La ciudad perdida del Paititi

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por Karin, 10 Dic 2007.





  1. Karin

    Karin Suspendido

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    La ciudad perdida de Paititi (Ciudades perdidas en el Perú)

    Dicen en el Cusco que más allá de los límites con la selva se levantan las ruinas del Gran Paititi, una ciudad incaica que conserva, entre sus mohosos muros, los tesoros que los últimos miembros de la elite inca escondieran ante la conquista española.

    Investigadores y creyentes, han sostenido que la palabra es de origen quechua y que significaría "como él" o "igual a ese". El "otro", "ese", "él", no sería sino el Cusco mismo. Es decir, que una traducción literal del término al castellano sería "como el Cusco", la ciudad impeiral.

    Para el escritor peruano Ruben Iwaki Ordoñez, autor de un "clásico" en el tema, no cabe la menor duda de que el Paititi es una ciudad incaica y contenedora de estatuas de oro de inmenso valor. Según Ordoñez, en ella se escondieron los tesoros cusqueños cuando los españoles invadieron el Perú. Esta hipótesis es la que más ha calado en el imaginario cusqueño de la actualidad y es, como puede advertirse, la que posee raíces más coloniales.

    Pero existe otra teoría que puede que sea la que se acerca más a la realidad, y que sostiene que el Paititi fue un reino amazónico, una avanzada cultura de la selva, superior a las demás y con una vasta influencia, que los incas conquistaron culturalmente haciéndoles adoptar sus leyes, costumbres, vestidos e idolatrías.

    La tradición oral le da al Paititi dos posibilidades: la primera (más lógica y posible), que sea uno o varios yacimientos arqueológicos (ruinas) perdidos en la selva; y la segunda (más imaginaria, pero con una fuerte dosis inconsciente de resistencia), que sea una ciudad en la se conservan los auténticos incas descendientes del viejo Tahuantinsuyu, esperando el momento adecuado para reeditar el perdido esplendor.

    Si bien todos coinciden en ubicarlo hacia el oriente del Cusco, existen discrepancias muy marcadas entre los investigadores. El "oriente" es muy extenso; por lo tanto, sindicar esa dirección sin especificar (justificadamente) un sitio concreto, de poco sirve. Generalizaciones de este tipo lo único que promueven es la catalogación de cualquier resto arqueológico con la atractiva etiqueta de "Paititi". Cosa que ya ha ocurrido en el pasado, y sigue ocurriendo.

    Tras comparar las hipótesis más conocidas, y de gran circulación en la actualidad (tanto de forma escrita como oral), hemos podido detectar que dos sectores son los que se disputan la posesión de la tan mentada "ciudadela" incaica.

    El primero es el que corresponde a la denominada Meseta del Pantiacolla. Ésta se levanta en territorio peruano, en el actual Departamento de Madre de Dios, y generalmente es la preferida por los cusqueños. Los autores que se encolumnan detrás de esta hipótesis son: Ruben Iwaki Ordoñez; el anónimo, esotérico y delirante "Brother Philip"; el Padre Juan Carlos Polentini Wester; el explorador arequipeño Carlos Neuenschwander; Fernando Aparicio Bueno y el historiador y restaurador cusqueño Enrique Palomino Díaz. Todos ellos afirman que habría que circunscribir el área de búsqueda en la zona determinada por los 13º - 12º Latitud Sur y los 72º -71º Longitud Oeste (territorio enmarcado por los ríos Manú, al norte; Madre de Dios al oeste; y Paucartambo al sur).

    Otros creen que si del Paititi queda algo, debemos buscarlo mucho más hacia el Este. La región de la famosa meseta no fue sino un corredor, un lugar de paso, que condujera a los incas hacia lo que hoy día serían territorios del norte de Bolivia y oeste de Brasil. Arribamos, entonces, al segundo sector en cuestión.Los documentos coloniales que hacen referencia de manera más específica al Paititi, dicen ubicarlo a unas 200 leguas de Cusco (aprox. 1.100 Km al Este). Los historiadores que apoyan esta hipótesis fundan sus dichos amparados en estas fuentes escritas de los siglos XVI y XVII (que dan distancias aproximadas, nombran ríos y señalan accidentes geográficos), y no tanto en la tradición oral que circula hoy en la sierra. Dos de los más reconocidos investigadores que defienden esta posición son: el historiador argentino Roberto Levillier y el cusqueño Daniel Heredia.

    El romántico sueño de las ciudades perdidas perdura, y las espesas selvas podrían albergar todavía restos de ciudadelas no catalogadas. Toda esa zona a la que se llega remontando el cauce los ríos Vilcabamba y Pampaconas, es una verdadera mina sin explotar. Son muchas las referencias que los lugareños hacen respecto de muros, palacios y templos que ocasionalmente encuentran tapados por la espesura, pero a los que luego pocos se animan a ir, y menos aún denunciar. Como de manera muy acertada dijera un especialista norteamericano, destacado por la Universidad de California en Cusco: "Si los historiadores y arqueólogos europeos, que mueren por un simple jarrón o plato de origen griego, supieran lo que se puede encontrar en estos valles, cambiarían de especialidad. ¡Estamos hablando de ciudades enteras, y pocos saben o creen en ello!".

    Muchas ciudades perdidas esperan todavía ser descubiertas. Casi todos los años nuevos restos arqueológicos, antes no tenidos en cuenta, nos obligan a re-escribir parte de la historia de este continente. Quizás las ruinas del Paititi estén aguardando a su Hiram Bingham para salir de las brumas en las que ha estado durante tanto tiempo.

    Lo cierto es que hoy ya no negamos que los incas se internaron mucho más adentro en la selva de lo que suponíamos, y que es lógico pensar que levantaran en esos territorios fortalezas y puestos de avanzada. La ciudad de Vilcabamba "La Vieja", y las decenas de construcciones incas erigidas en la selva tropical, constituyen una prueba objetiva del alto grado de adaptabilidad que tuvieron los cusqueños. Por otra parte, las enormes dificultades que experimentamos al ingresar en esa zona de resistencia (precipicios, ríos impetuosos, calor insoportable, insectos, denso follaje) ha sembrado la duda sobre que la última dinastía quechua rebelde haya terminado efectivamente en 1572, al caer Vilcabamba en poder de los españoles. Es muy probable que los incas residuales (aquellos que lograron sobrevivir a la captura de Túpac Amaru I) hayan podido huir y conservar hasta mediados del siglo XVIII su aislado predominio, protegidos por la selva y los desbordes de los ríos.

    http://www.cpnradio.com.pe/html/2006/09/19/11/10.htm
     
    Última edición: 12 Dic 2007
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  2. Earthscapes

    Earthscapes Miembro frecuente

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    ...very good

    ..gran hallazgo, aunque se que hay muchos esperando.:)
     
  3. Karin

    Karin Suspendido

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    El Perú ha producido, y sigue produciendo, una corriente inagotable de realidades y fantasías que mantienen muy actual la posibilidad de encontrar ciudades perdidas. Nuesra variada y dificl geografía permite que se mantenga la aventura y la exploracion machete en mano. Nuestra rica historia precolombina de 5000 años de historia, cuya civilización más poderosa fue la incaica, facilita la probabilidad de "hallar algo" que permanezca oculto entre las escarpadas montañas o por el follaje de la cuenca amazónica. Los hechos así lo indican. El Perú ha dado pruebas de que las ciudades perdidas son una realidad tangible. Auténticas ciudades perdidas han sido descubiertas como Kuelap, Machu Picchu, El Gran Pajaten, vilcabamba, etc.

    Si el "Señor de Sipán", rodeado por sus tesoros y servidores, fue descubierto a pocos metros de la carretera Panamericana, ¿qué puede esperarse de aquellas regiones alejadas y prácticamente inexploradas que persisten, en las vertientes orientales de los Andes?
     
  4. Kira_Light

    Kira_Light Miembro de plata

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    Muy interesante Karin, pero creo que esos sitios arqueologivcos sera para mas adelante, apesar que ahora hay la suficiente tecnologia para hacer mas estudios, para su ubicacion y exploraxion, pero creo q por el momento mejor dedicarnos a preteger lo que resalta a la vista, como son huacas, y sitios arqueologicos ya que estos son depredados por gente inescrupolosa, e inculcar a la gente que debemos proteger lo nuestro, mostrar lo que tenemos a al mundo, saludos.
     
  5. Nirak

    Nirak Suspendido

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    An ancient “lost city” of the Incas may have been discovered in the jungles of Southern Peru. Paititi has long been sought after by hundreds of failed explorers.

    The team of Peruvian explorers who found it say they have also discovered tunnels, altars and ceremonial towers within the city. Archaelogists still need to determine if the vine-covered city east of Kimbiri, really is Paititi. Al Jazeera’s Tom Ackerman reports.

    [youtube]nlC3Mfp9f0g[/youtube]​
     
  6. zarel

    zarel Miembro maestro

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    .... paititi ????

    hoy conversaba con una amiga del trabajo jejeej ( haciendo hora :D ) .... y me comento que estaba leyendo sobre la leyenda del paititi que le habian contado en el cole, y me entro la curiosidad :oops: ... la poca informacion que encontre indica que de leyenda tiene poco porque incluso existen investigaciones y libros sobre este misterioso lugar .... me gustaria saber que es lo que tienen que decir y contar ya que encontre poco sobre esto ... :yeah:
     
  7. zarel

    zarel Miembro maestro

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    La leyenda del Paititi: versiones modernas y coloniales ------------ Vera Tyuleneva

    Entre los cuentos sobre el Paititi se puede distinguir dos versiones polares, diferentes por su género. La primera tiene una clara matriz mitológica. En ella el Paititi es un lugar utópico (ciudad de oro, a veces un país entero), con evidentes características sobrenaturales, cuyos habitantes son los incas interpretados como personajes míticos. En muchos casos Paititi existe fuera del espacio real, en otros textos se relaciona con puntos geográficos concretos. Pero en ambos casos, en el camino hacia allá aparecen circunstancias y obstáculos de carácter sobrenatural y se cruza la frontera entre el espacio rutinario, habitual y el “otro mundo”. A veces los narradores indican que a Paititi tienen acceso solamente “indios netos” que tienen lazos consanguíneos con los incas.

    (1) Paititi está en la misma selva, en el centro, en un pueblo de puro oro. Cuidan la entrada de la ciudad dos leones y luego hay dos pueblos y un mar que hay que cruzar para llegar adonde está el Inca. El mar es una ciudad grande. Se cruza a caballo sobre dos tigres. Cuando se está parado, vienen los tigres, se meten entre tus piernas, y cabalgando te llevan y te hacen cruzar el mar en un instante. Ellos mismos te traen de nuevo, siempre cruzando el mar. Pero no es cualquiera que puede ir allá. Solo los campesinos netos que tengan cualidades físicas y ademanes de inca, peluca larga hasta la cintura, vestimenta inca, negra, tejido de lana, poncho y ojotas.

    En ese pueblo de Paititi vive el Inca. En la conquista los incas dirigentes no murieron. Quienes murieron fueron las gentes, los soldados. Los Incas son inmortales. (Urbano 1993:294)

    (2) El pueblo de Paititi es un pueblo grande de oro, donde se trabaja el oro. Son hombres hijos de Dios, llenos de suerte [sami]. Allá se encuentran tres jefes: Qollarri, Incarrí y Negrorri. De ellos depende la vida de todo el mundo porque son ellos que rigen los destinos de todos (Urbano 1993:294).

    En esta versión la leyenda del Paititi se superpone sobre el mito escatológico del Incarrí (Inca-Rey). Incarrí es un personaje mítico, producto de combinación de varias personalidades históricas, el Inca asesinado por los españoles que debe resucitar en el futuro y restablecer en el Perú “la edad de oro” de la época de los incas (Ortiz 1973). En otras versiones del mito, este personaje está vivo en el presente y habita en un lugar escondido, en este caso en Paititi. Los dos otros personajes, Collarrí y Negrorrí, como demuestra Henrique Urbano en el artículo citado, son el resultado de la influencia del motivo bíblico de los Reyes Magos.

    (3) Para ver el Paititi desde lejanía –dice–, después de llegar a Paucartambo se va rumbo a Akhanaku. De ahí se ve un cerro alto, llamado Apu Kañihuay. Para subir a este Apu y divisar el Paititi hay que hacer despachos de calidad. Si no se hacen como debe ser, jamás se verá el Paititi ni jamás se podrá subir al Apu, porque antes que llegas a la punta caen rayos, lluvia, viento, granizada. El Apu siempre baja a quien se cree valiente o machito y peor aún a los extranjeros. Y si llegas sin novedad a la punta del Apu Kañihuay, él te cubre todo y todo con nubes de gran espesor y no puedes llegar a ver el horizonte. Y así puedes estar días y noches, o en el Apu o lejos de éste y él no deja ver nada. Por eso el despacho es importante (Urbano 1993:294-295).

    La segunda versión moderna que trata de Paititi más bien es, o pretende ser, un relato de hechos verídicos. En ella la ciudad perdida es unas ruinas antiguas, donde se encuentran los tesoros de los incas, cuya cantidad depende del temperamento del narrador. La línea narrativa suele consistir en un cuento sobre el protagonista, pastor o campesino, quien ha ido allá y regresó, generalmente trayendo evidencias de su descubrimiento. A veces se menciona que el afortunado se enriqueció fabulosamente con el tesoro encontrado.

    Lamentablemente, en la literatura especializada este tipo de relatos está ausente, razón por la cual presentamos aquí un texto registrado por un amateur, padre Juan Carlos Polentini, sacerdote de Lares, quien recogió gran cantidad de valiosa información de diferente índole sobre Paititi, desde la tradición oral moderna y fragmentos de crónicas hasta los materiales de sus propios viajes en busca de esta ciudad, y publicó dos libros acerca del asunto. Entre toda esta información encontramos varias narraciones anotadas de las palabras de Arístides Muñiz, un famoso contador de cuentos sobre Paititi. En el momento de la publicación de sus relatos, en 1979, Muñiz tenía 97 años y toda su vida había vivido en los valles cerca de Paucartambo, donde las leyendas y cuentos de Paititi circulan con más intensidad. Citamos aquí un fragmento de uno de los relatos que cuenta la historia de Florián Llacta, pastor de la hacienda de Bedagurín que fue enviado por el hacendado a buscar el ganado perdido. Muñiz la escuchó de la esposa del pastor alrededor de 1905.

    Mi marido fue a buscar [el ganado] y se fue siguiendo la huella por el camino incaico. Bajó un cerro. Existe el camino (es en el Apu Catinti, actualmente Cumbrerayoc). Como encontró huellas del ganado, los pumas habían arriado por todo ese camino. Así había llegado a una población incaica donde solamente faltaban los techos a las casas pero que había tesoros al por mayor. Una cosa admirable, y como mi marido estaba ya muy débil, sin comer, ni nada, sólo había podido traer un choclo de oro y dos cráneos de dos reses que habían acabado los animales. Así fue cargando esas calaveras las lleva a Bedagurín –“Los cráneos, señor, aquí están, habían comido los animales, y he encontrado todavía dos ganados vivos que he traído, y para que usted me crea, he traído este choclo de oro de esa población”. –“Entonces trae, pues, y regresa para que me pagues el resto del ganado”. El hombre traería lo que pudo. [...] La india, dice el anciano, le indicó que las cumbres por donde pasó su marido y por donde nace el río Chunchosmayo es el apu Catinti (Polentini 1979:105-106).

    Volvamos a la segunda versión del cuento sobre Paititi. Su protagonista generalmente se presenta como una persona real, que vivió o vive en el mismo pueblo o comunidad que el narrador, a quien él a veces declara conocer personalmente, a veces es su pariente o antepasado. En algunos casos el relato se desenvuelve en primera persona y se remite al pasado reciente. El detalle persistente es que el narrador trata de amarrar los acontecimientos del cuento con la realidad, como prueba de su veracidad. En la mayoría de los casos se utiliza la toponimia real. A veces el relato viene acompañado de una invitación a guiar al oyente a las ruinas descritas (en el caso de que el oyente esté de acuerdo en financiar el viaje). Esto se explica por el hecho de que esta clase de relatos sobre Paititi a menudo está relacionada con restos arqueológicos reales, no registrados o poco conocidos, que abundan en la selva alta. Por supuesto, los detalles acerca de los fabulosos tesoros resultan ficción o, en el mejor de los casos, exageración. Sin embargo, las mismas ruinas y su ubicación pueden resultar realidad. Por los tanto, este tipo de relatos puede servir como instrumento útil para los arqueólogos. Lamentablemente, los arqueólogos profesionales los ignoran y demuestran escepticismo al respecto, pero existen ejemplos de descubrimientos de monumentos arqueológicos sobre la base de esos cuentos. En los años 1950, dos ingleses, Sebastian Snow y Julian Tennant, guiados por una leyenda del Paititi, encontraron un pequeño monumento arqueológico inca en la zona del moderno parque arqueológico Vilcabamba (Tennant 1958). En 1979, los esposos Herbert y Nicole de Cartagena, en busca del Paititi a partir de la tradición, encontraron en el Parque Nacional Manu un monumento interesante llamado Mameria (Cartagena 1981). Infortunadamente, desde el momento de su descubrimiento este resto arqueológico ha sido saqueado sin control, mientras las investigaciones profesionales no han sido realizadas hasta ahora.

    Estudios históricos sobre este asunto son igualmente escasos, como los trabajos de la tradición oral moderna sobre el Paititi. Probablemente, la única obra significativa es el libro del historiador argentino Roberto Levillier: Paititi, El Dorado y las Amazonas (Levillier 1976). El trabajo fue publicado varios años después de la muerte del autor y consiste en los materiales sueltos organizados por sus parientes y amigos. Sin embargo, el valor del libro es indiscutible. Su mayor mérito, a nuestro parecer, es el uso de fuentes escritas poco conocidas pero muy interesantes. La más interesante para nosotros es “Informaciones hechas por Don Juan de Lizarazu sobre el descubrimiento de los Mojos”, documento original de Bolivia oriental del año 1636, que reúne testimonios de varias personas que participaron en expediciones en busca del Paititi o disponían de otra información valiosa al respecto (Lizarazu 1906). Levillier incluyó en su libro unos fragmentos de este documento, pero dejó sin atención muchos datos valiosos. Por lo tanto, nos dirigimos a la fuente original.


    aqui hay algo.... un copiar o pega pero bueno ..... sera "el dorado" como la peli.... si hay tantas expediciones ( aqui no las cuentan pero hubieron y hay muchas ) es porque en realidad se encontro o se ha visto algo ...
     
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  8. man utd

    man utd Miembro de bronce

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    nadie respondió la pregunta de la chica, yo te contesto amor,

    Paititi o Paitití es una ciudad legendaria de la cual se dice está actualmente perdida al este de los Andes, escondida en alguna parte dentro de la selva tropical del sureste de Perú, norte de Bolivia y el suroeste de Brasil (especialmente en la región del Acre).


    En Perú la leyenda gira en torno al héroe cultural Inkarri, quien después de fundar Q'ero y Cusco se retiró hacia la selva de Pantiacolla, a vivir sus últimos días en la ciudad de su refugio, Paititi.

    Otras versiones de la leyenda habla de Paititi como un refugio de los Incas en la zona fronteriza entre Bolivia y Brasil.


    Supuesto descubrimiento
    En 2001 el arqueólogo italiano Mario Polia descubrió en los archivos de los Jesuitas en Roma un informe del misionario Andrea López. En este informe, cuyo origen data de alrededor del año 1600, López habla de una ciudad grande, rica en oro, plata y joyas, ubicada en medio de la selva tropical, cerca de una catarata llamada Paititi por los nativos. López informó al Papa de su descubrimiento, pero algunas teorías conspiracionistas cuentan que el lugar exacto de Paititi ha sido mantenido en secreto por el Vaticano.

    Quienes suponen que el mito refleja una realidad concreta, sugieren que la ciudad del Paititi y sus riquezas se encuentran probablemente en las selvas montañosas del departamento del sureste peruano llamado Madre de Dios en algunos de los valles actualmente abarcados por el Parque Nacional del Manu, al este del Cerro Atalaya hacia los lugares llamados Pantiacolla en cuyas cercanías existen sugestivos montículos llamados "pirámides" de Paratoari, aunque estos llamativos montículos piramidales vistos desde el aire y recubiertos de densa yunga parecen ser formaciones geológicas naturales.

    En cuanto a la malograda expedición realizada por Percy Harrison Fawcett, éste buscaba una ciudad perdida en la Amazonia en zonas próximas a las fronteras de Brasil con Bolivia y Perú, a tal ciudad le dio el nombre Ciudad perdida de Z, en las hipótesis de éste explorador tal ciudad se confundía con la supuesta del Paititi aunque más al este, en la cuenca de río Xingu o Shingu, lo más probable es que Fawcett haya mal interpretado textos (en los cuales resonaba la leyenda del Paititi) y relatos antiguos creyendo que el sistema de grandes aldeas pobladas por amazonidos agricultores e interconectadas por pistas constituían una urbe en el sentido usual de la palabra (con palacios y edificios de mampostería).


    Exploradores
    Desde entonces, se han llevado a cabo investigaciones más serias asociadas con Paititi en lugares perdidos de montañas y selvas peruanas. Algunos de estos nuevos exploradores han sido el médico y explorador peruano Carlos Neuenschwander Landa, el argentino sacerdote salesiano Juan Carlos Polentini Wester, por informaciones y relatos del hacendado Aristides Muñiz Rodríguez de la zona de Lares y Lacco como lo relata el libro "Paititi En la Bruma de la Historia", y "Paititi" de Editorial Salesiana y desde 1984 hasta fecha reciente (2007) el psicólogo/explorador Gregory Deyermenjian (EEUU) y el explorador/cartógrafo Paulino Mamani (Perú).
    Enlaces external Mario Polia in italian Wikipedia http://www.paititi.com/search-for-paititi.html http://www.paititi.com

    Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Paititi"
     
  9. man utd

    man utd Miembro de bronce

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    El reino perdido de Paititi
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    Para los escépticos el reino perdido del Paititi no es mas que una fantasía, un refugio psicológico de los antiguos cusqueños para depositar la frustración de su derrota. Sin embargo hay otros que no descartan la posibilidad de su existencia real, aportando evidencia tras largos viajes de exploración. El reino del Paititi habría sido un conjunto de ciudades conectadas a la red de túneles andinos, que habrían servido como último refugio a los supervivientes del imperio incaico, cuyo origen se remontaría a la noche de los tiempos. En Paititi, según el relato de los ancianos de los Andes, vive el Inca Rey soberano Intipchurrin (hijo del Sol) quien hasta hoy reina en silencio, preparándose para restaurar el interrumpido orden del universo. Aquel lugar era la última avanzada que alcanzaron cien años antes de la llegada europea, los ejércitos imperiales del inca Túpac Yupanqui. La difícil geografía y la resistencia de las tribus del lugar llevaron al inca a un tratado con el gran padre (Yaya) señor del Paititi. En memoria de tal acuerdo se erigió una ciudad en la meseta del Pantiacolla, conectada con Paucartambo por siete depósitos de aprovisionamiento (Tambos). Al Pie de la ciudad se habría construido una laguna negra y cuadrada de la que partía un camino de lajas que la conectaba con ella.

    La ciudad se encontraba en la naciente de un rió que caía hacia un abismo, dando lugar a una exótica cascada. La montaña estaba atravesada de un lado a otro por profundas cavernas con múltiples ramificaciones. Este laberinto formaba parte de lo que los lugareños reconocían como un santuario, por cuanto se veía salir del interior de las grutas a unos hombres muy altos vestidos con túnicas blancas, los primeros guardianes llamados Paco-Pacuris, supervivientes de una civilización altamente desarrollada que se habría extendido en el pasado por toda la región amazónica desde la vertiente de la cordillera oriental hasta la confluencia de los ríos Madre de Dios y Beni en Bolivia, y que habría sido arrasada por una inundación provocada por las ultimas deglaciaciones.


    [​IMG]
    La ciudad construida se llamó Paiquinquin Qosqo, que significa la ciudad gemela al Cuzco, y se encontraba al final de un cañón recóndito, en un valle en forma de cono volcánico y con un microclima propio. Según el misionero Francisco de Cale (1686) al Paititi se llega tras 5 días de marcha desde el Cuzco. La gran serpiente Amaru-mayo, antiguo nombre del rió Madre de Dios, se interna en una región temida por los quechuas. Este ofidio imaginario de proporciones descomunales era un dios, cuyo cauce se alimenta de una decena de ríos. Apucantiti es la ultima gran montaña desde la cual se divisa todo. Aquí empieza el legendario valle prohibido de la luna azul, refugio de los Amaru u hombres serpiente, que emigraron hace mas de 500 años, al derrumbarse el imperio del sol.
    La búsqueda a traves de la historia
    Culturalmente esta región es "uno de los países fabulosos de América que incitaron la codicia de los conquistadores. Es así que en su búsqueda salió del Cuzco a mediados del s. XVI la primera expedición española, jefaturada por Francisco de Aquino terminando con muy malos resultados. En 1588 hay otro intento a cargo del hispano Juan Álvarez de Maldonado teniendo un triste final. Poco tiempo después se descubre en la selva cuzqueña, parte de la ciudad incaica de Vilcabamba "La Grande" o la "Gran Vilcabamba", incendiada y abandonada.

    Es interesante comprobar el titulo de "Gran" que se le da a este espacio geográfico, cabiendo la posibilidad que ello responda a una influencia posterior y masónica del s. XVIII. Recordemos que en esta ciudad de piedra se ubicaron doscientos años antes los últimos cuatro Incas, y que nuestra Historia Patria los califica como "rebeldes" ante su decidida actitud contra la invasión española. Ella duro un periodo de casi 70 años, comenzando por Manco Inca II quien ataco y resistió a los hispanos cuarenta años, continuando su hijo Sauri Túpac y quien se vio obligado a firmar un tratado de paz en 1561. Esto quedo desconocido posterior y militarmente por Tito Cusi, siguiendo la lucha Túpac Amaru I hasta que fuera capturado y vilmente decapitado en el Cuzco. Él es pues el ancestro de Túpac Amaru II.

    De estos momentos es el reconocido cronista Juan de Betanzos, designado parlamentario por los capitanes españoles antes los Incas de Vilcabamba. Este, según el Dr. Raúl Porras Barrenechea traslado casi literalmente los cantares épicos del Tahuantisuyo en su texto "La Suma y Narración de los Incas" (Biblioteca del madrileño Monasterio de San Lorenzo de El Escorial). Al respecto en 1987 la perseverante historiadora española Maria del Carmen Martín Rubio, en unos muy antiguos archivos de la isla de Mallorca encontró un manuscrito de Betanzos del año 1572, en que precisamente describió la Vílcabamba que conoció. Conviene anotar que en Mallorca hay una vieja provincia y villa llamada "Inca".

    Sobre el particular recientemente el arqueólogo peruano Mario Polia con más de treinta años estudiando las civilizaciones pre-hispánicas del Perú, halló en el Vaticano antiguos documentos de sacerdotes misioneros jesuitas que aseguraban haberse relacionado en el s. XVI con gente aborigen de la región del Paititi. Durante el s. XVII el Gran Paititi pasara desapercibido. A mediados de los años 1700 resurgirán nuevamente comentarios de su existencia, sobre todo en el Cuzco. Así cuando la rebelión del mes de mayo del año 1742, en la ceja de selva central y que lidera el mestizo Juan Santos Atahualpa (de quien se cree tuvo influencia masónica), se sabía "que un primo hermano suyo estaba reinando en el Gran Paitití", conforme lo trascribe el Dr. Franklin Pease García Irígoyen en su excelente trabajo "Antecedentes Mesiánicos al Alzamiento de Túpac Amaru".

    En los tiempos siguientes sobre todo en el s. XIX el Gran Paititi es relacionado con "El Dorado" bajo la visión de encerrar tesoros, lo que atrajo nuevas expediciones. El norteamericano Hiran Bingham luego de recibir 10,000 dólares el 04.04.1912 de la National Geographic Society, encontró Machu Pichu cuando estaba buscando el Paititi. En esa misma dirección en 1921 el sacerdote Vicente Cenita Goya, en la selva de Pusharo-Cuzco y en zona "machiguenga" descubrió petroglifos inscritos sobre una inmensa roca de 11 metros de largo y por dos de ancho, sustentando ser "vestigios de una civilización de la que no se tenía noticia". En esta zona y al año siguiente el coronel ingles Percy Fawcett y su hijo Jack, fueron asesinados por los selváticos al pretender ingresar a ella.


    Donde la historia se mezcla con la leyenda
    Detrás del Santuario Mayor del gran templo inca del Coricancha (templo del Sol), existe una entrada llamada de la gran Chingana, que es un túnel que comunica el santuario con la fortaleza de Sacsayhuamán, situada en lo alto de un cerro muy pronunciado y construida con piedras de varias toneladas. Este túnel fue usado en el siglo XVI, durante la invasión española que se sumo a la guerra fratricida entre Huascar y Atahualpa por el imperio incaico, por el príncipe Inca Choque Auqui (Príncipe Dorado) hermano de estos, quien según la leyenda abandono en medio de aquella crisis el palacio de Amarucancha llevándose la momia de su padre Huayna Capac y una estatua del mismo en oro, que envolvía su corazón momificado, llamado Wauke. El príncipe huyo en compañía de sus Maestros (Amautas), archiveros (Quipucamayocs), sacerdotes (Willajs), vírgenes del sol (Ajillas), nobles (Orejones) y algunos guerreros, escapando de la inminente invasión de los hombres de Atahualpa.

    Así, vista en peligro su ciudad, la elite social e intelectual Cusqueña habría fundado "otro Cuzco" siguiendo el camino de los antiguos, hacia un oasis de paz para salvaguardar los tesoros de su imperio. Se mantendrían allí, aislados hasta que el orden cósmico fuese restituido, y tanto la sabiduría como el conocimiento transmitido por los dioses volvieran a imponerse. El tesoro guardado en aquella región apartada no estaba formado por joyas u oro. Paititi guardaría una estirpe de hijos de dioses, de sacerdotes así como el conocimiento secreto del culto solar. Se oculta allí la historia secular de un pueblo que unió la tierra con el cielo, sintetizando todo el saber de las culturas que lo precedieron.


    Las evidencias
    [​IMG]
    Las crónicas españolas relatan que Paititi fue construido y habitado después de la caída del Imperio Incaico. El cronista Maúrtua (Crónica, 1677) relata que una vez dominado el Cuzco, uno de sus habitantes fue interrogado:

    ¿Dónde está el Inca? -le habría preguntado un español -.

    El Inca, la corona y muchas otras cosas más -habría contestado- están en la unión del rió Paititi y el rió Pamara (desaparecidos en el tiempo) a tres días del rió Manu.

    Existe un viejo mapa realizado en el siglo XVII en el museo eclesiástico del Cuzco, que fue traducido del quechua por unos misioneros jesuitas. Sobre el fondo del mapa están dibujados ríos y montañas.

    Alrededor del mapa se lee: Corazón del corazón, tierra india del Paititi, a cuyas gentes se llama indios: todos los reinos limitan con él, pero él no limita con ninguno.

    En el centro y arriba: Estos son los reinos del Paititi, donde se tiene el poder de hacer y desear, donde el burgués solo encontrara comida y el poeta tal vez pueda abrir la puerta cerrada desde antiguo, del mas purísimo amor.

    En la parte inferior derecha: Aquí puede verse el color del canto de los pájaros invisibles.

    Estas frases crípticas forman parte de la leyenda, hasta la fecha mas de diez expediciones han fracasado en su intento de alcanzar este mítico reino. Los aviones y helicópteros que se acercan a la zona sufren con extrañas averías o repentinos cambios de tiempo. Las fotografías satelitales encuentran el lugar con espesas nubes. La zona posee una especial anomalía.

     
  10. man utd

    man utd Miembro de bronce

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    El camino hacia el Paititi
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    Muchas expediciones han recorrido diferentes caminos para intentar llegar al mítico reino. Uno de ellos es el que saliendo del Cuzco, por una carretera pavimentada llega a Oropesa luego de pasar por San Jerónimo, mas adelante y hacia la izquierda se toma un desvió de carretera afirmada de tierra y piedra que suben en zig zag empinadas cuestas, para luego de muchas horas de viaje llegar a Paucartambo, de allí se desciende desde la localidad de tres cruces por el valle de Cosñipata hasta Pilcopata donde se encuentra parte del camino inca y finalmente a Shintuya, ultimo centro civilizado, en Madre de Dios, formado por una pequeña misión de padres domínicos a orillas del rió Madre de Dios.

    Desde Shintuya se continua en barcas a motor, al cabo de cinco horas, se llega a la desembocadura del rió Palotoa. A 15 km. de la desembocadura del Palotoa el trayecto a pie empieza. En algún recodo del rió, se llega a una aldea Machiguenga. Es recomendable establecer un campamento en la orilla opuesta a la aldea principal. Para llegar a ella se debe recorrer cerca de dos días. Una vez en ella se debe esperar una autorización para cruzar el rió Siskibenia y llegar a la piedra de Pusharo.

    Pusharo, es un lugar sagrado donde se encuentra una gigantesca pared rocosa llena de petroglifos que para algunos representa un mapa de la ruta al Paititi, esta gran pared litica contiene grabados diversos signos y figuras totalmente desconocidas, esta se encuentra en la margen derecha del rió Palotoa afluente del rió alto Madre de Dios. Estos petroglifos fueron avizorados inicialmente en 1921, por el domínico Vicente de Cenitagoya; los visito posteriormente el médico y explorador Peruano Carlos Neuenschwander Landa, quien cree haber identificado entre esos enigmáticos ideogramas un mándala, quizá de origen sánscrito, el cual se encuentra encerrada en un circulo; el padre Torrealba (1970); y el Arqueólogo Peruano Federico Kauffmann Doig (1980) entre otros.

    Desde el punto de vista arqueológico, no hay al presente explicación satisfactoria acerca de los diseños de Pantiacolla, ni correlaciones con otras culturas, se ignora así mismo la edad de estos petroglifos. Sin embargo algunos investigadores creen que representa un medio para llegar al mítico reino de Paititi.

    En dirección a las nacientes del rió Siskibenia, se abre un cañón (Maisnique), que es considerada zona prohibida, pues en ella viven los hombres vestidos de blanco. El cañón tiene una longitud de cuatro kilómetros, de allí hasta la meseta de Panticolla hay casi 45 km. de selva virgen. Tres días después se llega al pie de la meseta de Panticolla, pudiendo observarse la entrada de la caverna en forma de corazón hasta el interior de la montaña. De allí en mas es tierra prohibida.

    Según las leyendas, mas allá debe hallarse él mítico cerro en forma de puño con cinco puntas, delante otro cerro mas, luego las caídas de agua, mas allá la laguna rectangular, y muy cerca la ciudad de Pantiacollo centro neurálgico del mítico reino del Paititi.
    [​IMG]

    saludos edgar :hi:
     
  11. Pacificadorjwc

    Pacificadorjwc Suspendido

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    Me hace recordar a la cuidad perdida de "El Dorado"... La cual varios afirman que ya fué encontrada, yo no lo creo !

    Un saludo ! :hi:
     
  12. Belial

    Belial Suspendido

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  13. zarel

    zarel Miembro maestro

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    a mi tambien me hace pensar muxo en el dorado .... yo si creo que existe, los incas dejaron tantos misterios ....
     
  14. javier2521

    javier2521 Miembro de bronce

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    Si nunca se va a saber toda la verdad y misterio de los incas.
     
  15. ktyr

    ktyr Miembro nuevo

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    Buen hallazgo hice al encontrar este foro..por favor publiquen mas sobre el tema.saludos.
     
  16. Johc

    Johc Miembro maestro

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    Hay varias historias ... una vez esuche en Cusco sobre un general peruano que encontro estatuas de los incas en su helicoptero por la selva del Cusco, cuando regreso con equipos para llevarselas salieron los guardianes de la zona con machetes y algunas armas para atacarlos, lo cual los obligo a escapar pues no eran muchos. Solo dicen que recogieron algunas piezas pequeñas y que cuando regresaron con soldados mejor armados las estatuas y todo vestigio de hombres habian desaparecido. Bueno hay leyendas de que estos hombres son los guardianes de estos objetos incas y que viven en la selva tratando de alejarse de los hombres de las ciudades.

    ----- mensaje añadido, 22:44 -----

    No creo que sea necesariamente el Dorado, mas bien me parece que es como un ultimo vestigio inca, de hecho me parece haber visto que algo similar sucedio en Ecuador cuando los generales de Atahualpa tambien huyeron hacia la selva ecuatoriana.
     
  17. Neo_Carlos

    Neo_Carlos Miembro de plata

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    Realmente, posee cierto parecido con "El Dorado"; yo opino que los Incas debieron dejar numerosas ciudadelas de caracteristicas similares... las cuales deben estar localizadas en la selva, y, por el pasar de los años algunas de ellas sean inaccesibles...
     
  18. Johc

    Johc Miembro maestro

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    Vi un documental en You tube sobre el Pusharo que son esas representaciones que muestras en la Piedra, al parecer no tienen mucha relacion con los Incas.... pero en fin hasta que no se investigue completamente la zona ... que sera?
     
  19. Johc

    Johc Miembro maestro

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    Alguien sabe si hay alguna leyenda similar en Mexico?
     
  20. TortugasCorren

    TortugasCorren Miembro maestro

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    eso si eh escuchado y tiene q ver bastante con el Dorado tb.
     
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