Historia de la Biblioteca Nacional del Perú

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por ToYoTeroFJ, 23 Jul 2011.





  1. ToYoTeroFJ

    ToYoTeroFJ Miembro diamante

    Registro:
    20 Dic 2009
    Mensajes:
    11,149
    Likes:
    6,237




    La Biblioteca Nacional del Perú, que depende administrativamente del Ministerio de Cultura, es una biblioteca pública administrada por el Estado Peruano, orgullo y símbolo nacional del estado peruano.

    Su actual local se encuentra ubicado en el distrito de San Borja, en la ciudad de Lima, capital del Perú. Sin embargo, su primer local, conocido como Biblioteca Pública de Lima se ubicaba en la Avenida Abancay, en pleno centro histórico de Lima.

    En 1821 el general don José de San Martín y Matorras fundó en Lima la "Biblioteca Nacional del Perú", como consecuencia de una iniciativa de su Ministro de Guerra y de Gobierno, Bernardo de Monteagudo, mediante el "Decreto de Creación de la Biblioteca Nacional" de 28 de agosto del mismo año. La saludó como: "(...) uno de los medios más eficaces para poner en circulación los valores intelectuales". El mismo San Martín dona cerca de 700 libros a la biblioteca, en tanto que Monteagudo donó su biblioteca personal.

    En sus inicios la biblioteca contaba con 11.000 libros que provenían de las confiscaciones que realizó el gobierno del Virreinato del Perú a la orden de los jesuitas que fueron expulsados de los dominios españoles en 1767. La orden de los jesuitas mantenía una biblioteca copiosa de diversas ciencias y humanidades en Lima.

    El 10 de marzo de 1881, tras la entrada y ocupación de Lima por parte del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico, la tropa de Chile empieza a ocupar diversos recintos culturales, entre ellos la Biblioteca de Lima, lugares desde los cuales se incautan objetos y bienes científicos y culturales, tales como instrumentos, herramientas, mobiliario y libros con el fin de ser llevardos a Chile, vía marítima. La biblioteca contaba con una cifra estimada de unos 35 mil a 50 mil volúmenes, entre los cuales se encontraban incunables, manuscritos y libros que habían sido impresos por primera vez en América, allí también se encontraban las Memorias de los Virreyes (documentos que cada virrey del Perú realizaba después de su mandato). Dicho material fue objeto de requisición por parte de las tropas chilena; sin embargo, varios textos de la biblioteca así como material científico, se perdió en las aduanas en el trayecto a Chile, ya que la prioridad era el armamento, quedando un buen número en manos de particulares.

    A Chile arribaron, en dos envíos de la Intendencia General del Ejército, un total de 103 grandes cajones y otros 80 bultos, que fueron recibidos y catalogados por Ignacio Domeyko y Diego Barros Arana, y en agosto de 1881 se publicó el inventario realizado, bajo el título "Lista de libros traídos de Perú", en el Diario Oficial. A fines de noviembre de 1883, Ricardo Palma fue nombrado su director. A los pocos días, Palma informa que quedaban poco más de 700 libros en la biblioteca. El mismo Ricardo Palma, casi en solitario y personalmente, realizó una campaña de recolección de libros de casa en casa, lo cual le llevó a ganarse el mote de "el bibliotecario mendigo".

    En 1884, la biblioteca fue re-inaugurada. Ese año, Ricardo Palma solicitó a Chile la devolución del material sustraído por las tropas chilenas, lo cual tuvo eco en Santiago y, por orden del presidente Domingo Santa María, recibió la devolución de 10.000 libros para la Biblioteca Nacional de Lima. De todos modos, algunos libros peruanos permanecieron en Chile mucho después y los gobiernos de ambos países iniciaron conversaciones para su devolución.

    Por parte del Gobierno, el arquitecto Michele Trefogli reformó substancialmente la Biblioteca Nacional.

    En 1943, la biblioteca contaba con cerca de 200.000 volúmenes, incluyendo manuscritos e incunables. Sin embargo, el 11 de mayo de aquel año un gigantesco incendio la dañó gravemente y su edificio quedó en escombros.

    El 5 de noviembre de 2007, luego de una investigación histórica, bibliográfica y de sus catálogos, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile, procedió a la devolución de 3.788 libros originalmente de propiedad de la Biblioteca de Lima, por los sellos y rúbricas que poseen, y que se encontraban en la Biblioteca Nacional de Chile y en la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso.

    Datos adicionales:

    El local de la avenida Abancay, sede principal cuya construcción data de mediados del siglo XX, fue declarado por el Instituto Nacional de Cultura (INC) como Monumento Histórico.


    La lectura enriquece el conocimiento y culturiza al ser humano, y los "libritos" son mucho más que eso, porque en los "libritos" está también la verdadera cultura.
     
    A jafetbo, zafiroazul y d4v1d les gustó este mensaje.


  2. d4v1d

    d4v1d Miembro de bronce

    Registro:
    3 Jun 2010
    Mensajes:
    1,483
    Likes:
    2,134
    Interesante, aunque seguro quedan muchos más libros por devolver. Una consulta, ahora el antiguo local, se exhibe como museo? o que utilidad le están dando, permanecen algunos libros en esta biblioteca?. Buen post. Saludos.
     
  3. zeta0

    zeta0 Suspendido

    Registro:
    11 Ago 2010
    Mensajes:
    2,461
    Likes:
    2,678
    Ricardo Palma y Manuel Gonzales Prada ambos se pueden considerar como la antitesis uno del otro ,es mas ambos eran rivales encarnizados , pero en comun tienen que dirigieron la biblioteca nacional y gracias a sus esfuerzos lograron devolverle su prestigio y llenarla de libros , despues del saqueo al que fue expuesto durante la ocupacion chilena.
     
    A zafiroazul le gustó este mensaje.
  4. ToYoTeroFJ

    ToYoTeroFJ Miembro diamante

    Registro:
    20 Dic 2009
    Mensajes:
    11,149
    Likes:
    6,237
    Cree el tema insertando información básica, y espero que los foristas más especializados en el tema nos ilustren y actualicen la información con sus aportes.

    Un saludo a todos, y recuerden:

    La buena lectura es buena cultura:yeah:
     
    Última edición: 23 Jul 2011
  5. zafiroazul

    zafiroazul Miembro de oro

    Registro:
    9 Set 2009
    Mensajes:
    7,969
    Likes:
    5,170
    cada vez que imagino como fue saqueada, destruida y humillada la biblioteca, me da tanta pena, tantos libros perdidos, tanto conocimiento e historia....me da mucha pena-.---

    aunque la biblioteca de abancay no la abren,. las veces que fui he sido tan piña que nunca estaba disponible
     
  6. ToYoTeroFJ

    ToYoTeroFJ Miembro diamante

    Registro:
    20 Dic 2009
    Mensajes:
    11,149
    Likes:
    6,237
    Durante la ocupación los chilenos se llevaron muchos libros. Cómo se ve que no son "hu..ones", se llevaron lo mejor de lo mejor.

    Como dice ese dicho, "el que presta un libro es tonto, pero más tonto el que lo devuelve".

    Lo bueno es que en la actualidad la Biblioteca Nacional consta de un moderno local, con muy buenos ejemplares donde son mantenidos en un ambiente aclimatado.

    saludos mis estimados lectores.

    La buena lectura es buena cultura:yeah:
     
  7. fijomesuspenden

    fijomesuspenden Miembro de plata

    Registro:
    24 Dic 2009
    Mensajes:
    3,054
    Likes:
    1,472
    Me gusta la parte de la obra de Basadre en la que habla de la biblioteca:

    RECUERDOS
    DE UN
    BIBLIOTECARIO

    (1919-1930; 1930-1932; 1943-1948; 1956-1958)


    El saber , como la riqueza , es fecundo
    cuando está al servicio del hombre.

    Texto de una placa a la entrada de la Biblioteca Nacional de Lima inaugurada en 1947.​


    La estampa de la Biblioteca Nacional, tan familiar para los estudiosos hasta
    mayo de 1943, es ahora un recuerdo que va esfumándose y embelleciéndose con
    el tiempo hasta que nadie viva para evocarlo. La puerta de entrada abríase a la
    calle de Estudios; y, al atravesarla, se ingresaba en un claustro con sobrios
    portales en los cuatro lados y un amplio espacio descubierto en el centro. Era
    la clásica vista de un convento antiguo lleno de una nobleza que los pretenciosos
    edificios modernos no suelen tener, A la izquierda, en toda el ala de los bajos,
    estaba el Archivo Nacional con sus altos y empolvados muebles de madera,
    llenos de expedientes. La Biblioteca ocupaba sólo el centro y el ala derecha del
    edificio en ese piso. Una escalera de mármol, también al extremo derecho
    del patio, conducía a los altos, donde hallábanse las salas de conferencias y de
    sesiones y la biblioteca de la Sociedad Geográfica, en mi época no muy
    frecuentada. En ese piso vivió don Ricardo Palma con su familia.

    [​IMG]

    Antes de entrar en dicho establecimiento, hallaba el visitante en los últimos
    años anteriores al incendio, la columna sobre la que se erige la cabeza del
    tradicionista, esculpida por Piqueras Cotolí. Un pequeño corredor daba acceso, a
    la derecha, a la sala de la Dirección; a la izquierda a un depósito de revistas; y,
    al fondo, al salón de lectura. La Dirección tenía sólo los muebles necesarios, sin
    ostentación alguna y en sus estantes de madera guardábanse algunos
    documentos considerados muy valiosos como los tomos correspondientes al
    archivo Paz Soldán, las memorias del general Luís La Puerta y los folletos de la
    colección Zegarra, Un retrato de don Ricardo Palma, obra de Teófilo Castillo,
    pendía de la pared, detrás del modesto escritorio del Director. La sala de enfrente,
    jamás abierta, albergaba colecciones no leídas de revistas europeas, en su mayor
    parte españolas y francesas, que se repartían en las estanterías insertas en
    la pared del piso y en un altillo al que se subía por una escalera de caracol
    perteneciente a la misma armazón . Más al fondo y colindante con el Archivo
    Histórico, hal lábase una segunda sala de depósito, sin estanterías, donde en
    su suelo estaban hacinadas, en enormes montones, revistas europeas, la
    desencuadernada mayoría perteneciente a los años posteriores a 1912 y
    anteriores a 1918. Entre ellos hallé alguna vez El Motín, periódico anarquista de
    Barcelona,seguramente de la época en que fue Director Manuel González
    Prada.

    En el largo salón de lectura podrían contarse,más o menos, unas
    cincuenta sillas muy cómodas, con sus mesas respectivas, una grande el centro
    y otras pequeñas a los costados, todas ellas fabricadas en forma tal que los
    libros o periódicos fueran leídos en la forma más fácil.
    Cualquier intento de catálogo era desconocido. El lector escribía de
    memoria una de las papeletas puestas en la mesa del vigilante y la llevaba a
    la reja colocada a l centro en el lado derecho, detrás de la cual atendían los
    tres o cuatro empleados de este servicio. Al fondo del salón destacábase el
    escudo nacional con la inscripción que conmemoraba la reapertura de la
    Biblioteca el 28 de julio de 1884, durante el gobierno del general Miguel Iglesias
    y bajo la dirección de Ricardo Palma. En las paredes veíanse los retratos de
    muchos ciudadanos ilustres. No eran únicamente literatos, pues estaba allí
    Pancho Fierro. Dichos cuadros habían sido pintados en su mayor parte por Luis
    Astete. También estaban las efigies de Bartolomé Herrera y de Miguel del Carpió,
    valiosas obras cuyo autor fue Francisco Laso. Una ley había ordenado que sólo
    por acto del Poder Legislativo se agregaran nuevos retratos a la colección; y en
    virtud de ella habíanse colocado los de Ricardo Palma y de Nicolás de Piérola,
    no así el de Manuel González Prada. La impresión de esta sala , en conjunto,
    era de dignidad y de decoro, si bien el crecimiento paulatino del número de
    lectores a part ir de 1884 la volvía sumamente est recha, pues no se hizo allí
    nunca ampliación alguna. Un cartel negaba la entrada a los menores de
    dieciséis años; y obligaba a los menores de veintiuno a ceder el asiento a las
    personas mayores en los días de gran afluencia de público.
    Detrás de la reja empezaban las amplias salas de depósito de litaros,
    vacías al centro y con bellos estantes de cedro de impresionante color oscuro
    en las paredes hasta arriba, con un segundo piso que formaba parte de la
    misma estructura de madera y cuyo acceso era facilitado por unas escalerillas
    en forma de caracol. La primera sala, de 150 pies de largo, 60 pies de ancho
    y 30 pies de alto, penetraba con mayor profundidad en comparación con
    el resto del edificio hacia el lado de la iglesia de San Pedro, y había
    sido antes el refectorio de los jesuítas. Era llamada la sala Europa, lo
    m i smo que ot ra de menor dimensión a la que se llegaba torciendo a la
    derecha. Seguía luego, hacia la calle Estudios, ya paralela al patio, la
    sala América donde estaban también los libros y folletos peruanos; y,
    finalmente, con dos ventanas a esa calle, una sala de periódicos
    peruanos encuadernados.
    En el centro de la sala América, como arca sagrada, destacábase un
    pequeño estante circular de madera, donde bajo llave habían sido
    reunidos los manuscritos y algunas joyas bibliográficas.
    El orden de los libros en todas las secciones era por tamaños, de
    acuerdo con su fecha de ingreso. Conocer su ubicación venía a ser
    privilegio reservado a la experiencia y al interés de empleados
    anti guos.
    Los escritorios del personal que no atendía a los lectores hallábanse
    repartidos en la vastedad de cada una de las tres grandes salas.


    http://www.unjbg.edu.pe/maestrobasadre/obras/doc/doc06.pdf
     
    Última edición: 23 Jul 2011
    A jafetbo y ToYoTeroFJ les gustó este mensaje.