El Galeon de China, de Lima a Manila

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por TAMARAN, 25 Abr 2009.





  1. TAMARAN

    TAMARAN Miembro de bronce

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    Hay un error muy difundido en el foro, la llegada de los chinos al Perú, es cierto que despues de la independencia coolies chinos fueorn importados en gran numero para sustituir a los esclavos negros.
    Cuando se establecio la ruta comercial llamada el Galeon de China, un navio mercante que iba todos los años desde Lima a Acapulco y de ahi daba el salto a Manila sin escalas, con los subsiguientes viajes de vuelta arribaron al continente americano comerciantes chinos con sus familias que ademas de sentar una base comercial huian de los periodicos progroms que los habitantes de Asia no chinos lanzaban contra ellos, no en vano a los chinos se les llama los judios de Asia por su fortaleza comercial y financiera a traves de los siglos, lo cual creaba grandes envidias en las poblaciones no chinas donde estaban asentados.

    Mucho antes de que Legazpi fundara Manila en 1521, los mercaderes de varios países asiáticos habían llegado a las Islas Filipinas para intercambiar comercialmente sus productos, pero fue hasta 1571 cundo esta actividad se inició accidentalmente entre China y la Nueva España (México) . En esa ocasión, los españoles rescataron a
    unos marinos chinos cuya embarcación había naufragado en aguas filipinas, el incidente parecía olvidado, cuando al año siguiente un navío chino fondeó en Manila, cargado con regalos para el gobierno español en agradecimiento y muestra de amistad. Muy pronto, los mercaderes españoles cargaron un barco con los obsequios y otras mercancías, entre los que destacaban las sedas, la nave llegó a Acapulco en 1573 y así comenzó uno de los tráficos comerciales más importantes de la época, que duraría 242 años. Manila fue el centro de una red comercial que traía productos de China, Japón, las islas del Pacífico, y hasta de la India. La carga típica del Galeón de Manila o Nao de China era clavo, canela, pimienta, sedas, terciopelos, raso, tafetanes, cuerdas, copra, cerámica china, oro en filigrana y joyas preciosas, maderas labradas, ámbar, harina, espadas, etc.; a cambio, los chinos pedían de la Nueva España plata, que les urgía para continuar su actividad comercial. la plata procedia de las minas de la Nueva España.


    En 1559, el rey inició la aplicación de un cuidadoso plan que se había elaborado con el mayor secreto, y ordenó al recién nombrado virrey de la Nueva España, Don Luis de Velasco, que enviara una flota expedicionaria a las Islas del Poniente5, y tocó al marino vasco Miguel López de Legazpi, acompañado por el fraile agustino Andrés de Urdaneta, quien había declinado el mando, zarpar del puerto de Navidad el 21 ó 20 de noviembre de 1564, en el San Pedro como nave capitana y cuatro embarcaciones más.

    La Corriente Ecuatorial del Norte en el Océano Pacífico y los vientos constantes hacia el oeste llevaron casi directamente a los navíos españoles a Cebú, en las Islas Filipinas, a donde arribaron a fines de abril de 1565. Después de iniciada la colonización y conquista de las Filipinas, que se llevaron a cabo casi sin derramamiento de sangre, las 1embarcaciones de Legazpi intentaron el regreso a Acapulco, pero ahora los vientos y corrientes contrarias lo impedían. Tocó al San Lucas7, navegando hacia el norte hasta la altura de Japón, encontrar la ruta de regreso impulsado por la corriente Kuro-Sivo hacia el este, llegó a las aguas de California y de allí puso proa hacia el sur rumbo a la Nueva España. Poco después, el primero de junio de 1565, zarpó de las Islas Filipinas el San Pablo, llevando como navegante a Urdaneta; ascendió hasta los 36 grados, y al igual que el San Lucas, aprovechó la Corriente del Japón y los vientos del oeste para llegar hasta las proximidades de Cabo Mendocino, dobló hacia el sur, y llegó a Acapulco el 3 de octubre de 1565, cuatro meses después de haber salido de Manila. La experiencia que se tuvo permitió al fraile científico elaborar una carta de navegación que fue de gran utilidad para el movimiento comercial entre los países de Asia y la Nueva España por medio de los galeones de Filipinas, debido a lo cual Urdaneta recibió al año siguiente merecidos honores en la corte española, aunque el navegante del San Lucas era acreedor a igual o mayor distinción.




    En algunos relatos históricos se ha exagerado el daño que los piratas causaron a
    España con los ataques a los galeones de Manila, pues en los 250 años transcurridos entre la travesía del primero en 1565 y el último en 1815, sólo cuatro fueron capturados por piratas, todos ingleses, el primero fue el Santa Ana que ya se ha mencionado, y el último fue el Santísima Trinidad, que se rindió al almirante Cornish durante la guerra anglo española (1762-1763).

    Un mercado intercontinental


    La Nao de la China tenía siempre el mismo destino: Acapulco, el principal puerto en el Pacífico de la Nueva España, hoy México. Allí se desembarcaba la carga y el galeón volvía a las Filipinas. El viaje de vuelta se beneficiaba de los vientos y las corrientes marinas: cincuenta o sesenta días bastaban para cubrir 2.200 leguas desde Acapulco hasta Cavite y Manila. Y no volvía de vacío, sino que transportaba en su panza el material más preciado en Asia: la plata, que allí era más valiosa que el oro. Gracias a la plata mejicana, los españoles podían adquirir las mercancías de Asia a un precio muy ventajoso. Tan ventajoso que el margen de beneficio final era de cerca del 300%. Un negocio extraordinario.

    ¿Y qué pasaba con las mercancías de la Nao de la China, una vez desembarcadas en Acapulco? Parte se vendía ahí. Otra parte –la mayor- cruzaba México por tierra, a lomos de mula, hasta llegar a un puerto atlántico, el de Veracruz. Allí las riquezas del Galeón de Manila se unían a los metales y piedras preciosas extraídas de América, y todo embarcaba con destino a los puertos españoles de Cádiz y Sevilla, gran centro del comercio de Indias. En Acapulco, la llegada del Galeón era una fiesta. En torno a la Nao creció una feria de artículos exóticos reglamentada desde 1579 y que duraba todo un mes. Es indescriptible la emoción que se adueñaba de las gentes de Nueva España ante todas aquellas fantásticas mercancías: sederías de China, marfiles de la India, porcelanas finísimas, tesoros de nácar, maderas lacadas del Japón, especies de Indonesia, las Molucas, Timor o Siam; jengibre de Malabar, alcanfor de Borneo, ánforas de Martabán traídas desde Birmania



    La mercancía introducida en América por el Galeón de Manila terminó con la producción mexicana de seda y estuvo a punto de dislocar el circuito comercial del Pacífico. La refinadísima sociedad peruana demandó pronto las sedas, perfumes y porcelanas chinas, ofreciendo comprarlas con plata potosina y los comerciantes limeños decidieron librar una batalla para hacerse con el negocio. A partir de 1581 enviaron directamente buques hacia Filipinas. Se alarmaron entonces los comerciantes sevillanos, que temieron una fuga de plata peruana al Oriente y en 1587 la Corona prohibió esta relación comercial directa con Asia. Quedó entonces el recurso de hacerla a través de Acapulco, pero también esto se frustró, pues los negociantes sevillanos lograron en 1591 que la Corona prohibiera el comercio entre ambos virreinatos.
    Naturalmente los circuitos comerciales no se destruyen a base de prohibiciones y el negocio siguió, pero por vía ilícita. A fines del siglo XVI México y Perú intercambiaban casi tres millones de pesos anuales y a principios de la centuria siguiente el Cabildo de la capital mexicana calculaba que salían de Acapulco para Filipinas casi cinco millones de pesos, parte de los cuales venía del Perú. Esto volvió a poner en guardia a los defensores del monopolio sevillano, que lograron imponer restricciones al comercio con Filipinas. A partir de entonces se estipuló que las importaciones chinas no excediesen los 250.000 pesos anuales y los pagos en plata efectuados en Manila fuesen inferiores a medio millón de pesos por año. Todo esto fueron incentivos para el contrabando, que siguió aumentando. En 1631 y 1634 la monarquía reiteró la prohibición de 1591 de traficar entre México y Perú, cosa que por lo visto habían olvidado todos. Hubo entonces que recurrir a utilizar los puertos intermedios del litoral pacífico, como los centroamericanos de Acajutia y Realejo, desde donde se surtía cacao de Soconusco a Acapulco, de brea al Perú y de mulas (de la Cholulteca hondureña), zarzaparrilla, añil, vainilla y tintes a Panamá, lo que encubría en realidad el tráfico ilegal entre los dos virreinatos.
     
    Última edición: 25 Abr 2009
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  2. TAMARAN

    TAMARAN Miembro de bronce

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    El mercado asiático

    ¿Por qué era tan importante el mercado oriental? Por el valor de sus mercancías. De allí venían las especies -rarísimas en Europa-, las porcelanas y las sedas, los marfiles y maderas lacadas; cosas perfectamente superfluas, pero muy escasas y, por tanto, muy caras, de modo que eran codiciadísimas en las grandes ciudades y en las cortes europeas. La Corona que consiguiera patrocinar tal tráfico obtendría una excelente fuente de ingresos. España necesitaba ese dinero: la política imperial de Carlos I había sido tan gloriosa como cara; Felipe II quiere conservar la gloria, pero es perfectamente consciente de que hay que pagarla. Además, como era ya tradición en el caso español, la apertura de los mares no era sólo un imperativo comercial, sino que venía dictada por consideraciones de rango mayor: primero, religiosas; además, políticas y militares.

    Por eso Felipe II decide promover el establecimiento de bases fijas en Filipinas. Magallanes y Elcano habían demostrado que era posible llegar allí desde América; Urdaneta demostrará que, además, es posible volver, cosa esencial en un tiempo en el que la navegación depende de las corrientes. Hay que ponerse en la piel de aquella gente que se subía en un barco para averiguar si había una ruta, sabiendo que, si no la encontraban, el desenlace más probable era la muerte. Con ese arrojo, muchos conocimientos cosmográficos y enorme pericia marinera, los españoles descubrieron que había un camino para atravesar el Pacífico desde las Filipinas hasta América: la corriente de Kuro-Siwo. Sentada la ruta, el océano se abrió.

    El primer barco zarpó en 1565. Con aquel primer navío se selló el destino de las Filipinas durante tres siglos. No iban a ser una simple posesión colonial en un lugar remoto del Pacífico: las Filipinas y sus ciudades –Manila, Luzón, Cavite- se convertirían en el centro del comercio oriental. Centenares de buques chinos acudían permanentemente a aquellos puertos españoles en extremo oriente; también centenares de marinos españoles, como antes los portugueses, construían su red comercial con los mercaderes asiáticos. El fruto de todo ese comercio se almacenaba en un enorme recinto, el Parián de los Sangleyes, y embarcaba una vez al año, en ocasiones dos veces, en el famoso Galeón de Manila. La partida del galeón era una auténtica fiesta local, el acontecimiento central de la vida de la ciudad.

    ¿Cómo eran aquellos barcos? Grandes; pesados. Algunos habían sido construidos en los astilleros filipinos de Bagatao, otros en el arsenal mejicano de Autlán. Eran enormes almacenes ambulantes de entre 500 y 1.500 toneladas, y a veces incluso navegaron dos barcos en el mismo viaje. Lo que llevaban a bordo era un auténtico tesoro. Consta que el valor de las mercancías llegó a superar los dos millones y medio de pesos en un solo viaje. Para hacernos una idea, tomemos como referencia que el conjunto total de importaciones de oro y plata americanas en todo un año estaba entre los 20 y 30 millones de pesos. O sea que un solo viaje del Galeón valía el 10% de todas las importaciones de metales preciosos en un año. Como su misión era vital, no se escatimaban medios para su defensa: un general al frente, a veces el propio gobernador, y una dotación de soldados. También viajaban pasajeros civiles. Se calcula que a bordo había unas 250 personas. El viaje no era ninguna minucia: entre cuatro y cinco meses, a veces más, saliendo en julio –cuando los vientos eran propicios- y llegando en otoño. Una verdadera aventura

    ----- mensaje añadido, 17:53 -----

    Comercio y Migración entre México, Perú y la Audiencia de
    Filipinas durante la época colonial.​
    Coordinadoras:
    Agnieska Dilawerska de Lagarde; ​
    agniezkad@yahoo.com.mx , Instituto Mora, Mexico.​
    Déborah Oropeza; ​
    oropezadebs@yahoo.com, El Colegio de México.​
    Resumen / Abstract:​
    El Pacífico de los Ibéricos durante la época colonial fue escenario de frecuentes
    intercambios comerciales entre México, Perú y la Audiencia de Filipinas. La demanda de
    plata mexicana y peruana en el mercado del Imperio Chino hacía posible la importación de las mercancías asiáticas, como sedas, marfiles, piedras preciosas, porcelana, maderas finas, especias, etc. El principal punto de enlace en el comercio asiático fue el puerto de Manila.
    La ruta del galeón de Manila, que entrelazaba el puerto de Acapulco con el puerto de
    Manila, fue el único camino legal de comunicación entre la Nueva España y las Filipinas, reconocido por la Corona española. Sin embargo, hay suficientes evidencias históricas de la comunicación comercial directa entre Perú y Filipinas, como las efectuadas durante el gobierno del marqués de Cañete, que fue llevada a cabo de una manera autónoma por los gobernantes peruanos, sin la autorización real. En la ruta de galeones era bastante frecuente el tráfico de contrabando, que alteraba notablemente el volumen oficial del intercambio entre Nueva España y Asia sureste.
    En las ferias de Acapulco una parte de los bienes traídos desde Asia sureste fueron
    transportados por la vía marítima al puerto de Callao en Perú. Este comercio entre ambos virreinatos jugó un papel importante en las economías mexicana y peruana. Sin embargo, en la historiografía de América española se tiende a subestimar la importancia del comercio transpacífico en el desarrollo de la economía novohispana. Algunos historiadores se enfocan solamente en los vínculos económicos de Nueva España con Europa a través del Atlántico. Nuestro simposio quiere contribuir al cambio de este enfoque, presentando las dimensiones reales del comercio transpacífico.
    Gracias a la ruta comercial de galeones que circulaban entre Manila y Acapulco, se generó un importante movimiento migratorio entre Filipinas y la Nueva España, en el que predominaron los habitantes de Asia sureste, entre los cuales hubo gente libre y esclavos. La afluencia de asiáticos al territorio novohispano jugó un papel importante en la formación de la sociedad colonial mexicana. Por su lado, el movimiento migratorio desde Nueva España a Filipinas, fue dominado por soldados reclutas, religiosos y los convictos desterrados a Filipinas. Sin embargo, hubo españoles, quienes después de hacer su servicio militar en Filipinas, se dedicaron con gran éxito al comercio con Nueva España, como fue el caso de los hermanos Manuel y Francisco San Juan de Santa Cruz.
    Asimismo, en la Audiencia de Filipinas podemos observar la presencia de marineros y
    soldados europeos que trabajaron al servicio de los españoles, después de haber sido​
    sujetos a la reconciliación secreta con el catolicismo por la Comisaría de la Inquisición de Manila. La composición demográfica de la migración hacia la Audiencia de Filipinas
    durante el período colonial contribuyó a la creación de una muy peculiar sociedad colonial de Filipinas, en la que convivieron los europeos, los asiáticos, los americanos y los africanos, estableciendo entre ellos importantes relaciones económicas de interdependencia.
    Los investigadores que participan en nuestro simposio hablarán de distintos elementos de las relaciones comerciales y socio-políticas entre Nueva España, Perú y Filipinas. La
    importancia primordial de la ruta de galeones de Manila en las relaciones transpacíficas de América española se refleja en el temario elegido por nuestros ponentes. Así, Tatiana Seijas analizará el tráfico de esclavos entre Manila y Acapulco en el siglo XVII, Deborah Oropeza presentará el movimiento migratorio de los “chinos” desde Manila hasta la Nueva España, en los siglos XVI y XVII y su impacto sobre la economía y la sociedad mexicana.
    Luego, Agnieska Dilawerska de Lagarde evaluará la demografía de la emigración europea a Filipinas en el siglo XVII, María Fernanda de los Arcos presentará la corriente migratoria de marineros filipinos en las rutas marítimas del Imperio español en el siglo XVIII, y Catherine Tracy Goode hablará de los vínculos comerciales entre México y Asia a principios del siglo XVIII. Por su lado, el conocido historiador peruano Jorge O.Sotelo analizará las vinculaciones marítimas y el comercio entre Perú y México en los siglos XVII y XVIII y Mariano Boniajan Assadourian evaluará el comercio triangular entre Perú, México y Filipinas en el siglo XVIII .
    Esta amplia temática relacionada con las relaciones transpacíficas entre México, Perú y Filipinas que abordarán nuestros ponentes permitirá ver de cerca la complejidad de
    relaciones sociales y comerciales entre las tres entidades políticas de la América española.
    Asimismo queremos evaluar los cambios que generó el movimiento migratorio desde
    Filipinas a Nueva España en la estructura de la sociedad colonial mexicana. Nuestro
    propósito final es publicar en un libro el conjunto de las presentaciones, con lo que
    queremos contribuir al cambio substancial en la interpretación del papel que jugó el
    comercio y el movimiento migratorio transpacífico en la formación de la sociedad y​
    economía colonial mexicana
     
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  3. leodent

    leodent Miembro de oro

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    Te felicito, Tamaran, muy buen aporte cultural...... Desconocia muchos aspectos del comercio peruano-mejicano-filipino. Saludos,.
     
  4. TAMARAN

    TAMARAN Miembro de bronce

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    El último galeón, el Rey Fernando (apodado La Magallanes), partió de Manila en 1811 y regresó de Acapulco en 1815. Desde 1813, las liberales Cortes de Cádiz, creadas en plena guerra de la Independencia española, habían decidido su desaparición en favor del comercio libre

    Tan pocos contra tantos

    Ya puede imaginarse que tales riquezas despertaron la codicia de los piratas. Las aguas del Pacífico, aunque peligrosas para la navegación –tanto por los temporales como por las calmas-, eran seguras desde ese punto de vista: pocos se atrevían a cruzarlas. Sin embargo, las áreas más cercanas al archipiélago filipino hervían de piratas chinos, japoneses, malayos… Y pronto se llenaron también de piratas holandeses e ingleses. La piratería no hizo mucho daño al Galeón de Manila: en doscientos cincuenta años, sólo cuatro barcos cayeron en manos de los ladrones del mar. Mucho más peligrosa fue la ambición holandesa por arrancar a España y a Portugal sus bases comerciales en los puertos del Pacífico.

    Los holandeses mandaron auténticas flotas para tratar de echar a los ibéricos a viva fuerza. Es lo que intentaron en un punto neurálgico de todo aquel tráfico comercial, Macao, en 1622, cuando España y Portugal estaban bajo la misma Corona y, por tanto, compartían dominios en aquellos lugares. Una flota holandesa de tres barcos y 1.300 hombres intentó apoderarse de Macao, defendida por una guarnición portuguesa de unos 300 hombres reforzados por dos compañías españolas. Pese a su superioridad, los holandeses tuvieron que retirarse. Un cronista nos dejó el siguiente testimonio:

    “Se aprestó el invasor holandés al desembarco. Pero aquellos portugueses, y unos cuantos españoles que estuvieron junto a ellos, obraron maravillas aquel día. La artillería, servida por los padres jesuitas, frenó en seco el avance holandés. Y acto seguido los defensores, aun siendo muy inferiores en número, salieron de sus defensas, invocando a la Virgen María y a Santiago Apóstol rompieron el asedio y se abalanzaron contra los atacantes, obligando a huir a los herejes, que corrieron a refugiarse en sus barcos. Así se salvó Macao aquel 24 de junio de 1622. Y no puede uno sino admirar el decidido espíritu de tan pocos contra tantos…”.

    España mantuvo su bandera en Filipinas hasta 1898. El Galeón había dejado de circular mucho antes: hacia 1820, cuando México, independiente, cerró el flujo comercial. Pero para entonces ya otros muchos barcos, de otras muchas naciones, surcaban el Pacífico con la seguridad que proporcionaban las nuevas técnicas de navegación. Un océano que abrieron los españoles con sus galeones de vela, trazando la primera ruta comercial de Asia con América.
     
    Última edición: 26 Abr 2009
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  5. rickycardo1

    rickycardo1 Miembro de oro

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    Muy buen articulo, Filipinas rapidamente perdio idioma cuando en 1900 lo colonizo EEUU.Solo quedan apellidos costumbre y religion. Muchas veces los esclavo filipinos eran confundido con chino porque habia colonia china antigua en manila.
    Ya antes , en 1568 cuando se descubrio GUADALCANAL se uso ruta para regresar a mexico. Desde 1522 con Filpinas por magallanes hasta descubrir corriente de regreso hubo 46 años en que la ruta seguia , viajes clasicos por la india ceilan cabo buena esperanza para regresar a europa.
     
  6. TAMARAN

    TAMARAN Miembro de bronce

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    vean este con las fotos de los personajes historicos

    EL GALEÓN DE MANILA

    file:///C:/Users/JESUS/Downloads/cm66cap02.pdf

    De los 108 buques que hiceron la Carrera de Filipinas —o sea que oficiaron de Galeón de Manila— en 250 años, solo cuatro fueron capturados:

    El Santa Ana, en 1587, cerca de las costas de California, por dos naves del pirata inglés Cavendish.

    El Nuestra Señora de la Encarnación, en 1709 (durante el siglo XVII no hubo ningún apresamiento), por el pirata inglés Wooden Rogers. Dicho buque había salido de Cavite junto al Nuestra Sra. de Begoña, pero cerca de las costas de California ambos buques se habían separado. Las dos fragatas de Rogers atacaron, por dos veces, al Begoña —armado con solo 24 cañones—, pero este entró en Acapulco con únicamente ocho muertos.

    El navío Nuestra Señora de Covadonga, en 1743, que fue avistado, cuando estaba cerca de Filipinas, por el navío inglés Centurion, de la escuadra de Anson. Después de un encarnizado combate —con 120 bajas y 60 muertos—, el navío español y su carga fueron presa de la superioridad artillera del inglés. Anson vendió el Covadonga en Macao y se hizo a la vela para Europa.

    El navío Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, alias El Poderoso, el buque de mayor porte de la Carrera de Filipinas. Por su tonelaje era un navío de 2.ª clase, y de cuarta en lo que respecta al armamento. En agosto 1762 partió de Cavite hacia Acapulco. Debido a los vientos contrarios y a un tifón que abatió su palo mayor y el de mesana, el 2 de octubre su capitán decidió regresar a Filipinas, ignorante de que Inglaterra y España estaban en guerra y Manila había caído en manos británicas. En su viaje de regreso fue atacado por el navío Panther, de 60 cañones, y la fragata Argo, de veintiocho. Al ser acometido, el navío español solo pudo emplear diez de los 50 cañones que llevaba pues, con el fin de aprovechar al máximo el espacio, la mayoría de las veces los cañones se estibaban en el fondo de las bodegas. El Santísima Trinidad se rindió y fue conducido a Portsmouth (Inglaterra), donde su venta procuró una verdadera fortuna a sus captores.

    En cuanto a los hundidos y desaparecidos, fueron veintiséis (con toda su carga) . Debemos tener en cuenta que cada uno de estos buques realizó muchas carreras de Filipinas. Es de destacar el naufragio del navío Nuestra Señora del Pilar, magistralmente narrado en Historia de un navío por el doctor ingeniero del ICAI Jesús García del Valle (2).
     
  7. rickycardo1

    rickycardo1 Miembro de oro

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    Que excelente informacion recopilacion, en 300 años , los españoles tuvieron que guerrear contra holanda francia y portugal practicamente., tambien desde MANILA para afianzar ruta y expulsar piratas salieron expediciones hacia la jungla de GRAN isla BORNEO, ahora indonesia brunei malasia:

    La historia de Borneo está estrechamente relacionada con Filipinas. Cuando el archipiélago filipino fue sometido por el navegante español Miguel López de Legazpi, una flotilla del sultán de Borneo auxilió a los príncipes de Manila, ya que uno de aquellos príncipes era oriundo de Borneo. Y en 1577, cuando un pretendiente al trono de Borneo llamado Sirela solicitó el apoyo de España, el gobernador español de Filipinas Sande, zarpó de Manila con una escuadra de 30 bajeles y 2.200 hombres. Proclamado Sirela rey, el nuevo monarca prestó homenaje a España. Pero entonces el soberano destronado buscó refugio en las islas Molucas, solicitando el auxilio de los portugueses, quienes aspirando también a la posesión de Borneo, organizaron una flota que bajo las órdenes de Héctor Brita venció a Sirela, quien huyó a Manila y solicitó nuevamente el apoyo de España. Éstos enviaron al capitán Gabriel de River con un pequeño ejército que derrotó a los ocupantes y restableció a Sirela en el gobierno.

    El pabellón español en la región septentrional de la isla fue levantado por Rafael Omen de Acevedo en el año 1648, al vencer a los nativos camucones. Pero en la última mitad del siglo XVII España tuvo que reconcentrar sus fuerzas en Luzón por falta de efectivos, ofreciendo a los piratas de la región libertad para que actuaran. A principios del siglo XVIII los tirones, que dependían del sultanado de Joló (isla situada entre Filipinas y Borneo) se hicieron independientes.

    En 1761 Inglaterra celebró un tratado con Joló, por el cual la Compañía Británica de las Indias Orientales adquirió el litoral norte de Borneo, desde el río Kunanis hasta la bahía de Melledu. En 1771 esta misma compañía ocupó con 400 hombres la isla de Balambamgan, pero habiendo captado la enemistad de los nativos, fueron todos pasados a cuchillo. El soberano javanés Bantam cedió a los holandeses en 1778 unos territorios de la costa oriental de Borneo cuyo dominio poseía por derecho de herencia. Esta cesión tuvo gran importancia en el futuro, ya que fue considerada como fundamento jurídico de la soberanía que ejerció Holanda en gran parte de la isla.

    A fines del siglo XVIII y principios del XIX los piratas joloanos hicieron imposible el comercio en la zona. Con el objetivo de reducir a los corsarios, partió de Manila una escuadra española que en 1851 bombardeó y tomó la capital de Joló. A través de la firma de un tratado este territorio y todas sus dependencias pasaron a formar parte de los dominios de España en el archipiélago de Joló; y para desvanecer toda duda con respecto a Borneo, el sultán Mahamad-Diamarol Alam declaró en 1862 que el grupo de las islas de Joló y Tawi-Tawi pertenecían a los españoles por derechos de conquista y anexión. El Tratado de Licup, firmado el 22 de julio de 1878, también reconocía el dominio eminente de España sobre el archipiélago y sus dependencias. Pero las negociaciones diplomáticas entabladas ese mismo año a causa del establecimiento de la British North Borneo Company en el norte de la isla, tuvieron como resultado el protocolo del 7 de mayo de 1885, donde suscrito por los representantes de España, Inglaterra y Alemania; declaraba que a cambio del reconocimiento de la soberanía española en Joló, el gobierno de este país debía renunciar a favor de Inglaterra, a cualquier pretensión de soberanía sobre los territorios del continente de Borneo y de las islas vecinas de Balambamgan, Banguey y Manali, así como a todos los territorios comprendidos en una zona de tres leguas marítimas a lo largo de la costa, que formaron parte de los territorios administrativos de la British Company hasta 1905.

    No sabia que tan lejos enviaban expediciones donde demoraban años en regresar mas lejos aun que ir a estrecho magallaneso selva de paraguay. Parece que ingleses eran menos simpaticos que portugueses y españoles.