Juana de Arco Flores, abanderada de la decencia vs intelectuales Mundiales

Publicado en 'Política' por Adicto, 30 Set 2010.





  1. Adicto

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    Lulú vs. Vargas Llosa en tema de la marihuana (II) Jueves, 30 de Septiembre de 2010 17:22 (VIDEOS)Calló cuando su ídolo habló y ahora se rasga las vestiduras

    A finales de la década del 80 el escritor Mario Vargas Llosa se convirtió en el abanderado de la derecha y en 1988 organizó el Frente Democrático (FREDEMO) conformado por los partidos Movimiento Libertad, Acción Popular y Partido Popular Cristiano, que participó en las elecciones municipales del 1989 y las elecciones generales de 1990.


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    Calló cuando habló Vargas llosa

    Con los evangelios del neoliberalismo, aglutinó a la derecha que erigió al escritor de “La Ciudad y los perros”, en su maestro y guía. Para los pepecistas, con Lourdes Flores Nano a cabeza, era su referente político.
    Cuando Mario Vargas Llosa, junto con otros intelectuales, Premio Nobel y ex presidentes latinoamericanos, plantearon la despenalización de las drogas como alternativa para combatir a las mafias del narcotráfico, Lulú guardó sepulcral silencio.

    Resulta curioso, por decir lo menos, que en el último tramo de la campaña electoral, Lulú intente convertirse en una especie de “Juana de Arco, para atacar a su contrincante de Fuerza Social, Susana Villarán, con el tema de la marihuana…que ella calló sumisa cuando Vargas Llosa proponía no a Lima sino al mundo entero ese tema.


    Lo que dice Vargas Llosa


    Para mayores luces sobre este controvertido tema, a continuación publicamos textualmente la entrevista realizada a Mario Vargas Llosa por la agencia de noticias Deutsche Presse (DPA), fundada en 1949 en Alemania e insospechable de cualquier atisbo isquierdoso.

    Madrid (DPA). El escritor peruano Mario Vargas Llosa aboga por una legalización de las drogas como la única forma de hacer frente a la criminalidad vinculada con el narcotráfico, según sostiene en una columna de opinión publicada hoy.

    “Es absurdo declarar una guerra que los cárteles de la droga ya ganaron”, apunta el reconocido literato respecto a la situación actual en México, donde la crimininalidad relacionada con los “capos” de la droga se ha disparado desde que el presidente Felipe Calderón decidiera hacerles frente abiertamente.

    “Esta verdad”, señala Vargas Llosa en su columna en el diario español “El País” y reproducida en El Comercio de Lima, “vale no sólo para México, sino para buena parte de los países latinoamericanos” como Colombia, Bolivia y Perú, e incluso para naciones más fuera del foco del narcotráfico como Chile y Uruguay.

    “El problema no es policial sino económico”, agrega el reconocido intelectual, de marcada ideología liberal.

    “Las victorias que la lucha contra las drogas pueden mostrar son insignificantes comparadas con el número de consumidores en los cinco continentes”, sostiene Vargas Llosa, para quien los estupefacientes seguirán siendo producidos y vendidos mientras exista una demanda.

    La solución, apunta el célebre autor, que perdió las elecciones presidenciales en su país en 1990 contra Alberto Fujimori, “consiste en descriminalizar el consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores”.

    En su artículo, titulado “El otro Estado” en alusión al poder actual de los cárteles de la droga, Vargas Llosa cita a reconocidos intelectuales liberales como el economista estadounidense Milton Friedman, que “hace 20 años (...) se adelantó a advertir la magnitud” del problema y “a sugerir la legalización”.

    Como ejemplo para el fracaso de la política actual, el literato apunta a la situación en México, donde las mafias han demostrado un poderío brutal y la “política de Felipe Calderón (...) ha ido perdiendo respaldo a medida que las ciudades mexicanas se llenaban de muertos y heridos”.

    Vargas Llosa, autor de libros como “La ciudad y los perros” y “La guerra del fin del mundo” y que también tiene la nacionalidad española, es considerado uno de los intelectuales más influyentes del mundo y es candidato habitual al premio Nobel de Literatura.


    El otro Estado

    En el diario "El Comercio", que se aunó abiertamente en la campaña contra Susana Villarán, esl critoror Mario Vargas Llosa publicó su crónica "El otro Estado", sobre este tema y que, los fariseos que ahora se rasgan las vestiduras, no dijeron ni una sola palabra.
    A continusación reproducimos textualmente el artículo de MVLL:

    Hace algún tiempo escuché al presidente de México, Felipe Calderón, explicar a un grupo reducido de personas, qué lo llevó hace tres años a declarar la guerra total al narcotráfico, involucrando en ella al Ejército. Esta guerra, feroz, ha dejado ya más de quince mil muertos, incontables heridos y daños materiales enormes.
    El panorama que el presidente Calderón trazó era espeluznante. Los cárteles se habían infiltrado como una hidra en todos los organismos del Estado y los sofocaban, corrompían, paralizaban o los ponían a su servicio. Contaban para ello con una formidable maquinaria económica, que les permitía pagar a funcionarios, policías y políticos mejores salarios que la administración pública y una infraestructura de terror capaz de liquidar a cualquiera, no importa cuán protegido estuviera. Dio algunos ejemplos de casos donde se comprobó que los candidatos finalistas de concursos para proveer vacantes en cargos oficiales importantes relativos a la seguridad habían sido previamente seleccionados por la mafia.
    La conclusión era simple: si el gobierno no actuaba de inmediato y con la máxima energía México corría el riesgo de convertirse en poco tiempo en un narcoestado. La decisión de incorporar al Ejército, explicó, no fue fácil, pero no había alternativa: era un cuerpo preparado para pelear y relativamente intocado por el largo brazo corruptor de los cárteles.
    ¿Esperaba el presidente Calderón una reacción tan brutal de las mafias? ¿Sospechaba que el narcotráfico estuviera equipado con un armamento tan mortífero y un sistema de comunicaciones tan avanzado que le permitiera contraatacar con tanta eficacia a las Fuerzas Armadas? Respondió que nadie podía haber previsto semejante desarrollo de la capacidad bélica de los narcos. Estos iban siendo golpeados, pero, había que aceptarlo, la guerra duraría y en el camino quedarían por desgracia muchas víctimas.
    Esta política de Felipe Calderón que, al comienzo, fue popular, ha ido perdiendo respaldo a medida que las ciudades mexicanas se llenaban de muertos y heridos y la violencia alcanzaba indescriptibles manifestaciones de horror. Desde entonces, las críticas han aumentado y las encuestas de opinión indican que ahora una mayoría de mexicanos es pesimista sobre el desenlace y condena esta guerra.


    Los argumentos de los críticos son, principalmente, los siguientes: no se declaran guerras que no se pueden ganar. El resultado de movilizar al Ejército en un tipo de contienda para la que no ha sido preparado tendrá el efecto perverso de contaminar a las Fuerzas Armadas con la corrupción y dará a los cárteles la posibilidad de instrumentalizar también a los militares para sus fines. Al narcotráfico no se le debe enfrentar de manera abierta y a plena luz, como a un país enemigo: hay que combatirlo como él actúa, en las sombras, con cuerpos de seguridad sigilosos y especializados, lo que es tarea policial.
    Muchos de estos críticos no dicen lo que de veras piensan, porque se trata de algo indecible: que es absurdo declarar una guerra que los cárteles de la droga ya ganaron. Que ellos están aquí para quedarse. Que, no importa cuántos capos y forajidos caigan muertos o presos ni cuántos alijos de cocaína se capturen, la situación solo empeorará. A los narcos caídos los reemplazarán otros, más jóvenes, más poderosos, mejor armados, más numerosos, que mantendrán operativa una industria que no ha hecho más que extenderse por el mundo desde hace décadas, sin que los reveses que recibe la hieran de manera significativa.
    Esta verdad vale no solo para México sino para buena parte de los países latinoamericanos. En algunos, como en Colombia, Bolivia y el Perú avanza a ojos vista y en otros como Chile y Uruguay de manera más lenta. Pero se trata de un proceso irresistible que, pese a las vertiginosas sumas de recursos y esfuerzos que se invierten en combatirlo, sigue allí, vigoroso, adaptándose a las nuevas circunstancias, sorteando los obstáculos que se le oponen con una rapidez notable, y sirviéndose de las nuevas tecnologías y de la globalización como lo hacen las más desarrolladas transnacionales del mundo.
     
    Última edición: 30 Set 2010


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    El problema no es policial sino económico. Hay un mercado para las drogas que crece de manera imparable, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, y la industria del narcotráfico lo alimenta porque le rinde pingües ganancias. Las victorias que la lucha contra las drogas puede mostrar son insignificantes comparadas con el número de consumidores en los cinco continentes. Y afecta a todas las clases sociales. Los efectos son tan dañinos en la salud como en las instituciones. Y a las democracias del Tercer Mundo, como un cáncer, las va minando.
    ¿No hay, pues, solución? ¿Estamos condenados a vivir más tarde o más temprano, con narcoestados como el que ha querido impedir el presidente Felipe Calderón? La hay. Consiste en descriminalizar el consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores, tal como vienen sosteniendo “The Economist” y buen número de juristas, profesores, sociólogos y científicos en muchos países del mundo sin ser escuchados. En febrero del 2009, una Comisión sobre Drogas y Democracia creada por tres ex presidentes, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, propuso la descriminalización de la marihuana y una política que privilegie la prevención sobre la represión. Estos son indicios alentadores.

    La legalización entraña peligros, desde luego. Y, por eso, debe ser acompañada de un redireccionamiento de las enormes sumas que hoy día se invierten en la represión, destinándolas a campañas educativas y políticas de rehabilitación e información como las que, en lo relativo al tabaco, han dado tan buenos resultados. El argumento según el cual la legalización atizaría el consumo como un incendio, sobre todo entre los jóvenes y niños, es válido, sin duda. Pero lo probable es que se trate de un fenómeno pasajero y contenible si se lo contrarresta con campañas efectivas de prevención. De hecho, en países como Holanda donde se han dado pasos permisivos en el consumo de las drogas, el incremento ha sido fugaz y luego de un cierto tiempo se ha estabilizado. En Portugal, según un estudio del CATO Institute, el consumo disminuyó después que se descriminalizara la posesión de drogas para uso personal.
    ¿Por qué los gobiernos, que día a día comprueban lo costosa e inútil que es la política represiva, se niegan a considerar la descriminalización y a hacer estudios con participación de científicos, trabajadores sociales, jueces y agencias especializadas sobre los logros y consecuencias que ella traería? Porque, como lo explicó hace 20 años Milton Friedman, quien se adelantó a advertir la magnitud que alcanzaría el problema si no se

    Milton Friedmanlo resolvía a tiempo y a sugerir la legalización, intereses poderosos lo impiden. No solo quienes se oponen a ella por razones de principio. El obstáculo mayor son los organismos y personas que viven de la represión de las drogas, y que, como es natural, defienden con uñas y dientes su fuente de trabajo. No son razones éticas, religiosas o políticas sino el crudo interés el obstáculo mayor para acabar con la arrolladora criminalidad asociada al narcotráfico, la mayor amenaza para la democracia en América Latina, más aún que el populismo autoritario de Hugo Chávez y sus satélites.
    Lo que ocurre en México es trágico y anuncia lo que empezarán a vivir tarde o temprano los países que se empeñen en librar una guerra ya perdida contra ese otro Estado que ha ido surgiendo delante de nuestras narices sin que quisiéramos verlo.




    Vicente Fox


    El tema espinoso de la marihuana es asumido con seriedad en la esfera de la política internacional para un debate amplio sin las farisaicas rasgadura de vestiduras ni colocarlo al tapete por motivos electorales.

    En ese sentido, Vicente Fox, ex presidente de México, uno de los países más castigados por la espeluznante guerra entre los carteles de la droga, se pronunció al respecto en una entrevista de la cadena estadounidense de televisión CNN, cuyo informe reproducimos a continuación:

    (CNNMéxico) — El ex presidente Vicente Fox propuso legalizar la producción, distribución y venta de las drogas, como estrategia para golpear y romper la estructura económica de las mafias.

    A través de su blog publicado en la página del Centro Fox, el ex mandatario también propuso regresar a la brevedad al ejército a sus cuarteles y crear la policía nacional única así como la elección ciudadana directa de los jefes y mandos policiales.

    Fox celebró la convocatoria para dialogar y debatir con la sociedad este tema central, por lo que compartió sus propuestas.

    Vicente Fox estableció que el costo de la lucha contra el crimen organizado, particularmente contra el narcotráfico es enorme para el país, en primer término por las 28,000 vidas que se han perdido.

    Consideró que la drogadicción y las adicciones son en general un reto enorme de salud pública y personal, y como tal deben de atenderse, distinguiéndose de la violencia generada por el crimen organizado, informó la agencia Notimex.