Cuentos

Publicado en 'Literatura' por sinnick, 17 Ene 2007.





  1. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    Paseándome por la web encuentro de cuando en cuando cuentos cortos .. me gustan particularmente los de origen asiático. :)

    LA ENSEÑANZA DEL SABIO VEDANTÍN

    Era un sabio vedantín, es decir, que creía en la unidad que se manifiesta como diversidad. Estaba hablando a sus discípulos sobre el Ser Supremo y el ser individual, explicándoles que son lo mismo. Declaró:

    -Del mismo modo que el Ser Supremo existe dentro de sí mismo, también existe dentro de cada uno de nosotros.

    Uno de los discípulos replicó:

    -Pero, maestro, ¿cómo nosotros podemos ser como el Ser Supremo, cuando Él es tan inmenso y poderoso?

    -Infinitos universos moran dentro de Él. Nosotros somos partículas a su lado. - Dijo el sabio. El sabio le pidió al discípulo que se aproximase al Ganges y cogiese agua. Así lo hizo el discípulo.

    Cogió un tazón de agua y se lo presentó al sabio; pero éste protestó:

    -Te he pedido agua del Ganges. Ésta no puede ser agua de ese río.

    -Claro que lo es - dijo el discípulo consternado.

    -Pero en el Ganges hay peces y tortugas, las vacas acuden a beber a sus orillas, y la gente se baña en él. Esta agua no puede ser del Ganges.

    -Claro que lo es -insistió el discípulo-, pero en tan poca cantidad que no puede contener ni peces, ni tortugas, ni vacas, ni devotos.

    -Tienes razón -afirmó el sabio- Ahora devuelve el agua al río.

    Así lo hizo el discípulo y regresó después junto al sabio, que le explicó:

    -¿Acaso no existen ahora todas esas cosas en el agua? El ser individual es como el agua en el tazón. Es una con el Ser Supremo, pero existe en forma limitada y por eso parece diferente. Al devolver el agua del tazón al río, volvió a contar con peces, tortugas, vacas y devotos. Si meditas adecuadamente, comprenderás que tú eres el Ser Supremo y que estás en todo, como Él.

    El Maestro dice: Hasta en una brizna de hierba habita el Alma Universal.​

    Extraído de: http://pacomova.eresmas.net/cuentos_clasicos_india/cuentos/la_ensenanza_del_sabio_vedantin.htm
     


  2. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    Este me ha dado risa jojo.

    UNA BROMA DEL MAESTRO

    Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar. El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:

    --Amigos, ¿sabéis de qué voy a hablaros?

    --No -contestaron.

    --En ese caso -dijo-, no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.

    Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo.

    El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:

    --¿Sabéis de qué voy a hablaros?

    --Sí, lo sabemos -repusieron los aldeanos.

    --Siendo así -dijo el santo-, no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis una buena noche, amigos.

    Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación. No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:

    --¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?

    No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta:

    --Algunos lo sabemos y otros no.

    Y el hombre santo dijo:

    --En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben.

    Dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.

    El Maestro dice: Sin acritud, pero con firmeza, el ser humano debe velar por sí mismo.​

    Extraído de: http://pacomova.eresmas.net/cuentos_clasicos_india/cuentos/una_broma_del_maestro.htm
     
  3. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    Este me intriga. Va un poco en la dirección del primer cuento (el del sabio vedantín)

    SOY TÚ

    Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.

    --¿Quién es? -preguntó el yogui.

    --Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.

    --No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.

    Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.

    Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.

    Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.

    --¿Quién es? -preguntó el yogui.

    --Soy tú -repuso el discípulo.

    --Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

    El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser. Y en el Ser todos los seres.​

    Extraído de la misma página que los anteriores.
     
  4. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    jeje nadie le da bola a mis cuentitos :P
    A ver que tal este, es una versión para niños de un antiguo cuento japonés.

    Tsuru no Ongaeshi

    Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de ancianos muy pobre. Un día el anciano oyó el grito de una grulla que había caído en una trampa. El anciano se compadeció al verla y decidió soltarla. Esa noche le contó a su mujer sobre lo ocurrido y ella le dijo: "Hiciste bien. Yo también estoy contenta", y los dos se pusieron alegres.

    En ese momento, alguien llamó a la puerta: "toc toc...", el anciano salió y encontró a una chica muy bonita que dijo: "Me desorienté en el camino, ¿Podría quedarme en su casa esta noche?".

    Los ancianos que eran muy amables no dudaron en invitarla a dormir.

    Esa noche los tres conversaron y ella les contó que no tenía casa a donde ir ni familia con quien estar. Los ancianos le propusieron: "¡Queremos que seas nuestra hija!". Ella se puso muy contenta. Al rato los tres se fueron a descansar.

    Al día siguiente, la chica se levantó muy temprano para preparar el desayuno, pero no había ni arroz ni "miso". En ese momento, la chica divisó un telar en una habitación contigua y en unos instantes se empezó a oír el sonido del telar mecánico.

    Cuando los ancianos se despertaron, la chica les entregó una pieza de tela bellísima diciéndoles: "vendan esta tela y compren lo necesario para vivir". Ellos se sorprendieron y estuvieron muy contentos.

    El anciano recibió mucho dinero a cambio de la pieza de tela, ya que ésta era muy bonita, y compró lo necesario para vivir además de un peine muy bonito para la chica.

    Esa noche los tres estaban muy contentos y se quedaron conversando hasta muy tarde. En eso el abuelo dijo: "Ya vamos a dormir", pero la chica contestó: "Yo voy a continuar trabajando un poco más". Los ancianos se sorprendieron y le dijeron: "¡No! hoy ya no trabajes! es mejor que descanses". La chica contestó: "Quiero hacer más piezas de tela para ustedes pero quisiera pedirles un favor, no entren a la habitación cuando esté trabajando.". El anciano preguntó sorprendido: "¿Cómo? ¿No podemos verte trabajar?". La chica contestó: "No, por favor, quiero que me prometan que no lo harán."

    Los ancianos no entendían la razón por la cual la chica les pedía eso pero asintieron con la cabeza.

    La chica tejía cada noche una pieza de tela que se vendían como "pan caliente", pero cada día se ponía más delgada y no tenía ánimo.

    El anciano le decía: "¡Tienes que descansar, no trabajes demasiado!", pero la chica respondía: "Voy a seguir trabajando sólo un poco más" y entraba en la habitación.

    Los ancianos no podían dormir pensando en la salud de la chica.

    Una noche, el anciano no pudo contenerse y dijo: "Voy a verla", la anciana replicó: "Tenemos que cumplir con nuestra promesa". El anciano, haciendo caso omiso a su mujer, se dirigió a la habitación en donde se encontraba trabajando la chica. Miró a través de la puerta que estaba entreabierta y para su sorpresa divisó a una grulla trabajando en el lugar. La grulla utilizaba su pico para quitarse plumas, las cuales las utilizaba para decorar las hermosas piezas de tela que hacía. Esta advirtió que estaba siendo observada y se disfrazó nuevamente de mujer.

    La chica abrió la puerta y se dirigió al anciano: "Yo soy aquella grulla que salvó de la trampa. Por salvarme la vida quise devolverle el favor y para ello se me dio la oportunidad de convertirme en un ser humano por una sola vez y venir aquí, pero ya no puedo permanecer aquí con ustedes. Deseaba convertirme en su hija para siempre".

    La chica volvió a tomar su apariencia original de grulla y levantó vuelo. El anciano al verla volar pensó: "Perdóname. ¡No nos olvides!" y le lanzó el peine que le había regalado a la "chica". La grulla lo cogió y se fue volando.​

    http://www.geocities.com/blueeflamee/cuento4.htm
     
  5. xcarlos

    xcarlos Miembro de bronce

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    buenos cuantos sinnick podria imprimirlos y leerlos cuando voy en la combi asi me relajo y no me molesto y aburro con tanta bulla dentro y fuera de la combi. Saludos
     
  6. mistika

    mistika Miembro de bronce

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    A ver si recuerdo esta.. Una vez un oriental observaba que un alacran o escorpion se estaba ahogando en un rio, Nota no estaba leyendo la obra de Cohelo :D , un anciano le observaba, cuando lo intento sacar el alacran lo pico, al sentir esto por instinto lo solto y cayo al rio de nuevo, nuevamente el escorpion lo pico y sucedio lo mismo. El anciano le dijo al oriental. No entiende que va a seguir picandolo. El oriental tomo una hoja , saco el escorpion y lo coloco en tierra y lo salvo. Le contesto al anciano, la naturaleza del escorpion es picar, la mia es ayudar.

    Moraleja: No combatas el mal por el mal sino con el bien.No dejes que la naturaleza de nadie cambie la tuya. (L)
     
  7. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    Que lindo! Me ha gustado mucho Místika. :)

    Aquí otro pequeñito:

    Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro. Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena:

    "Mi mejor amigo me dio hoy una bofetada."

    Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse. El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recuperarse, escribió en una piedra:

    "MI MEJOR AMIGO HOY SALVO MI VIDA."

    El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó:

    "Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra. ¿Porqué?"

    El otro amigo le respondió:

    "Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo."
     
  8. mistika

    mistika Miembro de bronce

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    Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.
    Huyo un día, y ella no desistía, dos días y nada...En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
    - ¿Puedo hacerte una pregunta?
    - No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...
    - ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
    - No
    - ¿Yo te hice algún mal?
    - No
    - Entonces, ¿Porqué quieres acabar conmigo?
    - Porque no soporto verte brillar...

    Esta última frase nos invita a pensar en la razón por la que muchos de nosotros nos hemos preguntado ¿Porqué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?...sencillo, porque no soportan verte brillar. la envidia es el peor sentimiento que puede sentir el ser humano.
    Es bueno recordar que aunque nos hieran, no podrán tocarnos, porque nuestra luz seguirá intacta, nuestra esencia seguirá por siempre, pase lo que pase.
    "Siempre le viene bien al hombre un poco de oposición. Los cometas se levantan contra el viento, no a favor de él". ​
     
  9. mistika

    mistika Miembro de bronce

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    Helado para el Alma

    La semana pasada llevé a mis niños a un restaurante. Mi hijo de 6 años de edad preguntó si podía dar las gracias. Cuando inclinamos nuestras cabezas el dijo: "Dios es bueno, Dios es grande. Gracias por los alimentos, yo estaría aún más agradecido si Mamá nos diese helado para el postre. Libertad y Justicia para todos. Amén"


    Junto con las risas de los clientes que estaban cerca, escuché a una señora comentar: "Eso es lo que está mal en este país, los niños de hoy en día no saben como orar, pedir a Dios helado... ¡Nunca había escuchado esto antes!" Al oír esto, mi hijo empezó a llorar y me preguntó: "¿Lo hice mal? ¿Está enojado Dios conmigo?

    Sostuve a mi hijo y le dije que había hecho un estupendo trabajo y Dios seguramente no estaría enojado con él.

    Un señor de edad se aproximó a la mesa. Guiñó su ojo a mi hijo y le dijo: "Llegué a saber que Dios pensó que aquella fue una excelente oración".


    ¿En serio? - Preguntó mi hijo. - ¡Por supuesto! Luego en un susurro dramático añadió, indicando a la mujer cuyo comentario había iniciado aquel asunto: "Muy mal, ella nunca pidió helado a Dios. Un poco de helado, a veces es muy bueno para el alma".


    Como era de esperar, compré a mis niños helado al final de la comida. Mi hijo se quedó mirando fijamente el suyo por un momento y luego hizo algo que nunca olvidaré por el resto de mi vida. Tomó su helado y sin decir una sola palabra avanzó hasta ponerlo frente a la señora. Con una gran sonrisa le dijo: "Tómelo, es para usted. El helado es bueno para el alma y mi alma ya está bien".
     
  10. mistika

    mistika Miembro de bronce

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    Para reflexionar


    Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.

    Poderoso T.: "Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros".

    Sabio: "Soy una persona vieja y cansada... ¿Como crees que yo podría hacer milagros?".

    Poderoso T.: "Pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos..... esos milagros solo los puede
    hacer alguien muy poderoso".

    Sabio: "¿Te referías a eso?... Tu lo has dicho, esos milagros solo los
    puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo".

    Poderoso T.: "Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tu haces..... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios".

    Sabio: "¿Esta mañana volvió a salir el sol?".

    Poderoso T.: "Si, claro que si!!".

    Sabio: "Pues ahí tienes un milagro..... el milagro de la luz".

    Poderoso T.: "No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra.... mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas".

    Sabio: "¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?".

    Poderoso T.: "Si!! Fue varón y es mi primogénito".

    Sabio: "Ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida".

    Poderoso T.: "Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero
    milagro..."

    Sabio: "¿Acaso no estamos en época de cosecha?, no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra?".
    Poderoso: "Si, igual que todos los años".

    Sabio: "Pues ahí tienes el tercer milagro...."

    Poderoso T.: "Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero...." (el sabio lo interrumpe)

    Sabio: "Te entiendo bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por
    ti...Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte,
    yo he hecho todo lo que podía hacer".

    Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiro muy desilusionado por no
    haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, intercedió por su curación y sus heridas sanaron; el joven estaba algo desconcertado...

    Joven: "Maestro te he visto interceder por milagros como este casi todos
    los días, ¿Por que te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?".

    Sabio: "Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le señale 3 milagros y no pudo reconocerlos. Hay que tener humildad, para llegar a ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran dia a dia. El dia que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, veras que Dios realiza milagros aun sin que tu se los hayas pedido".
     
  11. x-web

    x-web Miembro maestro

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    Muy buenos a un que las mayorias parecen historias cortas, pero estan bien:yeah:
    La mayoria no las conocia, saludos;)
     
  12. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    Se me estaba pasando, si te gustan los cuentos indios, los primeros los saqué de aquí:
    http://pacomova.eresmas.net/cuentos_clasicos_india/index.htm

    Y este es un link con lindos cuentos japoneses, lástima que no se pueda hacer copypaste.
    http://milky.geocities.jp/nihon_monogatari/index.html
     
  13. Sciffo

    Sciffo Miembro de bronce

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    Gracias por los cuentos !
    Los voy a imprimir, valen a pena.
     
  14. Edgar

    Edgar Miembro de bronce

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    Las buenas inversiones - Julio Cortázar

    LAS BUENAS INVERSIONES

    Gómez es un hombre modesto y borroso, que solo le pide a la vida un pedacito bajo el sol, el diario con noticias exaltantes y un choclo hervido con poca sal, pero eso sí con bastante manteca.
    A nadie le puede extrañar entonces que apenas haya reunido la edad y el dinero suficientes éste sujeto se traslade al campo, busque una región de colinas agradables y pueblecitos inocentes, y se compre un metro cuadrado de tierra para estar lo que se dice: en su casa.
    Esto del metro cuadrado puede parecer raro, y lo sería en circunstancias ordinarias, es decir, sin Gómez y sin Literio. Como a Gómez no le interesa más que un pedacito de tierra donde instalar su reposera verde y sentarse a leer el diario y a hervir su choclo con ayuda de un calentador primus, sería difícil que alguien le vendiera un metro cuadrado porque en realidad nadie tiene un metro cuadrado sino muchísimos metros cuadrados. Y vender un metro cuadrado en mitad o al extremo de los otros metros cuadrados plantea problemas de catastro, de convivencia, de impuestos y además es ridículo y no se hace, ¡que tanto!
    Cuando Gómez, llevando la reposera con el primus y los choclos empieza a desanimarse después de haber recorrido gran parte de los valles y las colinas, se descubre que Literio, tiene entre dos terrenos un rincón que mide justamente un metro cuadrado y que por hallarse cito entre dos solares comprados en épocas diferentes posee una especie de personalidad propia aunque en apariencia no sea más que un montón de pastos con un cardo apuntando hacia el norte.
    El notario y Literio se mueren de risa durante la firma de la escritura, pero dos días después Gómez ya está instalado en su terreno en el que pasa todo el día leyendo y comiendo hasta que al atardecer regresa al hotel del pueblo donde tiene alquilada una buena habitación, porque Gómez será loco, pero nada idiota, y eso hasta Literio y el notario están prontos a reconocer.
    Con lo cual, el verano en los valles va pasando agradablemente, aunque, de cuando en cuando hay turistas que han oído hablar del asunto y se asoman para mirar a Gómez leyendo en su reposera.
    Una noche, un turista venezolano se anima a preguntarle a Gómez porqué ha comprado sólamente un metro cuadrado de tierra y para qué puede servir esa tierra aparte de poner la reposera, y tanto el turista venezolano como los otros estupefactos contertulios escuchan esta respuesta:
    -Usted parece ignorar, que la propiedad de un terreno se extiende desde la superficie hasta el centro de la tierra, calcule entonces, nadie calcula, pero todos tienen como la visión de un pozo cuadrado que baja y baja y baja, hasta no se sabe dónde y de alguna manera eso parece más importante que cuando se tienen tres hectáreas y hay que imaginar un agujero de semejante superficie que baje y baje y baje.
    Por eso, cuando los ingenieros llegan tres semanas después, todo el mundo se da cuenta de que el venezolano no se ha tragado la píldora y ha sospechado el secreto de Gómez, o sea que en esa zona debe haber petróleo.
    Literio es el primero en permitir que le arruinen sus campos de alfalfa y girasol con insensatas perforaciones que llenan la atmósfera de malsanos humos. Los demás propietarios perforan noche y día en todas partes, y hasta se da el caso de una pobre señora que entre grandes lágrimas tiene que correr la cama de tres generaciones de honestos labriegos, porque los ingenieros han localizado una zona neurálgica en el mismo medio del dormitorio.
    Gómez, observa de lejos las operaciones, sin preocuparse gran cosa, aunque el ruido de las máquinas lo distrae de las noticias del diario. Por supuesto nadie le ha dicho nada sobre su terreno y él no es hombre curioso y sólo contesta cuando le hablan. Por eso contesta que "No" cuando el Emisario del Consorcio Petrolero Venezolano se confiesa vencido y va a verlo para que le venda el metro cuadrado. El emisario tiene órdenes de comprar a cualquier precio, y empieza a mencionar cifras que suben a razón de cinco mil dólares por minuto, con lo cual al cabo de tres horas, Gómez pliega la reposera, guarda el primus y el choclo en la valijita y firma un papel que lo convierte en el hombre más rico del país, siempre y cuando se encuentre petróleo en su terreno, cosa que ocurre exáctamente una semana más tarde, bajo la forma de un chorro que deja empapada a la familia de Literio y a todas las gallinas de la zona.
    Gómez, que está muy sorprendido, se vuelve a la ciudad donde empezó su existencia, y se compra un departamento en el piso más alto de un rascacielos, pues ahí hay una terraza a pleno sol, para leer el diario y hervir el choclo, sin que vengan a distraerlo venezolanos aviesos y gallinas teñidas de negro que corren de un lado a otro con la indignación que siempre manifiestan estos animales cuando se los rocía con petróleo bruto.

    Julio Cortázar
     
    Última edición: 26 Ene 2007
  15. sinnick

    sinnick Miembro de bronce

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    ahhh
    Cortazar :)
    Edgar pon más de Cortazar .. más más más :oops:
     
  16. red3df

    red3df Miembro frecuente

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    He leído los cuentos, algunos me gustaron mucho. Se agradece a quienés se tomaron el tiempo de postearlo ....... :yeah:
     
  17. nonehitwonder

    nonehitwonder Suspendido

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    Del maestro bendetti:

    El otro yo

    Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

    El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

    Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

    Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

    Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

    El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
     
  18. tamya

    tamya Miembro de bronce

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    continuando con los uruguayos...


    El cielo y el Infierno

    de Eduardo Galeano​

    Los bisontes de Altamira siguen huyendo; la Gioconda sigue ofreciendo su sonrisa sobradora; no se han muerto los fusilados que Goya pintó ni se han marchitado los girasoles de Van Gogh.

    Cuando dan inmortalidad a lo que pintan, aunque sea no más que una terrestre y mortal inmortalidad, los artistas desafían la ley divina: Dios sospecha, con toda razón, que estos señores quieren hacerle la competencia y eso a El no le gusta ni un poquito.

    El Tola Invernizzi, que es del oficio, sabe que los pintores no van al Cielo. Pero tiene esperanzas. Fuentes bien informadas le contaron que allá en las alturas han cambiado, en estos últimos días, las leyes de inmigración y que ahora están otorgando facilidades. Ya San Pedro no alza la mano para impedirte el paso:–Usted no ha sido tan bueno como dice.En cambio, el portero de Dios te palmea la espalda:–Usted no ha sido tan malo como cree.

    Dice el Tola que le dijeron que la nueva política celestial se explica porque el Paraíso se ha quedado casi vacío. Algunas almas, las más santas, ya no podían soportar las comodidades del aire acondicionado sabiendo que hay otras almas condenadas a achicharrarse en el fuego y, por solidaridad, han renunciado al reino de la salvación y se han arrojado a los abismos.

    El eterno aburrimiento ha empujado a otras almas, no tan santas, a pedir el retiro, hartas como estaban de pasarse la eternidad escuchando siempre a los mismos angelitos tocando siempre el mismo concierto para arpa sola y siempre sobre la misma nube.

    Y otras almas, muchas, han sucumbido a la publicidad, que desde el infierno promete calor tropical, carne a las brazas, trago gratis, amor libre y otras perdiciones.
     
  19. Edgar

    Edgar Miembro de bronce

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    LA INSIGNIA

    Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamente de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó una cajita, diciéndome: "Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo".

    Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que decidí usarla.

    Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron. Lo primero fue un incidenbte que tuve en una librería de viejo. Me hallaba repasando añejas encuadernaciones cuando el patrón, que desde hacía rato e observaba desde el ángulo más oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad, entre guiños y muecas convencionales, me dijo: "Aquí tenemos libros de Feifer". Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto seguido añadió: "Feifer estuvo en Pilsen". Como yo no saliera de mi estupor, el librero terminó con un tono de revelación, de confidencia definitiva: "Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga". Y dicho esto se retiró hacia el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio. Yo seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba preocupado en las palabras enigmáticas del librero. Después de comprar un libro de mecánica salí, desconcertado, del negocio.

    --

    Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente, pero como no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él. Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me alarmó sobremanera. Caminaba por una plaza de los suburbios cuando un hobre menudo, de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos, desapareciendo sin pronunciar palabra. La tarjeta, en cartulina blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA SESION: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la numeración indicada. Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos extraños que merodeaban y que, por una coincidencia que me sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran familiaridad. En seguida ingresamos a la casa señalada y en una habitación grande tomamos asiento. Un señor de aspecto grave emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó a hablar interminablemente. No sé precisamente sobre qué versó la conferencia ni si aquello era efectivamente una conferencia. Los recuerdos de niñez anduvieron hilvanados con las más agudas especulaciones filosóficas, y a unas disgresiones sobre el cultivo de la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a la organización del Estado. Recuerdo que finalizó pintando unas rayas rojas en una pizarra, con una tiza que extrajo de su bolsillo.

    Cuando hubo terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse, comentando entusiasmados el buen éxito de la charla. Yo, por condescendencia, sumé mis elogios a los suyos, mas, en el momento en que me disponía a cruzar el umbral, el disertante me pasó la voz con una interjección, y al volverme me hizo una seña para que me acercara.
    - Es usted nuevo, ¿verdad? -me interrogó, un poco desconfiado.
    - Sí -respondí, después de vacilar un rato, pues me sorprendió que hubiera podido identificarme entre tanta concurrencia-. Tengo poco tiempo.
    - ¿Y quién lo introdujo?
    Me acordé de la librería, con gran suerte de mi parte.
    -Estaba en la librería de la calle Amargura, cuando el...
    - ¿Quién? ¿Martín?
    - Sí, Martín.
    -!Ah, es un colaborador nuestro!
    - Yo soy un viejo cliente suyo.
    - ¿Y de qué hablaron?
    -Bueno... de Feifer.
    -¿Qué le dijo?
    -Que había estado en Pilsen. En verdad... yo no lo sabía
    -¿No lo sabía?
    - No -repliqué con la mayor tranquilidad.
    - ¿Y no sabía tampoco que lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga?
    - Eso también me lo dijo.
    -!Ah, fue una cosa espantosa para nosotros!
    -En efecto -confirmé- Fue una pérdida irreparable.
    Mantuvimos una charla ambigua y ocasional, llena de confidencias imprevistas y de alusiones superficiales, como la que sostienen dos personas extrañas que viajan accidentalmente en el mismo asiento de un ómnibus. Recuerdo que mientras yo me afanaba en describirle mi operación de las amígdalas, él, con grandes gestos, proclamaba la belleza de los paisajes nórdicos. Por fin, antes de retirarme, me dio un encargo que no dejó de llamarme la atención .
    -Tráigame en la próxima semana -dijo- una lista de todos los teléfonos que empiecen con 38.
    Prometí cumplir lo ordenado y, antes del plazo concedido, concurrí con la lista.
    -!Admirable! -exclamó- Trabaja usted con rapidez ejemplar.

    --

    Desde aquel día cumplí una serie de encargos semejantes, de lo más extraños. Así, por ejemplo, tuve que conseguir una docena de papagayos a los que ni más volví a ver. Mas tarde fui enviado a una ciudad de provincia a levantar un croquis del edificio municipal. Recuerdo que también me ocupé de arrojar cáscaras de plátano en la puerta de algunas residencias escrupulosamente señaladas, de escribir un artículo sobre los cuerpos celestes, que nunca vi publicado, de adiestrar a un meno en gestos parlamentarios, y aun de cumplir ciertas misiones confidenciales, como llevar cartas que jamás leí o espiar a mujeres exóticas que generalmente desaparecían sin dejar rastro.

    De este modo, poco a poco, fui ganando cierta consideración. Al cabo de un año, en una ceremonia emocionante, fui elevado de rango. "Ha ascendido usted un grado", me dijo el superior de nuestro círculo, abrazándome efusivamente. Tuve, entonces, que pronunciar una breve alocución, en la que me referí en térmios vagos a nuestra tarea común, no obstante lo cual, fui aclamado con estrépito.

    En mi casa, sin embargo, la situación era confusa. No comprendían mis desapariciones imprevistas, mis actos rodeados de misterio, y las veces que me interrogaron evadí las respuestas poque, en realidad, no encontraba una satisfactoria. Algunos parientes me recomendaron, incluso, que me hiciera revisar por un alienista, pues mi conducta no era precisamente la de un hombre sensato. Sobre todo, recuerdo haberlos intrigado mucho un día que me sorprendieron fabricando una gruesa de bigotes postizos pues había recibido dicho encargo de mi jefe.

    Esta beligerancia doméstica no impidió que yo siguiera dedicándome, con una energía que ni yo mismo podría explicarme, a las labores de nuestra sociedad. Pronto fui relator, tesorero, adjunto de conferencias, asesor administrativo, y conforme me iba sumiendo en el seno de la organización aumentaba mi desconcierto, no sabiendo si me hallaba en una secta religiosa o en una agrupación de fabricantes de paños.

    A los tres años me enviaron al extranjero. Fue un viaje de lo más intrigante. No tenía yo un céntimo; sin embargo, los barcos me brindaban sus camarotes, en los puertos había siempre alguien que me recibía y me prodigaba atenciones, y en los hoteles me obsequiaban sus comodidades sin exigirme nada. Así me vinculé con otros cofrades, aprendí lenguas foráneas, pronuncié conferencias, inauguré filiales a nuestra agrupación y vi cómo extendía la insignia de plata por todos los confines del continente. Cuando regresé, después de un año de intensa experiencia humana, estaba tan desconcertado como cuando ingresé a la librería de Martín.

    --

    Han pasado diez años. Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con librea que me respetan y me temen, y hasta una mujer encantadora que viene a mí por las noches sin que yo le llame. Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala.

    Julio Ramón Ribeyro.
    (Lima, 1952)
     
  20. tamya

    tamya Miembro de bronce

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    Buenisima la contribucion Edgar... gracias. No leia este cuento desde hace anios. :)