Esta es la clase gente que no se hace la victima de la pobreza y triunfa

Publicado en 'Actualidad Nacional' por JESUS OSWALDO, 5 May 2009.





  1. JESUS OSWALDO

    JESUS OSWALDO Suspendido

    Registro:
    26 Feb 2008
    Mensajes:
    2,356
    Likes:
    27




    Empezó con pescado fiado y hoy tiene tres restaurantes

    [​IMG]

    9:57 | El último lo compró meses después de su secuestro. Así le demostró al mundo que a ella nada la tumba

    Por Antonio Orjeda
    A Josefina nadie la llama por su nombre. Ella es Chepita y los días festivos se hace cola para comer en su restaurante. ¡Perdón! ¡En sus restaurantes! Estamos en San Germán, en San Martín de Porres, dentro de una mole de cemento con más de cien mesas. Es su buque insignia. Aquí empezó todo. “Chepita Royal, el alma de la cocina chiclayana”, dice afuera. Tome asiento, Chepita nos va a nutrir con su historia
    ¿Recuerda cómo fue el primer día de su restaurante?
    El primer día no abrí porque ni siquiera tenía cubiertos.
    Esta era entonces su casa…
    Era, pero todavía era (terreno) cercado nomás, y techo aligerado. ¡Nada más!
    Abrió en lo que era su sala.
    En mi sala. Tenía cuatro mesas de paja, de esas rústicas.
    Y cuando abrió, ¿se llenó?
    Se llenó, puro cebiche vendí. Empecé con tres kilitos de filete. La señora a la que le pedí (fiado, en el terminal pesquero) no me quiso dar, pero otra señora me llamó: “¿Qué necesita?”. “Quiero que me haga el favor de darme pescado para pagárselo mañana”. “Lleve, señora”, me dijo. ¡Sin conocerme! Al día siguiente fui, le pagué y traje ¡veinte kilos de filete! Y nuevamente se me terminaron. Es que yo saco buen cebiche. A los tres, cuatro días, empezaron a las 7 de la mañana a tocarme la puerta para llevar cebiche.
    Imagino que su voluntad para salir adelante le viene de niña, ya que tras la muerte de su padre, cuando tenía 11 años, usted comenzó a ayudar a su madre en su lucha por progresar.
    Los clientes del muelle de pescadores (en Puerto Eten) llegaban (a la pequeña picantería que allí tenía su mamá) y le decían: “Señora, ¿me puede preparar este pescado?”; y ella me decía: “Hijita, ¿se puede?”. “Mamá, dígale que sí”. Venía otro con un pato, y nos pedía que hiciéramos estofado. “¡Dígale que sí! Y la menudencia nos queda para nosotros”, le decía yo. Y así aprendí, porque era yo la que cocinaba. Mi mamá me decía: “Pon esto, pon lo otro”.
    ¿A qué edad llegó a Lima?
    A los 17. Regresé a Chiclayo y volví cuando ya tuve a mi hijo.
    En un principio planchó, trabajó en una fábrica de conservas.
    Una fábrica de conservas de atún, en el Callao. Yo envasaba mientras mi hijo estaba en un cajón de madera. El dueño de la fábrica me dio un cajón y una frazada. Ahí lo tenía, a un costadito mientras yo envasaba la conserva.
    ¿Y a qué se dedicaba su esposo?
    No tenía esposo.
    *¿Cómo llegó aquí, a San Germán? *
    Dos años y medio después, me casé con un señor con el que nos hemos querido mucho. Esta casa la compré como terreno. Esto era pura tierra, no había luz, no había agua, ¡no había nada!
    ¿A quién se le ocurrió abrir el restaurante?
    A mí. Yo decía: “Si he venido pobre de Chiclayo, acá tengo que ser algo”. Y mi esposo me ayudó. Le dije: “Voy a poner una cebichería”.
    ¿Qué le dijo él?
    “¿Podrás?”. “¡Cómo vas a decir si podré! Soy norteña, ¡sí puedo!”.
    ¿Cuánto tiempo pasó hasta que su salita le quedó chica?
    Un mes, sería y puse veinte mesas. Les gustó la sazón a los clientes, y se quedaban a tomar cerveza. Yo me iba a sentar a la cocina, y cabeceaba un rato hasta que: “Señora, ¿puede preparar una jalea?”. Y yo sacaba la jalea
    Hoy tiene tres locales, y el que está en Puente Piedra tiene capacidad para 1.500 personas.
    ¡Ahí tengo cuatro piscinas!
    Tener buena sazón no basta…
    No, hay que tener cariño, saber tratar al cliente.
    Y hay que trabajar.
    ¡Hay que trabajar fuerte!
    Se lo pregunto porque en el 2004 usted fue secuestrada y su familia debió pagar por su rescate. Para alguien que se rompe el lomo trabajando debe ser más indignante aun tener que pagarle a tipos que no merecen nada.
    Sí, me dolió mucho
    ¿Cuál fue la reacción de su esposo cuando el negocio comenzó a crecer?
    Me decía que soy la gallina de los huevos de oro (ríe) ¡porque rapidito salimos! Primero compré un carro para la mercadería. Pero antes me compré el terreno del costado, porque esto ya me había quedado chico. Después compré el del otro lado…
    ¿Su mamá vio todo esto?
    Sí. Acá la tuve a mi mamita, murió a los 84 años. Ella vivía igual que yo, ¡alegre! Hemos vivido así hasta que llegó la mala suerte de que me secuestraran ¡Pero salí con más ganas de trabajar! Cuando los delincuentes me hicieron hablar con mi hijo, yo le dije: “No te preocupes, que yo salgo a trabajar. ¡Págales!”. Y no lloraba, acá recién, cuando me liberaron, ¡lloré bastante!
    ¿Qué imaginó ese día del 78 cuando usted abrió? ¿Hasta dónde pensó que llegaría?
    Yo le decía a mi esposo: “Dentro de poco voy a tener cuatro casas y cuatro carros”, y es verdad, ya no sé cuántas veces he cambiado de carros (ríe).
    Uno tiene que estar convencido de lo que quiere lograr.
    Yo decía: “Sí lo voy a lograr”, y así fue. Mire que cuando salí del secuestro, aquí los clientes me aplaudieron. “Hay Chepita pa” rato, les dije. ¡No me he quebrado!”. Y a los seis meses, me compré el edificio de San Miguel (donde está su tercer local); y eso (el secuestro) me sirvió de propaganda, porque la noticia llegó a todas partes, y comenzó a venir más gente, venían para conocerme Me trajeron más suerte.
    ¿No hay mal que por bien no venga?
    Así es.
    http://www.elcomercio.com.pe/noticia/282451/empezo-pescado-fiado-hoy-tiene-tres-restaurantes