La crisis financiera y sus consecuencias

Publicado en 'Actualidad Mundial' por Antonio1210, 10 Nov 2008.





  1. Antonio1210

    Antonio1210 Miembro nuevo

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    [FONT=Verdana,Arial,Helvetica]En EEUU las consecuencias ya están afectando a la “economía real”. Capital One, una de las grandes sociedades estadounidenses de préstamos hipotecarios, decidió cerrar su división GreenPoint, lo que implicará el despido de 1.900 trabajadores.

    Hola amigos hace poco leí este articulo y me pareció muy preocupante la crisis que se vive no solo en EEUU si no en todo el mundo, la verdad quisiera rescatar sus opiniones si es que el nuevo presidente electo de EEUU sabrá llevar este GRAN PROBLEMA que atraviesa dicho país. Gracias!!
    [/FONT]
     


  2. tr4d3

    tr4d3 Miembro maestro

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    Esto se venia venir pues... es mas muchos peruanos y latinoamericanos ya lo estan sufriendo en carne propia la crisis en EE.UU. pues muchos ya han sido despedidos de sus respectivos trabajos... el desempleo aumenta cada dia, el dolar sigue cayendo, los precios siguen subiendo...
     
  3. WebinteLL

    WebinteLL Miembro frecuente

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  4. Antonio1210

    Antonio1210 Miembro nuevo

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    Entiendo que ya hay peruanos que estan viviendo esta crisis mas que nosotros y es lamentable pero que medidas crees tu que debe tomar el recien presidente electo Obama?

    Claro es muy triste ver estos casos, pero bueno vuelvo a lo inicial que medidas debe tomar el gobierno o mejor dicho que debe hacer el mundo.
    El gobierno de China decidió ayudar, pero no funcionó las economías europeas temen ayudar, el wall street da indicios de alza pero solo por unas horas luego se desploma otra vez, el gobierno apoya a la aseguradora AIG pero no es suficiente, ninguna posible alternativa de salir adelante funciona.

    ¿Que más podemos hacer?

    Entiendo que ya hay peruanos que estan viviendo esta crisis mas que nosotros y es lamentable pero que medidas crees tu que debe tomar el recien presidente electo Obama?
     
    Última edición: 10 Nov 2008
  5. tr4d3

    tr4d3 Miembro maestro

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    Lo Primero que tiene que hacer Barack es lograr la estabilidad finaciera en los bancos de EE.UU. y una mejor estabilidad laboral puesto que todas las semanas quiebran empresas y con esto mas familias se veen desamparadas porque pieden sus trabajos....

    Saludos


    tr4d3
     
  6. Antonio1210

    Antonio1210 Miembro nuevo

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    Correcto!! todo bien pero mira, ¿que medidas debe tomar Obama? te doy unas ideas que ya intentaron hacer algunos gobiernos, por ejemplo el gobierno de China intento financiar algunas empresas multinacionales, pero eso no funcionó, financiaron el wall street y tampoco, el gobierno de USA apoya a la aseguradora AIG, pero igual las cosas no cambian.

    ¿Que está mal?
    ¿Que más podemos hacer?
     
  7. Athena

    Athena Miembro de oro

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    Crisis económica
    Lecciones del colapso de Wall Street

    El actual colapso del mercado bursátil y la pérdida de cientos de miles de millones de dólares, gestados por los bancos inversores de Wall Street, ilustran las trampas y peligros del capitalismo de libre mercado a que se enfrenta toda la población trabajadora de los Estados Unidos.
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    Rebelión 8 de octubre de 2008

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    Globalización económica, privatización de los servicios públicos


    La sede de Wall Steet en New York.
    _______________________________________________

    1. La bancarrota inminente de la Seguridad Social: El intento de hace tres años de la Casa Blanca y de destacados congresistas republicanos y demócratas de “privatizar” la Seguridad Social –volcando esencialmente en Wall Street la administración e inversión de miles de millones de dólares de fondos de la Seguridad Social-, con el argumento de que los inversores privados obtendrían mayores ganancias, habría llevado a la bancarrota de toda la financiación de la Seguridad Social.

    La privatización habría permitido que los bancos de inversiones privadas más importantes apalancaran y especularan incluso con los instrumentos financieros de más alto riesgo, con los desastrosos resultados que estamos presenciando en estos momentos. Aunque los fondos privados de pensiones se han ido a pique, la Seguridad Social sigue en pie.

    Son las pensiones privadas las que están en bancarrota, no los fondos de la Seguridad social administrados públicamente, contrariamente a las opiniones de expertos y críticos de la Seguridad Social. La actual debacle privada sirve, claramente, para defender el control y la administración públicos de los programas de pensiones.

    2. Todos los fondos privados importantes de pensiones para empleados públicos y privados, incluyendo TIAA CREF, CALPERS y las pensiones de los sindicatos han registrado pérdidas de entre el 23 al 30% desde el mes de enero y han venido mostrando un crecimiento negativo a lo largo de los últimos cinco años. Se ha puesto de manifiesto que vincular los fondos de pensiones con los mercados de valores no ha servido más que para reducir gravemente los niveles de vida de los jubilados, obligando a muchos de ellos a seguir como fuerza laboral hasta los setenta o más años si no quieren hundirse en la pobreza. Las pensiones vinculadas con actividades productivas financiadas públicamente habrían evitado las pérdidas y riesgos implícitos en las inversiones en el mercado bursátil.

    3. Las decisiones estratégicas bipartidistas de convertir EEUU en una economía de “servicios” en oposición a una economía manufacturera diversificada es la causa-raíz del colapso del sistema financiero estadounidense y de la aparición de una recesión a largo plazo. Desde los años sesenta en adelante, la elite política ha venido adoptando una serie de políticas que promovieron las finanzas, las compañías inmobiliarias y de seguros, lo que se conoce como sectores FIRE, que se dedicaron a aumentar los alquileres, desviar subsidios, proporcionar concesiones fiscales y subsidios, destruyendo y desplazando a la industria.

    La reconversión de una economía FIRE en una economía manufacturera equilibrada y la recuperación del estado del bienestar, esenciales para revertir el colapso de la economía estadounidense, requerirán de una importante convulsión política.

    4. La huida masiva de capital de los sectores productivos a los sectores FIRE fue acompañada de un inmenso crecimiento del capital exterior, haciendo que la economía interna, especialmente volátil y basada en "servicios financieros” de riesgo y consumidores tremendamente endeudados, pasara totalmente a depender de los “servicios”. La conversión de EEUU de una economía diversificada en una de monocultura “FIRE” aumentó las probabilidades de un colapso general cuando el mercado financiero/inmobiliario se fuera a pique.

    La recuperación y el crecimiento sostenido sólo pueden producirse con el retorno a una economía diversificada, con la retención del capital huido al extranjero, la inversión a gran escala y largo plazo y los incentivos para los sectores productivos y de servicios sociales.

    5. La búsqueda de la construcción del imperio dirigida por el ejército a expensas de las empresas mixtas y de los acuerdos de comercio recíproco con países con mercados en expansión, fuentes energéticas estratégicas y grandes poblaciones y mercados, crearon enormes déficit presupuestarios y comerciales y alienaron fuentes potenciales de mercados y materias primas estratégicas.

    Mil billones de gastos militares en pos de guerras coloniales prolongadas y de altísimo coste (infinito), desviaron los fondos de su aplicación en avances tecnológicos y manufacturas caras y de gran calidad, que habrían abaratado costes y aumentado la competición mercantil. Igual importancia tuvo que, al sustituir la expansión interior dirigida por el mercado por la conquista exterior dirigida por el ejército, todo el eje del poder económico se trasladara del capital industrial al capital financiero. Así, el capital financiero necesario para financiar el déficit presupuestario del gobierno, originado por los gastos militares, fue cada vez adquiriendo más peso: Wall Street sustituyó la correa de acero como eje de poder en Washington.

    6. El ascendiente del militarismo y del capital financiero facilitaron que incrementara su influencia una configuración virulenta del poder que promovía específicamente los intereses hegemónicos regionales de un estado militarista-colonial que hasta entonces había sido un lobby político marginal: la configuración del poder sionista a favor de Israel (ZPC, por sus siglas en inglés).


    Humor: el nuevo dólar.

    _____________________________________

    Los constructores del imperio dirigido por el ejército vieron en la ZPC un aliado estratégico en su búsqueda de conquistas globales, la ZPC vio una puerta abierta hacia los altos despachos y múltiples oportunidades para promover la agenda expansionista de Israel a través de su influencia en los comités del Congreso, en las campañas electorales y en los nombramiento directos para la Casa Blanca.

    El incremento de influencia de la ZPC en los escalones más altos del poder vino instigado por el aumento de apoyo financiero que recibieron de miembros situados en posiciones estratégicas en las instituciones financieras más lucrativas.

    La ZPC fue un beneficiario económico de la burbuja especulativa: fue la infusión masiva de aportaciones financieras lo que permitió que la ZPC ampliara inmensamente el número de funcionarios con dedicación completa, de traficantes de influencias y de contribuyentes a las elecciones que magnificaron su poder, especialmente a la hora de promover las guerras estadounidenses en Oriente Medio, en escorados acuerdos de libre comercio (a favor de Israel) y en el incuestionable apoyo a la agresión israelí contra Líbano, Siria y Palestina. La recuperación económica va a depender de que se ponga fin al presupuesto dedicado al imperialismo militar.

    Eso no va a suceder a menos que se produzca el reemplazo sistemático de la elite política alimentada a partir de la metafísica del poder global basado en el ejército.

    Ninguna recuperación económica es posible ahora o en un previsible futuro mientras el Congreso estadounidense y sus ejecutivos proporcionen rescates financieros por valor de mil billones de dólares a los insolventes especuladores de Wall Street, financien presupuestos de 700.000 millones de dólares para los gastos de una guerra siempre en expansión y los broker del poder sionista sigan dictando las políticas estadounidenses en Oriente Medio.

    Las lecciones del pasado nos dicen mucho sobre qué caminos debemos y no debemos tomar la Seguridad Social existe aún precisamente porque el pueblo estadounidense se rebeló y desertó de la propuesta de traspasarla a Wall Street y quiso que siguiera siendo un programa dirigido públicamente. El sistema financiero se colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada.

    El sistema Liberal político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.

    La “elite en el poder” sólo es tan poderosa como parece porque puede manipular, intimidar y engañar a más de 300 millones de ciudadanos estadounidenses haciéndoles pensar que son indispensables para sus vidas. El abrumador rechazo popular a la privatización de la Seguridad Social y al rescate financiero de Wall Street sugiere que la oligarquía reinante no es invencible.
     
  8. lobo azul

    lobo azul Miembro frecuente

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    Si se toman medidas deben ser protecionistas para los norteamericanos y no para los migrantes, me imagino que es lo que reralizara el presidente electo
     
  9. Athena

    Athena Miembro de oro

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    15-10-2008

    ¡Cómo no van a estar eufóricos los neoliberales!

    Rebelión

    Raúl Zibechi
    Alai-amlatina

    A medida que pasan los días y van apareciendo algunos resultados de la “crisis financiera”, cobra consistencia la sospecha de que el “pánico” y la estampida de capitales fue una maniobra urdida por las elites para conseguir una tajada gruesa de los fondos estatales, sobre todo de la Unión Europea.

    Las bolsas reaccionaron a la baja luego de los 700 mil millones de dólares decididos por el Congreso estadounidense en apoyo del Plan Paulson. Pero recobraron la euforia el lunes 13 luego de conocerse que la Unión Europea (UE) dedicará 2,1 billones de dólares (tres veces el Plan Paulson) a salvar sus bancos. En total, tres billones de dólares cash, a los que hay que sumar los fondos liberados antes para salvar otras instituciones tanto en Estados Unidos como en la UE, y las sucesivas inyecciones que vienen haciendo los bancos centrales y la reserva federal desde hace un año. Es posible que las cifras totales salidas de las arcas estatales alcancen los 6 billones de dólares. El PIB de China; casi seis veces el de Brasil. ¿Quién no estaría eufórico?

    Tal vez sea cierto, como apunta William Engdahl (Rebelión, 14/10/08 que Alemania e Inglaterra se salieron del libreto estadounidense, cuyo sector financiero habría generado pánico bancario (“un pánico preplanificado”), dejando caer a Lehman Brothers, para aumentar su poder y el control de la política de Washington. Los hacedores de la crisis esperaban que los europeos corrieran a rescatar las hipotecas basura de Wall Street, con lo que se hubieran “destruido lo que quedaba de las instituciones bancarias y financieras sanas de la UE”.

    Según ese análisis, la nacionalización parcial decidida por el Reino Unido de sus más importantes bancos, medida seguida por Alemania, habría impedido que la maniobra de Paulson fuera a más. Es posible. Sin embargo, todo indica que las medidas tomadas por la UE tienen mucho en común con las políticas de Washington: se limitan a retoques sin atacar los problemas de fondo.

    En las últimas semanas, a medida que escala la caída de las bolsas, se difundió la especie de que la causa de la crisis es la desregulación del sistema financiero, y que el establecimiento de adecuados controles estatales podrá acotar los problemas y atajar crisis futuras. Nada más lejano de la realidad. La financierización de la economía fue una decisión del capital para, precisamente, eludir los controles y evitar verse amarrado por pactos que limitaban su acumulación.

    El proceso que levantó vuelo a comienzos de la década de 1970 y está implosionando ahora, está lejos de ser un accidente del sistema: se ha convertido en su núcleo duro. El pacto social conocido como Estado del Bienestar, o sea un trato entre el Estado, los empresarios y los sindicatos para regular la economía, supuso rígidos controles a cada uno de los actores. La cosa funcionó, como bien recuerda Mike Davis (Sinpermiso, 12/16/08 por el “levantamiento de los trabajadores industriales” que no dejaron otro camino al capital que aceptar, no su asutolimitación cosa que nunca aceptó, sino la vigilancia activa del Estado y los sindicatos.

    Pero cuando la beligerancia obrera y de los pueblos del Tercer Mundo pusieron en peligro la continuidad de la acumulación en la producción real, el capital optó por volatilizarse, saltar los controles y para eso se convirtió en capital financiero. David Harvey denomina este proceso como acumulación por desposesión (“El nuevo imperialismo”). El capital fijo, enterrado en bienes de producción, se trasmutó en capital financiero obteniendo así nuevos grados de “libertad”. O sea, asistimos al retorno de la lógica de la rapiña que caracterizó la acumulación originaria en los albores del capitalismo, que conocemos como Consenso de Washington o neoliberalismo.

    En los últimos treinta años, este capital especulativo hizo añicos el planeta. Primero a los países más pobres a través de la crisis de la deuda de los 80, que significó monumentales transferencias del Sur al Norte. Más tarde, un capital especulativo aún más concentrado, e incrementado por los fondos de pensiones, lanzó la crisis de 1997 con la que buscó que Asia terminara financiando la creciente deuda de Estados Unidos. Ahora, todo indica que la mira estuvo puesta (o está aún) en la Unión Europea y en los países emergentes. En la medida que estos se muestran cada vez más reacios a seguir sufragando los gastos de manutención del imperio, un imperio que además no consigue estabilizarse, el cerco se estrecha cada vez más sobre las economías “amigas”.

    La próxima víctima, además de las capas medias y los trabajadores europeos, serán los propios estadounidenses. La expansión del gasto militar ya no puede seguir tirando de la economía, como sucedió luego de la Gran Depresión. Peor aún: cada vez son más los que, en el corazón del imperio, consideran que el elevado gasto militar para mantener el poder del 1% de la población, se sostiene a costa de desmantelar los servicios de salud que están llevando a sectores importantes de la población a condiciones de vida latinomericanas.

    Un buen ejemplo para europeos y estadounidenses: en Argentina la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre era de 12 veces en 1986, poco después de finalizar la peor dictadura. En la década neoliberal de los 90 trepó a un promedio de 22 a 26 veces, para escalar a 58 veces en el pico de la crisis, entre 2001 y 2002. En los útimos cinco años fue descendiendo paulatinamente, para ubicarse en 36 veces, tres veces más que la herencia que dejaron los militares genocidas. ¡Ni las terribles dictaduras consiguieron empobrecernos tanto como las “crisis” fabricadas por el caputal financiero!

    El capital financiero es una suerte de Terminator, una máquina destructiva que se mantiene activa destruyendo y engullendo los trozos. Saldrá de esta crisis más concentrado aún, con mayor poder para eludir o neutralizar controles. Así viene funcionando en América Latina en las tres últimas décadas. Esta máquina no se detiene por sí sola, ni por disposiciones que regulen algunos aspectos de su funcionamiento. Puede disminurise su poder letal, pero en modo alguno puede cambiar su condición. Sólo destruyéndola, dejará de destruir.
    Hernán Uribe

    Sólo existen dos modos conocidos para proceder a esa destrucción. La más segura, son los levantamientos populares, los “Ya Basta” y los “que se vayan todos”, de los cuales América Latina tiene, desde el Caracazo de 1989, una novedosa y rica tradición. La segunda, es la vigorosa intervención de gobiernos decididos a cambiar el rumbo. También tiene este continente algunos buenos ejemplos en ese sentido. “La llamada economía de los papeles estaba sometiendo a la economía productiva. Eso se tiene que acabar”, dijo Lula.

    Cuando algún gobierno de la región toma medidas en ese sentido, el capital financiero reacciona con virulencia, como sucedió en Santa Cruz, Bolivia. Es un buen momento para seguir los mejores ejemplos. Entre ellos, el del presidente de Ecuador, quien le dijo basta a la multinacional brasileña Odebrecht, cansado de que se burlara del Estado, aún a riesgo de que el poderoso Brasil reaccione retirando inversiones. No hay capitalismo bueno. Por eso, entre esperar la intervención de los gobiernos y decidirse por desbaratar la máquina depredadora desde abajo, la opción es clara.
     
  10. jesu29

    jesu29 Miembro frecuente

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    esto es una pregunta que casi la mayoría se esta haciendo que si Obama, podra dar un estop a todo esto, pero espero que no suceda algo malo, con este presidente en EEUU son muy racista y no vaya a pasar como a kenedi .......:hi:
    saludos
     
  11. Athena

    Athena Miembro de oro

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    TODO,ES UNA MALDITA MENTIRA
    ....................................................
    Culpables, millonarios e impunes
    Ramón Muñoz · · · · ·

    12/10/08


    "Cuando nace un brahmán, nace superior a la Tierra entera, es señor de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del brahmán. Por la alta excelencia de su nacimiento, él tiene derecho a todo. Esto es, es él quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a través de su gracia que otros gozan", se dice en el Libro de Manu. Las leyes de Manu están contenidas en un antiguo manuscrito hindú que estableció el sistema de castas en la India hace más de dos mil años. El brahmán es la casta superior. Sólo unos elegidos pueden pertenecer a la misma y, como dice la cita, gozan de todos los derechos y su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ningún derecho).

    El neoliberalismo moderno ha emulado este sistema de castas. Sus brahmanes son los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Gozan de privilegios y prebendas por doquier: sueldos estratosféricos, planes de incentivos, vacaciones, jet privados y club de campo a costa de la empresa... Y no tienen casi ninguna responsabilidad. Si las acciones suben, ellos son los que más ganan gracias a los programas de opciones sobre acciones que premian la revalorización bursátil. Si la cotización se derrumba o incluso si las firmas quiebran y los accionistas pierden todo lo invertido, ellos también ganan. En caso de despido, cuentan con cláusulas que les aseguran indemnizaciones multimillonarias, conocidas como paracaídas de oro (golden parachute), de las que no disfrutan los trabajadores, los parias de este orden económico.

    El derrumbe del sistema financiero internacional ha sacado a la luz estas colosales prerrogativas de los directivos cuya gestión ha abocado a la desaparición a firmas históricas como

    Lehman Brothers o Merrill Lynch. Sus arruinados accionistas y ahorradores o los trabajadores despedidos se preguntan por qué en lugar de ser reclamados por los juzgados, los ejecutivos han salido sin hacer ruido por la puerta de atrás y con las carteras llenas. Sólo las cinco mayores firmas financieras de Wall Street -Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup- pagaron más de tres mil millones de dólares en los últimos cinco años a sus máximos ejecutivos, justo en el periodo en el que éstos se dedicaron a inflar las cuentas, empaquetando en fondos y otros activos opacos, préstamos incobrables que han derivado en la mayor crisis financiera de la historia.

    Cuando el sistema se colapsó, las firmas siguieron siendo generosas con los causantes de la debacle. Stanley O'Neall se llevó a casa 161 millones de dólares cuando dejó Merrill Lynch; Charles Prince obtuvo 40 millones al dejar Citigroup, cifra similar a la que que obtuvo Richard S. Fuld, de Lehman.

    El código marinero tampoco va con los CEO (chief excutive officer, siglas en inglés de consejero delegado). Si el barco se hunde, son los primeros en coger el salvavidas, un salvavidas de oro. La comisión de investigación de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha puesto al descubierto esta semana que la cúpula directiva de Lehman Brothers aprobó bonus por millones de dólares para los ejecutivos que salieran de la empresa mientras negociaban con las autoridades federales el rescate de la quiebra. Su consejero delegado, Richard Fuld, cuya actuación ha llevado a la desaparición del banco de inversión más veterano de Estados Unidos (fundado en 1850), ganaba 17.000 dólares a la hora.

    Pese a ser reverenciados por diarios financieros como The Financial Times o The Wall Street Journal como prototipo de eficiencia y seriedad, su comportamiento caprichoso se asemeja más bien al de los divos del pop o los artistas de Hollywood. James Cayne, el máximo responsable de Bear Stearns, se marchó a un torneo de bridge mientras colapsaban dos fondos de inversión que provocaron finalmente la desaparición de la quinta entidad financiera de Estados Unidos. ¡Ni siquiera encendía el móvil!

    Angelo Mozilo, responsable de la quiebra del banco hipotecario Countrywide, consideraba una inexplicable afrenta personal que el consejo de administración le pidiera explicaciones acerca de los viajes de su esposa en el jet privado de la compañía, que le pagó 360 millones de dólares en los últimos cinco años.

    La cultura del jet es consustancial a los CEO. Martin Sullivan, consejero delegado de AIG hasta que la aseguradora fue rescatada de la quiebra con fondos públicos por la Administración de Bush, gastó el año pasado 322.000 dólares en viajes privados o de vacaciones en el reactor de la empresa. Su colega Stanley O'Neal, presidente de Merrill Lynch, cargó gastos de avión y coche para uso particular por 357.000 dólares en 2007. Abandonó la compañía, hoy en manos de Bank of America, tras sufrir las mayores pérdidas de su historia, en octubre del año pasado, llevándose 161 millones de dólares bajo el brazo.

    La constitución de ese modelo de dirección de las grandes compañías que otorga plenos poderes y remuneraciones desmesuradas a un grupo limitado de ejecutivos, no sujetos a ningún control efectivo ni a responsabilidad por su gestión, no es reciente.

    Comenzó a fraguarse en los años ochenta y noventa, pero se ha consolidado completamente en lo que llevamos de siglo. Los datos no dejan lugar a dudas sobre la desigualdad laboral en la que se mueven estos asalariados de oro: en 1976, la remuneración media de los máximos ejecutivos de las corporaciones estadounidenses era 36 veces superior al sueldo medio de un trabajador de la empresa; en 1989, era 71 veces, y en 2007, cada directivo recibió 275 veces más que la retribución que sus trabajadores, según las cifras de The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy. Este mismo informe revela que entre 1996 y 2006 las retribuciones de los consejeros delegados crecieron un 45%, cuando el sueldo medio del trabajador estadounidense aumentó sólo un 7%.

    Lo más sangrante de ese abismo salarial entre gestores y gestionados es que los emolumentos de los directivos poco o nada tienen que ver en muchos casos con los resultados de la empresa que dirigen, a diferencia de lo que ocurre con los trabajadores que, ante la menor dificultad, sólo les queda el camino de la moderación salarial, cuando no directamente del despido.

    El consejo de administración de General Motors acordó en marzo pasado elevar el sueldo del presidente de la compañía automovilística, Rick Wagoner, hasta 2,2 millones de dólares, la misma base salarial que tenía antes de 2006, cuando se le recortó el salario dentro del plan de ajuste de costes que puso en marcha la compañía. El consejo acordó también otorgarle bonus y opciones sobre acciones por más de 10 millones de dólares, pese a que la firma de Detroit presentó en 2007 las mayores pérdidas de su historia que motivaron un plan de recorte laboral que afectó a 74.000 empleados, que se irán a la calle sin bonus ni planes de opciones. A los accionistas no le van mejor las cosas. Los títulos alcanzaron esta semana el nivel de 1950.

    En materia de despidos, Wagoner ha superado de lejos a su antecesor en el cargo, Roger Smith, a quien el controvertido director de cine Michael Moore le dedicó su documental Roger & me en 1989, cuando cerró la planta de GM de su localidad natal, Flint (Michigan), dejando en el paro a 30.000 trabajadores.

    Moore, que a lo largo de toda la filmación intentó sin éxito hablar con Smith, tendría aún más difícil charlar con Wagoner. La casta superior del neocapitalismo, como los brahmanes indios, no tiene que dar cuentas a nadie: ni periodistas, ni jueces, ni gobiernos, ni accionistas, ni impositores, ni contribuyentes. Para tapar los agujeros que ha causado su desastrosa gestión, los Estados han anunciado planes de inyección de fondos públicos por más de un billón y medio de euros que, en último término, saldrán del bolsillo de los contribuyentes.

    Pero si alguien piensa que, ante este derrumbe general de la economía, los CEO han entonado el mea culpa y optado por la austeridad, está muy equivocado. Los máximos directivos de AIG se fueron a pasar un fin de semana a Monarch Beach, un exclusivo hotel de California en el que las habitaciones valen 800 euros por noche, para celebrar que el Tesoro estadounidense les había salvado de la quiebra inyectando 85.000 millones de euros de fondos públicos. Según se puso de manifiesto esta semana en la Comisión de la Cámara de Representantes, los ejecutivos de la que fuera la mayor aseguradora estadounidense se gastaron más de 440.000 dólares, incluyendo "manicura, tratamientos faciales, pedicuras y masajes", a costa de los contribuyentes. "Es tan básico como el salario, ya que supone recompensar el trabajo", se justificó el portavoz de AIG, Nicholas Ashoo.

    "Sólo cuando la marea se retira, sabes quién nadaba desnudo". Warren Buffet, el financiero estadounidense y el más rico del planeta, suele repetir esta frase para describir la ceguera de accionistas y reguladores respecto a los directivos que gobiernan las empresas a su antojo y con total opacidad, de forma que nadie pueda conocer hasta su marcha la verdadera situación de las cuentas.

    El consejo de Washington Mutual, la entidad bancaria que llegó a liderar la concesión de hipotecas en Estados Unidos, modificó en febrero los planes de bonos para sus máximos directivos de forma que pudieran cobrar esos pluses sin tener en consideración el índice de impagados en el negocio hipotecario del banco cuando éste ya se había disparado hasta extremos inadmisibles. Dos meses después, la compañía era adquirida a precio de saldo por un grupo de fondos de inversión. Los directivos cobraron sus bonos al salir de la empresa, al tiempo que 3.000 empleados eran despedidos. El consejero delegado, Kerry Killinger, alegó que de 2006 a 2007 se había bajado el sueldo un 21% hasta los 14,4 millones de dólares.

    Un consuelo escaso para los accionistas que habían visto esfumarse más de un 90% de su inversión y que, pese a sus pérdidas, tuvieron que abonar 20 millones de dólares al gran Killinger, causante de su ruina, cuando finalmente decidieron echarle en septiembre pasado. Jean-Paul Votron, consejero delegado de Fortis, cobró un 15% más en 2007. Se le premiaba así por la compra de ABN Amro por 72.000 millones de euros. El banco holandés resultó estar infectado por los activos basados en las hipotecas subprime y llevó a la quiebra a Fortis, que ha tenido que ser rescatado por los Estados de Bélgica, Luxemburgo y Holanda.

    La comisión de investigación del Congreso también destapó que Fuld autorizó pagos de 20 millones de dólares a dos directivos de Lehman cuatro días antes de que la firma se declarara en bancarrota.

    continuo en la siguiente pagina....
     
  12. Athena

    Athena Miembro de oro

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    El experto Graef Cristal, que dirige una revista online dedicada a analizar las compensaciones de los ejecutivos, considera que el fenómeno de la crisis de las hipotecas subprime o basura se explica en gran parte por el sistema de remuneraciones instaurado por los bancos de inversión estadounidenses a sus ejecutivos, a quienes reparten el 50% de sus beneficios, más que ningún otro sector.

    Los empleados de los mayores cinco bancos de inversión percibieron 66.000 millones de dólares en 2007, de ellos, 39.000 millones en bonus. Esta cifra arroja una retribución media de 353.089 dólares por empleado, según Bloomberg. Como su sueldo dependía directamente de lo que ganara la empresa, hincharon artificialmente las cuentas, comercializando piramidalmente fondos u otros instrumentos financieros respaldados por los ahora llamados activos tóxicos.

    "En Wall Street como en Hollywood, los beneficios tienden a venir en grandes paquetes y todos quieren un trozo. Da igual que se trate de la película Caballero Oscuro (la última de Batman) o de una gran fusión, quien tiene el poder de llevar a la gente al cine o de cerrar un acuerdo puede ganar lo que quiera", dice Cristal.

    Contra esta insultante impunidad se han alzado voces desde el ámbito ciudadano y sindical. Curiosamente, la reacción de los dirigentes políticos ha sido más bien tibia. El presidente George W. Bush, empujado por los congresistas del Partido Republicano que veían peligrar su escaño por el clamor popular, se vio forzado a aceptar que los directivos de las firmas rescatadas por su plan de 700.000 millones de euros renunciaran a recibir las indemnizaciones pactadas, propuesta que se incluyó en la reforma del plan tras ser rechazado por la Cámara de Representantes. Así ha sucedido en el caso de AIG, o las financieras inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac, cuyos presidentes cesados no hicieron valer sus cláusulas de indemnización.

    La Oficina Federal de Investigación (FBI) ha abierto una investigación en 26 empresas en busca de posibles irregularidades contables. Y en la Cámara de Representantes se ha constituido una comisión de investigación por la que están pasando los principales responsables del derrumbe.

    En Europa, por el momento, sólo meras declaraciones. La canciller alemana Angela Merkel conminó a los directivos de Hypo Real Estate, rescatado de la bancarrota por un grupo de bancos y el Estado, a que respondan con su patrimonio personal. El Gobierno francés obligó a Axel Miller, consejero delegado del banco franco-belga Dexia, a renunciar a la indemnización de más de tres millones de euros que le correspondían según su contrato por dejar ese cargo. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, puso como primera condición para participar en el rescate de la entidad financiera que ninguno de los directivos recibiera indemnizaciones extraordinarias.

    Fuera de declaraciones admonitorias y la moralina para electores, ningún país ha anunciado cambios en la legislación para limitar los sueldos de los directivos o definir mejor sus responsabilidades en caso de quiebra.

    Todos los intentos por limitar los emolumentos de los ejecutivos han resultado en vano. A mediados de los ochenta, hubo una fiebre de fusiones. Los reguladores advirtieron que muchas de esas operaciones no respondían a ninguna estrategia empresarial sino a las indemnizaciones que recibían los directivos que cerraban los acuerdos. Por eso, impusieron en Estados Unidos un impuesto sobre todas las indemnizaciones que excedieran tres veces el salario anual de los directivos. La única consecuencia fue que los ejecutivos cerraron cláusulas para que las compañías se hicieran cargo de esa tasa. En 1992, la Securities Exchange Commission (SEC), que vigila los mercados bursátiles en Estados Unidos, obligó a las empresas a informar de los emolumentos de sus directivos. No sólo no se avergonzaron de revelar sus ganancias anuales, sino que las han multiplicado por cuatro.

    Un año después se intentó poner coto a los sueldos estratosféricos, limitando las deducciones fiscales a un millón de dólares. Se hizo una excepción para las recompensas no dinerarias. Como consecuencia se dispararon las remuneraciones en opciones sobre acciones. Y ya se ha convertido en una moda entre los presidentes de las corporaciones ganar un dólar al año. Los presidentes de

    Yahoo!, Apple y Google están en ese club. En 2006, ganaron sólo un dólar como salario base. ¡Y millones de dólares en opciones y bonos!

    Los gobiernos piden sacrificios a ahorradores, accionistas y trabajadores para salir al rescate de bancos y aseguradoras a costa de miles de millones de las arcas públicas. Y los culpables de este saqueo no sólo no son reclamados por la justicia, sino generosamente recompensados. Es como si a los asaltantes del tren de Glasgow les estuviera esperando el jefe de Scotland Yard en la estación de Londres para colgarles una medalla. Su botín fue de 60 millones de euros (al cambio actual) y se le llamó el robo del siglo. ¿Cómo llamaremos a las hazañas de los villanos de Wall Street?

    Paulson, uno de los suyos

    El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, es, hoy por hoy, lo más parecido a un mesías. Le han encomendado salvar el sistema capitalista mediante un plan de inyección de fondos por 700.000 millones de dólares, medio billón de euros, es decir, la mitad del producto interior español. Debe limpiar unas entidades que conoce a la perfección puesto que en 2006, cuando fue fichado por George W. Bush para dirigir el Tesoro, era presidente de Goldman Sachs, el banco de inversión donde desarrolló su carrera durante 40 años.

    Cuando dejó la firma, Paulson atesoraba una fortuna de alrededor de 500 millones de dólares, fundamentalmente en acciones, que vendió con fuertes plusvalías. Como secretario del Tesoro, ha tenido que adoptar medidas como el rescate de AIG o Fannie, pero no quiso intervenir en favor de sus antiguos competidores como Bear Stearns o Lehman Brothers, comprados por otras entidades bancarias.

    Ahora no le va a quedar más remedio que administrar las firmas donde trabajan sus colegas. De hecho, el equipo encargado de gestionar esos fondos estará integrado sobre todo por ejecutivos de Wall Street, incluyendo los de Goldman. Y es que, Paulson, aunque quiera salvar los ahorros del norteamericano medio, no deja de ser uno de los suyos.