el portugues que salvo judios en la II guerra mundial

Publicado en 'Historia Universal' por fijomesuspenden, 28 Jun 2010.





  1. fijomesuspenden

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    El portugués rebelde

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    Arístides de Sousa
    Un salvador. En el fragor de la Segunda Guerra Mundial y desafiando una prohibición expresa del Gobierno de Portugal, un cónsul concedió más de treinta mil visas hacia la libertad, lo que permitió salvar más vidas que Oskar Schindler, el de la famosa lista.

    Por: Maruja Muñoz


    Había caído la noche en Portugal. Una noche larga, cruenta, tenebrosa, en la que pensar distinto al jefe del Gobierno podía ser mortal. Otros países europeos vivían sus propias pesadillas: Italia con Benito Mussolini, España con Francisco Franco, Alemania con Adolf Hitler. Pero Antonio de Oliveira Salazar, el dictador portugués, no era militar sino un civil de muy elegantes modales que podía encandilar a cualquiera fuera de sus fronteras. En Portugal, sin embargo, De Oliveira Salazar era sinónimo de muerte, olía a pólvora y a sangre de inocentes, como magistralmente narra Antonio Tabucchi en su novela histórica “Sostiene Pereira”.

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    Pero Antonio de Oliveira Salazar

    De Oliveira Salazar era, según él, padre del “Estado Novo”, el “Redentor de la Nación”, “Ungido de Dios” o “Salvador de la Patria”, como se hacía llamar. Detentaba el poder absoluto y omnipresente mediante una política represiva. Sus opositores eran interrogados, torturados y conducidos a las prisiones de Peniche y Caxias, o a campos de concentración (Tarrafal) destinados a trabajos forzados. Los medios de comunicación y publicaciones eran minuciosamente censurados, el sistema educativo controlado y el movimiento sindical prohibido.

    Cuestión del destino

    Fue en estos duros tiempos cuando le tocó desempeñarse como diplomático a Arístides de Sousa Mendes do Amaral e Arranches, miembro de una familia aristocrática, católica, conservadora y monárquica.

    En 1938, Arístides de Sousa recibió la más alta condecoración otorgada por Leopoldo III de Bélgica, país en el que fue cónsul casi diez años. Allí desarrolló una dinámica labor de promoción sobre las bondades gastronómicas y vitivinícolas de Portugal. Con el propósito de que hiciera lo mismo en Francia, De Oliveira Salazar lo nombró cónsul en Burdeos. Allí se encontraba Arístides cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

    El papel de la vida

    En 1940 las tropas de Hitler avanzaban en Francia cuando Arístides de Sousa Mendes, al igual que todos los cónsules portugueses, recibió la Circular 14 por la cual el gobierno de Oliveira Salazar declaraba neutral a su país y ordenaba no conceder visados: “a extranjeros de nacionalidad indefinida, contestada o en litigio; los apátridas; los judíos expulsados de su país de origen o del país del cual sean ciudadanos”. Cuando Alemania invadió Holanda y Bélgica, el 10 de mayo de 1940, Portugal prohibió el tránsito de refugiados por el país, en particular de los judíos.
    El 16 de junio de 1940, alrededor de 30 mil refugiados, entre ellos 10 mil judíos, se congregaron frente al consulado portugués en Burdeos, presionando para obtener el trozo de papel que podía salvar sus vidas.

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    Ante la apremiante situación, el cónsul Arístides de Sousa Mendes do Amaral e Arranches, hombre devoto y de buen corazón, decidió desobedecer las instrucciones de su gobierno. Recibió la visita de una delegación de los refugiados, encabezada por el rabino Jaím Kruger, comprometiéndose a emitir visados de tránsito a todo aquel que lo necesitara, y quien no pudiese pagar por la visa la recibiría gratis. Improvisó una oficina en el consulado y con la ayuda de dos de sus hijos y algunos judíos que esperaban en las cercanías, emitió visados de tránsito durante tres días consecutivos, sin descanso: 1.575 visados, hasta desplomarse exhausto.

    Humana desobediencia

    Enterado el dictador Oliveira Salazar de sus acciones ordenó el retorno perentorio de Sousa Mendes a Portugal. Envió dos hombres para escoltarlo. Al pasar por el consulado portugués en Bayona —sureste de Francia—, el cónsul rebelde vio una multitud de miles de personas apiñadas en las puertas de ese consulado. Al recordar las desesperadas escenas de Burdeos, ingresó a las oficinas y pese a la objeción del cónsul local, estampó visados a todos los solicitantes, agregando de puño y letra: “El Gobierno de Portugal solicita amablemente al Gobierno de España permitir al portador de este documento cruzar España libremente. El portador es un refugiado del conflicto en Europa y está en camino a Portugal”. Y acompañó a los refugiados al puesto fronterizo español para asegurarse de que cruzaran sin incidentes.
    “Si hay que desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres que a una orden de Dios”, exclamó Arístides de Sousa, fundamentando su decisión, ante los sorprendidos hombres de Oliveira Salazar que lo escoltaban.

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    Jovenes refugiados a salvo en los EEUU

    Condenado y olvidado

    Sousa Mendes cruzó la frontera francesa junto a otros refugiados y llegó a España. Gracias a los deficientes medios de comunicación de la época, los guardias españoles no habían sido alertados por Madrid de cerrar la frontera. No tuvieron más remedio que dejar pasar a todos los que acompañaban al cónsul.

    De regreso en Portugal, Arístides de Sousa Mendes fue condenado como resultado de un proceso disciplinario, despedido del Servicio Exterior, prohibido de ejercer la abogacía, requisada su licencia de conducir, es decir, vulnerados todos sus derechos e incapacitado de trabajar y proveer el sustento a su numerosa familia.

    Cuando le pidieron que explicara sus acciones, dijo: “Si miles de judíos están sufriendo por un cristiano [Hitler], no hay duda que un cristiano puede sufrir por tantos judíos”. Sin el reconocimiento público de su labor, Sousa Mendes pasó sus últimos años de vida sumido en la miseria. Murió olvidado, el 3 de abril de 1954, en el hospital de los franciscanos en Lisboa. Fue enterrado con una túnica franciscana.

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    La familia de Aristides de Sousa Mendes,en cabañas de Viriato en 1929

    La gran lista de Arístides

    En la lista salvadora de Arístides de Sousa, estuvo el hijo del último emperador de Austria, Otto de Habsburgo; el escritor y profesor de la Sorbona Charles Oulmont, el pianista Norbert Gingold, la familia Rothschild —dinastía de financistas judío-alemanes— y tres ministros del Estado de Bélgica, quienes, alojados por Arístides en su casa de Portugal, formaron un gobierno belga en el exilio.

    Tras la caída de la dictadura en Portugal, su hija Joana Mendes solicitó la rehabilitación de su padre. En 1978, a propuesta del parlamentario Nuno Bessa Lopes (padre del actual embajador de Portugal en el Perú), y por invocación del pueblo judío —que en 1966 lo había reconocido como Justo entre las Naciones—, Arístides recibe el desagravio póstumo del gobierno de su país.

    En 1994, en el desierto de Neguev, Israel, se creó el bosque Arístides de Sousa Mendes. Al año siguiente, el presidente Mario Soares promueve un homenaje nacional y le otorga la Gran Cruz de la Orden de Cristo, la más alta distinción portuguesa. En 1997, el obispo Antonio Monteiro pide público perdón, en nombre de la Iglesia, por no haberlo sabido auxiliar en el momento que más lo necesitó.

    Las legaciones diplo-máticas de Portugal e Israel organizaron, recientemente, la muestra fotográfica: “Arístides de Sousa Mendes: Homenaje a un diplomático portugués que salvó vidas durante la Segunda Guerra Mundial”.