El famoso zoologo disecciona al macho humano

Publicado en 'Ciencias' por linuxero, 27 Oct 2009.





  1. linuxero

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    D.R.
    El cuerpo del hombre es un reflejo de la historia de la evolución, pero también explica su comportamiento actual: desde su pasión por el fútbol hasta su afán por pisar el acelerador. Así lo asegura, al menos, el polémico zoólogo Desmond Morris. Este investigador, que hace años ya sorprendió al mundo científico con El mono desnudo, vuelve al ataque con El hombre desnudo.



    El cerebro del hombre creció, sencillamente, porque era un débil. Su desventaja física respecto al resto de los depredadores era tal que no le quedó otra que agudizar el ingenio. La inteligencia y la astucia fueron sus principales armas, junto con el aumento de la cooperación para operar en grupo y la inventiva para desarrollar nuevas técnicas que le permitieran cazar mejor. Comer carne, a la vez, fue determinante en su evolución y lo distinguó de los demás simios. Al aumentar la eficiencia de los cazadores, se generaron excedentes de comida que podían compartirse y con los que con el paso del tiempo se podía comerciar. También contribuyó a la evolución de diferencias de constitución física entre los sexos. Los machos cazadores evolucionaron hacia un depredador-asesino eficiente cada vez más atrevido y astuto, con un cuerpo atlético y musculoso. Las mujeres, muy valiosas por su papel reproductivo, mantuvieron sus depósitos de grasa (sus curvas), que las nutrían en épocas de carestía, y se especializaron como individuos cuidadores y maternalmente eficientes. El macho se fue especializando en la determinación centrada en una meta, la planificación, la innovación y el riesgo; la hembra, en la realización de varias tareas simultáneas, la fluidez verbal, la agudización de los sentidos y una mayor resistencia a la enfermedad.


    El macho y la hembra humanos han constituido un equipo evolutivo perfecto. Desarrollaron una estrategia de comportamiento sexual fundamental para la perpetuación de la especie: enamorarse. El enamoramiento y la formación de parejas evitaron que los machos más aptos lucharan entre sí, destruyendo la necesaria cooperación tribal. La distribución de machos y hembras en parejas estables con fines reproductivos y de conservación es el origen de la fidelidad. En cierto modo, las leyes morales que sancionan este tipo de comportamiento están en nuestros genes.


    La siguiente gran revolución en la vida de los humanos vino de la mano del dominio de la agricultura y la cría de animales. Ocurrió todo tan rápido que al macho no le dio tiempo a evolucionar. Genéticamente siguieron siendo poderosos cazadores, pero en gran parte la caza fue sustituida por el trabajo de recolección. La gran ventaja de disponer de alimentos de forma controlada se vio empañada por la pérdida de la aventura y del espíritu audaz de la manada de cazadores.


    Sin embargo, también esto acabaría equilibrándose con el nuevo macho granjero, que, para compensar el aburrimiento, desarrolló la caza como deporte, la guerra para saciar el hambre de riesgo, y la innovación como resultado de la capacidad adquirida para concentrarse en objetivos a largo plazo. El macho inventor y el macho destructivo definen las dos caras del macho humano. Todos los deportes de competición modernos son formas simbólicas de cacería.


    Invertir en Bolsa o los juegos de azar, ámbitos masculinos por excelencia, generan la adictiva adrenalina asociada al riesgo. Otro rasgo fundamental del macho humano es lo que se conoce como ‘neotenia’, la tendencia evolutiva que ha llevado a un creciente proceso de infantilización. La especie humana se ha ‘infantilizado’ llevando a los comportamientos básicos de la vida la curiosidad, la experimentación y el juego. El antiguo cazador primitivo tal vez haya muerto, pero el cazador moderno, simbólico, sigue vivo.
    Desmond Morris