La conquista al revés

Publicado en 'Literatura' por Karin, 27 Oct 2007.





  1. Karin

    Karin Suspendido

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    El héroe, Quetza, es un joven aborigen mexica, habitante de lo que más tarde se llamará América Central. Reúne lo mejor de la cultura de su pueblo: ya sabe, por ejemplo, que la Tierra es redonda y que se puede viajar al oriente y regresar por occidente. Sabe también, o lo intuye, que su gente debe salir a buscar el futuro, antes de que venga el futuro a acabar con ellos. Por eso, y por su buena fortuna, consigue el beneplácito del emperador y zarpa en una embarcación a quebrarle la mano a la historia.

    El único deber que tenemos con la historia, decía Oscar Wilde, es reescribirla. Y en eso se compromete Andahazi. La embarcación de Quetza y sus elegidos debe sortear un mar iracundo, y en una de esas noches de tormenta ven pasar un drakar vikingo, raudo y con más aplomo hacia las playas de América del Norte.

    Pero es al avistar la costa española cuando en verdad comienza un retrato asimétrico de la conquista. Los valientes mexicas, exhaustos por el periplo, alcanzan un pequeño villorrio de nombre Huelva, y descubren con temor que su empresa será más difícil de lo que habían imaginado. Aquí los hombres usan unos carros de arrastre con ruedas, con los que resulta mucho más fácil el transporte de pertrechos. ¡Cómo no se les ocurrió a ellos, si ya conocían los objetos redondos! También poseen armas de hierro que disparan proyectiles a larga distancia. No obstante, es el caballo, aquel animal poderoso pero dócil a las órdenes de "los nativos", lo que más espanta a los adelantados de Tenochtitlan.

    Andahazi explora la ucronía, el "qué hubiera ocurrido si". O también la posibilidad de que exista un universo en que efectivamente las tribus de México y el Caribe llegaron a Europa antes del viaje de Colón, tesis compleja que, amparada en intrincados conceptos de la física teórica, nunca podemos descartar del todo. A veces la novela se torna humorística, por las numerosas observaciones del jefe mexica que develan el don de la oportunidad de su aventura: ha llegado a la península ibérica en 1492, cuando los monarcas católicos han expulsado por decreto a los judíos, y por las armas a los moros.

    Son días convulsionados, en que las hogueras de la inquisición se alimentan sin pausa de carne hereje. Y un silencioso miembro de la corte de la reina Isabel, un almirante que se entrevista con Quetza, está a punto de convencer a su monarca para que le financie una empresa marítima hacia occidente: Cristóbal Colón. En el encuentro cara a cara, ambos marinos entienden que el otro también sabe el secreto: que la Tierra es redonda, y que no hay abismos infernales en las orillas de los mapas. Es uno de los episodios mejor logrados de la novela.

    "El conquistador" también es fábula con una clara moraleja acerca de la codicia y la hipocresía de los hombres blancos. Quetza no se engaña con la férrea religiosidad que ve en los monarcas peninsulares, ni en la adoración del pueblo por ese dios que reproducen crucificado en una cruz. Todo ello no es más que una excusa institucionalizada para expandir las tierras del imperio en pos de las riquezas que se derivan del oro.

    Esos seres tan arropados, hediondos y penitentes, tarde o temprano descubrirán la ruta hacia donde se pone el sol, y entonces no habrá dioses capaces de amparar a los hermanos de Quetza.

    Entretenida, de prosa sencilla, la novela de Federico Andahazi establece otro punto de partida para imaginar y pensar la historia de América Latina. La siguiente ilusión sería que nunca llegaron anglosajones a instalarse al norte del Río Grande.

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  2. EduardoEV

    EduardoEV Miembro nuevo

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