios y de persecuciones, es utilizado por un enemigo suyo únicamente para atacarlo".
    Por allí podría encontrarse la pista para investigar la gran falsificación de misivas que presentara Luis Humberto Delgado, quien no escondía sus simpatías hacia M. I. Prado. Al igual que en el caso de San Martín, en el cual se buscaba explicar su abandono del Perú en momentos tan difíciles, presentándolo como un acto de desprendimiento total, para evitar una lucha fratricida y dejarle abierta las puertas a Bolívar, quien no lo había comprendido o no lo había querido comprender, en su intento de unir totalmente las fuerzas de los ejércitos libertadores del sur y del norte, que ellos capitaneaban, para terminar con el enemigo común: las fuerzas realistas situadas en el Perú. En el caso peruano lo que se pretendía era presentar al M.I. Prado como un personaje que intenta realizar un acto que pudo haber cambiado el curso de la guerra, porque con su viaje pretendía solucionar los impases para la compra de armamentos para el Perú. Y ello, por lo demás, era consecuencia de los consejos dados por personajes tan señeros de la historia peruana como Miguel Grau, Andrés A. Cáceres, Francisco García Calderón y Lizardo Montero. Si en el caso de los libertadores de América el personaje mezquino, egoísta, ambicioso era Simón Bolívar, en el caso peruano el personaje nefasto era nada menos que don Nicolás de Piérola y Villena.
    Percy Cayo ha señalado varios factores que indican la inautenticidad de las cartas utilizadas por vez primera por L.H. Delgado. Percy Cayo escribe:
    "La crítica histórica, por otra parte, no puede dejar de llamar la atención sobre otros aspectos: la redacción que difiere de la de otros escritos de nuestro gran marino (se refiere a Grau); el uso constante de letra minúscula para hincar la escritura del mes en que se datan las fechas, cuando es usual en la correspondencia de Grau el uso de mayúsculas; el uso común de tildar la preposición a, que también encontramos en otras cartas, resulta ausente en estas dos de que nos ocupamos (se refiere a las cartas enviadas por Miguel Grau a Francisco García Calderón de fechas 26 de mayo y 5 de junio de 1879); la simple comparación de las firmas del almirante con otros muchos autógrafos suyos conocidos, aportan elementos de juicio suficientes como para declarar que por lo menos estas dos cartas de don Miguel Grau a don Francisco García Calderón, deben ser consideradas apócrifas." (Cayo, Percy "Guerra con Chile" (Barcelona; Editorial Juan Mejía Baca, 1981 tomo VII de la Historia del Perú. Perú Republicano; p. 203)
    También Percy Cayo señala que esas cartas son apócrifas porque la suscrita el 26 de mayo de 1879 desde Iquique, no corresponde a la verdad porque ese día Grau se encontraba en Antofagasta. Lo propio ocurre con la del 5 de junio de 1879 suscrita desde Iquique, cuando por documentos auténticos sabemos que ese día el almirante Miguel Grau se encontraba en Mollendo. ​
     
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  11. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    Podemos añadir otro argumento que refuerza la apocricidad de las cartas presentadas por L.H. Delgado. Ni Mariano Ignacio Prado ni los personajes más cercanos de su entorno ( por ejemplo el Vicepresidente Luis La Puerta o su Ministro José María Quimper) en ninguno de sus documentos incontrovertibles hacen referencia que la decisión de viajar fuera sugerida por personaje alguno. Basadre al analizar la correspondencia de Prado a Montero con relación al viaje, que es la del 18 de diciembre de 1879, nos dice: "Del texto de esta carta se deduce claramente que la resolución de viajar a Europa la tomó «desde mi arribo a esta capital»" Y líneas más abajo, Basadre escribe: "Que el viaje de Prado a Europa fue proyectado por él mismo después de su regreso a Lima, aparece también en el manifiesto de José María Quimper, su ministro...". Y lo que es más grave, el ministro de Prado José María Quimper ha dejado su testimonio en el sentido de que cuando el Presidente le hizo su conocer su proyecto de viajar a Europa y los Estados Unidos, "para acelerar con su presencia y con su acción inmediata, la remisión de armamentos y la adquisición de una escuadra", él (Químper) le hizo saber su oposición al proyecto, pero sin lograra convencerlo. Químper, sin embargo, es benévolo en su juicio sobre el viaje de Prado. Quimper escribe: "Indudablemente era nobilísimo el móvil que indujo al general Prado a ausentarse del Perú; pero no fue, a mi juicio, político ni conveniente dejar el país en aquellos momentos" (Citado por: Basadre, Jorge "Historia de la república del Perú"; Lima 1969; tomo VIII, p. 178).
    En la carta circular del General M. I. Prado suscrita a bordo del Paita, en Guayaquil el 22 de diciembre de 1879, tratando de explicar su «intempestiva salida de Lima» dice: "Por las últimas comunicaciones venidas de Europa, veíamos con sentimiento que, debido en gran parte a competencias y rivalidades de nuestros comisionados , nada se podía hacer ni conseguir respecto da la adquisición de buques". Aquí la explicación de su salida radica en las comunicaciones venidas de Europa".
    De haber sido ciertos los consejos recibidos por Prado de parte de personajes como Grau, García Calderón, Cáceres y Montero, para que viajase a Europa para la compra de armamento, resulta inconcebible que personajes como La Puerta y Químper no lo supiesen, porque de haber tenido conocimiento de ello, hubiesen tenido que sopesar cuando le expusieron al Presidente su oposición a dicho viaje y lo hubiesen mencionado en algún documento.

    Otro punto analizado por Percy Cayo tiene que ver sobre la legalidad o ilegalidad del viaje. Casi todos los historiadores, entre ellos Jorge Basadre, reconocen que fue legal porque el decreto del 18 de diciembre que autorizaba su salida se basaba en la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879, autorizando para que el Presidente de la República pueda mandar las fuerzas de mar y tierra, y además salir del territorio nacional, si fuese necesario. Cayo señala, sin embrago, y en ello tiene toda la razón, que los legisladores al dar dicha autorización debieron estar pensando en la posibilidad de que pudiera pasar a Bolivia o a Chile. Cayo, escribe: "El espíritu de esa autorización, indudablemente, no estuvo dirigido a que el presidente abandonara el territorio nacional como lo hizo siete meses más tarde. Mas parece haber estado, definitivamente dirigida dicha autorización al viaje al sur, que emprendería once días más tarde, a«mandar las fuerzas de mar y tierra»" (Cayo, Percy Op. Cit, p. 201). Sin embargo, consideramos que el uso que se hizo de esa autorización del mes de mayo ya en diciembre no ilegaliza el viaje, lo que no significa que pretendamos justificarlo, porque a todas luces fue una decisión totalmente impolítica y realmente sin pies ni cabeza. Hay que recordar que el propio Vice Presidente General Luis La Puerta, en carta fechada en Lima el 11 de marzo de 1880 le decía Prado: "En la noche en que Ud. se resolvió ir a Europa, le dije que podía yo montar a caballo, viviría 6 u 8 días, pues no tardaría más en estallar la revolución; me equivoqué en 2 días..." (Vargas Ugarte, R. Op. cit. p. 70). Si con esa tan seria advertencia de su propio Vicepresidente, Prado tomó la decisión de emprender viaje, a como diera lugar, tuvo y tiene que asumir la responsabilidad histórica de su actitud irreflexiva.

    3. Bibliografía

    Parte 1
    -Academia Nacional de la Historia de Venezuela. "Cartas Apócrifas sobre la Conferencia de Guayaquil (Caracas, 1945). Contiene:

    Dictamen de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela de 7 de noviembre de 1940
    Lecuna, Vicente. "Refutación y mentís al libro del Sr. Colombres Mármol. Cartas apócrifas publicadas como auténticas por el Sr. E. L. Colombres Mármol, ex embajador de la Argentina en el Perú, en un libro intitulado «San Martín y Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a la luz de nuevos documentos definitivos»"
    Lecuna, Vicente."Contestación al Sr. Rómulo Carbia, defensor de las cartas apócrifas del Sr. Colombres Mármol"
    Millares Carlo, Agustín. "Apocricidad de los documentos presentados por Colombres Mármol"
    Dictamen de la Comisión Nacional Argentina.
    Carta del Sr. José M. González Alfonso, de 15 de octubre de 1941.
    - Academia Nacional de la Historia de Venezuela. "Sobre las cartas falsas de Colombres Mármol. Acuerdos de la Academia". (Boletín de la ANHV, abril-junio 1958).
    -Carbia, Rómulo "San Martín y Bolívar frente al hallazgo de nuevos documentos " (Buenos Aires, 1941)
    -Colombres Mármol, E. L. (p) "San Martín y Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a la luz de nuevos documentos definitivos" (Buenos Aires,1940)
    -Colombres Mármol, E. L. (h). "En defensa de las discutidas cartas del general San Martín" (Buenos Aires, 1947)
    -Mendoza, C. L. "Nota Editorial" (Boletín de la Academia Nacional de l Historia de Venezuela, N° 130, abril-junio 1950; pp. 139-143)
    -Ortiz, Sergio E. "El Nacionalismo en la Historia" (Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela; 24 de julio de 1950; pp. 215-22)
    -Sayán de Vidaurre, A. "«San Martín y Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a la luz de nuevos documentos definitivos», libro del embajador Eduardo Lástenes Colombres Mármol" (Buenos Aires, 1942)
    Terán Gómez, Luis."Crítica de un proceso" (Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela; 24 de julio de 1950; pp. 223-226)
    -Vargas Ugarte, Rubén "Historia General del Perú. Emancipación" (Barcelona, 1966; tomo VI).

    Parte 2
    -Ahumada Moreno, Pascual. "Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referentes a la guerra, que ha dado a luz la prensa de Chile, el Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia" (Valparaíso: 1884-1891)
    -Arias Quincot, César "Historia Política del Perú. Siglos XIX – XX (En: "Compendio Histórico del Perú. Historia Política y Económica del Perú (1820-1998); Madrid, 1998; tomo VII)
    -Basadre, Jorge "Historia de la República del Perú"(Lima,1969; tomo VIII)
    -Basadre, Jorge "Bibliografía General de La Etapa Republicana" (Lima,1968)
    -Basadre, Jorge "Antecedentes de la Guerra con Chile" (Barcelona; Editorial Juan Mejía Baca, 1981 tomo VII de la Historia del Perú. Perú Republicano)
    - Cayo, Percy "Guerra con Chile" (Barcelona; Editorial Juan Mejía Baca, 1981 tomo VII de la Historia del Perú. Perú Republicano)
    -Conversaciones. Jorge Basadre. Pablo Macera (Lima,1974)
    -Delgado, Luis Humberto "Guerra entre Perú y Chile – 1879" (Lima, 1965)
    -Gilbert, Dennis L. "La oligarquía peruana: historia de tres familias" (Lima, 1982)
    -Portocarrero Suárez, Felipe "El Imperio Prado: 1890-1970" (Lima, 1995)
    -Vargas Ugarte, Rubén "Historia General del Perú. (Lima, 1971; tomo X)
    -Vargas Ugarte, Rubén. "Guerra con Chile. La campaña de Tacna y de Lima. Documentos inéditos" (Lima,1970)


    Trabajo enviado por:
    Jorge G. Paredes M.- Lima-Perú.-
    jgparedesm[arroba]yahoo.com
     
  12. muchik

    muchik Miembro de bronce

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    ESte es uno de los temas más interesantes que he leído en este foro. Ya había leído antes sobre la injuria que Piérola fundó y la historia continuó, sobre Prado. Ya es hora de que sea reivindicado.
     
  13. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    Es cierto que Prado no se apropió de ningún fondo, pero estoy en total desacuerdo con su salida del país en momentos tan díficiles. Parece una de esas personas que no resistía presiones. En 1868 hizo lo mismo, cuando las tropas gobiernistas fueron vencidas por los rebeldes en Arequipa y Chiclayo, el Presidente Prado abandonó el país el 7 de enero y lo dejó al mando del general La Puerta.
     
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  14. PUSHAQ RIMAQ

    PUSHAQ RIMAQ Miembro frecuente

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    mariano igacio prado no regreso porque sus hijos murieron en la guerra,porque jose maria quimper lo triciono porque la puerta era un pelele y porque el heroe del combate del 2 de mayo que el creia aun vivia en el ,habia muerto hace mucho tiempo ,por miedo a ser fusilado por pierola y mas aun por miedo a su propio pueblo que se sentia decepsionado de el, por eso no regreso hasta despues cuando caceres le habia devuelto el honor al peru sumido en la derrota.
     
  15. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    Es fácil hablar de traición en Perú.

    Prado tuvo 3 hijos que murieron en la guerra, pero todos extramatrimoniales, es mas, a Leoncio lo abandonó al año de nacido. Leoncio Prado llamaba papá al esposo de sus madre, Manuel Morales. Inclusive, en el Archivo del pentagonito hay cartas de Loencio Prado a Manuel Morales llamándole papá. Recomiendo la lectura de El Imperio Prado de Felipe Portocarrero.
     
  16. xarakato

    xarakato Miembro de honor

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    En el colegio el profesor de Historia nos dijo:"Prado en plena guerra viajó a Europa y hasta ahora estamos esperando a que regrese"por lo que es muy difícil cambiar la opinión que úno se forma de ese expresidente.
     
  17. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    Definitivamente fué inoportuno el viaje a Europa,pero como cuenta el jurista Ugarte del Pino.él estaba convencido de su exito negociador y que solo el abriria los creditos para la armas que el Perú necesitaba.

    No el no regreso porque Pierola se lo impidio.


    Eso no lo sabia,ojala pronto pueda comprar el libro de Portocarrero que segun por lo que he visto en la pagina web me dejo corto.

    :D:D estos profesores son mas burros........
     
    Última edición: 9 Ene 2009
  18. PUSHAQ RIMAQ

    PUSHAQ RIMAQ Miembro frecuente

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    el colegio y la universidad cuentan nuestra historia de una manera casi identica por eso es mejor leer y leer te recomiendo que leas el viaje de prado de guillermo trondike el mejor libro de su genero.
     
  19. roger caceres

    roger caceres Miembro de bronce

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    Estoy de acuerdo contigo,sino queremos que un oportunista e ignorante, que llegue a la politica declare traidor a Prado y heroe a Iglesias.

    LA SITUACIÓN HACENDARIA PERUANA AL COMENZAR LA GUERRA.

    Dos meses antes de estallar la guerra, en febrero de 1879, había sido aprobado por el Congreso peruano el Presupuesto para el bienio 1879-80. Algunos de los ingresos destinados por esa ley a otros fines fueron aplicados a cubrir los mayores gastos que demandaron el ejército y la armada. Sirvieron, sobre todo, para dicho propósito la parte que quedaba disponible de las entregas de la Peruvian Guano, la única mensualidad que se recibió de la Compañía salitrera, los productos de los timbres y el papel sellado, las rentas de aduanas y la suma destinada a cumplir con el convenio aduanero celebrado con Bolivia. Pronto la situación se volvió muy grave. La zona salitrera comenzó a sufrir los efectos del bloqueo chileno y de las operaciones militares y luego fue arrebatada por el enemigo. La Peruvian Guano (manejada por Thomson, Bonar y Co.) no quiso ayudar al Perú y se entendió más bien con Chile. Los depósitos de guano de Tarapacá, que servían para la exportación de este abono, llegaron a ser ocupados con lo cual se perdió el ingreso consignado en el presupuesto por la venta en los Mercados de Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico, Chile, Mauricio y Reunión. Las fuentes de recursos que al Perú le quedaron, conforme al Presupuesto, se limitaron a las siguientes:


    Al añoAduanasS/. 7.052.860
    Contribuciones234.640
    Correos y Telégrafos237.530
    Ferrocarriles178.210
    Varias rentas375.315S/. 8.078.555


    Los ingresos del pliego ordinario habían sido calculados en S/. 15.257.698. Es decir, se había abierto un déficit de casi el 50%, sin tomar en cuenta las necesidades y las exigencias inmediatas de la guerra calculadas por José M. Rodríguez en S/. 55.050.000 al año. Las contribuciones estaban clasificadas en el Presupuesto, en la siguiente forma según ya se vio en un capítulo anterior:


    TimbresS/. 162.640
    Papel Sellado63.330
    Auxilio patriótico3.650
    Derechos de títulos2.420
    Mesada eclesiástica2.130
    Derechos de alcabala470S/. 234.640


    Las contribuciones predial, de patentes e industrial y otras hallábanse absorbidas totalmente por los concejos departamentales y provinciales; y el Estado debía, además, subvencionar a estos organismos de la descentralización con cuotas ascendentes en total a S/. 297.098.

    El Perú, para afrontar la guerra, no tenía un sistema tributario aceptablemente organizado.

    Al estallar el conflicto los directores de los bancos Perú, La Providencia, Garantizador y Territorial Hipotecario suscribieron, a pedido del ministro de Hacienda José Rafael de Izcue, un empréstito al gobierno por la suma de S/. 880.000 con la única condición de que el Congreso determinase la forma y época de pagarla. El Congreso por ley de 23 de mayo de 1879, reconoció esa deuda y facultó al Ejecutivo para pactar las condiciones y la manera de reembolsaría, arbitrando los recursos para su abono.

    La nueva política hacendaría, seguida por el Perú frente a la guerra, giró de inmediato alrededor de los siguientes medios: los donativos patrióticos, el aumento de los impuestos y del papel moneda, los empréstitos, la suspensión en el pago de créditos y en la amortización de la deuda interna y la emisión de moneda de cobre y de níquel.
    LOS CRÉDITOS CONTRA EL FISCO Y LA DEUDA INTERNA.

    La resolución de 26 de junio de 1879 ordenó la suspensión del pago de todo crédito contra el Fisco por sueldos, pensiones, contratos y demás órdenes antes del 1º de abril; y la de 26 de julio de 1879 dispuso que también se suspendiera hasta la conclusión de la guerra el servicio de amortización de la deuda interna y de los bonos del muelle y aduana de Arica, abonándose únicamente los intereses. El Congreso dio una resolución legislativa para declarar sin efecto ambos actos el 9 de octubre de 1879 y el Ejecutivo no la promulgó.

    EL EMPRÉSTITO NACIONAL.

    La ley de 20 de mayo de 1879 autorizó la emisión de S/. 10.000.000 por suscripción de un empréstito interno con un servicio anual de 8% y 10% de amortización acumulativa. Como fondos de amortización y pago de intereses destinó el producto de las contribuciones personales y sobre la renta y el derecho sobre la exportación del azúcar; y como garantía subsidiaria puso el producto de la venta de bienes nacionales de fácil enajenación. Vencido el plazo para la suscripción de este empréstito, en el caso de que él no estuviera cubierto en su totalidad, la ley autorizó el aumento de la emisión de billetes fiscales por la suma que faltase para completar ocho millones efectivos. Es decir, el Congreso abrió la puerta que otra ley había cerrado, para el aumento de la moneda de papel.

    El empréstito nacional produjo en la República sólo las siguientes sumas:


    Soles plataBilletesLima922.126.33
    Lambayeque27.886.00
    Libertad25.295.00
    Piura18.590.00
    Huánuco13.145.00
    Cuzco10.723.20
    Puno10.484.65
    Arequipa5.406.90
    Apurímac2333.516.24
    Loreto3.336.80
    Ica3.224.00
    Huancavelica3.015.00
    Cajamarca2.658.85
    Callao1.408.00
    Ancash1.350.00
    Ayacucho550.40S/. 2331.052.716.37


    El Comercio del 7 de junio de 1879 criticó editorialmente que suscribieran el empréstito sobre todo las gentes de poca fortuna y no los fuertes capitalistas como se había pensado.

    LA BÚSQUEDA DE NUEVOS RECURSOS, EL IMPUESTO SOBRE LA RENTA Y LA LUCHA CONTRA LA ESPECULACIÓN EN EL CAMBIO.

    La Dictadura, aparte de sus gestiones en el extranjero a que se hace referencia más adelante, buscó en el interior del país nuevos recursos.

    El decreto de 8 de enero de 1880 refundió en una sola contribución sobre la renta las de patentes, predios, industrial, eclesiástica y otras que gravaban los beneficios del capital o del trabajo, considerando que todo habitante de un país estaba obligado a contribuir en proporción a sus recursos, al sostenimiento de los gastos públicos. Esta contribución debía pagarse a razón del tres por ciento por todo habitante que no tuviera renta menor de seiscientos soles o menos de un año de residencia en la República. Los empleados de la administración pública quedaron exceptuados de impuesto si no contaban con otra renta que el sueldo por ellos percibido; pero si la poseían, debían pagar sobre ésta aun cuando no llegara al mínimum fijado. A los mayores de 21 años que no gozaran de una renta ascendente a 600 soles anuales les obligó el mismo decreto a abonar en la costa tres soles al año y dos soles en el interior; excepto los mayores de 60 años y los inválidos en el trabajo. Los prefectos debían nombrar a los recaudadores. Las cuotas señaladas quedaron elevadas al doble mientras durase la guerra. En el reglamento expedido para hacer efectiva la contribución general sobre la renta aparecieron como obligados a ella: los dueños de predios rústicos y urbanos; los que ejercieran alguna industria lícita con establecimiento público o sin él; los que disfrutaran de alguna renta o salario no proveniente del Estado; los poseedores de cédulas de la deuda interna emitidas por el gobierno, municipalidades o establecimientos de beneficencia, certificados salitreros y de censos o capellanías, bonos del empréstito nacional o cualquier documento de deuda o depósito similar; los tenedores de cédulas de los bancos hipotecarios; los dueños de depósitos de cualquier capital en bancos, casas mercantiles y demás empresas industriales si devengaban interés; y quienes hubiesen dado capitales a mutuo o en depósito a particulares con obligación personal o hipotecaria, con interés o sin él. Se destacaban, pues, en este decreto y en su reglamento, la exoneración hecha a los empleados públicos y a los pensionistas del Estado rectificando la política del régimen anterior y la tendencia a gravar no sólo los predios y las industrias sino el capital invertido en cédulas, o depositado en los bancos y en otras instituciones, o utilizado para realizar préstamos.

    El decreto de 13 de enero de 1880 abolió el impuesto denominado de locomoción y espectáculos públicos por considerarlo oneroso, desigual y de mezquino rendimiento.

    El decreto de 14 de enero de 1880 fijó la escala del impuesto sobre exportación del azúcar. Fue fijado el precio del sol de plata y del de papel para los efectos de la recaudación de los derechos de aduana (20 de enero). Se ordenó, además, que los exportadores de artículos gravados pagaran adicionalmente la diferencia entre el tipo de billete en plaza y el que éste tenía en cambio de giros en el exterior con el fin de evitar el lucro indebido (6 de marzo). La resolución de 6 de abril ratificó el antedicho decreto y señaló pautas contra la ilícita especulación de los exportadores y contra las transacciones o ventas de letras a falso precio. Para el debido cumplimiento de estas normas quedaron señaladas las funciones, las garantías y los requisitos de los agentes de cambio (18 de junio y 19 de noviembre). Se llegó también a prohibir la compra de letras no destinadas al retiro directo de valores, así como todo préstamo sobre documentos de esta especie, con el fin de detener a quienes lucraban con el alza del cambio sobre Europa y el consiguiente aumento de precio de los artículos importados (19 de junio).

    Con el propósito de favorecer la exportación de artículos nacionales la Dictadura, además, disminuyó el impuesto aduanero sobre el azúcar y especificó el que correspondía al algodón, las lanas y los cueros; paralelamente señaló una cantidad igual al monto de estas contribuciones que correspondía pagar además a los exportadores como subsidio de guerra. Ambas sumas debían ser abonadas en letras sobre Europa o su equivalente en moneda metálica nacional (31 de mayo).
     
    Última edición: 15 Ene 2009
  20. Tupac Amaru

    Tupac Amaru Miembro de bronce

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    Bajo el punto de vista que se utiliza en este topic, Iglesias tampoco sería un traidor.

    El gobierno de Prado hizo lo que pudo, de la misma manera que Piérola, con la diferencia que Prado se fue cuando las cosas se le complicaron, nadie lo obligó. Piérola se fue cuando ya había sido desconocido en el sur, norte y centro del país. Si otro hubiera escrito la historia, entonces José La Torre, Andrés A. Cáceres y Lizardo Montero también serían traidores por desconocer el gobierno de Piérola, legítimo por haber sido nombrado por el Congreso de Ayacucho.

    Lo mismo con Iglesias, él representaba a un grupo que le convenía la paz con Chile. A esto sumemos que su hijo murió en la batalla de San Juan, era del batallón Cajamarca N° 3 que luchó en el Morro Solar, a diferencia de su padre que nunca pisó el Morro. Es falso que el gobierno de Chile le haya dado 30 millones de peso, eso es imposible. Lo que gastó el gobierno de Chile hasta mayo de 1881 en la guerra fue 28 millones, sus entradas anuales eran 25 millones, imposible regalar 30 millones. Lo que se le dio a Iglesias fueron las aduanas del norte.

    No creo que Prado sea un traidor, sino una simple persona que cuando las cosas se complicaron, no cumplió con sus deberes. Para borrar su responsabilidad en algunas cosas, inventó cosas sobre Grau en su manifiesto de agosto de 1880.

    Les dejo el siguiente enlace para que descarguen el Manifiesto de Químper:

    http://pds.lib.harvard.edu/pds/view/2904842