La educación en América Latina

Publicado en 'Estudiantes' por SergioLeon, 26 Ene 2009.





  1. SergioLeon

    SergioLeon Miembro maestro

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    "Hoy, la escuela gueto y la disciplina son los peores problemas
    de la educación" (Candy Fabio Salas, Especialista en Educación)

    En la última década, América latina amplió el acceso a la
    educación, pero no su calidad. Tampoco mejoró la convivencia en
    el aula. La ausencia de diversidad social y una errada idea de
    autoridad están en la base.

    A la vez que crece la población adolescente escolarizada, en
    América latina aumenta la desigualdad en el servicio educativo
    que se brinda. A esta tensión entre inclusión escolar y baja
    calidad educativa, que condiciona el futuro de la mayoría de
    nuestros jóvenes, se le agrega un complejo cuadro de violencia
    social que se refleja en las escuelas y genera el desafío de
    construir nuevos marcos y estilos para atender los desafíos
    disciplinarios. Candy Fabio Salas, que participó de un encuentro
    organizado recientemente por UNICEF en Argentina, investiga con
    preocupación estas tendencias que se presentan en nuestra región
    y, en particular, en su país, Chile.

    ¿Qué problemas comparten las escuelas secundarias
    latinoamericanas?
    Nuestros países han hecho un esfuerzo importante para extender
    el acceso a la educación secundaria. En Chile eso ha implicado
    la entrada masiva de adolescentes a escuelas en las que la
    oferta no es de la calidad que todos quisiéramos. En toda la
    región se sigue profundizando la segmentación de los chicos en
    sus escuelas, y por tanto, los aprendizajes que reciben no son
    de calidad. Este es el problema más común, salvo en el caso de
    Brasil, donde la cobertura es mucho más insuficiente que en
    Argentina o en Chile.

    ¿Qué efectos produce la segmentación de la educación?
    La segmentación tiene que ver, básicamente, con que nuestros
    jóvenes más vulnerables, los más pobres, asisten juntos a las
    escuelas, sin tener intercambios con otros jóvenes. No
    experimentan así la diversidad cultural. Todos los más pobres
    están, en el caso chileno, en los colegios municipales; por lo
    tanto, se juntan con otros pobres. Así no hay intercambio, una
    meta para la que había sido pensada la educación pública. La
    escuela debe ser un espacio al cual asistan alumnos de diversas
    clases sociales. En nuestros países ha ido en aumento la
    segmentación social. Y la segmentación generó especies de guetos
    en la educación, donde van y se quedan los pobres con los
    pobres, los ricos con los ricos, los de clase media con los de
    clase media. La profundización de la segmentación impide que
    haya intercambio cultural.

    Otro problema grave es la deserción de los alumnos pobres.
    ¿Cuáles son sus causas?
    La deserción se da, primero, por los fracasos escolares, por las
    repitencias; y a veces, en el caso chileno, por los maltratos
    que reciben los alumnos. No maltratos físicos o psicológicos,
    sino maltratos que básicamente tienen que ver con la no
    atención. Alguien va a una escuela, pero no recibe la educación
    que necesita: eso es una forma de maltrato. O asiste, pero no se
    dictan clases. Presenta problemas de disciplina, por lo tanto no
    lo dejan entrar a las aulas. Muchas veces no se le brinda al
    alumno lo que está buscando y esto provoca frustración y
    deserción.

    ¿La secundaria prepara para el futuro laboral?
    Dentro de los objetivos de la secundaria está preparar a los
    alumnos para una inserción adecuada, social y laboralmente.
    Nuestros estudiantes, en Chile, no salen bien preparados para el
    trabajo. Las herramientas no son suficientes, ni pertinentes ni
    actualizadas. Para esa actualización, hay que escuchar a los
    jóvenes. Ellos dan muchas pistas de cómo debiera ser.

    ¿Mejoró la formación docente?
    Un problema común de la región es el de la formación inicial y
    permanente de los docentes. Así como los contenidos que reciben
    los chicos no son pertinentes, los de los docentes tampoco. La
    práctica no es suficiente. Como en cualquier profesión, es
    necesario que se actualicen los contenidos y las herramientas
    pedagógicas. Y también hay una deuda económica con ellos.
    Mientras los docentes responsabilizan de los fracasos escolares
    a las familias o a los estudiantes, en la sociedad tendemos a
    responsabilizar a los docentes, sin preocuparnos por cómo están
    ellos.

    Nuestras democracias todavía no han podido construir una
    autoridad legítima en las aulas. ¿Cómo debería enfrentarse este
    desafío?
    El orden disciplinario tiene que ser construido con los
    estudiantes, dentro de las mismas escuelas. Básicamente, porque
    un ambiente de convivencia permite mejores resultados; es parte
    constitutiva de la educación de calidad. No se trata de hacer
    normas por hacer normas, y que vayan más allá de las
    constituciones o de los marcos legales, sino que sean
    construidas en forma participativa. La mayoría de las
    dificultades disciplinarias se produce a propósito de brechas
    generacionales que ocurren entre los docentes y los estudiantes.
    Claro que hay cuestiones puntuales que se deben respetar y que
    deben estar normadas en función, por ejemplo, de la Convención
    de los Derechos del Niño, de las constituciones, de las
    orientaciones de los ministerios de educación.

    Las amonestaciones, ¿pueden seguir aplicándose?
    Por supuesto que sí, pero carecen de un requisito básico, que es
    el debido proceso. Los alumnos, las familias e incluso los
    docentes perciben que no hay un procedimiento justo, elaborado,
    participativo, difundido, y que muchas veces las faltas no
    tienen relación con las sanciones. Y también que, cuando existe
    un buen reglamento, en algunos casos éste no es utilizado o se
    lo utiliza arbitrariamente. De hecho, los estudiantes suelen
    denunciar que quienes tienen peores resultados académicos son
    los que reciben un peor trato disciplinario. En cambio,
    estudiantes que tienen un buen desempeño académico, si algún día
    cometen una falta grave, son tratados de otra manera. O sea que
    no se les aplica la norma. Hay una discriminación dentro de la
    propia escuela para aplicar los reglamentos que existen.

    Usted estudió los reglamentos de las escuelas chilenas. ¿A qué
    conclusiones llegó?
    Los resultados fueron impactantes. Más de la mitad de los
    reglamentos no se ajusta a las normas constitucionales. Por
    ejemplo, se sanciona la homosexualidad como una falta grave,
    cuando ser homosexual no es delito.

    ¿Cómo el docente debería construir su autoridad y el respeto de
    sus alumnos?
    Los docentes construimos respeto respetándonos a nosotros
    mismos, validando nuestro trabajo. Creo que los docentes de
    América latina estamos muy de capa caída. Nos hacemos cargo del
    lugar de responsabilidad en que nos coloca la sociedad, pero sin
    reflexionar sobre nuestra acción. En vez de mirar hacia
    adelante, parece que nos quedáramos detenidos, impactados y con
    cero posibilidad de reaccionar.

    ¿Qué sería reaccionar?
    Reconstruir la identidad docente y la valoración de la docencia.
    Luego hay que aceptar al alumno real que se tiene. En Chile,
    muchos docentes dicen: "Los alumnos no son los de antes". Por
    supuesto que no son los de antes, y menos mal que no son los de
    antes, porque hoy día accede la mayoría a la secundaria, y eso
    es lo que estamos buscando. Pero hay que tener herramientas para
    atender bien a todos. Y esto también es necesario para construir
    el respeto de un docente. Hay que respetar al que se tiene
    enfrente, ser justo e igualitario con las medidas y construir la
    disciplina a través de un marco acordado con los estudiantes y
    los equipos directivos. Esta coordinación, esta gestión de la
    norma, es importante también en función de la formación de los
    estudiantes como futuros ciudadanos, que es otra finalidad de la
    educación.

    ¿La violencia escolar contemporánea supera a la del pasado?
    En Chile estamos tratando de formarnos una opinión consistente
    al respecto, porque todavía no se ha demostrado que haya
    aumentado la violencia entre alumnos y entre docentes y
    estudiantes. Sí es muy evidente que han aparecido otros canales
    más propicios para que se conozcan estos casos. La forma de
    atender el problema es trabajando, por ejemplo, sobre los
    reglamentos de convivencia en forma participativa. Pero hay que
    reconocer también que la violencia que ocurre fuera de las
    escuelas, en nuestra sociedad, se da dentro de las aulas. No
    creo que sea por una cuestión generacional, sino más bien por
    una cuestión social. La sociedad es menos tolerante, tiene menos
    capacidad de aceptación. Los alumnos discriminan; hay
    discriminaciones raciales, económicas y étnicas.

    En 2006, en Chile, fue muy importante la movilización de
    estudiantes por el "No lucro" y la "No selección". Pero cuando
    se pregunta ahora en los colegios, muchos alumnos dicen: "Sí, yo
    quiero la no selección, pero la no selección para el resto,
    porque en mi colegio estamos los mejores, y eso ha funcionado".

    En Chile, los estudiantes ¿qué lugar tienen en la aplicación de
    una sanción a un compañero?
    Ninguna. El Ministerio de Educación exige que los reglamentos
    sean construidos en forma participativa. Pero no la hay; los
    padres, al ingreso de sus hijos al año escolar, reciben un
    resumen del reglamento, pero nadie se entera de su contenido
    hasta que se enfrenta a una dificultad. A los estudiantes les
    pasa lo mismo: conocen poco, y en lo que conocen encuentran que
    faltan criterios para la aplicación de las normas. Entonces, en
    los objetivos está la "construcción participativa", pero no en
    la práctica. Por lo tanto, no hay validación del instrumento.
    Poco se cambió entonces...

    Cambios hubo, pero la escuela gueto y la disciplina son los
    mayores problemas. No se escucha a los alumnos. no hay
    gradualidad en las sanciones. Y esto hace que la escuela y los
    docentes vayan perdiendo autoridad; que sean autoritarios, que
    practiquen autoritarismo por el autoritarismomismo y no ejerzan
    la autoridad para la formación del joven.
    Copyright Clarín, 2009.

    http://www.clarin.com/suplementos/zona/2009/01/25/z-01846340.htm