La Batalla de Tarapaca

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por jafetbo, 27 Jun 2010.





  1. jafetbo

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    LA BATALLA DE TARAPACA


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    Cuando en 1921 el anciano mariscal Andrés Avelino Cáceres es entrevistado por el diario la crónica el periodista le pregunta:

    -mariscal ¿Cómo fue la batalla de san francisco?

    El mariscal frunce el ceño y con voz grave y amarga dice:

    “Aquello mejor que no lo relate. Es demasiado doloroso”.

    El silencio de aquel anciano titán simboliza la herida abierta que significo el principio del fin de la alianza peruano boliviana.

    El general peruano Juan Buendía, con lo que se había dispuesto del ejército peruano boliviano, había salido del Pozo Almonte el 16 de noviembre de 1879, el 17 Pozo Ramírez hasta Negreiros el día 18. En un caserío elegido como punto de partida para la marcha del ejército aliado hacia Dolores surgieron las primeras desavenencias entre los oficiales peruanos y bolivianos sobre cuál era la ruta más a propósito para realizar la marcha.

    La alianza era una alianza forzada. Ni los bolivianos ni los peruanos estaban conformes con el proceder de su aliado y hasta la desconfianza primaba sobre cualquier posible sentimiento de solidaridad en el agudo trance de una guerra inesperada.

    Cáceres recuerda que el ayudante del general Buendía, el comandante Rubén de Celis fue hasta donde acampaba para pedirle ayuda ya que la discusión entre los oficiales peruanos y bolivianos había llegado a limites alarmantes y que él era el más apropiado para calmar los ánimos. Cáceres le respondió que no podía abandonar a su división y que en todo caso se dirigiese al coronel Manuel Suarez para solucionar el conflicto, lo cual hizo.

    Al proseguirse la marcha el 18 al día siguiente se divisó a la vanguardia del ejército chileno que había tomado posiciones defensivas en la cima del cerro San francisco. Era una vanguardia de unos miles de efectivos que esperaban los refuerzos que llegarían por el ferrocarril en las próximas horas. Esta vanguardia estaba al mando del coronel Sotomayor que al divisar al ejército aliado, que superaba patentemente sus efectivos preparaba una retirada táctica ya que ante fuerzas semejantes la resistencia sería inútil.

    El general Buendía vio que de esta forma estaba coronado por el éxito inicial y que la campaña iba a iniciar con buen pie. Los efectivos aliados se habían reducido a poco más de 6,000 soldados mal pertrechados; pero al parecer duplicaban a las fuerzas enemigas que defendían la cima con una temible batería de 34 cañones.

    Dispuso entonces el ataque… pero desde el inicio sufrió la oposición pertinaz de los comandantes bolivianos. No había ningún tipo de unidad de criterios estratégicos y en discusión tras discusión pasaba el tiempo que trabajaba a favor de la vanguardia chilena que esperaba desesperadamente los refuerzos que los salvarían de una segura derrota.

    Los bolivianos adujeron muchos motivos para no atacar:
    “Que el ejército se encontraba en malas condiciones, que las posiciones enemigas son inexpugnables, que se equivocaba el punto de ataque en san francisco en vez que de dolores, que nada se sabía del presidente boliviano Hilarión Daza que deba atacar por el norte, etc. etc. etc.”

    En contra de todas aquellas razones absurdas se encontraba la certeza de un enemigo poco seguro en su posición, que esperaba los refuerzos del general Escala para defenderse ya que sus efectivos eran magros y con cada segundo que se perdía se perdían también las posibilidades de una victoria.

    La división de Cáceres era la reserva. A la derecha el general Buendía al mando de las divisiones Bustamante, Dávila y la boliviana Villegas. A la izquierda el coronel Suarez al mando de las divisiones Velarde, Bolognesi y la boliviana Villamil. Así formados avanzaron en posición de ataque hasta que se dio la estúpida orden de parar. “Se mandó hacer alto y seguidamente armar pabellones y descansar.” Cáceres no lo podía creer al verse en media pampa con su tropa bajo el sol durante horas mientras que llegaban los refuerzos chilenos sin cesar gracias a los vagones repletos de efectivos y caballería:

    “Y si inmediatamente, después de practicado el despliegue hubiéramos emprendido el ataque, seguramente habría sido nuestro el triunfo, porque hubiéramos atacado al enemigo con superioridad de fuerzas, pudiendo aislarlo de su base de Pisagua y aprovechar al propio tiempo el efecto moral, que sin duda le caso nuestra superioridad numérica y nuestro avance de las primeras horas.
    Pero este alto intempestivo, en media pampa, nos hizo perder todas estas ventajas. Estacionados allí, bajo los rigores de un sol abrasador, si agua para saciar la sed, no se consiguió sino que el desaliento invadiera el ánimo de los soldados. Los jefes nos mirábamos estupefactos, no explicándonos el porqué de semejante determinación del mando en jefe, especialmente los bolivianos. Díjose que obedecía a que se esperaba aviso del general Daza cuyas fuerzas debían atacar al enemigo desde el lado opuesto. Pero a poco se propagaba velozmente en las filas la desagradable noticia de que daza no atacaría y había contramarchado a Arica produciendo el consiguiente efecto desmoralizador en las tropas”. (Cáceres, Memorias)


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    En efecto el plan original de un ataque coordinado se había venido abajo con la traición del presidente boliviano Daza que no tenía la mínima intención de combatir.

    Después de horas se ordenó un nuevo avance y nuevamente se mandó hacer alto a tiro de cañón de un enemigo estupefacto que desde la cima del cerro San Francisco no salía de su asombro ante maniobras tan sin sentido y extrañas. Todo ello se debía a que en el campamento aliado había estallado una pelea de proporciones entre bolivianos y peruanos llegando hasta el insulto y el amago de empuñar las armas. Cáceres mismo tuvo que intervenir para separarlos y evitar una escena aún más bochornosa. Las horas pasaban el enemigo se reforzaba y las tropas aliadas se achicharraban en la pampa a tiro de fusil de los chilenos que no acertaban a comprender que estaba sucediendo.


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  2. jafetbo

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    Frustrado, Cáceres ordeno preparar rancho para su división y llenar cantimploras en el pozo el porvenir, inmediato al cerro San Francisco.

    Ordeno a la VI compañía del batallón Zepita y otra del batallón boliviano Illimani de la división de Villegas resguardar al pozo. Los soldados bolivianos y peruanos se trataban igual que sus jefes y se disputaban cada chorro de agua empujándose y dando de empellones ante la atónita mirada de los chilenos en el cerro.

    No obstante, el héroe del día, el comandante peruano Ladislao Espinar, a lomos de su caballo se pavoneaba en las mismas faldas del cerro, provocando a los chilenos que no podían creer la osadía de este peruano que creían loco ya que con desprecio de su vida mostraba el pecho y los insultaba, alentándolos a dispararle. Este hombre extraordinario pertenecía a la ambulancia pero estaba decidido a conquistar la gloria…y lo hizo.

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    La oportunidad le vino cuando entre los empellones que se daban las tropas aliadas en el pozo se escapó un tiro de fusil. Los soldados chilenos, en extremo nerviosos, descargaron sus armas sin que se les diera la orden y en cualquier dirección. No produjo más que un sobresalto. Pero a Espinar le vino como anillo al dedo: tomo la iniciativa y dando grandes voces ordeno formar en guerrilla lanzándose con la compañía del Zepita y del Illimani cerro arriba en pos de todo el ejército chileno. El ataque fue tan veloz y certero a bayoneta calada que lleno de pánico a los chilenos. Cuando el temerario y suicida Espinar conquista la arista de la cumbre las tropas chilenas, ya repuestas, descargan todo su poder de fuego contra los bolivianos y peruanos del Zepita; pero a pesar de los muertos y los cuerpos destrozados por la metralla no detienen a Espinar que posa su mano ensangrentada sobre un cañón chileno muriendo al pie del mismo. Había alcanzado la inmortalidad.

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    Este ataque sobresaltó a todos en la pampa y en vez de ser aprovechado sumió en la indecisión al alto mando aliado que no atinaba que hacer.

    Cáceres se aprestaba a avanzar para apoyar a las tropas peruano bolivianas que morían en la cima de San Francisco pero fue ordenado a detenerse y ver con impotencia como morían sin esperanza aquellos héroes que habían sido reforzados por las compañías de los batallones Puno N° 6 y Lima N°8, se habían apoderado de los cañones y habían puesto en fuga a los chilenos que abandonaron hasta sus alimentos; pero sin refuerzos esta hazaña incomparable de la infantería estaba destinada a fenecer. Los chilenos si reciben oportunos refuerzos y los batallones Coquimbo y Atacama realizan una descarga cerrada sobre los restos sangrantes del Zepita y demás compañías peruano-bolivianas exterminándolas por completo.

    Los soldados chilenos recuperan sus cañones y bombardean a la división boliviana Villamil que absurdamente se había colocado a tiro de cañón intentando rodear por el costado oeste y detenido a medio camino colocándose como inmejorable blanco para la artillería del cerro Dolores. El fuego desordena sus filas y se produce la desbandada arrastrando a otras unidades bolivianas lanzando los gritos de “a Oruro, a Oruro” y en estampida las tropas bolivianas se retiran. Y cuando los jefes peruanos trataban de detenerlos los bolivianos les respondían “que no querían sacrificarse a favor del Perú, que ya habían hecho demasiado.”

    Cuando cesaron los fuegos los peruanos se encontraron en el absurdo escenario de encontrarse solos, estupefactos por lo que acababan de presenciar sin poder creer que ahora, con apenas unos miles de hombres se veían obligados a retirarse en silencio. Los chilenos no tenían la más mínima idea que habían vencido casi sin combatir. Estaban convencidos que la batalla aún no había iniciado y se resistían a creer que hubiera terminado todo. Escala perdió la enorme oportunidad de aplastar al ejército peruano en medio de esta debacle moral y material. Le falto audacia e iniciativa militar, para suerte de las tropas peruanas.

    “Fue ciertamente un triunfo obsequiado por los aliados a su enemigo común, pues en rigor no hubo derrota de las armas aliadas, sino que ellas mismas causaron su desastre.” (Cáceres, memorias)

    El general chileno se irguió en la acción como triunfador aunque esperaba el verdadero ataque al día siguiente. Al percatarse de la dispersión de sus enemigos no los persiguió. Solo unos heridos en la pampa y los muertos en el cerro dejaban constancia que ahí había sucedido algo.

    Cáceres, como los demás jefes, esperaba que los chilenos, ahora muy superiores en fuerzas, descendieran del cerro, pero jamás lo hicieron. El general Buendía había apresurado su retirada a Tarapacá abandonando al ejército que se le había confiado.

    Así un periodista chileno, corresponsal de guerra afirmo:

    “La batalla de la Encañada o Dolores no fue propiamente una batalla, pero si la más esplendida y barata de nuestras victorias…fue una felicidad inesperada.”

    Si bien está claro que no fue una batalla propiamente dicha sus efectos fueron indudables. Fue un desastre estratégico absoluto y completo que marcaría el proceso posterior de toda la campaña.
     
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    TARAPACA


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    CACERES


    Al ver la inacción del ejercito enemigo, al oscurecer el día Cáceres se reunió con los coroneles Bolognesi, Castañón, Dávila y fajardo y con el jefe de estado mayor coronel Suarez para decidir si se debía retirarse y por dónde. Se resolvió la retirada y por Tiliviche hacia Arica. Pero la extrema imprevisión de esa campaña vendría a perturbarlos una vez más.

    No se disponía de guías ni de mapas de un territorio que era hasta entonces peruano. El soldado que se prestó para servir de guía solo logró desorientar la marcha de este lastimoso ejército que pernocto y amaneció solo para comprobar que no se habían distanciado gran cosa del ejército chileno que permanecía en la más completa inacción. A espesa niebla había impedido que fueran detectados en su desorientación y la ineptitud del general chileno Escala se evidencio aún más ya que las tropas chilenas fácilmente les habrían cortado la retirada en medio de su desconcierto.

    Para colmo de males se comprobó que el camino que creían de Tiliviche era el de Tarapacá y se vieron obligados a seguirla y atravesar la árida y ardiente pampa de Tamarrugal, bajo un sol terrible, en el colmo del agotamiento, sin rancho y sin agua.

    El sufrimiento fue extremo, la marcha torturante, el calor asfixiante. Algunos soldados desesperados por la sed se bebían sus propios orines, otros se colocaban pedazos de plomo en la boca para así estimular la secreción de saliva y menguar la sensación de sed. Cáceres se sacó un limón de su bolsillo, lo corto en delgadas rebanadas y se las repartió a los hombres de la banda de guerra del Zepita que estaban a punto de sucumbir y de no ser por la pequeña aldea Curaña muchos hubieran perecido.

    El 22 de noviembre de 1879 esta harapienta tropa con 3,700 efectivos llegan al fin al pequeño pueblo de Tarapacá enclavado en el fondo de un valle angosto flanqueado por cerros “de escabrosa endiente”. Al norte de dicho pueblo y en el mismo valle se encuentran los pueblos de Pachica y Quillahuasa al sur de las aldeas de San Lorenzo y Huarasiña.

    Para esta sufrida tropa la visión de Tarapacá era la visión del paraíso. Al fin podrían descansar y olvidarse de la resiente pesadilla.

    Los que no descansaron fueron los jefes divisionarios que se reunieron en junta militar y se acordó telegrafiar a Iquique, en donde se hallaba aislada la V división del coronel Ríos para que se reúna con ellos en Tarapacá para que juntos proseguir la marcha hacia Arica. Así también se dispuso que debido a la pequeñez del pueblo de Tarapacá se destacara la división Vanguardia del coronel Dávila y la I del coronel Herrera a Pachica, distante 15 kms. Permaneciendo en Tarapacá la división Exploradora del crnel. Bedoya, la III del crnel. Bolognesi y la II del crnel. Cáceres.
    La V división llego a Tarapacá sin contratiempos el 26 de noviembre aumentando el efectivo peruano a 4,500 soldados aunque sin calzado, sin parque, sin artillería y sin caballería. Tenían que partir pronto hacia Arica para prevenir una reacción del ejército chileno que podía coger en Tarapacá a todo el ejército peruano encajonado en un callejón sin salida por la topografía misma del terreno escarpado y la posición del pueblo.

    El general chileno Escala, se sacude al fin de su letargo y negligente inactividad envía al fin una expedición al mando del coronel Vergara con 1,500 efectivos para inquirir la posición y situación de las según creía dispersas y desorganizadas tropas peruanas.

    Vergara llega a Tarapacá el mismo día de la llegada de la V división Ríos y se percata al instante de la gran oportunidad y prudentemente envía por refuerzos que no tardaron en llegar: 2,500 efectivos de elite, con cañones Krupp para realizar una matanza sobre los peruanos. Y se inició la marcha sobre los peruanos para cercarlos por sorpresa para tomarlos prisioneros o matarlos a mansalva como en Pisagua.

    Para este ataque que debía ser una masacre disponía Vergara de 4,000 soldados, los mejor equipados y entrenados que atacarían por sendos puntos en simultaneo para impedir todo intento de escape: la I división, compuesta por el regimiento II de línea, dos cañones de montaña y 25 jinetes conducidos por el crnel. Ramírez caería sobre Huarasiña. La II división, compuesta por una brigada de artillería de dos cañones Krupp, batallón de Guardias nacionales movilizado y batallón Chacabuco conducidos por el crnel. Arteaga caerían directamente sobre Tarapacá; La III división compuesta del batallón zapadores, 2 compañías del 2do de Línea, 4 cañones Krupp y un escuadrón de granaderos de caballo dirigido por el comandante Ricardo Santa Cruz tenía la misión de cortar la retirada a los peruanos cayendo por Quillahuasa.

    Ignorantes de lo que se le avecinaba el ejército peruano estaba tomando su rancho antes de la partida. Cáceres se hallaba con su división recostado en el lado occidental de la quebrada próxima a la pendiente.

    Por suerte tres arrieros vieron la proximidad sigilosa de las fuerzas chilenas sobre las cumbres de la quebrada y de inmediato fueron a informárselo al cuartel general peruano. La noticia produjo una alarma general pero afortunadamente un ayudante de Cáceres escucho la terrible noticia y fue a informárselo.

    Considero este genio militar hasta el punto exacto por donde marchaba su enemigo en lo alto, casi al borde de la quebrada oeste. Tenía que interceptarla y por sí solo. Así que decidió actuar.

    “Enterado al punto del avance de la columna enemiga y comprendiendo lo difícil de la situación, considere de mi deber actuar por mi propia cuenta sin esperar orden alguna, pues la reciente experiencia de san francisco me había hecho dudar a mi como a otros jefes de las aptitudes del mando en jefe.”
     
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  4. jafetbo

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    Conocía al soldado peruano y sabía que se aletarga y debilita en la pasividad; pero en el ataque el soldado peruano era el mejor del mundo. Dispone de dos batallones: el Zepita al mando de extraordinario crnel. Zubiaga y el “2 de mayo” al mando del crnel. Manuel Suarez. Los fracciono con la velocidad del rayo al Zepita en la 1ra y la 2da compañías a la derecha con Zubiaga al frente. La 5ta. Y la 6ta. Compañías al centro al mando del crnel. Pardo Figueroa y la 3ra. Y 4ta. A la izquierda al mando del mayor Arguedas. El 2 de Mayo, fraccionada de la misma forma debía seguir al Zepita en esta progresión que debía ser terrible sin hacer fuego para no sr advertidos hasta desplegarse en batalla ya en la cumbre.

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    La cuesta era empinada y en extremo fragosa. El esfuerzo del soldado peruano dio aquí su más admirable muestra de fuerza de voluntad, tesón y heroísmo. Pero casi al alcanzar la cumbre fueron advertidos. Era la III división chilena la cual mostrando pericia y su buen entrenamiento se dieron media vuelta en posición inmediata de fuego que realizaron con furia sobre las guerrillas peruanas que fueron masacradas en sus primeras filas.

    Con el esfuerzo de los jefes las filas no se desorganizaron y avanzaron imperturbables con un Cáceres extraordinario al frente con los suyos muriendo a su alrededor. A unos 150 mts. manda a realizar fuego pero los antiguos fusiles Chassepot peruanos no pueden competir contra los modernos Remington anima estriada de los chilenos. No obstante el Zepita sacrificado en esta lidia desigual persiste y persiste hasta doblegar a su enemigo hasta quebrantarlo. Viendo la vacilación de su adversario Caceres ordena a Zubiaga la toma e los cañones, lo que este héroe hace con un arrojo extraordinario mientras que el centro y la izquierda con el apoyo del 2 de mayo se arroja sobre su enemigo a bayoneta calada. Zubiaga emula al gran espinar en San Francisco. Destroza a sus enemigos y captura los cuatro cañones y con el tórax perforado con más de veinte heridas e bayoneta muere al pie de los cañones. Esta invencible carga de bayoneta peruana aniquila a cuanto enemigo se coloca al frente sangrientamente. Los soldados chilenos rompen las filas al fin y huyen en fuga precipitada y son esquilmados en su fuga por el fuego de sus propios cañones.

    Fogosos y ardientes Cáceres contiene a sus hombres que deseaban perseguirlos. Se reordena y descansa. Sabe que la batalla no ha culminado y necesita refuerzos para coronar el éxito. El batallón zepita había quedado totalmente diezmado por este enorme esfuerzo. Muertos sus jefes Zubiaga, Figueroa y Suarez, jefe del 2 de mayo. Ahí muere en sus brazos su hermano menor, Juan por una herida mortal. Los peruanos casi descalzos se despojan de los pedazos de cuero en los pies y se calzan con las excelentes botas chilenas, las cartucheras y los preciados fusiles Remington.

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    Cáceres le solicita refuerzos a Buendía y recibe al argentino Roque Sáenz Peña el cual admirado por su hazaña le dice “aquí me tiene usted mi coronel”. Suarez le trae a la V división Ríos que acababa de rechazar a otra división chilena en la quebrada. Solo Cáceres podía ganar la batalla. Buendía y Suarez lo tenían bastante claro.

    Y como ya lo tenía previsto al cabo de una hora reaparece el ejército chileno en orden de batalla, en filas apretadas. Los restos de la III división chilena habían sido reforzadas por la II división y son ahora más fuertes y con mayor poder de fuego. El Zepita, ya inexistente es reforzado por el 2 de mayo y la V división que intercambian fuegos durante horas deshaciéndose en furibunda metralla ininterrumpida pero los peruanos no retroceden un solo paso lo cual frustra a los chilenos que debían romper la resistencia pero sus bajas clareaban sus filas. Los peruanos se quedaban sin municiones y la tensión iba en aumento. La batalla pendía de un hilo mientras un escuadrón de caballería chilena carga de flaco sobre las columnas loa y navales con el cometido de acuchillarlas. La oportuna maniobra del batallón Iquique el crnel. Alfonso Ugarte salva la situación haciendo volver grupas a los jinetes.

    Los peruanos extenuados y sangrantes se mantienen en sus posiciones en trance de romperse pero fueron las filas chilenas las que ceden por fin, diezmados por la pertinaz valentía de los soldados peruanos mientras que en otro sector de la quebrada la III división de crnel Bolognesi rechaza a la I división chilena capturando el estandarte del regimiento del 2do de Línea.

    Los oportunos refuerzos de la VI división viene a sellar la suerte del ejército chileno ya que Cáceres combina diestramente la presión frontal con un movimiento envolvente por la izquierda que las líneas chilenas ya no son capaces de resistir. Huyen precipitadamente hasta la altura de san Lorenzo siendo tomadas por el flanco izquierdo por la división Vanguardia que hace una descarga de puro lujo sobre un enemigo que huye desastrosamente acosados hasta las pampas de Isluga, martillados por sus propios cañones que hacen volar sus cuerpos. La falta de caballería peruana impidió la destrucción total de esta importante división chilena.

    Esta victoria peruana costo a Chile más de mil bajas entre muertos y heridos, 56 prisioneros, 8 cañones, dos banderas y un estandarte. Los peruanos sufrieron 600 bajas entre muertos y heridos. Casi todos los jefes murieron o quedaron heridos.


    Esta victoria se debe casi exclusivamente al genio táctico y guerrero del crnel. Andrés Avelino Cáceres. De eso las fuentes tanto peruanas como chilenas no tienen la menor duda.

    El coronel argentino Roque Sáenz Peña refiere:

    “El desconcierto fue tal que a no ser por el crnel. Cáceres todos hubiésemos perecido. A él le debemos la vida.”

    El crnel. Belisario Suarez es enfático por su parte:

    “…y fue entonces cuando brillo el valor y cuando se revelaron en todo su mérito la perseverancia y talentos militares del comandante general de la II división sr. Crnel. Don Andrés Avelino Cáceres, que tuvo el acierto, tan raro en el arte de la guerra, de saber utilizar la victoria sin dejarse arrastrara ciegamente por ella; sin preocuparse solo del triunfo de nuestras armas, el crnel. Cáceres modero el ardor de los soldados, organizo el mismo entusiasmo y no pedía sino refuerzos que recordaran su plan admirablemente combinado y que redujo a la impotencia a los contrarios.”

    Para los chilenos quedo indeleble en la memoria la que es sin duda la más notable proeza de infantería de la Guerra del Pacifico gestada por el batallón Zepita famoso ya desde San Francisco. El corresponsal del diario “La Patria de Chile manifiesta: “El famoso Zepita perdió a sus jefes y quedo sin soldados.”

    Y el historiador chileno Vicuña Mackenna no escatima elogios al respecto:

    “Cabe a los peruanos la honra de una valerosa iniciativa, de la constancia para mantenerse y de mucho ingenio para tejer de improviso la red de su defensa, que el que los jefes chilenos gastaron en agredirlos y romperlos; hicieron aquellos, con oportunidad, todo lo que necesitaron para vencer, desde la primera acometida de la división Cáceres hasta el llamamiento y manera de entrar al fuego de sus reservas que los chilenos nunca tuvieron.”

    Trágico y paradójicamente absurdo fue que la primera batalla campal de la guerra, una victoria aplastante para los peruanos fuera perfectamente inútil para los triunfadores. Esta batalla no pudo revertir la desastrosa consecuencia de la escaramuza en san Francisco. Aislados los vencedores de su base, sin ningún apoyo logístico y lejos de los puertos se vieron precisados a abandonar Tarapacá y retirarse hacia Arica enterrando los 8 cañones que tanta sangre heroica costo ganar por carecer de acémilas para transportarlos.

    La gesta de Zubiaga y otros jefes fue solo por el honor de sus armas y la gloria imperecedera. El genio de Cáceres golpeo esta vez en la nada porque el chileno invasor, sin ganar una sola batalla, ocupa, henchido de orgullo, la provincia de Tarapacá, objetivo de esta guerra.
     
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  5. jafetbo

    jafetbo Suspendido

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    ESTA SI ES UNA VICTORIA.

    Valor, constancia, heroismo en una de las grandes hazañas de la infantería.

    ENJOY:yeah:
     
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  6. TAXBLUESMAN

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    Tarapacá la inolvidable Tarapacá algún día regresara al seno de la patria.
     
  7. fijomesuspenden

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    Algo que es bastante curioso es que aparentemente los peruanos no somos los únicos obsesionados con las derrotas militares solo basta ver los libros que se publican en Chile sobre Iquique, Tarapaca y Concepcion
     
  8. Magrelo

    Magrelo Miembro de plata

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    Obviamente me interesa este tema. Yo creo que la batalla de Tarapacá no está muy valorada en el Perú quizas porque esa región la perdimos pero en mi opinión asi como se celebra la derrota y es feriado el 8 de octubre por grau, el 27 de noviembre debe ser declarado feriado para celebrar a caceres y una victoria peruana y llamarlo algo asi como DIA DE LA RESISTENCIA sería un homenaje a este día histórico.
     
  9. xarakato

    xarakato Miembro de honor

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    Coincido contigo.El 27 de noviembre debe ser rescatado para celebrar una victoria.
     
  10. SuperPeru

    SuperPeru Miembro nuevo

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    Asi como los chilenos celebran sus victorias en Lima (sin ejercito), el peru debe recordar el 27 de Noviembre como una Victoria de Titanes contra el Imperio Británico y su aliado los chilenos que solo fueron instrumentos de guerra.
     
  11. nazario1

    nazario1 Miembro de plata

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    Recuerdo, gratitud,admiración y homenaje a los HEROES de la batalla de TARAPACA, en su día de Gloria y de la Infantería del PERU.-
     
    Última edición: 27 Nov 2011
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  12. fijomesuspenden

    fijomesuspenden Miembro de plata

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    Un día como hoy nuestro ejercito en condiciones paupérrimas logro una brillante victoria contra el invasor.

    Y eso no se recuerda en los colegios,...total si para los profesores izquierdistas siempre fuimos un país de perdedores y les encanta inculcar esa idea en los niños.
     
    Última edición: 27 Nov 2011
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  13. CAZADOR

    CAZADOR Miembro de bronce

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    cierto, un día como ahora 27 de noviembre de 1879 la INFANTERIA PERUANA vencé a fuerzas combinadas chilenas de las 3 armas de su ejercito. INFANTERIA, ARTILLERIA Y CABALLERIA
     
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  14. rrmerlin

    rrmerlin Miembro maestro

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    Tarapacá, como otras batallas durante la GDP, muestra el enorme coraje, valor y decisión del soldado peruano, en este caso, fue una respuesta contundente ante un ataque chileno que teóricamente los hubiera aniquilado, pese a tener todo en contra...además del brillante liderazgo de Cáceres, Zubiaga y otros jefes, lo importante es la capacidad de respuesta del soldado peruano, agotado, sin agua, derrotado...que fue capaz de...una respuesta hasta cierto punto increíble...si analizamos nuestra historia militar...episodios como este...abundan, incluso en tiempos actuales....
     
  15. nazario1

    nazario1 Miembro de plata

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    Me gustó lo de increíble. De acuerdo.-
     
  16. powermore

    powermore Miembro de plata

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    Siempre he admirado la valentía y el genio mlitar de Cáceres, haciendo lo que se debe hacer por alcanzar sus objetivos, pero al leer estas reseñas históricas sobre la Guerra del Pacifico, me quedan interrogantes, ¿porque debemos considerar esta Batalla como un triunfo peruano y el Combate de Iquique como una derrota? No quiero parecer Troll ni nada, pero de acuerdo a lo que he leido, ambos hechos, fueron victorias pírricas peruanas, En Iquique perdimos al Independencia, una terrible baja que finalmente influiría en nuestra derrota maritima, en Tarapaca, nuestras huestes quedaron tan disminuidas, que tuvieron que retirarse a Arica dejando el territorio en manos chilenas.

    Mi otra pregunta es, ¿Creen que Cáceres y Grau, tenian percepciones diametralmente opuestas sobre la guerra y el modo de afrontarla? ¿estas diferencias podrian haber traido distanciamientos en nuestras fuerzas?

    p.d. vuelvo a repetir que estas son interrogantes a raiz de lo que he leido, no tengo animos de dar la contra ni molestar, solo son dudas.
     
  17. iamthewalr

    iamthewalr Miembro frecuente

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    Iquique definitivamente fue una victoria pírrica peruana, en términos estrictos. Que ya lo hiperbolicen como derrota ya es cuestión de gustos, supongo. Tarapacá, por su parte, de ser victoria, también lo es. Pero para ese momento de la campaña, lo que estaba en juego no era el control de Tarapacá (que se definió en la batalla de San Francisco), sino si el ejército de Tarapacá sería aniquilado completamente o no. Y los chilenos mandaron una expedición muy mal organizada y equipada, y pelearon peor. Esto no desmerece a los peruanos, ya que la mitad (o más) de la guerra es saber mandar la cantidad correcta de fuerzas a cada batalla.

    La diferencia de actitud entre Cáceres y Grau no puede haber influenciado tanto en la guerra, ya que para cuando Cáceres empezó a asumir posiciones de mayor importancia, Grau ya llevaba tiempo muerto. Pero sí, la actitud de Grau era bastante "retro", incluso para la época (en la guerra de secesión ya se había visto actitudes mucho más "modernas"). Pese a toda la hagiografización de Grau, es interesante ver que en su historia militar, el general Dellepiane escribe sobre el marino en términos bastante sarcásticos, como "la peculiar forma de ver la guerra del contralmirante" o algo por el estilo.
     
    Última edición: 29 Nov 2011
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  18. Mantaro

    Mantaro Miembro de bronce

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    Dia de la Infantería.

    Cáceres, Bolognesi y los soldados rasos peruanos se llevaron todos los laureles en Tarapacá frente a un bien organizado y equipado ejército enemigo con las tres armas: infantería, caballería y artillería.
     
  19. deberet

    deberet Miembro diamante

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    No fue una victoria ni siquiera pírrica Iquique.

    En el balance del resultado fue desfavorable al Perú y siendo el desbloqueo del puerto el objetivo de la operación fue un fracaso ya que fue abandonado y cayó presa de la marina chilena poco después ya que era insostenible su defensa ante la disparidad de fuerzas.

    Tarapacá fue victoria porque fue una batalla ganada y el ejército peruano quedó dueño del campo. Tarapacá fue abandonado no porque las fuerzas peruanas quedaran diminuidas sino porque estrategicamente Tarapaca no tenia función alguna. Las fuerzas de tierra tenian que ocupar puertos y establecer lineas de aprovisionamiento costeras yla posesión de Tarapaca no tenia ningun propósito. Es por eso que el ejercito peruano se retiro hacia Arica.

    Andres Avelino Caceres no tenia ni voz ni voto entonces ya que era solo un coronel y por tanto un subordinado. Solo tuvo algo de autonomia cuando fue ascendido a general y jefe politico y militar del centro peruano y es ahi cuando puede tomar alguna iniciativa.

    Pero ya para entonces Chile ocupaba Lima y tenia una muy buena y aceitada agenda diplomatica en el exterior para que se le reconociera su conquista.

    Cáceres fue un genio pero, como en el caso de Aníbal, le cupo la desgracia de luchar con las manos atadas durante mucho tiempo.
     
  20. iamthewalr

    iamthewalr Miembro frecuente

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    Definición de pírrico sergún la RAE:

    Objetivo del combate de Iquique: levantar el bloqueo de Iquique. Se logró. Victoria de los peruanos.
    Daño sufrido por el vencedor: Pérdida de la Independencia. Daño sufrido por el vencido: Pérdida de la Esmeralda. El vencedor sufrió más daño que el vencido.

    Creo que la batalla de Iquique encaja perfectamente con la definición de la victoria pírrica.
     
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