Arte y arquitectura en el virreinato del Peru

Publicado en 'Historia y Cultura Peruana' por TAMARAN, 13 May 2009.





  1. TAMARAN

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    6Arte y arquitectura


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    La arquitectura adquirió un importante desarrollo en todo el virreinato, marcada fundamentalmente por la actividad religiosa que dio origen a catedrales, parroquias y conventos urbanos y rurales, dispersos por toda su geografía. Durante el siglo XVI, en estas obras se suman elementos procedentes de la arquitectura mudéjar, gótica y renacentista, a los que posteriormente se añaden otros, tomados del vocabulario manierista y barroco. El rococó tuvo también su reflejo en una parte de la arquitectura limeña y el neoclasicismo alcanzó a introducirse en los últimos años del siglo XVIII, aunque su influencia estuvo mucho más limitada. El carácter telúrico del área andina, con la repetida actividad de los terremotos, fue un elemento condicionante de su arquitectura, que se mantuvo dentro de unos límites de altura y prefirió la repetición de techumbres planas y bóvedas, frente al uso de cúpulas. Los materiales constructivos más habituales fueron la madera, el ladrillo y la piedra, aunque en algunas ocasiones se utilizaron elementos propios de la arquitectura local, obligados por una necesaria adaptación al medio.

    Las áreas más importantes de desarrollo arquitectónico se formaron en torno a Tunja, en Colombia; Quito, en Ecuador; y Lima y Cuzco, en Perú, aunque otras regiones, como el Collao, en el altiplano boliviano, tuvieron periodos de gran actividad constructora.

    El virreinato andino presenta una diversidad pictórica basada en la existencia de unos centros culturales que crearon áreas de influencias propias y diferenciadas. Santafé de Bogotá, Quito, Lima, Cuzco y Potosí generaron una actividad específica, con nombres propios que sirvieron de punto de referencia a sus respectivas escuelas estilísticas. Durante la segunda mitad del siglo XVI, se desarrolló el proceso inicial del traslado de obras europeas —españolas, flamencas e italianas, fundamentalmente— y la instalación de los primeros pintores. Es importante la llegada del jesuita italiano Bernardo Bitti, al comienzo del último cuarto de ese siglo, enviado por sus superiores por sus conocimientos artísticos. Recorrió numerosas fundaciones jesuitas realizando obras de pintura y escultura, enseñando a otros hermanos su oficio y difundiendo una iconografía y un modo de interpretarla que marcó con fuerza las realizaciones posteriores. Bitti trasladó a Sudamérica el manierismo tardío y prolongó la influencia de este estilo hasta mediados del siglo XVII. En la iglesia limeña de San Pedro permanecen dos de sus obras: La coronación de la Virgen y La Virgen de la Candelaria. Enviado a Cuzco y más tarde a Puno, Bitti regresó posteriormente a Lima.

    Tras Bitti, se instaló en Lima Mateo Pérez de Alesio, quien había trabajado en Europa. El último de los tres italianos de importancia que llegó al virreinato de Perú, Angelino Medoro, trabajó también en la Nueva Granada y en Quito. Lo primero que se conoce de él es una Virgen de la Antigua, a la que siguen otras obras, como la Anunciación, que firma y fecha en 1588, para la iglesia de Santa Clara de Tunja, o la Oración en el huerto y El descendimiento, que realizó para la capilla de los Mancipe de la Catedral. De su paso por Quito queda una Virgen con santos perteneciente al monasterio de la Concepción y un trabajo menor como es el escudo nobiliario, que llevó a cabo en la iglesia de Santo Domingo en 1592. De los artistas que se afiliaron a su estilo, Gregorio Gamarra y Lázaro Pardo Lago son dos de los más significativos y activos. La estela de Medoro en el ámbito cuzqueño fue seguida por Luis Riaño.

    Hacia la mitad del siglo XVII, comenzó a introducirse en Cuzco una corriente más influida por el tenebrismo, a lo que contribuyó la presencia del jesuita flamenco Diego de la Puente y un cierto realismo tomado de los modelos flamencos y españoles, que llegaron con las obras enviadas desde los talleres de Francisco de Zurbarán y de Juan de Valdés Leal. Juan Espinosa de los Monteros fue uno de los representantes de esta tendencia. La vertiente hispana la representan Martín de Loaiza, autor de una Adoración de los pastores y una Visión de san Eustaquio, y Marcos Ribera, autor de pinturas ligadas a modelos españoles tales como El martirio de san Bartolomé, tomado de José de Ribera.

    Una de las características más importantes de la pintura cuzqueña es la relacionada con la activa población de pintores indígenas, que desarrollaron su trabajo al mismo tiempo que el resto de los artistas. Desde temprano se reconoció la actividad de muchos de ellos, que firmaron sus obras y trabajaron individualmente o en colaboración con españoles o mestizos. Pero fue en el siglo XVII cuando, con la figura de Diego Quispe Tito al frente, su producción empezó a ser considerada desde una perspectiva diferenciadora, que ellos mismos se encargaron de resaltar al separarse del gremio que compartían con los demás pintores.

    Quispe Tito nació en 1611 y realizó su formación a la vista de los ejemplos derivados del manierismo. Su Visión de la cruz, de 1631, está elaborada a partir de una interpretación propia de los grabados flamencos, que le sirvieron de constante repertorio de imágenes, como en las pinturas de la iglesia de San Sebastián y en la serie evangélica de la catedral de Cuzco. Otros pintores indígenas, de obra conocida, son Basilio de Santa Cruz y Juan Zapata. Santa Cruz prefirió inspirarse en las obras de los pintores españoles. Durante el siglo XVIII, los talleres indígenas cuzqueños se alejaron más de los principios de la pintura europea. Se habla incluso de la industrialización de esta pintura por la rapidez que se exigía en su realización.

    En el otro extremo del virreinato, en Santafé de Bogotá, trabajó por los mismos años Gregorio Vázquez de Arce, el pintor más sobresaliente de este núcleo y uno de los que más se ha relacionado con la influencia de la obra de Bartolomé Esteban Murillo en tierras americanas. Es de los pocos pintores de quienes se ha conservado un interesante número de dibujos. Pintó temas religiosos y profanos, como la serie dedicada a Las estaciones.

    También la ciudad de Quito tuvo, en la segunda mitad del siglo XVII y los comienzos del XVIII, el periodo de mayor calidad en la pintura. Sus representantes máximos son Miguel de Santiago y Nicolás Javier de Goribar.
     


  2. yopes

    yopes Miembro de oro

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    eso lo que dices es una tonteria. Habian muchas estructuras de piedra, y otros materiales tambien que todavia siguen en pie, tal como la fortaleza del Real Felipe y las catedrales :)

    Buen post, antes no me gustaba mucho la arquitectura barroca dejada por el virreynato, y preferia la neoclasica, pero me he dado cuenta que la arquitectura barroca es lo que le da personalidad y escencia unica a la ciudades de Lima, especialmente, entre otras :):)

    :):):)