Antonio Zapata: “Historia económica”

Publicado en 'Actualidad Nacional' por Linuxis, 14 Ene 2009.





  1. Linuxis

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    Antonio Zapata: “Historia económica”

    Publicado en: La República
    Fecha: 14/01/09
    Tomado de: http://www.larepublica.pe/sucedio/14/01/2009/historia-economica

    El Banco Central de Reserva y el Instituto de Estudios Peruanos acaban de publicar el primer tomo de un compendio de historia económica pensado en cinco volúmenes. Solo en momentos singulares aparecen este tipo de compendios. El anterior esfuerzo se remonta a la Historia del Perú editada por Juan Mejía Baca al comenzar los años ochenta. En aquella ocasión la amplitud de la obra fue superior, no se limitó a un área del conocimiento sino que tuvo intención enciclopédica. Mejía Baca buscó especialistas que incursionen en política, literatura, arquitectura etc. Mientras que la obra actual es más especializada y refleja el signo de los tiempos actuales que privilegian la focalización.
    El primer tomo trata sobre el Perú prehispánico y se abre con un ensayo de Luis Guillermo Lumbreras que aborda el tránsito de la sociedad de cazadores a la agricultura y la domesticación de animales. Lumbreras resuelve este primer problema que plantea la antigüedad peruana; explica que antes los bienes estaban sueltos en la naturaleza y que luego fueron fruto del trabajo; pasaron a ser producto de canales de riego y de superficies sembradas. Esa revolución fue la más trascendente que afrontaron los tiempos prehistóricos, cambiando profundamente la vida humana.
    Luego, Peter Kaulicke desarrolla un clásico: la aparición de la cerámica y el surgimiento de Chavín. En el Perú siempre se había pensado que ahí comenzaba la civilización, hasta los últimos estudios de Ruth Shady que sitúan ese momento en Caral. En este capítulo se presenta la gran transformación que significó la aparición de ollas y platos, junto a dioses y sacerdotes poderosos, que definieron una nueva forma de organizar la sociedad.
    Por su parte, Julián Santillana y Waldemar Espinoza, en sendos ensayos, desarrollan el tercer gran problema económico que plantea el Perú antiguo. Analizan una economía sin mercado, donde la circulación de los bienes se daba a través del poder político. Ese sistema operaba gracias a grupos étnicos que tenían a su población asentada en diferentes pisos ecológicos produciendo bienes distintos. Luego se reunían en festividades y los productos se redistribuían a través del curaca y los sacerdotes para obtener una dieta variada.
    Esta imagen proviene de los estudios del antropólogo rumano John Murra que condensó su tesis en un famoso libro sobre la economía del mundo andino, sustentando que el eje se hallaba en la circulación de bienes sin presencia del mercado. Pero, en los últimos treinta años la investigación ha encontrado numerosas evidencias de comercio prehispánico. A partir de un célebre artículo de María Rostworowski, se descubrió que los chinchas eran un señorío de mercaderes, que disponían de tres mil balsas y practicaban un comercio de larga distancia.
    Desde el año mil en adelante, Tumbes fue un puerto libre donde los andinos enviaban caravanas de llamas y balsas. Ahí se encontraban con mercaderes llegados de Panamá y del norte de Sudamérica. Cambiaban una serie de productos provenientes de aguas cálidas por bienes andinos, especialmente telas y metales. En este comercio había aparecido una forma arcaica de moneda, pues circulaban hachillas de cobre que se atesoraban de veinte en veinte y servían para facilitar los intercambios.
    Estos nuevos descubrimientos son trabajados por Santillana y Espinoza planteando un gran problema histórico. ¿Cómo pudo organizarse una sociedad donde coexistía el comercio con la circulación sin mercado? Esa aparente paradoja aún no ha sido resuelta por la ciencia y se plantea como un reto a futuro.
    Ahí se halla el principal valor de los compendios. Plantear preguntas que estimulen la investigación y signifiquen desafíos intelectuales. Le debemos a su editor, Carlos Contreras, haber concebido una obra trascendente que ha de orientar los estudios de historia económica por muchos años. Por su parte, le debemos a la alianza institucional entre el BCR y el IEP una actitud dinámica que estimula la investigación y la producción de nuevo conocimiento.
    Solo cabe llamar a los economistas a entender su ciencia como parte de los estudios sobre la sociedad. En este sentido, sería útil que participen de estos debates y aborden el pasado económico del país. Así, podrían entender mejor el pantanoso escenario de la economía contemporánea.