¿Cuál es el balance social de Lula?

Publicado en 'Actualidad Mundial' por Diego89, 20 Ene 2011.





  1. Diego89

    Diego89 Miembro de oro

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    Llegó a la presidencia para hacer lo que tenía que hacer, otros antes que él no tuvieron el mismo valor
    Geisa Maria Rocha
    El 29 de marzo pasado, cuando The Wall Street Journal se interrogaba sobre qué esperan los brasileños de su próximo (o próxima) presidente, cuya elección se realizará en octubre de este año, concluyó muy rápidamente: “¡Qué las cosas no cambien!”. Un deseo que no sorprende del todo. Aunque más no sea a causa del acceso a una alimentación correcta, desde hace algunos años, de la gente que antes no comía hasta satisfacer su hambre.
    En septiembre de 2003, durante su primer año en el poder, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva había asegurado: “Desde ahora hasta el final de mi mandato ningún brasileño sufrirá hambre”. Esas circunstancias son propicias para las promesas exaltadas. Sin embargo, los progresos fueron considerables. En siete años, según las estadísticas oficiales, cerca de 20 millones de brasileños (sobre una población de 190 millones) salieron de la pobreza. El programa Fome Zero (Hambre Cero) garantizó especialmente el acceso de las familias indigentes a los productos alimenticios básicos, con ayudas que iban (a comienzos de 2007) de 18 a 90 euros mensuales. Como consecuencia, sólo durante el primer mandato de Lula, la malnutrición infantil retrocedió un 46%. En la región del Nordeste –de la cual el jefe de Estado es originario y donde también conoció el hambre–, retrocedió un 74%. En mayo de 2010, el Programa Alimentario Mundial (PAM) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) distinguió a Lula da Silva otorgándole el título de “campeón mundial de la lucha contra el hambre”.
    Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo, pero ahora lo es un poco menos (1). Entre 2003 y 2010, los ingresos del 10% de la población más pobre crecieron un 8% anual: mucho más rápido que la economía y que los ingresos del 10% de la población más rica (+1,5%). La participación de las clases medias inferiores –hogares cuyo ingreso mensual se ubica entre 1.065 y 4.591 reales (467 y 2.000 euros)– pasó del 37% de la población a más de la mitad. En el ámbito de la educación, el programa ProUni da apoyo a los estudiantes de las familias modestas, mientras que la duración de la escolarización promedio pasó de 6,1 años en 1995 a 8,3 en 2010.
    Durante los dos mandatos del ex sindicalista se crearon 14 millones de empleos y el salario mínimo aumentó un 53,6% en términos reales, es decir descontando la inflación. Esta última medida beneficia no sólo a los salarios bajos –los más numerosos–, sino también a los jubilados y a los beneficiarios de los programas de ayuda a personas discapacitadas, que perciben sumas indexadas con la remuneración mínima. También contribuyó a la evolución de la participación de los ingresos del trabajo en el Producto Interno Bruto (PIB), que pasó del 40% en 2000 al 43,6% en 2009.
    La Bolsa Família sigue siendo el dispositivo emblemático de las políticas sociales. Este programa de pago de asignaciones involucra a las familias que viven bajo el umbral de pobreza. Según las cifras del gobierno, beneficia a 12,4 millones de hogares, o sea más de 40 millones de personas, que perciben un promedio de cerca de 95 reales por mes (un poco más de 41 euros).
    “Redes de seguridad” sociales

    Sin embargo, cuando se trata de analizar el balance de la gestión de Lula, algunos se muestran más dubitativos. Para explicar su punto de vista, hay que remontarse a los orígenes del programa Bolsa Família.
    Todo comenzó a fines de los años 1990, cuando se conjugaron crisis monetarias y movilizaciones sociales. Las medidas de ajuste estructural y de estabilización económica prescriptas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) hundieron a la población en la miseria. En América Latina, la cantidad de pobres casi se duplicó entre 1980 y 2001, pasando de 120 a 220 millones. ¿Mala suerte? No realmente: según la confesión de uno de los economistas del Banco Mundial, el Consenso de Washington de los años 1980-1990 “despreciaba cualquier consideración ligada a la equidad” y trataba de “evitar cualquier medida con intención redistributiva” (2).
    No obstante, los daños sociales y el cuestionamiento de las instituciones financieras internacionales pronto obligaron al Banco Mundial a “darle otro aspecto” a su programa económico. La operación tomó la forma de una relegitimación de sus estrategias, a la cual el economista John Williamson atribuyó el nombre de “reformas de segunda generación” (3).
    Una batería de medidas que iba en ese sentido fue publicada en el “Informe del Banco Mundial sobre el Desarrollo en el Mundo, 2000-2001”. En el prefacio, el presidente de la institución, James Wolfensohn, devela un objetivo hasta ese momento inédito: “Fotalecer la aceptación de las reformas y de los procesos de estabilización”, con el fin de “impedir los conflictos vinculados a la distribución de los recursos, que con frecuencia traen consigo bloqueos, agravan las crisis económicas y pueden incluso hacer caer a los gobiernos” ¿Cómo? Creando “redes de seguridad” sociales.
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    En Brasil, las recomendaciones del Banco Mundial se tradujeron, desde abril de 2001 –durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), quien fuera el arquitecto de la reforma neoliberal en el país– en la implementación de programas como Bolsa Escola (4), luego Bolsa Alimentação (5) y Auxílio Gás (6). Estas medidas fueron precursoras de la Bolsa Família, que reagrupó –y extendió– esas iniciativas.
    La Bolsa Família le aseguró a Lula da Silva, en ocasión de su amplia victoria en la votación presidencial de 2006, el apoyo de los más pobres. Pero no disuadió a los más ricos para otorgarle mayoritariamente sus votos para un segundo mandato. Su presidencia marcó así lo que el universitario Armando Boito Jr. describe como “una alianza (…) que une, de manera bastante paradójica a priori, a los dos extremos de la sociedad brasileña” (7). Pero esta alianza no sirvió a los dos extremos de la misma manera.
    Al asumir sus funciones, el 1 de enero de 2003, Lula anunció: “El cambio, ésa es nuestra palabra clave”. Sin embargo, prosiguió la política de estabilización macroeconómica de su antecesor, Cardoso, a quien, sin embargo, antes de su elección calificaba como “verdugo de la economía brasileña”. Lula, que hasta la campaña de 1989 había prometido una moratoria de la deuda, superó las exigencias del FMI para su reembolso. ¿El Fondo exigía un excedente primario (8) de 3,75% en 2003? Lula les ofreció el 4,25%, un “esfuerzo suplementario” equivalente a 8.000 millones de reales (2.200 millones de euros) (9).
    Buenos negocios para el sector privado

    Aunque la austeridad le permitió a Brasil salir de la trampa del FMI, lo llevó a la de los acreedores nacionales, o sea, los hogares de más altos ingresos. Éstos aceptaron financiar al Estado comprando títulos de su deuda interna, con la única condición de que se les pagara una de las tasas de interés más lucrativas del mundo (10,25% en julio de 2010). En 2009, por ejemplo, el 5,4% del PIB aterrizó en los bolsillos de los poseedores de la deuda interna, o sea más de 13 veces las sumas destinadas al programa social faro del gobierno de Lula.
    El economista Pierre Salama, al constatar que “la cantidad de individuos que poseían más de un millón de dólares en activos financieros se había incrementado en un 19,1% entre 2006 y 2007”, resumió los años de Lula de esta manera: “La cantidad de pobres ha disminuido y más de un tercio de los brasileños ha aumentado sus ingresos pero, para una fracción ínfima de la población, el crecimiento de los ingresos ha sido mucho más fuerte”. Según sus cálculos, las desigualdades disminuyeron, pero no tanto gracias a las transferencias sociales sino por “la recuperación del crecimiento, la naturaleza de este crecimiento y sus efectos en el mercado de trabajo” (10). Un crecimiento que dependió menos de las disposiciones sociales de Lula da Silva que del frenesí con que la economía brasileña devora las materias primas del país.
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    Tampoco las políticas fiscales manejaron de la misma manera los intereses de los más ricos y los de los más pobres. En febrero de 2009, Olivier de Shutter, informante especial sobre el derecho a la alimentación del Consejo de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), explicaba: “La tasa impositiva es muy elevada para los bienes y servicios, y baja para los ingresos y el patrimonio. Las familias que perciben un ingreso equivalente a menos de dos salarios mínimos pagan en promedio el 46% de sus ingresos en impuestos indirectos”.
    En mayo de 2010, Moisés Naím, ex jefe de redacción de la (muy liberal) revista Foreign Policy, opinaba en El País que Lula había sido “uno de los presidentes más favorables al mercado, al sector privado y a la inversión extranjera en Brasil”. No totalmente en desacuerdo con él, algunos miembros o simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT) piensan que Lula fue partícipe de eso que el teórico marxista italiano Antonio Gramsci denominaba la “revolución pasiva”: una estrategia política que emprende la burguesía para acabar con sus oponentes cuando ve su hegemonía amenazada, especialmente a través de la integración gradual pero continua de dirigentes de las “clases subalternas” al bloque del poder.
    Aunque se le ofrecían otras soluciones, sin duda muchos factores inherentes a la vida política brasileña lo impulsaron a esta vía. Cuando fue elegido, en 2002, el PT sólo disponía de 91 diputados sobre 513 en el Parlamento. Para gobernar, debió implementar una coalición de nueve partidos y recurrir a aliados poco confiables que, según explica el periodista Marc Saint-Upéry, “se disputan favores, empleos y recursos públicos”. En Brasil, “un tercio de los diputados, en promedio, cambia de partido al menos una vez durante la duración de su mandato. Y un cuarto lo hace más de una vez” (11). Actualmente, 147 parlamentarios están sometidos a procedimientos judiciales, al igual que 21 de los 81 senadores. La corrupción estaría costando alrededor de 40.000 millones de dólares (31.000 millones de euros) anuales en Brasil, cinco veces más que el programa Bolsa Família. En estas condiciones, es difícil evitar que corroa la política y erosione la resolución de los caracteres mejor templados (12).
    En estas condiciones, desde la campaña presidencial de 2002, el programa de Lula da Silva fue derivando hacia el centro. Entonces el PT, cuyas filas, en su origen, estaban cerradas para los empresarios, los propietarios de tierras y los banqueros, se alió a un empresario millonario (y evangelista), José Alencar, que se convirtió en su candidato a la vicepresidencia. El consejero en comunicación de Lula en ese momento, Duda Mendonça, sugirió que su cliente, en ese estadío de su carrera, estaba “listo para cualquier compromiso con el objeto de ganar la presidencia”.
    Para los brasileños, el “período Lula” seguirá siendo, de todas maneras, uno de los más positivos de la historia reciente. La prueba es que la mayoría de ellos desea que se prolongue con su sucesora. ¿Será posible?

    Fuente: http://www.eldiplo.com.pe/¿cuál-es-el-balance-social-de-lula
    ---
    Opiniones
     


  2. Lumpi

    Lumpi Miembro de bronce

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    Se supone que brasil es de los mas ricos del mundo pero.... sorpresa sorpresa que hay centenares de miles de familias enteras sin ni siquiera casa
    ¿Quien se queda el dinero? Porque aqui hay algo que no encaja... :oops:
     
    Última edición: 20 Ene 2011
  3. Dark Zero

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    no digas mucho que en tu pais con ZP tuvieron una crisis financiera y en el sector vivienda, muchos se quedaron sin casas.... y muchos ahora viven en casas arrendadas... (en eso no hay problema, pero considerando que vivian antes en casas propias pero pagada por plazos...)
     
  4. El Carmelo

    El Carmelo Miembro de oro

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    Si y Brasil aun tiene 5 millones de niños trabajando en labores mayormente peligrosas.

    El Peru tiene , segun lo que salio el año pasado en el diario el El Comercio de Lima (tomado a su vez de datos de una encuesta a hogares hecha por el INEI del Peru) unos 4.5 millones de niños y menores de edad trabajando.

    Venezuela hoy tiene 80 mil niños trabajando, lo cual es considerado todo un escandalo por la oposicion y los diarios en Venezuela (hace 11 años eran casi un millon de niños trabajando en Venezuela).

    Argentina y Chile tienen 250 mil niños trabajando.

    Gracias.
     
    Última edición: 20 Ene 2011
  5. Lumpi

    Lumpi Miembro de bronce

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    Mi país no está entre los mas ricos del mundo señor comunista :yeah:
     
  6. eduardopo

    eduardopo Miembro de bronce

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    Excelente artículo de uno de los mejores diarios de análisis. Esta noticia es para todos no solo los rabanitos, ni vendepatrias, neoliberales, etc...
    Lula ha cambiado Brsil paulatinamente, y Dilma seguirá ahondando en el proceso inclusivo.El destino es claro y alejado de un modelo neoliberal.
    Brasil posee la administración ventajosa y calificada de sus principales recursos estratégicos y deja que el sector privado se desarrolle, todo en un trato soberano, a diferencia de Perú donde se remata estos recursos hasta los puertos. Y Alan se pregunta porque no es querido como en Brasil lo es Lula.
     
    Última edición: 21 Ene 2011
  7. augusto49

    augusto49 Suspendido

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    Rico es tu rey y es un vago.:plop:
     
  8. Lumpi

    Lumpi Miembro de bronce

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    Ah es verdad pero.... ¿Tu presidente vive en chavolas de madera en medio de la selva? ah no que tiene cientos de propiedades y miles de millones...
    viva el comunismo ¿verdad? jajaja
     
  9. Atacames

    Atacames Miembro diamante

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    El balance social es el apoyo del 85% de los lusos a su gestiòn, creo que con esto basta y sobra no les parece.
     
  10. Diego89

    Diego89 Miembro de oro

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    Pero Lula es liberal, el Brasil de Lula atrae el 36% de las inversiones extranjera de América Latina y el Perú solo e 7% ves la enorme diferencia, Brasil es uno de los piases mas abierto económicamente y una futura potencia mundial.
     
  11. eduardopo

    eduardopo Miembro de bronce

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    Mira Brasil tiene un mercado enorme, y por eso puede esta variable(junto a las ganancias y otras) ser puesta como un arma de negociación, Brasil tiene en muchos contratos la transferencia tecnológica asi como una buena parte de impuestos y en casos como petroleo, y recursos naturales, ya ganacias compartidas. Tambien es sabido las empresas estatales competentes(en Peru las sabotean para regalarlas como ENAPU) que tienen y se abren por el mundo. Los planes sociales y de desarrollo(hambre cero, educación, etc..) salen en buen porcentaje de estos ingresos. Por eso seran potencias mundiales muy pronto en un gobierno alejado de las politicas neoliberales.

    Perú está mas "abierto al mundo" y casi regala sus recursos(en el mejor de los casos los malbaratea previa coimasa obviamente) y nos jugamos un futuro incierto si es que de un dia para otro los paises ya no necesiten materia prima, aqui no hay industrias nuevas, y menos tecnología, eso debería preocuparnos, y pedir que deberiamos aprovechar el boom minero para potenciar nuestras capacidades, infraestructura, mejorar nuestras competencias comparativas para desarrollarnos realmente.
     
    Última edición: 21 Ene 2011
  12. Dark Zero

    Dark Zero Miembro de honor

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    odio el comunismo, pero odio a tu gobernante fracasado, saludos