Borges

Publicado en 'Literatura' por cainita, 27 Set 2008.





  1. cainita

    cainita Suspendido

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    En sus propias palabras. Hasta hablando era un erudito de las lenguas:
    [ame="http://br.youtube.com/watch?v=6f1qryPPVFI&feature=related"]YouTube - Jorge Luis Borges - La Ceguera (1/6)[/ame]
    Y es interesante que él consideraba que Pablo Neruda era un pésimo poeta...
     


  2. Revelate

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    De Borges y de su obra se puede hablar con mucha deferencia y de forma muy elogiosa, sin embargo, él mismo no se escapa de cometer errores y gazapos en distintos aspectos.

    Un ejemplo de algo que no podría considerarse como un error del que haya podido escapar, pero que sin embargo es una anécdota muy cómica: lo referente a su nombre. Debió haber sido inscrito en los registros públicos con un nombre distinto al que posee, pues, él mismo juzgaba que la conformación de su nombre era muy poco eufónica y lindaba con lo desagradable. Nótese: Jorge Luis Borges.

    Finalmente, y ésto sí no tiene nada de gracioso pues muestra lo prepotente e impetuoso que se mostraba Borges en muchas ocasiones, Borges se equivocó sobremanera al juzgar y sostener que en poesía no era admisible por ninguna razón del mundo el vocablo millones. Sostenía esto último con puras sinrazones, esto es, sin ninguna razón válida. Por simple disgusto, por parecerle que no se debía y punto. Decía que quizás se podía hablar de unas cuantas decenas, centenas y, quizás, algunos millares, pero que hablar de millones le parecía muy poco poético. Y, para finalizar, que ningún poeta que se juzgue poeta, jamás debería usar ese vocablo.

    Para su disgusto, acá en Perú tenemos un gran poeta de talla prócer que ha usado -y muy bien- millones por aquí y por allá. Dejo a continuación un claro ejemplo de esto:


    Al fin de la batalla,
    y muerto ya el combatiente, vino hacia él un hombre
    y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Se le acercaron dos y repitiéronle:
    "No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
    clamando: "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Le rodearon millones de individuos,
    con un ruego común: "¡Quédate, hermano!"
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Entonces, todos los hombres de la tierra
    le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
    incorporóse lentamente,
    abrazó al primer hombre; echóse a andar...​
    César Vallejo
    España, aparta de mí este cáliz [1937]
     
  3. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    Si pudiese citar las fuentes de dónde salen tus comentarios al respecto de Borges (muy buenas, por cierto, ya que siempre hay costumbre de prenderle velitas al argentino, que no es malo desde luego, y es de talla genial), nos harías un gran favor...
     
  4. ram_mind

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    Como dato anecdótico es interesante. Aunque prueba simplemete que Borges era tan humano como cualquiera. Por ahí encontré también el dato que Borges hablaba muy bien de Vargas Llosa.
     
    Última edición: 27 Set 2008
  5. André Bioy

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    En la entrevista que vi de Soler Serrano, Borges dice que no llegó a leer a Vargas Llosa. Pero en otra ocasión menciona que "ese joven" Vargas Llosa estaba dando mucho que hablar. La verdad, no sé qué creer, si lo leyó o no...
    Pero ahora recuerdo que también se sentía en falta con Cortázar por haber leído uno de sus cuentos solamente. Luego se quedó ciego.
     
  6. ram_mind

    ram_mind Miembro de bronce

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    El prestigio de Borges es universal e innegable. Muchos lo llaman (me incluyo) maestro Borges. Sus cuentos son un conjunto de pequeñas joyas, de ejecución matemática en las que no parece faltar ni sobrar palabra alguna.
    En un afán minimalista eligió el cuento a la novela. Mencionó alguna vez: desvario laborioso el de exponer el quinientas páginas una idea que cabe en cinco.
     
  7. cainita

    cainita Suspendido

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    De su El Aleph:
    Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: La enumeración, si quiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.
    En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
    Sentí infinita veneración, infinita lástima.
    -Tarumba habrás quedado de tanto curiosear donde no te llaman - dijo una voz aborrecida y jovial - . Aunque te devanes los sesos, no me pagarás en un siglo esta revelación. ¡Qué observatorio formidable, che Borges!
    Los pies de Carlos Argentino ocupaban el escalón más alto. En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear:
    -Formidable. Sí, formidable.
    La indiferencia de mi voz me extrañó. Ansioso, Carlos Argentino insistía:
    -¿La viste todo bien, en colores?
    En ese instante concebí mi venganza. Benévolo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo, agradecí a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su sótano y lo insté a aprovechar la demolición de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli que a nadie ¡créame, que a nadie! perdona. Me negué, con suave energía, a discutir el Aleph; lo abracé, al despedirme y le repetí que el campo y la seguridad son dos grandes médicos.
     
  8. Le rayon vert

    Le rayon vert Miembro diamante

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    Se juntaron los Borgeanos...:)
     
  9. Le rayon vert

    Le rayon vert Miembro diamante

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    10/08/08
    si lo que quieres es ser fan de borges.
    Para ser fan de Borges, pero realmente fan, no tenes que leer Borges prestado, tenes que tener toda la colección desparramada por la casa, en el baño, en el patio, llevarlo con vos todo el tiempo, que los libros estén mugrientos, en fin, como cuando compramos algo y decimos: bueno, pague una fortuna así que lo voy a usar hasta el hartazgo.
    Lamentablemente cuando se vuelve hincha de Borges tiene que dejar de lado todo tipo de fidelidad extrema para con otro escritor. Si, lo se, es difícil, pero para el fan de Borges, este lo ha dicho todo. Lo demás aparece como una nota al pie.
    También un lector borgeano no se va a detener a leer un libro con explicaciones sobre el Lector: asíque Beatriz sarlo… adiós.
    Las mujeres que siguen a Borges son por naturaleza, algo histéricas, `pero viven la sexualidad con libertad. Los hombres pensaran que las manipulan, pero ellas saben que manejan todo. ( Se nota en su cara cubierta por el humo de un cigarrillo que parece no apagarse jamás)
    Y ni que hablar sobre la sexualidad de Borges. A ellos no les importa que hacia o que no hacia entre las cuatro paredes de su casa u hotel o en un auto o lo que sea. Tampoco les interesa saber la falta de instinto paternal o todas esas pavadas de las que muchos hablan. Y mucho menos quien se acostó o no con Borges, o quien quiso tener fama diciendo que lo hizo.
    Bioy casares es un tema para el borgeano. Es verdad, lo quieren, pero es el amigo bobo del grupo. Sin ánimos de ofender, su literatura no se compara con la Borges, pero por respeto a su gran amistad el lector se toma un tiempo y disfruta de estos escritos.
    Y por ultimo como detalles para ser un buen borgeano se destaca:
    Los libros de Borges no se prestan. Se regalan. Es así. El manoseo del libro y las anotaciones al costado solo deben servirle al lector. Lo demás se considera una invasión.
    Tenes que conocer algo de Sábat, porque también hay que complementar y es el que mejor dibujo Borges para criterio de muchos borgeanos.
    Pero lo más importante es esto: no alardees de Borges. No lo compares con otros. No publiques que Borges es mejor que Cervantes. Eso se sabe, pero puede afectar la moral literaria de cualquiera.

    http://eso-vive.blogspot.com/2008/08/si-lo-que-quieres-es-ser-fan-de-borges.html
     
    A fernandocarpio le gustó este mensaje.
  10. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    Sí, pero lo hizo con afán estético (dentro de un cuento, si mal no me equivoco), y no como teoría literaria. Después de todo, una de sus primeras lecturas fue una novela bastante extensa: El Quijote. También valoraba el trabajo de Chesterton que no hacía precisamente micro-cuentos.
     
  11. cainita

    cainita Suspendido

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    Revelate dijo "Finalmente, y ésto sí no tiene nada de gracioso pues muestra lo prepotente e impetuoso que se mostraba Borges en muchas ocasiones, Borges se equivocó sobremanera al juzgar y sostener que en poesía no era admisible por ninguna razón del mundo el vocablo millones. Sostenía esto último con puras sinrazones, esto es, sin ninguna razón válida. Por simple disgusto, por parecerle que no se debía y punto. Decía que quizás se podía hablar de unas cuantas decenas, centenas y, quizás, algunos millares, pero que hablar de millones le parecía muy poco poético. Y, para finalizar, que ningún poeta que se juzgue poeta, jamás debería usar ese vocablo."
    Es probable que el pecado de orgullo afecte a muchos escritores. No obstante hay que admitir que un políglota como Borges tenía razones para que se le inflamasen las venas que el resto de los mortales no va a saber nunca porque ellos conocen mejor las raíces de las palabras. García Márquez, por ejemplo, borra de sus libros cualquier palabra que acabe con "mente" como terminantemente, frecuentemente, consecuentemente, etc., porque le parecen impropias. Voy a poner un ejemplo, la palabra "exquisito" en español tiene el mismo sentido que en inglés "exquisite" escrito con X y queriendo decir algo delicioso o refinado, muy bien hecho y sin embargo el homófono portugués "esquisito" escrito con S significa algo raro, extraño y hasta de carácter malo. Solo alguien que conozca suficiente de otras lenguas puede tener una opinión en base a fundamentos. La palabra "millones" me hizo recordar la palabra portuguesa "milhões" y la palabra "milhares" y la diferencia numeral que existe entre el español, inglés y portugués. Muchos no imaginarían, por ejemplo, que para lo que nosotros consideramos miles de millones tanto en inglés como en portugués es traducido como "bilhões" y "billions" y para eso debemos retroceder numéricamente para ver dónde comienza la diferencia y por qué. En otras palabras, HAY QUE SABER antes de criticar o cuestionar las razones por las cuales los autores tienen sus opiniones. Yo no sé por qué Borges detestaba la palabra "millones" y como me declaro ignorante me abstengo de cuestionar sus motivos a no ser que me sean explicados.:cafe:
     
  12. cainita

    cainita Suspendido

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  13. cainita

    cainita Suspendido

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    Me gustaría recordar que Cortázar, Vargas Llosa y el propio García Márquez fueron inspirados por las obras de J.L.Borges.
     
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  14. ram_mind

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    Lo que apunte allí se puede leer en el prólogo de "El Jardín de los Senderos que se Bifurcan" que es la primera parte de Ficciones. No forma parte de cuento alguno.
    Pero, si te fijas detenidamente en sus cuentos te darás cuenta que muchos de ellos teorizan, aunque, de manera indirecta.
    Volviendo a lo primero, como ejemplo te pondré el cuento: Exámen de la Obra de Herbert Quain. En cierta parte el narrador (que se confunde con el propio autor) expone la manera en que Quain escribió una de sus obras, April March. Ahora copìo textualemente:
    "...Aún más heterodoxa es la “novela regresiva, ramificada” April March, cuya tercera (y única) parte es de 1936... Los mundos que propone April March no son regresivos, lo es la manera de historiarlos. Regresiva y ramificada, como ya dije. Trece capítulos integran la obra. El primero refiere el ambiguo diálogo de unos desconocidos en un andén. El segundo refiere los sucesos de la víspera del primero. El tercero, también retrógrado, refiere los sucesos de otra posible víspera del primero; el cuarto, los de otra. Cada una de esas tres vísperas (que rigurosamente se excluyen) se ramifica en otras tres vísperas, de índole muy diversa. La obra total consta, pues, de nueve novelas; cada novela, de tres largos capítulos. (El primero es común a todas ellas, naturalmente.) De esas novelas, una es de carácter simbólico; otra, sobrenatural; otra, policial; otra, psicológica; otra, comunista; otra, anticomunista, etcétera. Quizá un esquema ayude a comprender la estructura.

    -------------x1
    -------y1 ---x2
    -------------x3

    -------------x4
    x ------y2-- x5
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    ------------x7
    -------y3-- x8
    ------------x9

    De esta estructura cabe repetir lo que declaró Schopenhauer de las doce categorías kantianas: todo lo sacrifica a un furor simétrico. Previsiblemente, alguno de los nueve relatos es indigno de Quain; el mejor no es el que originariamente ideó, el x 4; es el de naturaleza fantástica, el x 9. Otros están afectados por bromas lánguidas y por pseudoprecisiones inútiles. Quienes los leen en orden cronológico (verbigracia: x 3, y 1, z) pierden el sabor peculiar del extraño libro. Dos relatos —el x 7, el x 8— carecen de valor individual; la yuxtaposición les presta eficacia... No sé si debo recordar que ya publicado April March, Quain se arrepintió del orden ternario y predijo que los hombres que lo imitaran optarían por el binario


    -------------x1
    --------y1
    ------------x2
    x
    -----------x3
    -------y2
    -----------x4

    y los demiurgos y los dioses por el infinito: infinitas historias, infinitamente ramificadas..."

    ¿Si eso no es teorizar, entonces que es?. Tampoco se debe negar que la teorización en literatura tiene que ver con el criterio estético, sino recordemos a Boileau y su L'Art poétique.

    Para Cainita, :yeah:felicitaciones por este tema. Soy gran admirador de la obra de :pls:Borges.
     
    Última edición: 28 Set 2008
  15. cainita

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    Gracias. Siempre es bueno incentivar la lectura.
     
  16. André Bioy

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    Creo que la percepción de quienes ven en Bioy Casares una mera rémora es todavía demasiado grande.
    Le recordaría que Borges leyó La invención de Morel antes de prologarla, y no como un "favorcito" que le hacía a un amigo. Y no duda en darle comentarios nada condescendientes, a decir verdad (incluso no teme catalogar esa obra como perfecta.)
    Pero claro que la literatura de Bioy no se compara con la de Borges, ¿cuántos pueden darse el lujo, al menos en latinoamérica, de compararse con Borges? Y es el caso de Bioy, que también se vio opacado con la épica figura de Borges.
    Al respecto, estoy preparando algunos artículo sobre Bioy Casares... estar atentos, los que leemos al "amigo bobo", que ganó el Cervantes...
     
  17. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    Les traigo una entrevista que pude leer hace poco y que me dejó pensando algunas cosas, como cierta importancia de desligar la político de lo artístico (Borges llama al primero tedioso); también la simplicidad con que Borges explica temas algo complejos para no iniciados en literatura. Además me permite obervar a un todavía joven Vargas Llosa a una de las leyendas de las letras argentinas. Pero mejor me callo porque esto ya parece un discurso político... (exporto la frase de Cortázar).​

    En 1963, en París, Mario Vargas Llosa, en aquel entonces toda una promesa de las letras peruanas, tuvo la ocasión de entrevistar a uno de sus ídolos: el escritor argentino Jorge Luis Borges


    -Discúlpeme usted, Jorge Luis Borges, pero lo único que se me ocurre para comenzar esta entrevista es una pregunta convencional: ¿cuál es la razón de su visita a Francia?

    -Fui invitado a dos congresos por el Congreso por la Libertad de la Cultura, en Berlín. Fui invitado también por la Deutsche Regierum, por el gobierno alemán, y luego mi gira continuó y estuve en Holanda, en la ciudad de Amsterdam, que tenía muchas ganas de conocer. Luego mi secretaria María Esther Vázquez y yo seguimos por Inglaterra, Escocia, Suecia, Dinamarca y ahora estoy en París. El sábado iremos a Madrid , donde permaneceremos una semana. Luego, volveremos a la patria. Todo esto habrá durado poco más de dos meses.

    -Tengo entendido que asistió al Coloquio que se ha celebrado recientemente en Berlín entre escritores alemanes y latinoamericanos. ¿Quiere darme su impresión de este encuentro?

    -Bueno, este encuentro fue agradable en el sentido de que pude conversar con muchos colegas míos. Pero en cuanto a los resultados de esos congresos, creo que son puramente negativos. Y, además, parece que nuestra época nos obliga a ello, yo tuve que expresar mi sorpresa -no exenta de melancolía -, de que en una reunión de escritores se hablara tan poco de literatura y tanto de política, un tema que es más bien, bueno, digamos tedioso. Pero, desde luego, agradezco haber sido invitado a ese congreso, ya que para un hombre sin mayores posibilidades económicas como yo, esto me ha permitido conocer países que no conocía, llevar en mi memoria muchas imágenes inolvidables de ciudades de distintos países. Pero, en general, creo que los congresos literarios vienen a ser como una forma de turismo, ¿no?, lo cual, desde luego, no es del todo desagradable.

    -En los últimos años, su obra ha alcanzado una audiencia excepcional aquí, en Francia. La "Historia universal de la infamia" y la "Historia de la eternidad" se han publicado en libros de bolsillo, y se han vendido millares de ejemplares en pocas semanas. Además de "L'Herne", otras dos revistas literarias preparan números especiales dedicados a su obra. Y ya vio usted que en el Instituto de Altos Estudios de América Latina tuvieron que colocar parlantes hasta en la calle, para las personas que no pudieron entrar el auditorio a escuchar su conferencia. ¿Qué impresión le ha causado todo esto?

    -Una impresión de sorpresa. Una gran sorpresa. Imagínese, yo soy un hombre de 65 años, y he publicado muchos libros, pero al principio esos libros fueron escritos para mí, y para un pequeño grupo de amigos. Recuerdo mi sorpresa y mi alegría cuando supe, hace muchos años, que de mi libro "Historia de la e ternidad" se habían vendido en un año hasta 37 ejemplares. Yo hubiera querido agradecer personalmente a cada uno de los compradores, o presentarle mis excusas. También es verdad que 37 compradores son imaginables, es decir son 37 personas que tienen rasgos personales, y biografía, domicilio, estado civil, etc. En cambio, sí uno llega a vender mil o dos mil ejemplares, ya eso es tan abstracto que es como si uno no hubiera vendido ninguno. Ahora, el hecho es que en Francia han sido extraordinariamente generosos, generosos hasta la injusticia conmigo. Una publicación como "L'Herne", por ejemplo, es algo que me ha colmado de gratitud y al mismo tiempo me ha abrumado un poco. Me he sentido indigno de una atención tan inteligente, tan perspicaz, tan minuciosa y, le repito, tan generosa conmigo. Veo que en Francia hay mucha gente que conoce mi "obra" (uso esta palabra entre comillas) mucho mejor que yo. A veces, y en estos días, me han hecho preguntas sobre tal o cual personaje: ¿por qué John Vincent Moon vaciló antes de contestar? Y luego, al cabo de un rato, he recapacitado y me he dado cuenta que John Vincent Moon es protagonista de un cuento mío y he tenido que inventar una respuesta cualquiera para no confesar que me he olvidado totalmente del cuento y que no sé exactamente las razones de tal o cual circunstancia. Todo eso me alegra y, al mismo tiempo, me produce como un ligero y agradable vértigo.

    -¿Qué ha significado en su formación la cultura francesa?; ¿algún escritor francés ha ejercido una influencia decisiva en usted?

    -Bueno, desde luego. Yo hice todo mi bachillerato en Ginebra, durante la primera guerra mundial. Es decir que durante muchos años, el francés fue, no diré el idioma en el que yo soñaba o en el que sacaba cuentas, porque nunca llegué a tanto, pero sí un idioma cotidiano para mí. Y, desde luego la cultura francesa ha influido en mí, como ha influido en la cultura de todos los americanos del Sur, quizá más que en la cultura de los españoles.
    Pero hay algunos autores que yo quisiera destacar especialmente y esos autores son Montaigne, Flaubert –quizá Flaubert más que ningún otro -, y luego un autor personalmente desagradable a través de lo que uno puede juzgar por sus libros, pero la verdad es que trataba de ser desagradable y lo consiguió: Leon Blo y. Sobre todo me interesa en Leon Bloy esa idea suya, esa idea que ya los cabalistas y el místico sueco Swedenborg tuvieron pero que sin duda él sacó de sí mismo, la idea del universo como una suerte de escritura, como una criptografía de la divinidad. Y en cuanto a la poesía, creo que usted me encontrará bastante "pompier", bastante "vieux jouer", rococó, porque mis preferencias en lo que se refiere a poesía francesa siguen siendo la Chanson de Roland, la obra de Hugo, la obra de Verlaine, y -pero ya en un plano menor- la obra de poetas como Paul-Jean Toulet, el de las "Contrerimes". Pero hay sin duda muchos autores que no nombro que han influido en mí. Es posible que en algún poema mío haya algún eco de la voz de ciertos poemas épicos de Apollinaire, eso no me sorprendería. Pero si tuviera que elegir un autor (aunque no hay absolutamente ninguna razón para elegir un autor y descartar los otros), ese autor francés sería siempre Flaubert.

    -Se suele distinguir dos Flaubert: el realista de "Madame Bovary" y "La educación sentimental", y el de las grandes construcciones históricas, "Salambó" y "La tentación de San Antonio". ¿Cuál de los dos prefiere?

    -Bueno, creo que tendría que referirme a un tercer Flaubert, que es un poco los dos que usted ha citado. Creo que uno de los libros que yo he leído y releído más en mi vida es el inconcluso "Bouvard y Pecuchet". Pero estoy muy orgulloso, porque en mi biblioteca, en Buenos Aires, tengo una 'editio princeps' de Salambó y otra de la Tentación. He conseguido eso en Buenos Aires y aquí me dicen que se trata de libros inhallables, ¿no? Y en Buenos Aires no sé qué feliz azar me ha puesto esos libros entre las manos. Y me conmueve pensar que yo estoy viendo exactamente lo que Flaubert vio alguna vez, esa primera edición que siempre emociona tanto a un autor.

    -Usted ha escrito poemas, cuentos y ensayo. ¿Tiene predilección por alguno de esos géneros?

    -Ahora, al término de al carrera literaria, tengo la impresión que he cultivado un solo género: la poesía. Salvo que mi poesía se ha expresado muchas veces en prosa y no en verso. Pero como hace unos diez años que he perdido la vista, y a mí me gusta mucho vigilar, revisar lo que escribo, ahora me he vuelto a las formas regulares del verso. Ya que un soneto, por ejemplo, puede componerse en la calle, en el subterráneo, aseando por los corredores de la Biblioteca Nacional, y la rima tiene una virtud mnemónica que usted conoce. Es decir, uno puede trabajar y pulir un soneto mentalmente y luego, cuando el soneto está más o menos maduro, entonces lo dicto, dejo pasar unos diez o doce días y luego lo retomo, lo modifico lo corrijo hasta que llega un momento en que ese soneto ya puede publicarse sin mayor deshonra para el autor.

    -Para terminar, le voy a hacer otra pregunta convencional: si tuviera que pasar el resto de sus días en una isla desierta con cinco libros, ¿cuáles elegiría?

    -Es una pregunta difícil, porque cinco es poco o es demasiado. Además, no sé si se trata de cinco libros o de cinco volúmenes.

    -Digamos, cinco volúmenes.

    -¿Cinco volúmenes? Bueno, yo creo que llevaría la "Historia de la Declinación y Caída del lmperio Romano" de Gibbons. No creo que llevaría ninguna novela, sino más bien un libro de historia. Bueno, vamos a suponer que eso sea en una edición de dos volúmenes. Luego, me gustaría llevar algún libro que yo no comprendiera del todo, para poder leerlo y releerlo, digamos la "Introducción a la Filosofía de las Matemáticas" de Russell, o algún libro de Henri Poincaré. Me gustaría llevar eso también. Ya tenemos tres volúmenes. Luego, podría llevar un volumen cualquiera, elegido el azar, de una enciclopedia. Ahí ya podría haber muchas lecturas. Sobre todo, no de una enciclopedia actual, porque las enciclopedias actuales son libros de consulta, sino de una enciclopedia publicada hacia 1910 o 1911, algún volumen de Brockhaus, o de Mayer, o de la Enciclopedia Británica, es decir cuando las enciclopedias eran todavía libros de lectura. Tenemos cuatro. Y luego, para el último, voy a hacer una trampa, voy a llevar un libro que es una biblioteca, es decir llevaría la Biblia. Y en cuanto a la poesía, que está ausente de este catálogo, eso me obligaría a encargarme yo, y entonces no leería versos. Además, mí memoria está tan poblada de versos que creo que no necesito libros. Yo mismo soy una especie de antología de muchas literaturas.
    Yo, que recuerdo mal las circunstancias de mi propia vida, puedo decirle indefinidamente y tediosamente versos en latín, en español, en inglés, en inglés antiguo, en francés, en italiano, en portugués. No sé si he contestado bien a su pregunta.

    -Sí, muy bien, Jorge Luis Borges. Muchas gracias.
     
  18. Le rayon vert

    Le rayon vert Miembro diamante

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    Mario Vargas Llosa y su preferencia por Borges

    Aquí Mario Vargas Llosa habla acerca de Borges en una entrevista que le hace el periodista Ricardo A. Setti:

    Lo transcribí de un libro que tengo llamado "Diálogo con Vargas Llosa", que en realidad es una larga entrevista (de 183 páginas) que le hizo el periodista brasileño Ricardo A. Setti en el año 1988. Fue editado por la editorial Kosmos en México.
     
  19. André Bioy

    André Bioy Miembro de bronce

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    Gran joya que nos has traído Le Rayon Vert, ya se te extrañaba por estos literarios lares... Saludos y la entrevista es exquisita...
     
  20. Revelate

    Revelate Miembro maestro

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    Por única vez citaré las fuentes de dónde extraje la información señalada. Pues soy bastante receloso con brindar bibliografías debido a que en las más de las ocasiones -en realidad, casi siempre- el receptor se limita a recibirlas sin acusar recibo o siquiera dar las gracias. Una falta completa de educación.

    Un libro imperdible para cualquier persona que pretenda estudiar o conocer a profundidad al gran Borges es "Borges", libro editado por Alianza Editorial en el 2006 y escrito por su gran amigo y compañero Adolfo Bioy Casares. Para quienes quieran verificar la legitimidad de mi cita respecto a lo que Borges señalaba en cuanto al vocablo "millones", pueden revisar la página 1512 de éste libro.

    También pueden revisar una selección de anécdotas y términos en el Diccionario de Borgerías aparecido en el número-homenaje del mes de Junio de 1999 de la Revista de Occidente. Quienes deseen excarbar en los completos 700 términos que figuran en este Diccionario no dejen de consultar la edición publicada en 196 páginas por la editorial Emecé en 1999.

    Espero que estos libros les sean nutritivos, sustanciosos y remunerativos.
     
    Última edición: 27 Dic 2008
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