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Amigos, este año se conmemoran 130 años de las valerosas acciones de Andrés Avelino Cáceres en el año 1882. Cáceres se fue a la sierra y emprendió una guerra de guerrillas contra el invasor, ya que era el único tipo de guerra que podía hacer en esas circunstancias. ----- mensaje añadido, 29-jun-2012 a las 12:33 ----- El gran maestro e historiador Jorge Basadre, sostenía: la “síntesis social peruana no se ha realizado aún. El pasado peruano no es algo colmado ni admirable, y el Perú sigue siendo una serie de compartimientos estancos, de estratos superpuestos o coincidentes, con solución de continuidad. Por todo ello, el nacionalismo que, en otras partes, no es necesario o, fatalmente, está superado, urge aquí. En otras partes el nacionalismo es algo destructor; aquí debe ser constructor. Constructor de conciencia y constructor de soluciones. En otras partes es ofensivo; aquí necesita ser defensivo. Defensivo contra el ausentismo y defensivo contra la presión extranjera, de la absorción material o mental. Ésa es la más alta función de la Historia: ver no sólo lo que hemos sido sino lo que no hemos sido. Ésa es la función del patriotismo: ‘conocimiento de la tierra de los padres y construcción de la tierra de los hijos’. Patria dícese, tierra de los padres; pero más bien debería decirse, dentro de un vocablo bárbaro pero más exacto Patrifilitria, tierra de los padres y los hijos. Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú, es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia, el Perú; pero también, felizmente, posibilidad”. Con ese convencimiento, agrega que necesitamos una historia del Perú sana y amplia que suscite cariño a la tierra y al hombre peruano de todas las regiones, que suministre o prepare para suministrar una visión orgánica de la formación del país a través del tiempo y de su significado en el mundo y que despierte la conciencia acerca de la común tarea de un destino mejor. En otras palabras, necesitamos una historia del Perú al servicio del querer intencional nacional. Esta gran tarea, para la que don Jorge Basadre convoca a los maestros y autores de textos, motiva la reflexión sobre la gesta histórica de resistencia en tierras de Pucará, Marcavalle y Concepción. Estos sucesos ocurrieron en el contexto de la guerra que Chile declaró al Perú el 5 de abril de 1879, país que ya había invadido el Perú cuando la Confederación Peruano Boliviana abría la posibilidad de reunificar a nuestros dos países, anhelo que puso fin la Batalla de Yungay (29 de enero de 1838), cuyo acaecimiento Basadre consideró “una página de aflicción en nuestra historia”. Cabe anotar que este precedente de la guerra del pacífico se evidencia con la marcha o himno del ejército chileno que sigue siendo ‘Yungay’, en memoria de la citada batalla en que intervino el llamado “ejército restaurador”. Esa fuerza, que en una segunda incursión llegó de Santiago con 5,400 hombres, desembarcó en Ancón y luchó hasta derrotar a las tropas de la Confederación Perú-Boliviana que encabezaba el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz. Por cruel ironía, los recelos de peruanos, especialmente los refugiados en Chile, originaron que las cuatro divisiones de ese “ejército restaurador” estuvieran “bajo el mando de Torrico, Eléspuru, Vidal y Castilla, todos peruanos. Años más tarde, cuando Chile nos declaró la guerra, la sociedad se sentía confiada en un desarrollo rápido del conflicto. Los periódicos de la época exaltaban el patriotismo y no trataron el conflicto objetivamente. Chile era descrito como un país pequeño, carente de recursos y de poca población, incapaz de hacerle mella a un país poderoso como el Perú. Las primeras acciones de la guerra fueron en el mar. Perú contaba con dos barcos de mediano tonelaje, el monitor Huáscar y la fragata Independencia. El resto de naves eran viejos barcos de madera que a veces servían como baterías flotantes o para el transporte de tropas. Chile, por su parte, poseía barcos modernos y de menor antigüedad. Sus blindados poseían más de 5 pulgadas de blindaje que los peruanos. En estas condiciones, el Perú se encontraba en diferencia numérica, más el arrojo y valentía de sus hombres lograron que el conflicto en el mar dure más, cerca de 6 meses. El primer combate fue frente a las costas de Iquique el 21 de mayo de 1879. En este enfrentamiento, el Perú perdió a su mejor nave: la Independencia, tras encallar en un banco de arena. Por su parte, el monitor Huáscar hundió a la Esmeralda. En este combate murió Arturo Prat, héroe de la marina chilena. Entre Mayo y Octubre el Huáscar sorteó a la escuadra chilena, atacó varios puertos del país sureño y capturó al transporte Rímac. La situación provocó una crisis en el gobierno mapochino. Se ordenó dar caza al monitor peruano. El combate de Angamos, ocurrido el 8 de octubre de 1879 significó la inmolación de Grau y su estado mayor. Sin poder huir, Grau ordenó la retirada de la Corbeta Unión y se enfrentó valientemente a toda la escuadra chilena. Sin marina, el Perú no se encontraba en condiciones de ofrecer resistencia alguna. Chile se disponía a invadir y el Perú se defendió heroicamente hasta el término de la guerra. La sierra central resistió las entradas del ejército chileno. Dirigida por Andrés Avelino Cáceres, la campaña de la Breña desencadenó memorables acontecimientos, como los ocurridos en Pucará, Marcavalle y Concepción, y que Luis Alayza Paz Soldán relata brevemente en “La Breña 1882”. “Ocupaba la División (del ejército invasor) el coronel del Canto-dice Paz Soldán- el pueblecito de Marcavalle cuando el Ejército Nacional inició el ataque, muy de madrugada, con una descarga de artillería, es decir, de sus cuatro cañoncitos. El General (Cáceres) en persona a la cabeza de sus desmedrados batallones avanzó audazmente sobre el enemigo, que comenzó a retroceder por escalones hasta Pucará, donde se parapetó para organizar la resistencia; pero se produjo lo que Cáceres había anunciado con la herradura de caballo en mano: empezaron a caer sobre él las indiadas de Carrera y de Gálvez, cundió la desmoralización y la División entera echó a correr por el único camino posible, el de Huancayo. Con su catalejo contemplaba el General el inexplicable espectáculo del orgulloso batallón “Santiago”, el más escogido de Chile, que volaba por el ancho camino dejando más de trescientos cadáveres. El parque abandonado era un botín de valor inapreciable: doscientos fusiles modernos, abundantes proyectiles, vestuario y calzado, caballos, mulos y hasta la caja del cuerpo con unos cuantos miles de soles. Y todo esto, sin motivo que lo justificase; porque si bien el jefe peruano nunca dudó del éxito, esperaba encontrar una resistencia esforzada y sostenida durante largas horas, sin soñar que se le obsequiaría una victoria de tanta importancia material como trascendencia política. Ni siquiera los heridos y los cadáveres de los jefes y oficiales chilenos fueron recogidos por los fugitivos en el momento del sálvese quien pueda, y aún después de pasar a la carrera por Huancayo, sentíanse inseguros teniendo a Cáceres cerca. Al llegar a Concepción tuvieron la espantosa sorpresa de encontrar desierta la pequeña ciudad y en la plaza a los 73 cadáveres de su guarnición. El plan de Cáceres se había cumplido a cabalidad. En un fragmento del Parte del Coronel Secada al General en Jefe del Ejército del Centro, se lee: “Consecuente con el plan se había ordenado (después de iniciada la persecución del enemigo vencido en Marcavalle y Pucará) que marchara sobre Acostambo, dos leguas al norte de Tarma, un cuerpo de guerrilleros, que unidos a los de aquel pueblo, cerraron por ese lado el paso al enemigo que hasta el 17 permanecía ocupando la ciudad, sin dar muestras del propósito de retirarse de ella…En la precipitada fuga emprendida por el enemigo, ha dejado mucho armamento, municiones, ganado y acémilas, que se han tomado”. Finalizamos este recuento histórico con el comentario de don Jorge Basadre sobre la gesta epopéyica de Cáceres en la campaña de La Breña: “Los harapos de sus soldados brillaban como una bandera al sol. Parecía este puñado de hombres llevar la patria en brazos. Y hubo momentos en que pudo decirse que en el Perú no relucía oro de más quilates que la espada de Cáceres. ¡Cuántas veces tuvo seguramente que apoyarse en su caballo macilento, parado en los estribos de bronces, para no caerse de cansancio y de pena! Y sin embargo, ante amigos y adversarios, pareció siempre listo en aquella contienda desmigajada e intermitente”. A GiulioRudolph le gustó este mensaje |
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Bueno, yo estudio en el colegio Mariscal Caceres de Surco. Y vaya que me recordo el titulo del post a parte de la letra del himno a Andres Avelino Caceres. Saudos. |
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Resistencia, pura resistencia, amor al Peru y ganas de no rendirse; en este episodio de la vida del Brujo de los andes. A Mig29 Fulcrum le gustó este mensaje |
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A inicios de julio de 1882, el general Andrés Avelino Cáceres estaba acantonado en el límite sur del valle del Mantaro con su recién constituido Ejército del Centro y millares de guerrilleros de las comunidades de la región. Preparaba una vasta operación militar que tenía como objetivo destruir el ejército de tres mil soldados chilenos, que desde febrero del mismo año ocupaban la Sierra central. El jefe de las fuerzas de ocupación estaba informado sobre la contraofensiva cacerista y tenía la autorización del comando instalado en Lima para replegarse a la capital. El 9 de julio en la madrugada, el ejército chileno debía emprender la marcha. Sin embargo, antes de que recogiesen sus puestos avanzados en la zona sur, atacó el Brujo de los Andes. El grueso del Ejército del Centro había pernoctado en las alturas que dominan Marcavalle, posición que sigilosamente ocuparon la tarde anterior los breñeros. A las cinco de la madrugada las tropas ya habían tomado su rancho y ocuparon sus puestos de combate en el más completo silencio. Al alba, una compañía del batallón Tarapacá inició las acciones, trabando combate con las avanzadillas chilenas de Marcavalle, e instantes después la artillería peruana (cuatro piezas) inició el cañoneo desde su emplazamiento en las alturas de Curacán. Tras un corto combate, la compañía del Santiago que resguardaba Marcavalle emprendió una fuga precipitada, porque era amenazada con ser desbordada por las fuerzas de la segunda división, los guerrilleros de Acoria, Colcabamba, Huando, Acostambo, Pillichaca y tres piezas de artillería, por las alturas de la izquierda; y por la escolta de Cáceres, los batallones Zepita e Izcuchaca, la segunda columna de Pampas, cuatro piezas de artillería y los guerrilleros de Pazos y Tongos, por la derecha; mientras que al ataque frontal del Tarapacá se había sumado la primera columna de Pampas y los guerrilleros de Huaribamba. Replegado en Pucará, el destacamento chileno se reincorporó a su batallón. El Santiago trató de hacerse fuerte en el pueblo de Pucará contra la arremetida frontal de las fuerzas que avanzaban desde Marcavalle, mas las fuerzas del comandante Gálvez, comandante general de las guerrillas, quien dirigía la columna Voluntarios de Izcuchaca y los destacamentos de Domingo Cabrera, Segura y otros jefes guerrilleros, le cayeron por la espalda, estrechándolo contra las fuerzas regulares que avanzaban desde Marcavalle. Desalojados de Pucará, los chilenos abandonaron en desbandada el campo de combate rumbo a Zapallanga, pueblo que abandonaron en iguales condiciones, ante la persecución de las fuerzas de Cáceres, huyendo precipitadamente rumbo a Huancayo. El repliegue del ejército chileno. En Huancayo, el coronel Estanislao del Canto, jefe del ejército chileno, recibió la noticia de la ofensiva contra el batallón Santiago a media mañana e inmediatamente corrió con el grueso de su ejército en auxilio de las fuerzas comprometidas. Recibió a éstas en el caserío de La Punta, una legua al sur de Huancayo, salvando los restos del deshecho batallón y contramarchó hacia Huancayo a media tarde. El temor de un ataque nocturno contra sus alarmadas tropas le hizo postergar el inicio del repliegue general para el día siguiente. Horas antes el batallón Chacabuco había emprendido camino rumbo a Concepción, donde estaba estacionada la Cuarta Compañía del citado batallón. Lo comandaba Pedro César Quintavalla y, según las órdenes impartidas por el coronel Canto, debía partir en la madrugada. De haberlo hecho así, hubiese llegado a la una de la tarde a su destino..., momentos antes de que las fuerzas del coronel Gastó y los guerrilleros de la región emprendieran el asalto contra la guarnición chilena instalada en Concepción. Quintavalla ignoraba esto y, tras apenas 15 kilómetros de marcha, decidió pernoctar con el grueso del batallón Chacabuco en San Jerónimo, cinco kilómetros antes de su destino. De seguir la marcha habría llegado al pueblo a las cuatro o cinco de la tarde, cuando el ataque guerrillero recién comenzaba. Su demora fue providencial para los guerrilleros y condenó a muerte a los ocupantes de Concepción. El 10 de julio, las fuerzas de Estanislao del Canto abandonaron Huancayo, siguiendo la ruta del famoso Camino del Inca, para escapar rumbo a Lima. Pese a la exigencia de sus oficiales, Canto se negó a incendiar Huancayo. Tras de sí, la desmoralizada columna dejaba una región devastada por la guerra; una economía en ruinas y una macabra estela de desolación y muerte. Se capturó a centenares de infelices indígenas que, acollarados como bestias, cargaron las camillas en que viajaban los incapacitados. Pocas horas después de la partida del ejército chileno, las fuerzas del general Cáceres ocuparon Huancayo. A mediodía, los primeros destacamentos de caballería chilena se acercaron a Concepción, llamándoles la atención la columna de humo que se elevaba en la plaza del pueblo. Luego se enteraron de que la guarnición completa había sido exterminada pocas horas atrás. Concepción fue arrasada en represalia por las tropas de Canto, fusilaron a las personas que encontraron e igual suerte sufrieron varias otras localidades que estaban en la ruta del ejército fugitivo. Balance de las jornadas de julio de 1882. Las batallas y las consecuentes represalias tomadas por las fuerzas de ocupación en fuga tuvieron un notable impacto en la población. “La indignación contra los chilenos –narra Cáceres en sus Memorias– cobró considerable incremento e intensidad entre los naturales de los pueblos comarcanos, a causa de los atroces crímenes que aquéllos cometieron durante su fuga a Lima. La huella de su paso estaba tétricamente señalada por la multitud de cadáveres de pacíficos e inermes pobladores, cruelmente victimados, y por las violaciones, la depredación y el saqueo. Y por todas partes surgían guerrilleros dispuestos a luchar contra el odiado invasor”. El juicio de Cáceres es ratificado por el propio almirante Patricio Lynch, el comandante en jefe de las fuerzas de ocupación instaladas en Lima, quien lacónicamente informó a su Gobierno: “Antes del abandono de los territorios del interior se aprovecharon todos los elementos utilizables; se destruyeron puentes, caseríos y senderos, exceptuando sólo las obras de la empresa del Ferrocarril, y se hizo pesar sobre los pueblos rebeldes y sospechosos de connivencia con los montoneros, todo el peso de nuestra venganza”. Las batallas de Marcavalle y Pucará fueron un éxito rotundo para las fuerzas de Cáceres: “Las pérdidas sufridas por el enemigo –narra el gran estratega– fueron de consideración. Entre muertos y heridos pasaron de 200. Dejaron en nuestro poder unos 200 fusiles y sus municiones, la caja del cuerpo, una bandera, caballos, vestuario y otros despojos de guerra. Los numerosos muertos que quedaron en el campo fueron enterrados por nuestras tropas; entre ellos se encontraron un jefe y cinco oficiales, para quienes se dispuso darles sepultura especial, rindiéndoseles los honores correspondientes”. Por su parte, en orden del día que el coronel Canto ordenó leer a las tropas chilenas, reconoció la muerte de 71 hombres del Santiago, la pérdida de la caja y de abundantes pertrechos. En las operaciones de julio de 1882 Cáceres derrotó a una división de tres mil hombres y le provocó 600 bajas. Consiguió recuperar la Sierra central, desalojando a las fuerzas chilenas, y ganó millares de nuevos combatientes. El impacto de estos sucesos fue enorme en Chile, precipitando una grave crisis política. Pero lo ganado por los pueblos del centro en el campo de batalla, se perdería después por la desunión de las clases gobernantes. A GiulioRudolph le gustó este mensaje |
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Y hubo mas batallas ganadas por Peru en la Sierra, lastimosamente esa guerra se perdio por culpa de los politicos corruptos, todo el esfuerzo de esos valerosos soldados que si dieron sus vida para parar el genocidio y por la libertad, fue en vano, que no se vuelva a repetir, y elijamos presidentes que puedna ahcer su trabajo sin traicionar el pais, pero hasta ahora ningun presidente ha dado la talla, ya sea porque le dieron golpe de estado(Morales Bermudes a Velasco) o porque no goberno en el mejor momento del Peru(Fernando Belaunde Terry, buen hombre , vivio y murio en humildad).
A Mig29 Fulcrum le gustó este mensaje |
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estemmmm.... pero velasco derroco a belaunde no? |
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Los esfuerzos de Cáceres lamentablemente no fueron apoyados por personajes que pueden entrar en la categoría de traidores a la patria. |
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Como dije, Belaunde era un presidente muy adelantado a su tiempo, no goberno en los mejores momentos del Peru, era como decian alla en los 90, un presidente "muy bueno" como persona, Velasco dio el golpe de estado, y pues, lo demas se sabe, fue un buen presidente(por asi decirlo), aunque como todos , dejo en la pobreza al Peru, pero el aunque sea nos dejo en la pobreza y nos armo hasta los dientes(y pensar que el armamento de esa epoca sigue siendo utilizado por el Peru).
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El Segundo Combate de Marcavalle fue un hecho de armas ocurrido en la sierra peruana, entre tropas del Ejército de Chile y fuerzas peruanas comandadas por el Coronel Máximo Tafur, en el marco de la Campaña de la Breña. El plan de Cáceres de pasar a la ofensiva y atacar simultáneamente los destacamentos chilenos en Marcavalle, La Oroya, Concepción y Pucará, se resolvió llevar a cabo entre los días 9 y 10 de julio de 1882. Las fuerzas del Coronel Máximo Tafur fueron asignadas a atacar los destacamentos de Marcavalle y La Oroya, ambos con una gran relevancia estratégica. Así, el Coronel Tafur con las guerrillas de Acostambo, Acoria, Colcabamba y Pillichaqui, junto con el batallón Tarapacá, al mando del Coronel Manuel Cáceres; se dirigen hacia Marcavalle, tomando por sorpresa el 9 de julio a la guarnición chilena en el lugar, compuesta por la 4ª compañía del batallón Santiago, comandada por Carlos Larraín. El ataque fue intenso y ocurre cuando la compañía se retiraba del lugar acatando las órdenes del Coronel Estanislao del Canto Arteaga. La guarnición fue casi aniquilada, salvándose sólo por la llegada de refuerzos desde la guarniciones de Pucará, Zapallanga y Huancayo, comandadas por el mismo Coronel del Canto. ...quedaron en el cuartel las cajas de documentos, la mayor parte del vestuario nuevo de dos compañías, todo el cual quedó en poder dell enemigo, como también los rifles de los muertos los que fue imposible recogerlos por lo quebrado del terreno y el gran número de enemigos que nos acosaban por distintos puntos. Parte del comandante Domingo Castillo, Batallón Santiago 5to de Línea ...Las perdidas sufridas por el enemigo en las acciones de Marcavalle y Pucará fueron de consideración, dejaron en nuestro poder unos 200 fusiles y sus municiones, la caja del cuerpo, una bandera, caballos, vestuario y otros despojos de guerra. (Memorias de la Guerra del 79, Andres A. Cáceres) Las bajas chilenas fueron 2 oficiales y 17 soldados muertos y 14 heridos, según parte de Cáceres las fuerzas a su mando tuvieron 1 muerto y 3 heridos aunque es probable que entre los guerrilleros las bajas fueran mucho mayores. Los peruanos lograron tomar el control del estratégico paso de Marcavalle de igual forma que se logró retrasar la retirada de Del Canto lo que resulataría fatal para la guarnición chilena de Concepción que sería completamente aniquilada por las fuerzas del coronel Gasto esos mismos días. |
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