Crónicas de Fantasmas

Publicado en 'Misterios y Enigmas' por omega, 23 Abr 2008.





  1. omega

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    ¿Por qué se aparecen los fantasmas a los vivos? La gran mayoría parecen ser espectros que tienen la conciencia intranquila, a menudo victimas de alguna injusticia, que solicitan a los vivos un entierro decente, reclaman protección para sus viudas o sencillamente piden un poco de comprensión Y simpatía. Algunos claman por la paz, otros protestan porque su paz ha sido perturbada.

    La llamada Mansión Ravnham, una magnifica casa solariega que se levanta en Fakenham, Norfolk, ha sido durante casi 300 años el centro de las apariciones de una mujer ataviada con un vestido castaño. Se cree que se trata del fantasma de Dorothy Walpole, la hermana de quien se convertida en el primer ministro de Gran Bretaña, sir Robert Walpole, en 1721.

    El padre de Dorothy, también llamado Robert y, como su hijo, miembro de la cámara de representantes, fue nombrado tutor de un vizconde de 13 años, Charles Toivnshend. Dorothv y Charles crecieron juntos y, a medida que pasaron los años, se enamoraron. Pero cuando quisieron casarse el padre de Dorothy se opuso. Temía que la gente creyera que los Walpole hubieran tramado ese matrimonio para apoderarse de la fortuna y las propiedades del joven Toivnshend.

    Charles se resignó a su destino y pronto se casó con la hija de un barón. Pero Dorothy no pudo liberarse tan fácilmente de sus sentimientos, a pesar de la frenética sucesión de fiestas. Viajó a Londres v luego a Paris, donde escandalizó a la gran sociedad compartiendo una casa con cierto lord disoluto.

    En 1711, cuando Dorothy supo que la esposa de Charles acababa de morir regresó en seguida a su casa de Ravnham; menos de un año más tarde contrajo matrimonio con Charles. Durante un tiempo, fueron maravillosamente felices. Pero luego los rumores sobre la escapada parisina de Dorothv llegó a oídos de Charles. El hombre se puso furioso v confinó a su esposa a sus habitaciones; no le estaba permitido salir y nadie podía entrar a verla. Diez años más tarde, Dorothy mudó; el informe médico afirmaba que la causa de su fallecimiento había sido la viruela, pero los rumores locales atribuían la muerte de la muchacha a un empujón que alguien le propinó por la espalda, cuando estaba en la parte superior de la escalera de roble, la principal de la mansión. Muy poco tiempo después, su fantasma fue visto por los sirvientes, por su familia e incluso por los invitados a Ravnham.

    En 1786, el rey Jorge III de Inglaterra era huésped de la mansión. El descanso del rey fue turbado en mitad de la noche y el rey alcanzó a ver a una señora ataviada con un vestido castaño, desgreñada y con un rostro de color ceniciento. El rey huyó de su cuarto en camisón y gorro de dormir bramó por toda la casa, despertando a todos con su regia cólera. Juró que no permanecería una hora más en aquella casa.

    Inquietos por haber permitido que algo o alguien alterara a tan noble huésped, los Twownshend ordenaron que los guardabosques establecieran un sistema de vigilancia nocturna en la mansión. Pocas noches después, también los vigilantes pudieron ver a la mujer vestida de castaño: caminaba por un corredor. Uno de los guardabosques decidió cortarle el camino, y la mujer pasó directamente a través de él. El hombre sintió que algo parecido a una nube delgada atravesaba sus huesos y volvía a salir.

    El fantasma de Dorothy volvió a aparecer en 1835. El coronel Loftus, hermano de la entonces lady Townshend, la vio varias veces seguidas en vísperas de Navidad (una de las épocas del año preferidas por los fantasmas). La describió como una mujer majestuosa, vestida con un rico brocado castaño y con un peinado semejante a un bonete. Sus rasgos aparecían claramente definidos, pero donde debían estar sus ojos sólo se veían dos agujeros negros. La mujer fantasma se apareció a muchos otros huéspedes de la mansión en los días que siguieron y perturbó las celebraciones de la Navidad.

    Pocos días después de esa fiesta, Dorothy atemorizó a otro distinguido huésped de la mansión Raynham. Esta vez se trataba del capitán Frederick Marryaj autor de Mr. Midshipman Easv y The children of the New Forest un duro hombre de mar que se mofaba de las historias de fantasmas. Invitado a ver con sus propios ojos el espectro de Dorothy, Marryat se instaló en uno de los dormitorios de la mansión, donde estuvo colgado alguna vez el retrato de la desdichada mujer. Esa noche, ya bastante tarde, el lobo de mar y otros dos invitados vieron la forma espectral de Dorothy que caminaba por un pasillo. Los tres huéspedes huyeron precipitadamente hacia una habitación situada en uno de los lados de la casa, seguidos de cerca por el fantasma. El espectro de Dorothy no entró en esa habitación; se limitó a detenerse en la puerta y a sonreír de manera perversa. Marryat estaba tan asustado que cogió su pistola y disparó un tiro. El proyectil pasó limpiamente a través del espectro, que aún sonreía, y se incrustó en una puerta, en el costado opuesto de la habitación.

    Después de este episodio, Dorothy sólo fue vista esporádicamente. Pero en 1936 regresó de una manera sorprendente.

    Dos fotógrafos profesionales, contratados por lady Townshend para que tomaran fotografías de la mansión, estaban armando sus cámaras dispuestos a obtener una fotografía de la escalera de roble. De pronto, uno de los fotógrafos vio, en la parte superior de la escalera, una figura al principio indefinida pero que luego comenzaba a tomar forma. Entonces urgió a su colega a que pusiera una placa en la cámara v disparara el obturador. Así lo hizo su colega, aunque sin saber por qué. El flash hizo que la figura se desvaneciera en el acto.

    Pero, cuando la placa fue revelada, en la foto apareció, allí, sobre la escalera de roble, el perfil de una mujer vestida con un blanco traje de novia y con un velo flotante. Los especialistas que examinaron la placa estaban convencidos de que no se trataba de ningún truco fotográfico. ¿Quiso acaso Dorothy que el mundo la viera tan bella como había estado el día de su fatídica boda, 224 años antes?

    El fantasma que habitaba Chambercome Manor, cerca de Ilfracombe, Devon, es menos malévolo. Se trata del espectro de una mujer alta, sonriente, vestida de gris. Fue un fantasma tan célebre, que frente a su antigua casa se reunían grupos de turistas, esperando alguna de sus apariciones. Sin embargo, tenía todos los motivos para ser un fantasma tan amargo e implacable como el de Dorothy.

    La historia comienza con el abuelo de la mujer, Alexander Oatway, de Chambercome, que se ganaba deshonrosamente la vida provocando naufragios en West Country, hace unos 400 años. Durante las tormentas, Oatway agitaba faroles desde la playa, a fin de atraer a los barcos hacia las rocas cercanas.

    Una vez habían chocado y naufragado, Oatway se dedicaba a saquearlos. Un día, su hijo William lo acompañó hasta la playa; el muchacho rescató del naufragio a una joven española; más tarde se casó con ella y tuvieron una hija, Kate. Por aquel entonces, la familia había abandonado ya la casa de Chambercome, avergonzada de las actividades criminales de Oatway. Charles y su familia se habían ido a vivir a la isla Lundy, en el canal de Bristol; pero cuando supieron que la casa estaba vacía regresaron y la alquilaron.
     


  2. omega

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    Poco tiempo después, Kate contrajo matrimonio con un capitán de barcos irlandés, llamado Wallace, v se fue a vivir con él a Dublín. William v su mujer quedaron solos en Chambercome. Pasaron los años. Una noche estalló una fuerte tormenta y William se apresuró a acudir a la playa, por si algún barco estaba en apuros. Encontró a una mujer que vacía sobre las rocas horriblemente magullada v desfigurada por los golpes recibidos durante un naufragio. La llevó hasta su casa, donde mudó aquella noche.

    A esta altura de los acontecimientos, la tentación venció al honesto William.

    Advirtió que con las joyas y el dinero que aquella mujer llevaba ocultos en su faja podría comprar la casa solariega de una sola vez. Así que cuando un agente del almirantazgo lo visitó dos días después v le preguntó si sabia algo sobre una pasajera perdida del barco naufragado, William declaró que no había visto ni oído nada. Pero cuando el hombre del almirantazgo mencionó el nombre de la víctima, la señora Katherine Wallace, William se dio cuenta de lo que había hecho. Lleno de remordimientos, emparedó el cadáver de su hija en una habitación secreta y abandonó la casa para siempre.

    El secreto de William fue descubierto hace sólo 150 años, cuando el agricultor que ocupaba entonces la casa encontró el esqueleto de Kate mientras trabajaba reponiendo la paja del techo. Los huesos de la mujer fueron enterrados en una pobre sepultura, en Ilfracombe. Pero su espectro aún ronda por la vieja casa de Chambercome y ha sido visto en una fecha tan reciente como 1976.

    Las apariciones de los espíritus en la casa de la familia Ewing, en Lynton, Devon, permitieron enterrar correcta aunque tardíamente algunos cadáveres.

    Durante la década de 1930, los huéspedes que se alojaban en una habitación situada encima de la antecocina eran molestados por el fantasmagórico llanto de un niño y las apariciones del espectro de una anciana. Hasta que el cuñado de la señora Ewing notó que el cuarto de huéspedes era bastante más pequeño que la antecocina de abajo. Así se descubrió una alacena emparedada y, dentro de ella, un esqueleto y un ataúd que contenía el cadáver de un niño.

    Una vez que los restos óseos fueron depositados en el camposanto, cesaron las manifestaciones espectrales.

    Cerca de la abadía de Bisham, en Marlow, Buckinghamshire, suele verse a una anciana vestida de negro merodeando alrededor de los terrenos que bordean el Támesis; la aparición se lava constantemente las manos en una palangana, que se sostiene ante ella. Muchos creen que se trata del espíritu de una dama llamada Elizabeth Hoby, que mudó en 1609 en medio de una gran angustia. Su hijo era un mal estudiante, por lo que un día Elizabeth lo encerró en un pequeño cuarto hasta que terminara sus deberes. Un mensaje de la reina hizo que la dama abandonara su casa; cuando regresó, el niño estaba muerto, tumbado sobre su escritorio. Otra versión de la historia afirma que la dama golpeó a su hijo hasta matarlo, porque el muchacho había emborronado sus libros. En 1840, unos obreros que reformaban la abadía encontraron libros infantiles entre las vigas del primer piso. Uno de los libros estaba emborronado con lágrimas, secas desde hacia va mucho tiempo.

    En 1728, en Beaminster, Dorset, fue encontrado el cuerpo del niño John Daniel a 180 metros de su casa; su muerte fue atribuida a causas naturales. La madre del muchacho declaró que éste sufría frecuentes ataques de una enfermedad no mencionada. Pero siete semanas más tarde, doce compañeros de escuela de John vieron al fantasma del niño sentado en un pupitre de su clase, con un ataúd cerca. Una vez el magistrado local, el juez Broadreps, hubo interrogado exhaustivamente a cada uno de los alumnos, quedó claro que todos los relatos sobre la aparición espectral coincidían. Entonces el juez ordenó que el cadáver fuera exhumado. La investigación forense reveló que John había muerto por estrangulamiento; su asesino nunca fue capturado. Desde entonces, la patética figura de John suele verse en las cercanías de la iglesia de SL Mary.

    En Australia, en 1826, un fantasma ayudó a resolver el enigma de una desaparición. Un agricultor, Frederick Fisher, fue encarcelado porque no podía pagar sus deudas. Para impedir que sus acreedores se apoderaran de las tierras que poseía en Campkeltown, en Nueva Gales del Sur, transfirió su propiedad al exconvicto George Worrall. Seis meses después, Fisher fue puesto en libertad; una noche, después de una reunión en la tabema local, donde corrió la bebida en abundancia, Fisher salió a la calle y nadie lo volvió a ver. La policía investigó el caso, pero no pudo encontrar ninguna prueba de que se hubiese cometido un delito, aunque sospechaba que Worral había asesinado a su antiguo amigo.

    Tiempo después, durante una noche particularmente oscura, un vecino del desaparecido llamado James Farlev vio una misteriosa figura sentada sobre una valla; el fantasma apuntaba con un dedo hacia un lugar determinado, en la propiedad de Fisher. James Falrey huyó espantado, pero al día siguiente regresó con un policía. Cuando excavaron en el lugar indicado por el fantasma, encontraron el cadáver de Fisher, que aún mostraba señales de haber sido brutalmente golpeado. Worrall fue arrestado, confesó y fue ahorcado.

    Burton Agnes Hall no es el nombre de una mujer, sino el de una suntuosa mansión de la época del rey Jacobo, v se levanta en una pequeña aldea del condado de York, situada entre Bridlington y Driffield. Fue mandada a construir por tres hermanas solteras con el dinero que heredaron de su padre, sir Henry Griffith, a principios del siglo xvII. Poco tiempo después de que la obra estuviese concluida, Anne, la menor de las tres hermanas, fue atacada por un grupo de ladrones en las cercanías de Harpham. Sus gritos alteraron a los vecinos, que acudieron en su ayuda. Pero, cuando la rescataron, Anne ya había sido golpeada de manera tan salvaje que, aunque se consiguió transportarla a su casa y se la atendió lo mejor posible, resultó claro que ya no se recobrada.

    Poco antes de morir, Anne hizo a sus hermanas una petición realmente extraordinaria: les pidió que, cuando muriera, le cortaran la cabeza y la conservaran entre las paredes de la casa que había amado tanto; el resto del cuerpo debía ser enterrado normalmente en el cementerio. Advirtió vagamente acerca de las calamitosas consecuencias que tendría el hecho de no ser complacida en su último deseo. Aunque se sentían horrorizadas por la idea, las dos hermanas prometieron a Anne, a regañadientes, que cumplirían su última voluntad; pero no tenían la menor intención de cumplir esa promesa. Así que, cuando murió, Anne fue enterrada intacta.

    Los problemas comenzaron una semana después. Primero se escuchó un gran estrépito en uno de los cuartos del piso superior. Siete días más tarde, todos los habitantes de la mansión fueron despertados por los portazos, que se sucedían en todos los puntos del edificio. Tres semanas después del entierro de Anne, la casa entera se estremeció con el ruido de gente que coda por los pasillos v subía v bajaba las escaleras. Luego, se oyó un horrible gemido. Los ruidos fantasmagóricos continuaron durante toda la noche y, a la mañana temprano, las sirvientes empacaron sus pertenencias y se despidieron. Las dos hermanas resolvieron acudir al vicario. Cuando le refirieron el deseo expresado por Anne en su agonía, el ministro aceptó que se abriera la tumba. Les esperaba una considerable conmoción. La cabeza de Anne estaba separada del resto del cuerpo; y la came de esa cabeza había desaparecido, dejando al descubierto una simple calavera.

    Las hermanas se llevaron el cráneo a la mansión y desde ese momento las apariciones especdales cesaron. A lo largo de los años, la casa tuvo vados dueños, que cambiaron de lugar la calavera, a la que se dio el nombre de Anne Nance. Cada vez que se realizaba este traslado, se oían misteriosos pies que se arrastraban y extraños ruidos en los pasillos, seguidos de estruendosos portazos v terroríficos gemidos; de esta manera, los sucesivos dueños de la casa se vieron obligados a restituir la espantosa reliquia al lugar que legítimamente le correspondía.