Castañeda, Toledo y Keiko ¿Por quién votar?

Publicado en 'Política' por Heraldoazul, 4 Mar 2011.





  1. Heraldoazul

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    Víctor Manuel Castillo Sánchez

    La política se asemeja al ajedrez en que, aunque cada pieza tiene un valor propio, dicho valor no es lo determinante para apreciar su trascendencia en el desarrollo del juego, sino la posición y posibilidades de maniobra que posee. Aun así, siempre hay espacio para que el talento del jugador pueda sorpresivamente cambiar el escenario desfavorable hacia un resultado que se avizora como inexorablemente favorable a sus intereses.

    Considero que el hecho que Castañeda, Toledo y Keiko se ubiquen en el pelotón de vanguardia, refleja que en el electorado peruano el Jefe de Estado debe caracterizarse por una ostensible aproximación a “lo social”, entendido como la permeabilidad hacia las demandas y necesidades sociales. Lo que tienen en común los nombrados es que en su perfil político han incorporado la idea de lo social: los tres han mostrado capacidad de aproximación y una particular sintonía con el elemento popular, lo cual es indudablemente importante para quien ocupe el cargo de Jefe de Estado. Quizás en ello se encontraría la explicación del porqué la candidatura de PPK no podrá cuajar: PPK tiene una imagen construida desde los días del gobierno de Belaúnde, y se ha consolidado una percepción que lo presenta al imaginario social como el perfecto tecnócrata y con una mentalidad obediente a factores y personajes que definitivamente, no se identifican como permeables a las demandas populares. Si a ello agregamos su notoria dicción anglosajona y su irrenunciada ciudadanía estadounidense, pues podemos prever que el mayor defecto de la confluencia política que él pretende representar es precisamente haberlo colocado a él como cabeza. Por tanto, el único personaje a quien podemos culpar de la candidatura de PPK es al actual inquilino de Palacio de Gobierno, puesto que a mi entender, es el único con la capacidad de haber generado en la mente del eficiente tecnócrata y buen funcionario que es PPK, la idea absurda de que podía llegar a ser presidente del Perú.

    Sin embargo, el actual escenario electoral no prefigura nada positivo para la preservación de aquello que laboriosamente ha ido alcanzando el sistema político peruano, esto es, la capacidad de reaccionar frente a las exigencias del interés público en cuestiones vinculadas a la defensa de los derechos humanos y combate de la corrupción. Un resultado en el cual Castañeda y Toledo pasaren a primera vuelta, configuraría un escenario en el cual el actor dirimente sería el fujimorismo y ¿Cuál creen ustedes que sería la principal exigencia para endosar su voto? ¿Es que acaso es necesario ser adivinos para descubrirlo? ¿Exigirán los herederos del fujimorismo que aquél a quien otorguen su voto haga prevalecer la transparencia en la gestión pública? ¿Demandarán acaso el respeto a la libertad de prensa y la vigencia de los derechos humanos? ¿Exigirán acaso el castigo de los delincuentes y cómplices de corrupción? La respuesta pasa por el asolapado y feliz inquilino del hospital de Neoplasias, donde como dijera algún feliz conciliábulo ya no hay porqué llevar un registro de visitas, porque no estamos en un establecimiento penitenciario.

    El fujimorismo ha logrado sedimentar un nada desdeñable y previsible 20%, cosechando así la combinación de eficiencia y cloaca que es aceptable en un país donde el lema es “roba, pero también hace obra”. Ese dato, de mantenerse lleva a concluir que indefectiblemente el fujimorismo será una fuerza política a ser tomada en cuenta en el parlamento venidero, poder que requiere sin embargo, del establecimiento de alianzas que en el actual escenario, tienen su origen en las particulares necesidades de los actores políticos. El Humalismo para mantener su caudal electoral requiere a como dé lugar su alejamiento de toda posición que pueda ser interpretada como aproximación a la cloaca que gobernó el Perú. Sin embargo, la bancada de Castañeda por su origen, características y forma de actuación, es portadora de una perniciosa alianza para los intereses del sistema político peruano.

    La bancada de Castañeda ha actuado de modo consistente con la actitud del mudo: es una bancada que ha petardeado todo intento de investigar, ha obstaculizado el descubrimiento de la verdad, esto es, ha tenido una actitud propia del culpable que no quiere ser descubierto. Por otro lado, se trata de una bancada que se ha ido haciendo de remiendos provenientes de otras bancadas y movimientos. Lo que grafica cómo el partido de Castañeda practica la política parlamentaria es lo siguiente: el presidente de la comisión que investigó el caso Comunicore, Vega –ya famoso por la foto de Torres Caro en un viaje a Brasil-, archivó el caso y declaró que ya estaba judicializado. Actualmente el congresista Vega es candidato por el partido de Castañeda.

    ----- mensaje añadido, 04-mar-2011 a las 08:50 -----

    Por tanto, la bancada de Castañeda ha tenido como objetivo prioritario el convertirse en un valladar contra todo intento de investigación y dicha actitud es lo que los aproxima al fujimorismo. La naturaleza de los liderazgos y actos en que han incurrido, hermana a Castañeda y Keiko y les impone el deber de ser callados y tácitos aliados, prefigurando ya las futuras complicidades del Parlamento venidero, donde la práctica del “toma y daca” es algo cotidiano.

    Ahora bien: un escenario en donde los finalistas sean Toledo y Castañeda, pondría en manos del Fujimorismo el escenario soñado y jamás confesado: el poder de decidir quien será el próximo presidente peruano, es decir, el 20% del Electorado imponiendo al resto el signo y riesgo de la próxima década, con los peligros que ello conlleva. Para los herederos de la década infame los supuestos reproches y reprobaciones que dicha maniobra conllevaría es algo que les tiene sin cuidado: siempre han vivido de espaldas a las necesidades de construir un Perú mejor, más grande y digno que involucre el respeto a las diferencias y el reconocimiento de la dignidad que el concepto de ciudadanía conlleva en un Estado Democrático de Derecho. El Fujimorismo representa el más alto grado de perversión política, porque convirtió lo que de pleno derecho es un auténtico elemento de ciudadanía –el acceso a los servicios esenciales-, en un instrumento de sometimiento y chantaje a los sectores menos favorecidos, cultivando en ellos las actitudes y prácticas propias del lumpen y no de ciudadanos con derecho a un mejor futuro.

    Por tanto, más que alejar a Castañeda de la segunda vuelta, de lo que se trata es de llevar a Keiko a la final electoral, escenario en el cual la simbiosis en proceso entre el fujimorismo y la bancada de Castañeda si no puede verse detenida, por lo menos tendrá que hacer frente a la previsible disgregación o desbande del aglutinamiento operado en la bancada de Castañeda, dado el fracaso de la que quizás habrá sido su única oportunidad de alcanzar la máxima magistratura. La gran mayoría de integrantes de la bancada de Castañeda son los típicos oportunistas que desdijeron lo que ayer afirmaron. Si no fueron leales a los compromisos del ayer ¿Qué lealtad tendrán hacia la aventura que tan temprano haya fracasado? Previsiblemente migrarán hacia aquellos grupos que mejor satisfagan sus apetitos.

    Precisamente, la historia nos ha otorgado el ejemplo perfecto: en el escenario electoral de aquél lejano 1990 una caricatura de la República ejemplificaba muy bien que no siempre el quedar en primer lugar asegura la victoria en segunda vuelta: un desolado Vargas Llosa mirando hacia arriba desde el primer lugar de un podio olímpico, hacia el entonces desconocido Fujimori, el cual aunque estaba un escalón por debajo del primero, lo contemplaba feliz, aupado sobre el voto aprista e izquierdista. Si Keiko queda excluida de la segunda vuelta pues tendríamos que colocar sobre la figura de Vargas Llosa el rostro de Toledo y sobre el de Fujimori a Keiko -la verdadera triunfadora-, aupada sobre Castañeda y ya tendríamos una fotografía de los resultados de la segunda vuelta.

    Es así que para que la primera vuelta electoral no se traduzca en una coyuntura favorable a los herederos de la década infame, lo mejor es asegurarnos de llevar a Keiko hacia la primera vuelta y ya en dicho escenario volcar todo el apoyo de quienes creemos en la democracia –a pesar de los consuetudinarios defectos que conoce en el contexto social y político peruano-, hacia quien por la conjunción de extrañas e indescifrables circunstancias nuevamente tiene que hacer frente a lo más tenebroso y asqueroso que la política ha generado en estos lares. Alejandro Toledo parece nuevamente constituirse en el abanderado –si, ya sabemos, con su afecto por las bebidas espirituosas y una insoportable mujer-, de un deficiente y alicaído Estado de Derecho que tiene que hacer frente a sus peores enemigos.

    Tampoco olvidemos que votar indistintamente por los candidatos a Congreso de Keiko y de Castañeda, es consolidar a un monstruo siamés que empezaría a actuar en contra de la democracia pues los síntomas de ello son más que evidentes.

    En suma, Castañeda y Keiko parecen reflejar muy bien la máxima: Dios los cría y ellos se juntan.