Ateos Arrepentidos

Publicado en 'Cuestionando las distintas creencias' por Helgrim, 9 Feb 2010.





  1. Helgrim

    Helgrim Moderador Global

    Registro:
    17 Ene 2009
    Mensajes:
    3,240
    Likes:
    5,156




    Este es un interesante artículo que encontré deseo compartirlo con ustedes para saber vuestras opiniones:

    Ateos Convertidos

    El hombre sin Dios, puede volverse una bestia. Por eso, alguien ha dicho que, si Dios no existiera, habría que inventarlo. Pero ¿realmente Dios no existe? ¿Es solo una idea de la mente?

    El testimonio de ateos convertidos puede ser un buen argumento a favor de la existencia de Dios. Ellos, generalmente, después de luchas y estudios, llegaron a descubrir la luz de Dios, que dio paz y alegría a sus vidas.


    Convertidos

    Vamos a ver algunos de los ateos convertidos más famosos para ver qué mensajes nos dan. Ellos vivieron lejos de Dios y encontraron después en Él, la alegría y el sentido de su vida.

    Agustín María Schouwaloff: nació en 1804 en San Petersburgo, Rusia. Escribió el libro de su camino espiritual, titulado Mi conversión y mi vocación sacerdotal. Fue educado en la Iglesia ortodoxa griega. Su madre rezaba mucho por su conversión, pues él era prácticamente ateo. Uno de los libros que más le ayudaron fue el libro de las Confesiones de san Agustín. Al morir su esposa, él se hizo sacerdote católico2.

    Illemo Camelli: convertido italiano, había sido socialista y ateo revolucionario, aunque había hecho de niño la primera comunión. Una conversación con el capuchino Padre Comini, le abrió su espíritu a Dios y a la Iglesia. Un día, como por intuición, descubrió a Dios y sintió algo nuevo en su corazón. Dice así: Vi, comprendí y amé. Dios es la fuerza inescrutable, oculta en todas las cosas. Él crea y sostiene la vida. Cuando en la tarde de ese mismo día, guiado por la providencia, leí las palabras del Apóstol: “En Él vivimos, nos movemos y existimos”, quedé como sin aliento, paralizado por la embriaguez de espíritu y golpeando mi frente con la mano, caí de rodillas, repitiendo entre lágrimas: “Oh Dios, Oh Dios, Oh Dios”. Tenía a Dios. Tenía la vida. Había pasado meses y meses en una apatía de pantano y, de repente, mi cerebro alcanzó una frescura y agilidad inusitadas. Mil problemas de la vida se me ofrecían y para todos veía una solución nueva, inesperada3. A los 29 años, el día de Navidad de 1905, se ordenó de sacerdote.

    Charles de Foucauld (1858-1916):fue educado de niño en la fe católica, pero después de su primera comunión, perdió la fe por causa de los malos amigos. Y dice: Yo era un impío, un egoísta. De fe en el alma no me quedaba ni huella4. Se dedicó a la carrera militar, pero fue expulsado por su mal comportamiento a los 22 años. A partir de ahí, llevó una vida de diversión y de placer que no le daba paz a su alma. Una mañana de octubre de 1886, estando en París, fue a la iglesia de san Agustín y le pidió al Padre Huvelin que le ayudara a encontrar la paz. El Padre Huvelin le dijo que se arrodillara y se confesara. Después de una larga conversación, aceptó confesarse y así comenzó para él una nueva vida, buscando a Dios con desesperación. Quiso entrar de trapense en la abadía de Nuestra Señora des Neiges y después en la trapa de Akbes en Siria. Pero se dirigió a Palestina, donde estuvo un tiempo viviendo en Nazaret y Jerusalén, siendo empleado de las religiosas clarisas. Después volvió a Francia para prepararse al sacerdocio, que recibió el 9 de junio de 1901, a los 42 años. Decía: En cuanto creí que existía Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él. Ordenado sacerdote, se fue a vivir entre las tropas francesas del
    Sahara, primero en Beni-Abbes. Allí rescató esclavos y atendió a los enfermos, ayudando todo lo posible a los naturales, además de ser capellán de los soldados. Lo llamaban el hermano universal, porque era sacerdote y hermano para todos. Después se fue a vivir entre los tuáregs de Tamanrasset, tratando de acercarlos a Dios, respetando sus costumbres. A ellos también les ayudaba con sus conocimientos médicos, curando enfermos. Y el tiempo libre lo dedicaba a estar a solas en oración ante Jesús Eucaristía. Decía: ¡Qué delicia tan grande, Señor, poder pasar quince horas sin nada más que hacer que mirarte y decirte: Te amo! Allí lo asesinaron el 1 de diciembre de 1916. Cuando lo encontraron muerto, la custodia, con la hostia consagrada, estaba tirada en la arena a su lado.

    Actualmente, hay discípulos y seguidores de Charles de Foucauld en varios países del mundo y, concretamente, en el oasis de Beni-Abbes. Son los hermanitos y hermanitas de Foucauld.

    Pierre Lecompte de Noüy (1883-1947), biólogo francés, que se alejó totalmente de Dios. Escribió el libro de su conversión titulado L’avenir de L’esprit (El porvenir del espíritu), que publicó en 1941.

    Joannes Joergensen (1866-1956), danés y uno de los más grandes escritores católicos del siglo XX. En su conversión le ayudaron mucho otros dos convertidos: Mogens Ballin y Verkade, que llegó a ser monje benedictino. En su Diario de Asís cuenta su conversión. Escribió algunos libros sobre vidas de santos.

    Eva Lavalliére (1866-1929), famosa artista de teatro, que se convirtió de su
    vida mundana y se hizo terciaria franciscana.

    Charles Nicolle (1866-1936), francés, premio Nóbel de Medicina. Su llegada a la fe tuvo mucho que ver con la amistad con el jesuita Padre Le Portois. Con él tuvo muchas conversaciones aclaratorias, que describe en su obra La destinée humaine (El destino humano). Se reconcilió con la Iglesia, en la que había sido bautizado de niño, el 22 de agosto de 1935.

    Henri Ghéon (1875-1944), era médico francés. En la primera guerra mundial, al ver tanta muerte y destrucción, empezó a rezar el Padrenuestro y, poco a poco, regresó a la fe católica de su infancia. Al terminar la guerra, en 1919, publicó el libro de su conversión L’homme né de la guerre (El hombre nacido de la guerra). Se hizo terciario dominico.

    Joris-Karl Huynams (1848-1907), gran escritor francés, gustaba ir a las abadías benedictinas a encontrar un poco de silencio y paz. Y allí, comenzó a sentir la presencia de Dios. En su libro En route (En camino), publicado en 1895, narra su conversión. También escribió el libro Las multitudes de Lourdes, donde habla de las maravillas de Lourdes. Se hizo oblato benedictino.

    Evelyn Waugh (1903-1966), uno de los escritores ingleses más conocidos. Educado en una familia protestante, quiso ser pastor, pero perdió la fe a los 16 años. Sus conversaciones con el Padre Martín C. d’Arcy lo llevaron a la Iglesia.

    Peter Wust (1884-1940), filósofo alemán, volvió a la Iglesia en la Pascua de 1923. Y dice: Desde el día de mi retorno al redil, todo escepticismo fue barrido de un golpe. Desde aquel día fui de nuevo ingenuamente creyente como un niño 5. Escribió el libro de su conversión titulado Unser Weg zur Kirche (Nuestro camino a la Iglesia).

    Daniel Rops (1901-1965) fue un gran escritor francés, que en 1955 entró a formar parte de la Academia francesa. Escribió muchas obras para llevar la fe católica a las grandes mayorías. Fue poeta, novelista e historiador. Su principal obra fue Historia de la Iglesia de Cristo en 9 volúmenes. Es importante leer sobre su camino espiritual, el libro Sourvenirs et pensées (Recuerdos y pensamientos) 6.

    Leonard Cheshire fue el más famoso piloto de la RAF (fuerza aérea inglesa), durante la segunda guerra mundial y recibió la Cruz de la Victoria. Fue el que tiró la bomba atómica sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945. Inmediatamente después, pidió la baja de la RAF y se dedicó a fundar casas para acoger a enfermos y hacer campañas contra la guerra. Fue recibido en la Iglesia católica el día de Navidad de 1948 y todas las semanas organizaba viajes aéreos a Lourdes durante el verano. Fue un católico activo y comprometido.

    Fred Copeman (1907-1983), inglés, expulsado de la Armada británica por indisciplina, se hizo comunista. Fue jefe de la brigada inglesa de 400 hombres que luchó contra Franco en la guerra civil española de 1936. En 1938, como miembro del partido comunista inglés, visitó Rusia y su desilusión le hizo dejar el partido comunista. Fue miembro del partido laborista inglés. En su Autobiografía, titulada Reason in revolt (Razón en revuelta), explica los caminos de su vida. Sus conversaciones con el sacerdote jesuita Martindale lo llevaron a la conversión. Se bautizó pocos días antes de la Navidad de 1946.


    Partícularmente me gusta leer estas histrias de personas que en algun momento de su vida recharazón a Dios pero luego lo volvieron a aceptar en su corazón cosa que cambio sus vidas.

    saludos:hi:
     
    A szf, Bryan05, lev y otras 4 personas les gustó este mensaje.


  2. fernandoperu

    fernandoperu Miembro de oro

    Registro:
    15 Ene 2009
    Mensajes:
    7,203
    Likes:
    3,065
    Este argumento dice 'ya ven, hay ateos como ustedes que se han convertido, por lo tanto ud tambien pueden convertirse'.

    La refutacion es simple : Esos ateos no eran como yo. Si fueran como yo, no se hubieran convertido.
     
    A acertijo63, Pepe45, FLAMINGO y otras 4 personas les gustó este mensaje.
  3. Chardes

    Chardes Miembro maestro

    Registro:
    30 Oct 2009
    Mensajes:
    644
    Likes:
    143
    Yo pensé que habían testimonios de aquello que los llevó a convertirse.
    Pero de eso no hay nada
     
  4. Clemen

    Clemen Miembro de bronce

    Registro:
    7 Jul 2009
    Mensajes:
    1,083
    Likes:
    13
    Entonces el testimonio de los creyentes que se convirtieron en ateos es un buen argumento de que dios no existe verdad?.
     
    A Mushik y kokyjabn les gustó este mensaje.
  5. Sanctus

    Sanctus Miembro maestro

    Registro:
    5 Feb 2010
    Mensajes:
    758
    Likes:
    294
    jajajajaja... yo iba a decir lo mismo...

    me hace acordar a los mitos urbanos xtianos en lo que hay doctores ateos que presencian un milagro y en dos patadas se estan arrodillando al sr.
     
  6. fernandoperu

    fernandoperu Miembro de oro

    Registro:
    15 Ene 2009
    Mensajes:
    7,203
    Likes:
    3,065

    En 1915 un diario estadounidense publico una historia firmada por una dama llamada Lady Hope, en la que narraba como Darwin en su lecho de muerte se habia convertido al cristianismo y se arrepentia de haber escrito el Origen de las Especies. Tal historia fue publicada numerosas veces. Los hijos de Charles Darwin, Francis y Henrietta, quienes si estuvieron al lado de Darwin en sus ultimos momentos, rechazaron esa version. Sin embargo esta leyenda urbana se sigue usando en paginas web cristianas.
     
    A FLAMINGO le gustó este mensaje.
  7. Daniel1965

    Daniel1965 Miembro de bronce

    Registro:
    31 Mar 2009
    Mensajes:
    1,129
    Likes:
    12
    Chardes.

    Testimonios hay bastantes sobre ateos conversos, y se pueden encontrar en la internet. Acá pego uno (los resaltados son míos).

    Pido disculpas a la moderación por el texto algo largo pero creo que mostrarlo por partes puede hacer perder el hilo de la lectura.

    Saludos y bendiciones.

    --------------------

    André Frossard
    Dios existe, yo me lo encontré

    André Frossard nació en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los veinte años, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió minutos más tarde "católico, apostólico y romano".

    [​IMG]

    El ateísmo en André Frossard y su posterior y repentina conversión se entienden un poco más contemplando su propia familia, como nos lo cuenta él mismo: "Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacia más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (...)

    Dios no existía. Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de Él. (...)No había Dios. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios.

    ¿Necesito decir que no estaba bautizado? Según el uso de los medios avanzados, mis padres habían decidido, de común acuerdo, que yo escogería mi religión a los veinte años, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisión sin cálculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. ¿A los veinte años quiere creer? Que crea. De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta años más tarde, como una amiga de la infancia... Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel...

    Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès.

    Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar. Karl Marx escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón. Ese bloque de dialéctica compacta velaba mi sueño de niño. (...)

    El domingo era el día del Señor para los luteranos, que a veces iban al templo, y para los pietistas, que se reunían en pequeños grupos bajo la mirada falta de comprensión de otros. Para nosotros era el día del aseo general, en el agua corriente del arroyo truchero, después del cual mi abuelo mi friccionaba la cabeza con un cocimiento de manzanilla..."

    En Navidad, las campanas de los pueblos cercanos, que no encontraban eco entre nosotros, extendían como un manto de ceremonia sobre la campiña muerta. Nosotros también nos poníamos nuestros trajes domingueros para ir a ninguna parte (...) Almorzábamos en la mejor habitación, sobre el blanco mantel de los días señalados.

    Pero ni el moscatel de Alsacia, ni la cerveza, ni la frambuesa, volvían a la familia más habladora. La comida, más rica que de costumbre, y el abeto, completamente barbudo de guirnaldas plateadas, nada conmemoraban. Era una Navidad sin recuerdos religiosos, una Navidad amnésica que conmemoraba la fiesta de nadie.

    Entre las izquierdas la política se consideraba como la más alta actividad del espíritu, el más hermoso de los oficios, después del de médico, sin embargo. A ella debían mis padres, por otra parte, el haberse encontrado. Mi madre de espíritu curioso, había escuchado a mi padre hablar del socialismo ante un auditorio obrero, con la fogosidad de sus veinticinco años, una inteligencia combativa, una voz admirable. Desde aquel día, ella le siguió de reunión en reunión, por amor al socialismo, hasta la alcaldía. Cuando me contaba esa historia, yo no comprendía gran cosa. Para mí, mis padres eran mis padres desde siempre y no imaginaba que hubiesen podido no serlo en un momento dado de su existencia. La honestidad, la natural decencia de su vida en común, me habían dado del matrimonio la idea de una cosa que no podía deshacerse y que, al no tener fin, no había tenido comienzo.

    Mi madre vendía al pregón el periódico de la Federación Socialista, completamente redactado por mi padre, entonces maestro destituido por amaños revolucionarios y reducido a la miseria. Pero la política llenaba la vida de mi padre. (...)

    Rechazábamos todo lo que venía del catolicismo, con una señalada excepción para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido mantenían (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino poético. No éramos de los suyos, pero él habría podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que había sido la víctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados más alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represión".

    Pero sin tener mérito alguno Frossard, porque Dios quiso y no por otra razón, fue el afortunado en recibir el regalo de la conversión. El no buscaba a Dios. Se lo encontró: "Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré.

    Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito.

    Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios.

    Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra.

    Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, "católico, apostólico, romano", llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.

    Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

    No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (...)

    Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: también la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque está claro para mí, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión. (...)

    Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó.

    Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la "gracia", dijo, un efecto de la "gracia" y nada más. No había por qué inquietarse.

    Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.

    Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella".

    Frossard escribió el libro de su conversión, Dios existe. Yo me lo encontré, que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial.

    En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabajó en la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el presente siglo.


    Tomado de http://www.capellania.org/docs/jcremades
    Las citas son de Dios existe, yo me lo encontré, de André Frossard.

    --------------------

    Puedes seguir leyendo en http://www.mscperu.org/testimonios/froissard.htm
     
    A Helgrim le gustó este mensaje.
  8. Chardes

    Chardes Miembro maestro

    Registro:
    30 Oct 2009
    Mensajes:
    644
    Likes:
    143
    Tanta letra para que me diga que solo se convirtió por entrar a una Capilla?
    estoy algo decepcionado del texto. Imagino que no se puede preguntar ¿Por qué?
    ¿que había adentro?
    El sólo hecho de entrar en la capilla no te hace elegido de Dios verdad? tiene que haber una predisposición de parte del individuo. ¿No tenía él primero aceptar a Dios?

    creo que faltó la parte de qué es lo que encontró adentro, que vio?
    Al sacerdote contando las ganancias de la limosna???
     
  9. joseleg

    joseleg Miembro de plata

    Registro:
    26 Nov 2009
    Mensajes:
    3,069
    Likes:
    1,054
    Un ateo a la fuerza no es un ateo.
     
  10. ansatsuken

    ansatsuken Suspendido

    Registro:
    29 Jun 2009
    Mensajes:
    1,317
    Likes:
    6
    Esto me hace recordar la historia de Bart Ehrmann.....
     
  11. Hugh88

    Hugh88 Miembro de plata

    Registro:
    21 Nov 2007
    Mensajes:
    2,969
    Likes:
    243
    Hace unos meses leí el libro del Científico Cristiano Francis Collins, en el exponía los motivos de su conversión después de que durante toda su adolescencia fuera un ateo. La conclusión a la que llegué es que aquellos que declarándose ateos luego se vuelven cristianos "nuevamente" en realidad nunca llegaron a ser ateos, es decir, nunca buscaron entender el ateismo, simplemente se declaraban como tales porque no entendían la religión o estaban decepcionadas de ella. Todas las acciones humanas nacen del deseo, si el deseo es volverse ateo la razón encontrará el camino, lo mismo para el que desea volverse religioso.
     
    A Feruni2 le gustó este mensaje.
  12. LibreySoberano

    LibreySoberano Miembro frecuente

    Registro:
    15 Ene 2010
    Mensajes:
    94
    Likes:
    0
    SER ATEO ES UNA NECESIDAD, PARECER ATEO ES UNA NECEDAD, Libre y soberano.
    Frossardd era un necio pretendiendo ser lo que no podía ser, es decir Frossard era un necio pretendiendo ser ateo cuando en realidad era un creyente.
    Es totalmente FALSA la conversión de Frossard, lo que le ocurrió fue solo el haber descubierto su Filiación Intelectual verdadera, es decir la de creyente, mientras jugaba a parecer ateo.
    Saludos cordiales.
     
    Última edición: 9 Feb 2010
  13. fernandoperu

    fernandoperu Miembro de oro

    Registro:
    15 Ene 2009
    Mensajes:
    7,203
    Likes:
    3,065
    El escribe que en cinco minutos, se convirtio de ateo, a Catolico Apostolico y Romano (muchas lecturas de San Pablo ? ). Y que hubiera pasado si entraba a una mezquita ? Convertido a la verdad del sublime Coran y la gloria de Allah ? O si entraba a una Sinagoga ? Convertido a la Ley de Moises ?
     
  14. navegante

    navegante Miembro de bronce

    Registro:
    28 Jul 2009
    Mensajes:
    2,324
    Likes:
    95
    Bueno esa es tu conclusión, pero porque no mencionas que Frossard, fue criado en una cuna atea.

    ----- mensaje añadido, 09-feb-2010 a las 12:47 -----

    O en realidad pudieron experimentar algo que cambiara sus vidas. Fácil no? claro un ateo converso, nunca fue un verdadero ateo. Entonces un creyente converso, nunca fue un verdadero creyente.
     
  15. LibreySoberano

    LibreySoberano Miembro frecuente

    Registro:
    15 Ene 2010
    Mensajes:
    94
    Likes:
    0

    El ateo es independiente de la cultura en donde haya crecido, del género, de la nacionalidad, de la raza.
    El ateo es ateo aqui, en cualquier parte y en cualquier tiempo.
    Te recomiendo que leas mi libro para no tener que estar explicándote en cada intervención tuya, lo que no comprendes de mis afirmaciones.
    Saludos cordiales.
     
  16. Hugh88

    Hugh88 Miembro de plata

    Registro:
    21 Nov 2007
    Mensajes:
    2,969
    Likes:
    243
    Efectivamente hay hechos que cambian nuestras vidas, si por ejemplo alguien te dice que X persona acaba de matar a toda tu familia puedes tomar 2 decisiones críticas, te echa al llanto y sufres un trauma emocional, o cojes la primera arma que veas y vas y liquidas salvajemente a quien lo hizo. Cada persona reacciona de diferente manera a las adversidades y esa diferencia muchas veces afecta incluso nuestras convicciones y religiosidad.

    Por otro lado, la cuestión de un creyente converso es algo mas complejo, debes recordar que en su mayoría casi todos los ateos fueron creyentes cuando eran niños, nadie puede decirte: "yo fui ateo toda mi vida", por tanto si los creyentes conversos son falsos, entonces nadie es verdaderamente un ateo, lo cual es una total contradicción. Creo que lo que marca la diferencia entre un ateo o un creyente "de verdad" es cuanta convicción tienen de poner a prueba su fe, el que va hasta las últimas consecuencias se da cuenta de la realidad de la religión, el que solo "hace el intento" es el que luego da la espalda. Esto claro en mi perspectiva de ateo.
     
  17. fernandoperu

    fernandoperu Miembro de oro

    Registro:
    15 Ene 2009
    Mensajes:
    7,203
    Likes:
    3,065
    Hugh88, muy buen post.

    Exacto. Las experiencias personales de conversiones religiosas dicen mas de las necesidades emocionales de cada persona en determinado momento de sus vidas, que dar evidencia de la verdad de tal o cual religion.
     
    Última edición: 9 Feb 2010
  18. LibreySoberano

    LibreySoberano Miembro frecuente

    Registro:
    15 Ene 2010
    Mensajes:
    94
    Likes:
    0
    Las angustias existenciales de la vida hacen que la gran mayoría de los seres humanos NECESITEN irremediablemente de algun tipo de dios para su tranquilidad emocional.
    Saludos cordiales.
     
  19. navegante

    navegante Miembro de bronce

    Registro:
    28 Jul 2009
    Mensajes:
    2,324
    Likes:
    95
    O sea, leyendo tu libro adquiriré las verdades universales?...pues lastimosamente creo que no, solo llegarás a una conclusión tuya. Lo mismo que otros autores, incluso leí por allí que la religión es por causa de nuestra evolución(y en ésta no hase alusión a las NECESIDADES, incluso conozco un software que podría replicarla desde un inicio).

    ----- mensaje añadido, 09-feb-2010 a las 13:09 -----

    Por tal razón se mencionó a Frosard, además tu también mencionaste a Francis Collins, que era ateo hasta casi sus treinta.
     
    Última edición: 9 Feb 2010
  20. Sabio

    Sabio Miembro de plata

    Registro:
    19 Nov 2009
    Mensajes:
    3,844
    Likes:
    440
    Aquí les dejo una frase de Paulo Coelho:

    "Solo aceptamos una verdad cuando primero la negamos desde el fondo del alma"