Dame tu testimonio

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por kiya, 18 May 2010.





  1. kiya

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    http://centmientoperu.blogspot.com/

    acabo de crear este blog... espero testimonios .. de cualquier cosa que hayan pasado en Peru. de cualquier cosa... no solo es sentido moral , sino politico economico..de todo un poco sino entienden... no comenten. Testimonios que por ejemplo cuenten de experiencias en la calle ,en alguna entidad publica, etc. espero respuestas please gracias:hi:
     


  2. clod20

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    no entiendo el sentido de tu blog.
     
  3. kiya

    kiya Miembro frecuente

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    uhmmm ya no puedo editarlo asi que cambiare el sentido aver si asi me entienden i me apoyan ^^
    Que cosas te hacen sentir orgullos@ de ser peruano?
    no vale ....machupichu, ni figuras publicas recontras conocidas...tiene que ser original, y si es posible alguna experiencia propia
    gracias
    y respondan please ¬¬
     
  4. yzz_riaz

    yzz_riaz Suspendido

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    En donde? en el tema que dice Un dia sin siufrimientos, un dia sin combies? en comentarios se pone el testimonio verdad?
     
  5. kiya

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    U_U
    ponganlo solo aki
    para que cada uno de ustedes tenga una entrada y no solo se vea como un comentario
    estare muy agradecida:)
     
  6. yzz_riaz

    yzz_riaz Suspendido

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    Tradiciones Peruanas 2010?
     
  7. kiya

    kiya Miembro frecuente

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    algo asi...
     
  8. yzz_riaz

    yzz_riaz Suspendido

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    Hace un tiempo lei esta pequeña remembranza en un libro de historia de primaria, cada vez que lo leo se me hace un nudo a la garganta, bueno ya posteare mas temas que tengo.

    La Procesión de la Bandera
    (Episodio del cautiverio de Tacna)

    Tacna y Arica - lo mismo que Alsacia y Lorena- han sido teatro durante su largo
    cautiverio de episodios interesantísimos que han hecho proverbial en todas partes
    el patriotismo inextinguible de los hijos de aquellas provincias. Desgraciadamente,
    en el Perú no ha habido un escritor que -a semejanza de Alfonso Daudet en
    Francia- haya eternizado esos sucesos en el libro para ejemplo de las generaciones
    venideras y también para honra y gloria del país.


    Yo, que he nacido en Tacna y que he pasado allí mi niñez y parte de mi
    juventud, he sido testigo presencial de esos episodios que recuerdo siempre con
    orgullo. Un compañero de labores periodísticas me pide que narre alguna de esas
    anécdotas, y accedo a la demanda, a sabiendas de que mi relato no produciré en el
    ánimo de las personas que lo lean la honda impresión que sacudió mi espíritu
    cuando vi desarrollarse ante mis ojos la inesperada y conmovedora escena que voy
    a referir.


    Ocurrió el caso en 1901. Era por entonces Intendente accidental de Tacna el
    general don Salvador Vergara, hombre impresionable y receloso que, durante su
    breve administración mantuvo siempre sobre las armas, lista para cualquier evento,
    a la guarnición militar que se hallaba a sus ordenes, como si esperara que un
    enemigo invisible atacara la plaza de un momento a otro.
    Una institución tacneña muy antigua y muy prestigiosa: La Sociedad de
    Auxilios Mutuos "EI Porvenir", quiso un día hacer bendecir en la iglesia parroquial un magnifico estandarte de seda, bordado en oro; pero, como en aquellos días habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una misión de socios a la intendencia a recabar el permiso
    correspondiente. La negativa del general Vergara fue rotunda.
    -No quiero banderas en las calles- dijo. Provocan manifestaciones patrióticas y
    esas manifestaciones dan origen a contramanifestaciones que ponen en peligro el
    orden publico.


    Y no hubo medio de hacerle variar la resolución.


    Días después, ya en vísperas del 28 de julio, la Sociedad "El Porvenir", que
    deseaba celebrar de alguna manera el día de la patria, volvió a solicitar el permiso
    deseado, y el intendente volvió a denegarlo.


    - Lleven el estandarte a la iglesia en una caja- dijo y en la misma forma
    vuelven con él al local de la Sociedad. Así nos ahorramos un conflicto.


    Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas las colectividades
    extranjeras, incluso la China, enarbolaban su bandera cuando les placía y que no
    era justo que solo, los peruanos que estaban en suelo propio, se viesen privados
    de esta libertad.


    Una idea extraña, sabe Dios de qué alcances posteriores, debió cruzar en ese
    momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de
    tono, dijo:


    -Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que me
    garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles,

    el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico. Exijo, desde
    luego, de un modo concreto, que no haya aclamaciones, ni vivas, ni el mas leve
    grito que signifique, ni remotamente, una provocación para el elemento chileno.


    Los miembros de la comisión se miraron un tanto desconcertados, estimando,
    sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se le imponía; pero, resueltos
    a todo, lo aceptaron, poniendo así en grave riesgo su responsabilidad.


    -Esta bien señor Intendente - dijo uno de ellos hablando por todos—. No se oirá
    un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte.


    Al día siguiente los diarios peruanos, a la vez que daban a conocer al público el
    grave compromiso contraído por la comisión, recomendaban eficazmente a los hijos
    del lugar que el día de la fiesta honraran con su actitud la palabra empeñada al
    mandatario de la provincia.


    Los aprestos para la gran ceremonia, que debía realizarse una semana después, en el día de la patria, comenzaron desde luego con toda actividad en medio de la mas intensa expectación pública.


    La institución encargada de organizar el programa -conocedora del carácter
    altivo y rebelde de la gente de Tacna- abrigaba el íntimo temor de que la fiesta
    acabara en tragedia. Un viva al Perú, contestado con un viva a Chile, podía
    convertir las calles de la ciudad en un campo de batalla. En medio de esta
    incertidumbre, llegó, por fin, el 28 de julio.


    En las primeras horas de la mañana, mas de 800 miembros de la Sociedad "El
    Porvenir" condujeron a la iglesia de San Ramón -la principal de Tacna- el
    estandarte que había de bendecirse. Esta translación se realizó, intencionalmente,
    por calles poco concurridas, a fin de evitar, en lo posible, que la hermosa bandera
    fuese conocida por el vecindario antes de la ceremonia.


    Comenzó ésta a las 10 con el concurso de casi la totalidad de la población
    peruana.


    Las tres naves del templo estaban materialmente repletas de gente. Afuera, en
    el atrio y en las calles adyacentes, una multitud incontable aguardaba, impaciente,
    el fin de la fiesta religiosa para escoltar la bandera del cautiverio.


    En el altar mayor oficiaba, auxiliado por dos diáconos, el cura vicario de la
    parroquia, doctor Alejandro Manrique -antecesor del célebre cura Andía, que poco
    después sacrificó su vida en servicio de la Patria.


    Bendíjose el estandarte, cantóse un Te Deum solemne, y en seguida el vicario
    subió al púlpito y habló a la enorme concurrencia, exhortándola a mantener
    siempre latente en el alma el amor a Dios y a la Patria; a soportar con entereza las
    amarguras del cautiverio y a confiar sin desmayo en las reparticiones justicieras del
    porvenir.


    Esta oración, intitulada "La Cruz y la Bandera" conmovió intensamente al
    auditorio.


    Terminada la ceremonia la concurrencia comenzó a abandonar el templo y a
    engrosar el inmenso gentío que se agitaba, imponente, en los alrededores.


    Al último, cuando ya no quedaba nadie en el interior de la iglesia, apareció en
    La puerta, sostenida en alto, hermosa y resplandeciente como nunca, la bandera
    Blanca y roja del Perú.

    Y entonces, en aquel instante solemne, ocurrió allí, en la calle llena de sol y
    apretada de hombres, mujeres y niños, de toda condición social, algo inesperado y
    grandioso; algo que no olvidaré nunca; algo que me hizo experimentar una de las
    emociones mas hondas de mi vida.
    Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas
    congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego,
    sin previo acuerdo, como impulsados por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a
    la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la ensena bendita de la Patria.

    No se oyó una exclamación, ni una sola exclamación ni el grito más
    insignificante. Sellados todos los labios por un compromiso de honor,
    permanecieron mudos. Y en medio de aquel silencio extraño y enorme que infundía
    asombro y causaba admiración, la bandera, levantada muy arriba, avanzó
    lentamente por en medio de aquel océano de cabezas descubiertas.

    Y pasó la bandera y detrás de ella, como enorme escolta, avanzó el pueblo
    entero, y aquella procesión sin música ni aclamaciones siempre en silencio, siempre
    majestuosa- recorrió, imponiendo respeto y casi miedo, los jirones mas céntricos de la ciudad cautiva.

    En una bocacalle, un antiguo soldado del Campo de la Alianza, un hombre del
    pueblo invalidado por un casco de metralla se abrió paso, como pudo por entre la
    compacta muchedumbre, aproximándose al estandarte, besó con unción religiosa
    los flecos de oro de la ensena gloriosa. Y un enjambre de niños imitó luego al viejo
    soldado. Y ante aquel espectáculo, a la vez sencillo y sublime, tuve que apretar los
    ojos para contener las lágrimas.

    Al paso del cortejo -en el cual el gentío parecía transfigurado por el dolor y el
    Patriotismo- los transeúntes se descubrían pálidos de emoción y hasta los oficiales
    y soldados chilenos, visiblemente impresionados, levantaban maquinalmente la
    mano a la altura de sus gorras prusianas en actitud de hacer el saludo militar.

    Hace largos años que presencié este episodio. En el tiempo transcurrido hasta
    ahora, sucesos de toda índole han impresionado fuertemente mi espíritu; pero
    ninguno lo repito -ha dejado huella más honda que éste en mi corazón.

    Ahora, al evocarlo después de tanto tiempo, pasan por mi memoria otras
    anécdotas patrióticas ocurridas en nuestras provincias irredentas, y mi ánimo se
    conforta y crece mi confianza en la salvación de esos pueblos, dignos mil veces de
    un gran porvenir, y siento orgullo, grande y legítimo orgullo de haber nacido en
    Tacna.

    Federico Barreto



     
  9. yzz_riaz

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